sábado, 8 de septiembre de 2018

Porque si me lo echan para atrás, yo continúo siempre adelante



*Esta columna apareció en Achungmag.com:

http://www.achtungmag.com/porque-si-me-lo-echan-para-atras-yo-continuo-siempre-adelante/

Hoy se acaba este mes de agosto terrible y conspirador, agobiante y miserable. Torticero. Aquellos que ha disfrutado de las vacaciones pasean su reseteo mental y casi espiritual con el orgullo de quién ha descansado, pero también con la poca empatía de quien no concibe que otros no hayan podido hacerlo. Así que los primeros días de septiembre se dividen entre personas descansadas y personas agotadas. Al final, todos deberemos volver a la misma rutina septembrina… ¿Todos? Algunos, como es mi caso, nos ubicamos en la esquina orinada de aquellos que no han disfrutado de vacaciones y de los que, tampoco, disfrutaran del retorno a rutina laboral alguna. Es decir, somos esos que sobre unos papeles de periódico, cuando no olisqueamos nuestras propias heces del fracaso, nos lamemos las heridas que nos ha infligido esta fantástica sociedad competitiva: somos los parados de larga duración.

El parado de larga duración es aquella persona que ya no interesa a nadie. Si además, como asegura mi fecha de nacimiento, tiene 50 años —que en dos meses serán 51—, entonces, el parado de larga duración es el desecho, la deyección, la mayor porquería que puede infectar a este mundo capital de CEOS y empresarios, de ajetreados oficinistas, de emprendedores, de absurdos equipos de producción, de todas esas mandangas (sí, también en sus variantes en femenino, claro, ya lo sé).
Nos han emasculado, nos han hecho creer que no servimos ya para nada. Nos han inculcado a golpes de desprecio que mejor estaríamos muertos. Que sobramos. Al menos, en estos momentos, me siento así: como un despojo.
Ayer fui a una oficina de empleo a solicitar esa ayuda de unos 400 euros que, teóricamente, se concede al parado de larga duración. Obviando el trato humillante, casi obsceno, que soporté, me topé con una más de esas situaciones kafkianas y deshumanizadas con las que tan a menudo me regala la administración.
En efecto, ya sé que muchos de los que me leen jamás se han visto en un compromiso igual, que ni se les pasa por la cabeza… Entended que acudir a pedirle al Estado una ayuda de 400 euros no es algo agradable, yo preferiría ganar un sueldo y no tener que verme obligado a la vergüenza de hacerlo. No soy un criminal por querer sobrevivir, por intentar pagar mis facturas y mis créditos, pero sin embargo, allí me sentí tratado como un parásito despreciable.
De entrada, se me considera un tipo abyecto y de dudosa moralidad por el hecho de llevar tanto tiempo sin trabajo. Para conseguir esa ayuda me debo someter a una especie de gymkana laboral durante un mes, consistente en ir rellenando unas casillas con acciones que demuestran que, al menos, durante ese mes sí que he estado buscando trabajo. Dan por hecho, entonces, que en los años anteriores no lo he buscado.
Yo necesito la ayuda ahora, no iniciar un proceso de un mes que, si consigo el visto bueno, llevará a otro proceso que tras un tiempo, finalmente, culminará en la ayuda. Y todo ello, repleto de amenazas. La funcionaria que se encarga del asunto, que me proporcionó los papeles de la gymkana, no cesaba de advertirme de que si llevaba un justificante no válido, o un papel que no demostrase bien a las claras que había cumplido punto por punto, “me lo echaría para atrás”.
Toda la obsesión de aquella mujer era hacerme saber que “echaría para atrás” mi intención de cobrar la ayuda, porque lo repitió varias veces en una conversación de cuatro minutos, en lugar de preguntarse cómo era posible que un hombre de casi 51 años, con mi currículo, se encontrase en esta situación. No había forma de sacarla de ahí. Ante cualquier comentario respondía con una amenaza de su poder omnímodo: “lo echo para atrás”. Eso es todo lo que saqué en claro.
