martes, 16 de julio de 2019

Celebrando 40 años de música y talento


*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad: 
Intérprete: The Cure
Título: Greatest Hits
Discográfica: Fiction Records
Género: Rock alternativo
Duración: 1h; 8 minutos; 8 seg.
Número de canciones: 18
Fecha de publicación: 20 de noviembre de 2001

Celebrando 40 años de música y talento
Una de las bandas que más ha reivindicado el rock oscuro, gótico y depresivo, pero no por ello alejada de los éxitos masificados, ha sido The Cure, el vehículo para el lucimiento del genio compositivo y escénico de su líder, el histriónico Robert Smith. Con todos esos ingredientes, los británicos han sido un ejemplo de longevidad musical, y en 2018 celebraron sus 40 años en la industria.
A tal efecto, ahora, acaba de estrenarse una película, que es un concierto de la banda en directo, con el título The Cure: Anniversary 1978-2018 en Hyde Park y, además, acaban de actuar en el madrileño festival Mad Coolhaciendo gala de un generoso repertorio. Si os interesa leer una reseña que he publicado sobre la película, podéis pinchar aquí:
Por todo esto, en Mi Nueva Edad nos ha parecido muy pertinente recomendar un disco de The Cure como disco del mes de julio, pero dada la extensa discografía que poseen, la pregunta era de difícil respuesta: ¿Cuál?
Pues nos hemos inclinado por un recopilatorio, de entre los muchos disponibles. El de título más sencillo y directo, Greatest Hits, firmado en el año 2001 y que contiene una de las selecciones más significativas de la música y los éxitos de la banda. Y porque reúne una característica muy específica.
Lo que hace distinto a este recopilatorio de los demás es que, en ese año de 2001, la banda acababa su relación contractual con su sello original, Fiction Records, que había publicado todos sus trabajos desde el debut con Three Imaginary Boys allá por 1979 y hasta Bloodflowers, del año 2000, para un total de 22 discos, incluidos directos y recopilatorios.
Sin embargo, por contrato, la banda aún debía de entregar un álbum más, por lo que el cantante acordó un Grandes Éxitos siempre que pudiera elegir él, personalmente, los temas que lo integrasen, además de añadir un par de canciones inéditas. El resultado fue este Greatest Hits que podemos denominar como la selección de Robert Smith, y que nos proporciona una visión muy completa de los 40 años de música a los que me refería antes. Las ventas fueron buenas, alcanzaron en doble platino en el Reino Unido, unas seiscientas mil copias, para un total de cerca del millón en toda Europa.
En lo que respecta al contenido, la selección incluye temas de todas las etapas del grupo: con la canción A Forest se recuerda la conocida como Trilogía gótica u Oscura del grupo, y después se aglutinan un puñado de clásicos que aparecieron como singles, entre otros The Love Cats o Boys Don´t Cry, y las canciones de sus discos más exitosos como In Between Days y Close To Me del álbum The Head On The Door o Why Can´t I Be You? y Just Like Heaven de Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me, además de dos éxitos imprescindibles del disco DisintegrationLullaby y Lovesong.
El repertorio se completa con High Friday I´m In Love del disco Wish, y las dos entregas inéditas: Cut Here y Just Say Yes.
Es este Greatest Hits un muy buen repaso por la carrera de un grupo veterano, que en realidad es el legado compositivo y musical de su líder Robert Smith. Estas son sus canciones, sus ideas, y su selección, como tal, una muestra de un grandioso talento.

domingo, 14 de julio de 2019

The Cure Live en Hyde Park: Nostalgia de carmín rojo y sombras negras





*Esta crónica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/the-cure-live-en-hyde-park-nostalgia-de-carmin-rojo-y-sombras-negras/


El pasado jueves tuve el placer, gracias a la invitación de Yelmo Cines, de ver el estreno de la película The Cure: Anniversary 1978-2018 en Hyde Park, un repaso en directo de los grandes temas del grupo. Con una realización impecable a cargo de Tim Pope, y un sonido estratosférico, ver a Robert Smith y compañía evolucionar en pantalla grande fue todo espectáculo. Para los fans del grupo, una cita imposible de perder, para los amantes de la buena música, una demostración de saber hacer sobre el escenario con momentos emocionantes gracias a un repertorio extraordinario. Pero, a medida que veía la película y se desgranaban todos esos clásicos, en mi cabeza bullían algunas reflexiones, que hoy comparto con vosotros en esta columna de El Odradek.

