jueves, 22 de julio de 2010

Catedral de San José (II)


-¡Elija la vida, rechace la muerte!
-¡Silencio! ¡No hable en alto, este es un lugar de oración!
La mujer, de rostro asediado por la vejez y la piel de rones por el trabajo en el campo, no dejaba de gritarle al vigilante:
-¡Elija la vida, rechace la muerte!
El vigilante, con una placa de identificación en la que podía leerse "búho" y el pelo cortado a cepillo, reaccionó con brutalidad: un empujón desplazó a la mujer, que patinó por los escaques de la Catedral en un grotesco curling caribeño. Quedó frente a una imagen de San José y, a gritos, se dirigió a ella:
-Soy María Fernanda Valbuena, madre de tres hijas y natural de Cartago, y te pido que tengas compasión...
El vigilante la sujetó del brazo para despacharla de la Catedral. La gente miraba con asombro, indignación y compasión. Incluso un proyectucho de escritorzuelo tomaba notas mentales para reproducir miméticamente en su blog el suceso.
-¡Le he dicho que se calle!
La mujer, al sentir la presa metálica en su piel, se revolvió y le chilló al guardia:
-¡Elija la vida, no la muerte!
Pero él no tuvo necesidad de elegir. Un golpetazo en la cara sumió a María Fernanda, natural de Cartago, en la espiral de la vergüenza. Y fue, tal vez, como si todo el azúcar de las cúpulas se desmoronara sobre ella.
Y yo, pobre estúpido, tan sólo pude refugiarme del dolor punzante de aquella escena arrastrando mis pensamientos por las frescas losetas de la Catedral y pensando, una vez más, en ti, enmarañada en las redes de Internet.

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