El sistema es tan estúpido que de verdad se creen que en estos años no he encontrado trabajo porque no he querido, y que si en un mes cumplo los puntos del papel se desenmascarará la farsa, mi enorme ignominia moral, porque el trabajo brotará a borbotones, demostrándose que soy un tipo vil.
Entre esos puntos maravillosos que debo cumplimentar y que demuestran que soy un buscador activo de trabajo, se encuentra el apuntarme a una Empresa de Trabajo Temporal y a una Agencia de Colocación de las que, curiosamente, no hay ninguna en el pueblo donde vivo. Así que me toca desplazarme a otra localidad cercana para poder hacerlo. Le pregunté si ellos me iban a pagar un desplazamiento, porque yo no tengo dinero. La respuesta fue un “lo echo para atrás”.
Otra de las lindezas por las que debo pasar es el poder demostrar físicamente que me he apuntado a portales de trabajo (estoy apuntado a varios) y que he participado en procesos de selección (atesoro unos cuantos rechazos, pero esos ya no valen, deben ser nuevos durante este mes o “lo echan para atrás”).
Además, necesito cerrar tres entrevistas de trabajo; eso sí que me resulta hilarante. Ni siquiera me responden las empresas cuando les envío un currículo, como para que me quieran entrevistar… Hace mucho tiempo que comprendí que en lugar de mandar currículos a lo desconocido, respondiendo con mis sondas Voyager en dirección a ignotas ofertas de trabajo, mucha mejor carta de presentación era colaborar, todo lo que pudiera, con artículos en medios digitales y en papel, y compartirlos en Redes.
Efectivamente, algo ha ido saliendo de esta idea, que de momento se muestra mejor que la de responder a ofertas de trabajo que ni se molestan en responder (y tristemente, eso sigo haciéndolo también).
Entonces… ¿dónde está el problema, o uno de los problemas? El meollo del asunto se encuentra en mi lícito derecho a mejorar, a no ser un desgraciado toda la vida, a mis aspiraciones a conseguir trabajar en algo digno: eso es lo que ahora parece hacerme indigno. Porque salí, después de un juicio, de un trabajo de mierda que durante 11 años me destrozó la salud y en donde, contratado como peón de obra, no tenía ninguna posibilidad de promocionar más allá de lo que hacía: turnos de 16 horasdurante noches, trabajando además todos los festivos.
11 años como peón de obra cuando realmente era un operador de sala que hacía trabajo de administrador, mientras a mí alrededor la estupidez y la incompetencia se veían recompensadas. Así que cometí mi error: aspirar a algo justo, a algo relacionado con mis capacidades para no ser un desgraciado toda mi vida. Eso me convierte en un paria social porque, a ciertas edades, hay que abandonar el idealismo.
Toda mi vida me he alimentado, he respirado, he vivido y he muerto (porque he muerto varias veces) por la literatura. Con apenas 12 años ya me había leído toda la picaresca española en los volúmenes de Austral, después mucho del teatro del Siglo de Oro, hasta que más adelante hice de la lectura y del estudio de las obras que leía mi único sustento y forma de vivir.
Esas tardes y noches de sábado en las que mis amigos y compañeros de clase salían a las discotecas, me las pasaba encerrado en mi pequeño cuarto leyendo, y poco después, aporreando las teclas de una Olivetti Pluma 22. Así pasé la adolescencia y los años de mi primera carrera, Ciencias de la Información, leyendo y escribiendo, y soportando a mi hermano que entraba en mi habitación y me decía que estaría mejor descargando camiones, que eso era mucho más productivo.