The Cure han sido para mí, como para casi todo el mundo, un grupo de los 80 y de los 90. De esas épocas en las que aún existían las casetes y, en efecto aquí llega el tópico, rebobinábamos con un bolígrafo BICpara no gastar los cabezales de nuestros reproductores (en mi caso una doble pletina AIWA) o, simplemente, porque éramos así de cutres.
Recuerdo que tenía la cinta del disco Japanese Whispers, el de la celebérrima portada de los angelitos, o querubines, o lo que fueran. Se trataba de un grandes éxitos un tanto pocho, dado que reunía los singles desde noviembre del 82 a noviembre del 83, pero en ese escaso periodo de tiempo el disco incluía dos clásicos: The Walk y The Love Cats.

Lo mejor de todo esto es que The Cure ni tan siquiera me gustaban por entonces, yo era un chaval de 16 años que se estaba leyendo todo el Siglo de Oro español hipnotizado por el Guzmán de Alfarache(Cátedra), y enfervorecido por el Rock Sinfónico de Génesis Yes, y el Progresivo de King Crimson. Entonces, ¿de dónde había salido aquella cinta?
Pues, seguramente, me la dejó alguno de mis amigos con la insistencia algo pesada y la esperanza un tanto ilusa de que me aficionara a la banda de Robert Smith. Eso no sucedería entonces, pero a base de acompañarme con la insistencia de toda mi vida las canciones de The Cure, al final, comprendí la complejidad del grupo y terminé admirando tantas cosas buenas que ofrecía la banda.

Soy un bolígrafo BIC que rebobina la cinta de mi vida a medida que, sentado en el cine, disfruto con las interpretaciones de The Cure, y me pregunto el motivo por el cual esta banda posee algunas de las canciones que mayores heridas me han causado, que fueron capaces de volver mis cicatrices del revés, igual que me ocurre en esos instantes en los que, en la pantalla grande, escucho In Between Days, por ejemplo.
Hagamos un REWIND de la cinta: ◄◄. Estamos en 1985 y acaba de aparecer el disco que me engancharía a The CureThe Hand On The Door, algo relativamente sencillo porque, además de ese maravilloso In Between Days incluía Close To Me, que además poseía un video clip genial que no dejaban de poner en la televisión.
Estamos en 1985 y mi hermano tiene un programa en Radio Cero, la Radio Anti OTAN (es cierto, aquellos tiempos eran así). Un programa en donde ponía la música que a él le gustaba, tras aquella cabecera que nunca olvidare del Bad, Bad Leroy Brown del malogrado y brillantísimo Jim Croce.
En cualquier caso, y a pesar de programar las canciones que le gustaban, siempre me preguntaba por alguna novedad, un tema de actualidad o un disco nuevo para poder hablar de él. Mi amigo Bruno acababa de comprarse el disco The Hand On The Door de The Cure, él era uno de los incondicionales de la banda, y manteníamos una sana costumbre de intercambiarnos vinilos, dado que andábamos secos de presupuesto. De esa forma, su Synchronicity de The Police, y creo que esto ya lo he contado en alguna ocasión, pernoctó más tiempo en mi casa que en la suya, y terminó regalándomelo. Otros discos que nos pasábamos de forma agotadora y repetitiva en esos intercambios fueron el Alchemy de Dire Straits o el Ammonia Avenue de The Alan Parsons Project (el de la canción Don´t Answer Me).

Así, que me llevé al programa el disco de The Cure prestado por Bruno y pusimos In Between Days. Cuando sonó en aquel solitario y algo cochambroso estudio la voz histriónica de Robert Smith, me atravesó un escalofrío. Acaba de intuir lo que se escondía detrás de la banda.



FAST FORWARD ►► y al presente ►: En la película, The Cure están tocando en el verano de 2018, dentro de esos macro eventos que se celebran en el londinense Hyde Park bajo el título genérico de British Summer Time. Es algo mastodóntico, realmente no es la mejor forma de ver a un grupo, sumidos en una marea 65 mil espectadores. Lo sé muy bien porque durante el verano de 2015 vi a Paul Weller y The Who. Es una experiencia única, pero como tal, única de verdad: para llevarla a cabo una vez en la vida.

Las canciones van desfilando por la película con un Robert Smith impecable a la guitarra. De hecho, luce dos modelos interesantes, uno con la bandera de la Unión Europea, las fechas 1978-2018 que conmemoran los 40 años de la banda, y una pequeña frase: Citizens Not Subjets. Es su forma de protestar ante la monarquía inglesa, a la que no comprende. El cantante se considera republicano y entiende que la Casa Real Británica lleva siglos destrozando su país.

Esto no será óbice para que el sonido de The Cure sea de lo más británico entre lo británico, algo que se demuestra en canciones como Pictures Of YouA Forest o Fascination Street, por ejemplo. Incluso mi hermano, reacio a la banda, acabó admitiendo que algunos de los temas le gustaban. Recuerdo que, además de Close To Me o Boys Don´t Cry, una de sus canciones favoritas, también lo es de las mías, era Lullaby, aunque se quejaba de su espectacular vídeo, que consideraba repulsivo (realizado por Tim Pope, por cierto, como esta película).
REWIND: ◄◄. Ignoro el motivo, de verdad que no puedo recordarlo, pero mi hermano y yo viajábamos en el autobús que llevaba al aeropuerto de Barajas para esperar a alguien (¿a quién?); en esos tiempo no existía metro ni tren que te condujera hasta allí; o te exponías al brutal timo del taxista, o te embarcabas en un bus que salía del subterráneo de los bajos de la Plaza de Colón (a un precio del billete que también era un escándalo).
Así que, metidos en el atasco de la salida de Madrid por la Avenida América, vimos, desde la ventanilla, una inmensa limusina negra. En su interior, apoyada la cabeza contra el cristal, con una pelambrera estrambótica, Robert Smith. Estamos a 1 de julio de 1989 y la noche anterior The Cure han tocado en la Plaza de Toros de las Ventas.
Cuando llegamos al aeropuerto mi hermano entra en éxtasis, no porque se nos aparezca Robert Smithjusto delante, sino porque, arrastrando unas maletas monumentales, el músico de rock y blues Dr. Johndeambula por el vestíbulo junto a una parte de su banda (Dr. John ha fallecido este pasado mes de junio a causa de un infarto, contaba con 77 años).
El legendario Dr. John.
Para tomarnos más a risa las coincidencias, mi hermano acude al baño y cuando regresa nos carcajeamos porque ha estado en el aseo codo con codo con Dr. John; a él, Dr. John, la verdad, le gustaba mucho. Un suceso curioso que de inmediato le recordó al de un amigo suyo, que durante un concierto de Jethro Tull consiguió chocar la mano con Ian Anderson, y estuvo un tiempo sin lavársela.
Tanto hablar de coincidencias en el cuarto de baño, al final, me obliga a acudir al servicio. Entonces, mientras estoy allí, la casuística se pone también de mi lado. Entra Robert Smith. Puedo verlo de reojo. Tiene el cutis bastante ajado, y el pelo estropajoso y como muerto. ¿Cuánta gente ha compartido servicio con el cantante de The Cure? ¿Y el molesto secador de manos? Por cierto, no recuerdo, bajo el insufrible chorro de aire caliente, que aquellas uñas estuvieran pintadas. Puede que esta anécdota sea una estupidez, pero me apetecía contarla. Es uno de los muchos recuerdos que se desparraman desde la pantalla cinematográfica mientras veo y escucho el filme.