La verdad es que en el tema literario no obtuve demasiado apoyo. Mi madre me machacaba todos los días asegurándome que por esa vía no iba a poder conseguir nunca nada. Después, cuando en los últimos años de su vida leyó el principio de mi novela Casillero del diablo entró en una especie de shock. Se había dado cuenta, decía, de que no me había entendido, ni comprendido nunca, y tuvimos que quitarle la novela y que dejase de leerla. Casillero del diablo es una auto ficción con ciertas partes de realidad, y ella captó de inmediato las zonas de verdad, que eran las que más dolían.
Durante los 11 años en aquel trabajo de noches terribles hice un esfuerzo mayúsculo y me saqué otra carrera (cabeceando por las mañanas en las clases de García Berrio), estudié tres másteres, redacté y defendí una tesis doctoral y me dio tiempo a escribir un par de novelas más. El error estaba ahí, en creerme que siendo Doctor podría emprender otro camino profesional lejos de aquel barrizal laboral.
Ha sido imposible. La Universidad en donde me doctoré y realice tres másteres, plagados de sobresalientes, matrículas de honor y cum laudes, esa que me ha titulado (y por tanto cualificado) ha dejado muy claro que no le interesa un tipo como yo. El resto de los campos laborales en donde podría poner al servicio de los demás mis conocimientos, ya sean colegios, bibliotecas, editoriales, escuelas de letras, periódicos, medios de comunicación en general, medios digitales, todos opinan lo mismo. No me quieren.
Para muchos tengo demasiada titulación, preparación, conocimientos…, para la mayoría no valgo porque tengo 50 años y eso es una vergüenza. Debería estar muerto. En ese callejón sin salida la única solución es escribir y escribir y publicar en Redes, en medios digitales. Unos, con buena voluntad, hacen lo que pueden, pero la mayoría son trabajos gratuitos en donde la recompensa es el placer de poder llevar a cabo mi vocación y mi especialidad: hacer literatura y hablar de literatura.
Pero nadie puede ganarse la vida con esto porque la literatura no es importante…, es un asco que no le interesa a nadie. Sin embargo, todos esos CEOS, esos administrativos, esos trabajadores privilegiados, ignoran que en sus discursos, en sus propuestas, en su día a día, emplean el lenguaje para contar historias, y que están continuamente, haciendo literatura, en sus casos mala literatura.
Estoy triste, no voy a negarlo. Y tremendamente decepcionado. He pasado este verano viendo las fotos en la playa de familias y personas que disfrutaban de sus vacaciones. No me dan envidia, ni mucho menos, pero me llevan a preguntarme de una forma enfermiza por el tipo de errores que he cometido, que me han llevado a ni siquiera poder pasar unos días de vacaciones con mi familia.
Sin duda, el error mayor fue creerme que podría mejorar, que mis aspiraciones de ser una persona menos mediocre estaban fundadas, porque es evidente que se trataba de un espejismo. Allí estaba yo, pidiendo una ayuda de 400 euros al Estado cuando, apenas tres veranos atrás, recién doctorado, estaba dando una ponencia sobre el escritor albanés Ismaíl Kadaré invitado por la Universidad de Pristina.

Repito: allí estaba yo, uno de los expertos mundiales en la obra de ese autor, todo un Doctor en Estudios Literarios, con cinco novelas publicadas y una legión de artículos, reportajes y trabajos de crítica literaria, soportando las amenazas de una funcionaria de empleo que a la mínima “echaría atrás” mi petición desvergonzada.
En este último año me han cortado tres veces el teléfono, algo que jamás me había sucedido antes. No hay día que no me llamen de una empresa de cobros para preguntarme cuando pienso pagar tal o cual recibo o plazo. Mientras todo eso sucede a mi alrededor, como una lluvia de meteoritos desoladora, yo sigo escribiendo, produciendo artículos, contenidos, reseñas, críticas literarias, incluso mantengo una cuenta en Instagram de divulgación literaria (@literatura_instantanea) que me consta que está haciendo mucho por la difusión de la lectura y de la buena literatura.
Sin embargo, hoy tengo ganas de dejarlo. Pero no puedo renunciar a todo eso porque es mi identidad, mis estudios, mis carreras, mis másteres, mi doctorado, conforman mi personalidad. No digamos ya mis novelas…