FAST FORWARD ►► PLAY ►. Cuando en la película la banda ataca Boy´s Don´t Cry algo se me rompe por dentro. Solo son recuerdos, claro, pero me siento como el Príncipe de Salina en El Gatopardo(Anagrama), novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, que percibía:
el rumor de los granitos de arena que se deslizaban leves, de las partículas de tiempo que escapaban de su vida y lo abandonaban para siempre (…) Era la prueba necesaria, la condición, por así decirlo, para sentirse vivo (…) Percibía el continuo, minucioso desmoronamiento de su personalidad (…) Aquellos granitos de arena no se perdían, lo abandonaban, sí, pero en alguna parte se iban acumulando para cimentar una mole mucho más duradera (…) Eran más bien partículas de vapor acuoso que escapaban de un estanque cautivo para subir al cielo y formar grandes nubes (…) A veces se asombraba de que el depósito vital aún contuviera algo después de tantos años de pérdida”.
Es cierto, igual que para mí, para muchos, estas canciones de The Cure forman parte de esas partículas de vapor que se nos han escapado y reposan en algún lugar del cielo de la memoria. The Cure, junto a Depeche ModeImmaculate Fools y Psychedelic Furs, conforman mi propio imaginario del dolor, fundamentalmente, porque las partículas de vida que he extraviado en cada una de sus canciones me arrinconan hasta una juventud dañada, amargada y herida. Tanto, que ya no me apetece hacer un REWIND en el casete de mi existencia y rememorar algo de todo aquello.
Todo aquello fue, quizás, o quizás no, porque la idealización del tiempo lo ha deformado hasta lo insoportable, la experiencia egoísta y desagradable de un amor sincero y rechazado, el sufrimiento de saberse impotente ante los propios sentimientos, acunado por las letras depresivas de The Cure, por el sonido tristísimo de Just Like Heaven; toda una era, como una era glacial, anudada a la que para mí es la mejor canción del grupo: A Letter To Elise. Incluso agradezco que no haya formado parte del setlist de esta película.
Al final, siempre es lo mismo: recuerdos engarzados a canciones. Recuerdos más o menos dolorosos, aunque en este caso, en esta columna de El Odradek, me han servido para recordar a mi hermano un par de veces. Y eso está bien.
Esta es la guitarra en donde puede apreciarse la inscripción Itcannotbethesame.
En la película, el bajo de Simon Gallup es una máquina demoledora. Jason Cooper a la batería resulta impresionante, despliega un trabajo poderoso e impecable. Y qué puedo decir de uno de mis guitarristas favoritos, Reeves Gabrels, al que sigo desde los tiempos de Tin Machine junto a David Bowie. Esto sería un motivo más para acudir al cine, la tremebunda banda, pero eso ya lo sabéis vosotros y no es necesario que, aquí, os siga hablando de la película.
Aquí os dejo el tráiler oficial de la película:
Antes, me referí a dos guitarras de Robert Smith que presentaban unas inscripciones curiosas. Os hable de una y dejé otra, a propósito, para este final. En esa guitarra puede leerse Itcannotbethesame, es decir: ya no puede ser lo mismo. Es una variación del título de una canción que el cantante compuso tras la muerte de su madre. Por eso había querido dejarlo para el final. Porque ni para Robert, ni para mí, ni para ninguno de nosotros, volverá a ser lo mismo. No, nunca volverá a ser lo mismo.
Siempre queda consuelo. El mío es que, al menos, el pop oscuro de The Cure ha iluminado algunas de las partes más tenebrosas de mi vida.

martes, 9 de julio de 2019

Rocketman: música y espectáculo, la esencia pura de Elton John en cine



*Esta crítica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/rocketman-musica-y-espectaculo-la-esencia-pura-de-elton-john-en-cine/

Ayer tuve la fortuna de asistir al preestreno de la película Rocketman, que narra la peripecia vital de Elton John: la manera en que empezó, cómo se abrió camino en el mundo de la música, de que forma logró el éxito y los peajes que se vio obligado a pagar a la propia industria que lo encumbró, también emocionales y personales, todo ello con una extraordinaria y cuidada puesta en escena. Es imposible, dada la cercanía del otro filme, no entrar en una comparación, absurda e injusta, con la película sobre Freddie Mercury y Queen. Hoy, en este Odradek de los viernes, voy a hablaros de cine, pero sobre todo, de Elton John.

Vaya por delante, y como primera aclaración o apreciación, que Rocketman está en ciertos aspectos muy por delante de Bohemian Rhapsody, aunque como he dicho, cualquier comparación no es ya absurda, sino odiosa; y además, yo no entiendo una palabra de cine, en esta ocasión tan solo soy un opinador que conoce, admira y sigue las carreras de Queen y de Elton John.
Por encima de algunas observaciones sobre si el actor que daba vida a Mercury, el oscarizado Rami Malek, se parece en mayor o en menor medida al cantante —yo creo que está clavado, pero los muy fanáticos dicen que no (si le han dado el Oscar será por algo, pero ya os he advertido que ni entiendo, ni pretendo entender, de cine)—, nos topamos ahora con otra excelente interpretación en el actor Taron Egerton, que da vida a Elton John.
Los actores que dan vida a Freddie Mercury y Elton John:


Tanto uno, Mercury, como el otro, Elton John, son ya dos iconos del rock y del pop, dos figuras inconfundibles, plenas de tics, repletas de una imaginería característica que obliga a ponerlos en pantalla de una forma exacta para que no se conviertan en esperpentos. Conseguido este punto en ambos esfuerzos actorales, voy a señalar la principal diferencia entre Rocketman y Bohemian Rhapsody, esa que hace que me decante por la primera, habiéndome gustado muchísimo también la segunda: Rocketman es más que un biopic, es un musical.
Dos carteles de la película Bohemian Rhapsody:


En efecto, la película de Queen es aquello que en cine se define como biopic, es decir, una película biográfica sin más. Cierto es que, por ejemplo, la parte final, la recreación extraordinaria del concierto Live Aid, es más propia de un video clip o de un documental musical, pero en lo fundamental, Bohemian Rhapsody, pese a contener rock a raudales, simplemente (con todo lo complejo que eso resulta) se limita a colocar el biopic a una gran altura; en este caso, además, se trata de un subgénero, el biopic musical, donde antes ya hemos disfrutado de películas magníficas: con los DoorsTina TurnerRay Charles, los Beach BoysJohnny Cash e, incluso, una serie de televisión sobre INXS, entre otras muchas estrellas de la canción cuyas vidas se han traspasado a la pantalla, ya fuera grande o pequeña (recuerdo con especial cariño sendos telefilmes sobre John Denver y The Carpenters).
Carteles de dos excelentes biopics: la película sobre Ray Charles y la de Johnny Cash, ambas oscarizadas:


Sin embargo, y este es para mí el gran acierto de Rocketman, la narrativa se enfoca como un musical. La película es un crossover entre el biopic y el musical, tomando lo mejor de Bohemian Rhapsody en cuanto a género biográfico, y, por ejemplo, las virtudes del inolvidable musical sobre las canciones de The Proclaimers, la acertada Sunshine on Leith (en español Amanece en Edimburgo).

Así que las canciones, la letra de esas canciones, va ilustrando a la perfección cada instante, cada momento vital de Elton John, interpretadas por numerosos personajes que no siempre tienen que ser el propio Elton. El paso de biopic a musical conduce a la película hasta otro nivel en relación con Bohemian Rapsody. Muchos pensaran que, obviamente, dados los centenares de canciones que posee Elton John, no es demasiado complejo encontrar aquellas que encajan con la historia de su vida. Yo creo que aquí radica uno de los desafíos a la hora de llevar a cabo la película, resuelto formidablemente.
Aunque aparecen algunos pedacitos, a veces minúsculos, de canciones tales como Sad SongsI Guess That´s Why They Call It The BluesCandle In The Wind o Don´t Go Breaking My Heart, la película ha elegido temas de la primera época del cantante para la mayoría de las interpretaciones largas que se producen en el filme: Tiny DancerYour SongHonky Cat, por supuesto RocketmanCrocodrile RockSaturday Night´s AlRight For FightingGoodbye Yellow Brick RoadBennie And The JetsDon´t Let The Sun Go Down On MeThe Bitch Is BackPinball WizardSorry Seems The Hardest WordTake Me To The Pilot, y como más moderna, I Want Love (que es de 2001). Dejo aparte I´m Still Standing, porque significará el renacimiento del músico, y la culminación de la película.
De forma que, los temas seleccionados, abarcan desde el año 1970 al 1976, con la excepción del tema I Want Love que, además, como retruécano, es interpretado en la película por un Elton John niño y por parte de su familia y que, en este caso y aunque logra una elevada cota de emoción, no iguala ese video clip soberbiamente —y sobriamente— protagonizado por Robert Downey Jr:
Por tanto, el filme se centra en la primera época o época clásica del músico, que con una carrera tan dilatada —30 discos de estudio, 4 en directo, 16 recopilatorios, 7 bandas sonoras, 6 números uno en álbumes en UK y 7 en USA, más de 133 singles, con más de 20 temas número uno en Estados unidos y cerca de 10 en Gran Bretaña— necesariamente debe dividirse en etapas. Los críticos marcan unas bien definidas, pero yo tengo otras, que paso a comentaros.
Empty Sky, primer disco de Elton John.
La primera fase de ignición de este hombre-cohete camino del éxito que es Elton John engloba desde su álbum debut, Empty Sky, de 1969, hasta el deliciosamente sinfónico, y uno de mis discos favoritos, Madman Across The Water (1971). La segunda etapa abarca desde Honky Chateau (1972) hasta su obra maestra Goodbye Yellow Brick Road (1973). A continuación, una tercera fase desde Caribou (1974) hasta Blue Moves (1976).