Algo bueno ha ocurrido en este verano, literariamente hablando, además del anuncio de la futura aparición, a finales de septiembre, de mi ensayo Ismaíl Kadaré: la Gran Estratagema, en ediciones del Subsuelo (uno de los gozosos resultados de mi actividad en Internet). Decía, que eso bueno literariamente hablando ha sido la lectura de Solenoide (Impedimenta), escrita por el rumano Mircea Cӑrtӑrescu.
Yo ya sabía lo que esa novela iba a significar para mí. Y hablaré próximamente de ello en una amplio artículo, en cuanto la termine (aún me quedan más de 200 páginas). He de reconocer que ha sido un párrafo que he leído en ese libro el que me ha llevado a escribir hoy esta columna de El Odradek, tal vez para muchos una columna lamentable, no porque pueda poseer un tono de lamento, sino porque, quizás, parezca vergonzosa y hasta fuera de lugar, dado que lo que me pase a mí a pocos puede interesar o importar.
En efecto, puede que así sea, que yo estoy aquí, en este medio, para hablar de literatura, pero es que las circunstancias en las que me encuentro, incluso la triste gymkana laboral que debo cumplimentar, son producto de eso, de la presencia imparable, arrebatadora y tóxica, de la literatura en mi vida y en la de quienes me rodean.

¿Qué dice ese párrafo de Solenoide? Pues esto:
Sentía en las vértebras de la espina dorsal toda la eternidad en la que no seré nada, nunca. Pero ninguna palabra es lo bastante expresiva como para mostrar el dolor y el arrollador sentimiento de finis que yo estaba experimentando en ese instante”.
Eso tiene Solenoide, no solo párrafos, sino capítulos enteros que me han hecho reflexionar sobre mi vida como ser de literatura: el capítulo 6, o el capítulo 15, por ejemplo. Ahora, mientras escribo en este pueblo que es mi Bucarest particular, mientras sé que las amenazas del día a día persisten, me acechan, que intentan que lo abandone todo, yo prosigo percutiendo contra el muro de la escritura y me prometo no abandonar aunque, en días como estos últimos que he pasado, haya tenido la tentación de rendirme.
No puedo abdicar porque llevo muy dentro la literatura, el amor por los libros, esta es mi vocación y mi vida, como así pueden comprobar quienes asisten a mis talleres de literatura comparada, en donde me dejo el alma con cada texto, en cada sesión, en cada tarde. Es lo único que sé hacer, aquello por lo que he sacrificado todo: es una gran victoria, aunque muchos no lo vean así, o ni siquiera lo entiendan. Aunque terminen, también, por “echármelo atrás”.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Las muchas vidas literarias de Heberto de Sysmo: de haijin cuántico a poeta del lenguaje



*Esta entrevista se publicó en el blog de pensamiento poético Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/08/24/las-muchas-vidas-literarias-de-heberto-de-sysmo-de-haijin-cuantico-a-poeta-del-lenguaje/