La cuarta fase viene caracterizada por el primer disco sin Bernie Taupin en la composición de las letras, A Single Man (1978), y hasta Jump Up! (1982). En la película se incide en la importancia de la relación entre Elton John y Bernie Taupin, absolutamente crucial en la carrera del pianista y cantante. Puede, sin duda, que junto al tándem Lennon-McCartney y el otro dúo de oro, el de Jagger-Richards, la combinación Elton John-Taupin haya sido una de las más exitosas y gozosas de la historia de la música.
La quinta fase compositiva de Elton John abarca desde 1983, año de Too Low For Zero, el disco del renacimiento, que incluye la declaración de principios I´m Still Standing, en un trabajo excelente pleno de hits y de canciones que son grandes joyas (como CrystalReligion o Kiss The Bride) y alcanza hasta Leather Jackets, del año 1986.

Una nueva reinterpretación o reinvención personal llegará con Reg Strikes Back, de 1988, que señala el principio de su sexta época, la más extendida en el tiempo, hasta The Big Picture (excelente disco, por cierto), de 1997. Y la última parte, la séptima, que engloba desde Songs From The West Coast, 2001, y hasta Wonderful Crazy Night, ya de 2016, el álbum de estudio que significa el número 30 del músico.

Rocketman se detiene en el momento de Too Low For Zero, es decir, cuando Elton supera diferentes crisis (alcohol, drogas, problemas mentales y emocionales) y con I´m Still Standing demuestra que está de vuelta en la industria, para quedarse y dar, todavía, mucha guerra. Se recrea el video de esta canción, grabado en Niza durante la edad de oro del video clip, y que nos ponían de forma incasable en Televisión Española.
De aquella época recuerdo una sonada actuación de Elton John en el show de Ángel Casas, cuando ese programa se emitía para toda España y no solo para Cataluña, en donde sentado a un piano tocaba Cold as Christmas y un segundo tema que no recuerdo bien cual fue: debió de ser I´m Still Standing o I Guess That´s Why They Call It The Blues (otro video clip que se repitió en la televisión hasta la saciedad). Si alguien recuerda esa actuación de Elton en el programa de Ángel Casas, allá por 1983, que nos lo confirme, por favor.
Rocketman es una película repleta de instantes notables, como la reconstrucción del primer show en Estados Unidos de Elton John, en el mítico Trobadour, ubicado en West Hollywood, o el emotivo instante de la composición de la canción Your Song. Brillante es también la puesta en escena de Honky Cat, para un esfuerzo cinematográfico más que notable, entretenido y que he podido disfrutar muchísimo.
La película, que se estrena el 31 de mayo, supongo que hará las delicias de los fans del músico que, además, anuncia una parada en España, concretamente en el WiZink Center madrileño, el próximo 26 de junio. El concierto formará parte de una gira monumental, que comenzó en 2018, y abarca, además, todo este 2019 y a lo largo de 2020 y 2021. El Tour, con el nombre de Farewell Yellow Brick Road, se plantea como una despedida, que incluirá 300 actuaciones y pondrá punto final a la presencia del músico en los escenarios tras 50 años de carrera.
Los conciertos de esta gira final, junto a la película Rocketman, resultan una excelente combinación para celebrar tantos años de música de este extraordinario intérprete y compositor.
No entiendo de cine, pero la película Rocketman me ha parecido muy buena. No puedo abarcar ideas ni conceptos técnicos, pero sí entiendo de música, y solo por escuchar las canciones inolvidables de Elton John ya merece la pena pagar el precio de la entrada. Rocketman no falla a la hora de ofrecernos música, espectáculo y entretenimiento: la esencia pura de los 50 años sobre el escenario de Elton John.

miércoles, 3 de julio de 2019

Se cumplen dos décadas del disco que salvó a Red Hot Chili Peppers




*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2019/6/19/el-disco-del-mes-californication-de-red-hot-chili-peppers/

Intérprete: Red Hot Chili Peppers
Título: Californication
Discográfica: Warner
Género: Rock alternativo
Duración: 56m; 24seg.
Número de canciones: 15
Fecha de publicación: 8 de junio de 1999

Se cumplen dos décadas del disco que salvó a Red Hot Chili Peppers
Hace bien poco que se han conmemorado 20 años del álbum que rescató a la banda de Los Ángeles, Red Hot Chili Peppers, de una más que segura disolución. Y de paso, se nos regaló uno de esos discos que se ponen una y otra vez, que no cansan jamás, con un espíritu innovador y unas canciones de leyenda. Hoy, en Mi Nueva Edad, nos referimos a Californication.
Pues sí, 20 años, casi nada, aniversario para una obra maestra brotada de la incandescencia de unos músicos que venían del desastre en su anterior trabajo, One Hot Minute, que aunque contenía algunos temas interesantes, como Aeroplane o My Friends, fue recibido con malas críticas y unas ventas significativamente menores que su precedente, aquel Blood Sugar Sex Magik que había encumbrado a la banda.
El problema estaba ahí precisamente; el guitarrista, una pieza fundamental en el grupo, John Frusciante, agobiado por la fama, dejó el grupo tras la gira de 1992. Aunque incorporaron a un nuevo músico en su lugar, Dave Navarro, las cosas no funcionaron. Eso, y que el cantante, Anthony Kiedis, atravesaba por un momento personal muy delicado a causa de las drogas.
El grupo estaba en una especie de hiato, que duró casi cuatro años. La reincorporación de Frusciante y la rehabilitación del cantante, así como la canción que da título al disco, Californication, consiguieron que el trabajo se convirtiera, hasta la fecha, en el más vendido del grupo, con 16 millones de copias.
Y son las canciones, evidentemente, la que hacen que este disco, sobre el que han llovido 20 años de otras músicas y evoluciones sonoras, nos suene tan fabulosamente como el primer día en que lo escuchamos y nos enganchó sin remedio. Ya sus dos canciones de arranque son excepcionales, en particular la segunda, Pararell Universe, con un trabajo de bajo por parte de Flea extraordinario, y una demoledora guitarra acida.
Y tras ese principio, llega la mejor canción en la historia de la banda, sí, la mejor, al menos para mí, por encima de Under The Bridge o de la posterior Snow (Hey Ho). La delicadeza brutal de Scar Tissue es la patente del disco, la muestra del sonido Californication, en donde todo cuadra a la perfección y, de nuevo, aparece esa guitarra de Frusciante, claro.
Pero lejos de acabarse aquí lo bueno, solo acaba de empezar. Otherside es como una magnífica introducción a Californication, para muchos el tema estrella (¿tiene este disco solo un tema estrella?, en absoluto), y la clave que salvó al grupo. Y después, un desfile de temas extraordinarios: Easily, la hipnótica PorcelainThis Velvet Globe (otra vez esa guitarra, de nuevo), y un final digno de un grupo grande, enorme: Road Trippin´.
 Fue hace 20 años, pero nos parece que fue ayer. Esa es la cualidad de los buenos discos, que todos los días lucen como recién salidos del estudio, y diríase que Californication acaba de ponerse a la venta. Tal capacidad tiene para sorprendernos y hacernos disfrutar.

martes, 4 de junio de 2019

La metamorfosis de un genio llamado Roddy Frame



*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2019/5/17/el-disco-del-mes-knife-de-aztec-camera/

Intérprete: Aztec Camera
Título: Knife
Discográfica: Sire Records/Warner
Género: Rock
Duración: 39m; 27seg.
Número de canciones: 8
Fecha de publicación: septiembre de 1984

La metamorfosis de un genio llamado Roddy Frame
Nos encontramos ante uno de los mejores ejemplos de la evolución discográfica y musical de un grupo. En este caso os hablamos de Aztec Camera, que había debutado en 1983 con el disco High Land, Hard Rainy había cosechado un éxito moderado como banda de la New Waveochentera. Dos canciones de su primer trabajo, Oblivius, y la inolvidable Walk Out to Winter, avalaron el brillante debut.
Pero el grupo, de la mano de un ilustre productor, el guitarrista y líder de Dire Straits, Mark Knopfler, apenas un año después, derivará con su segundo trabajo hacia lo que se conoce como Art RockPop Sofisticado o Soft-Pop. El resultado será Knife, que hoy recomendamos como disco del mes en Mi Nueva Edad.
Knife es, indudablemente, la obra maestra del grupo. Aunque tal vez aquí debería dejar de hablar de Aztec Camera como un grupo, ya que se había convertido, y ya será así siempre, en el instrumento para vehiculizar el ingente talento de Roddy Frame, su líder, cantante, guitarra y compositor, también cantautor en el sentido británico del término de un cantante que escribe e interpreta sus propias canciones, en la tradición de Paul Weller, por ejemplo.
Aztec Camera son y serán un grupo de músicos de estudio, y un grupo de músicos de gira en directo, que irán cambiando y alternando en derredor de la magia creativa de Roddy Frame, principio y fin de la marca. Por eso, en Knife, asistimos a la completa explosión compositiva de uno de los mejores músicos del pop-rock británico y escocés.
Roddy Frame decide abandonar gran parte del patrón de Nueva Ola que alimentaba el primer disco de Aztec Camera para componer un trabajo barroco, de letras profundas y poéticas, bañadas en un halo de gran melancolía. El resultado es un disco inolvidable, uno de los más inolvidables de la década de los 80, con su ambiente depresivo, la tonalidad de las canciones y todas esas joyas que alberga en su interior.
Desde el inicio, con Still On Fire y Just Like The USA, con esos aires a loDylan que tanto han gustado siempre a Roddy Frame, pasando por dos canciones impresionantes como Head Is Happy (Heart´s Insane) y The Back Door To Heaven —si atendemos con cuidado podemos encontrar el rastro de las guitarras del propio Mark Knopfler—, hasta alcanzar algunas de las mayores obras maestras de Roddy FrameAll I Need Is Everything —con esa larga salida del tema apoyada en una brillantísima parte instrumental— y Backwards And Forwards —una balada que pone los pelos, literalmente, de punta—, y el tremebundo final con la canción que da título al álbum: Knife.
Tal vez sea esta canción, Knife, la que mejor defina el espíritu del disco. Nueve minutos que repiten un ritmo monótono y machacón que se muestra capaz de crear una atmósfera desesperanzada, agotada y amargada, que transmite una introspección demoledora adornada con una melodía preciosa y delicada.
Sin duda, este es el disco que debes escuchar de Aztec Camera si no los conoces (o si no conoces a Roddy Frame, mejor dicho), para luego, si quieres, retroceder a los fuegos artificiales nuevaoleros de su debut con High Land, Hard Rain.
Knife es un disco alejadísimo en lo conceptual y en lo instrumental de aquella primera entrega, en donde solo existe una continuidad en el lirismo de sus letras y en su ánimo de tarde de lluvia otoñal. ¿Acaso las mejores canciones no son aquellas que nos rescatan en una tarde de lluvia otoñal?
Pues de eso trata Knife, de estados de ánimo como una forma de crear música, arte, belleza. Con la firma de Roddy Frame; eso significa calidad, delicadeza, intensidad, es decir, los ingredientes de una obra maestra musical que consiguen que un disco nos toque en lo más profundo y nos emocionen.