Detrás de Heberto de Sysmo, emboscado, se esconde Jose Antonio Olmedo López-Amor, un poeta prolífico y a veces cuántico, aunque en su último poemario haya intentado descifrar el inmenso enigma del significado del lenguaje. También codirige la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea y, en esa tarea de crítico, acaba de publicar Polifonía de lo inmanente (Lastura/Ediciones Juglar). Hace poco firmó, además, un precioso libro de haikus en compañía de su gemelo literario, el poeta Gregorio Muelas.Heberto de Sysmo tiene un currículo impresionante, repleto de menciones, premios, y publicaciones. Entre su obra destaca el poemario Testamento de la Rosa, que resultó finalista del VI Certamen Nacional de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador 2014”, el ya mencionado libro de haikus La soledad encendida (Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, 2015) en compañía de Gregorio Muelas, y el poemario de 2016 titulado La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada (Lastura Ediciones), con el que fue finalista de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana 2017. Su último libro es Maldito y bienamado bibelot (Baile del Sol), primer premio de poesía Certamen Nacional de las Letras Isabel Agüera Ciudad Villa del Río.
En Verde Luna nos hemos preocupado por su obra, que ahora os enlazamos como prólogo a esta entrevista. Sobre su nuevo poemarioMaldito y bienamado bibelot, esta es la crítica que le hicimos:
La crítica del poemario La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada, aquí:
Crítica de La soledad encendida, haikus en compañía de Gregorio Muelas:
Sobre Polifonía de lo inmanente, libro de crítica poética junto a Gregorio Muelas:
Reseñas de algunos números de la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea que codirige:

1-Empezaremos hablando de tu nuevo poemario, ¿qué podemos encontrar en Maldito y bienamado bibelot?
Es un ensayo poético sobre el lenguaje entendido como un ente propio, no como una herramienta o un abecedario que podemos emplear a nuestro antojo, ni como una capacidad gnóstica. Me puse a reflexionar un día tras la lectura de un ensayo de Enrique Sesna que se titula Genealogía de la soberbia intelectual, publicado por Taurus, en donde nos cuenta la manipulación histórica que había sufrido la cultura durante generaciones y la importancia del lenguaje en la cultura no solamente literaria, sino humana. Si cuando nacemos no nos instruyen en la lengua seríamos seres ferales, Mowglis en la jungla. Es algo científico.
2-¿Cómo estructuras un poemario que nace de unos conceptos tan complejos?
El poemario tiene cuatro partes: la segunda, tercera y cuarta se refieren a las potencias de la literatura según Roland Barthes: Mathesis, Mímesis y Semiosis, mientras que la primera parte del poema se basa en la Physis, que la añado yo como aludiendo a esa parte humana. Además, le he dado mucha importancia a los títulos de los poemas con un valor catafórico muy importante. Son poemas muy breves y ocurre un poco como con los micro relatos, que el título forma parte del cuerpo del texto. En ese caso, hay que atender muy bien a lo que se quiere decir en el título porque es como un verso más. Y muchos de estos poemas se pueden leer de abajo para arriba, al revés, por esa direccionalidad del ser al lenguaje y del lenguaje al ser, algo que intenté representar en los poemas de esta manera.
3-¿Entonces el lenguaje es el absoluto protagonista de Maldito y bienamado bibelot?
En el poemario aparecen muchas referencias a Stefan Mallarmé, hermético de la poesía, que tenía un soneto acabado en –ix y le faltaba un rima pare terminarlo, así que inventó la palabra petix y la llenó del sentido que él quiso darle. Maldito y bienamado bibelot atiende a eso precisamente, al llenado de sentido de la palabra, a ese forzar el lenguaje, a ese quebrar una convención que es una palabra y dotarla de un significado. Sobre esos aspectos gira el poemario. El bibelot al que me refiero en el título he querido representarlo con caballo hueco, un caballo de Troya. El lenguaje como tal, que no sabemos qué es, utiliza la escritura y la literatura como caballo de Troya para entrar en nosotros. Pero también esto puede darse al revés porque, al final de todo, el hombre es el Dios. Somos tan capaces de crear, incluso la Inteligencia Artificial, que llegará un momento en el que sobraremos. Y lo que hayamos hecho nosotros será lo que perdurará.
4-Se nota que este es un poemario muy especial y significativo para ti…
Desde luego, y no puedo sino agradecer a la editorial Baile del Sol que hayan querido mi poemario desde el primer día y hayan hecho una edición muy buena que además cuenta con el prólogo de José Luis Rey, poeta al que admiro. Y después tuve la suerte de que Maldito y bienamado bibelot se llevó el Premio Nacional “Isabel Agüera” Ciudad de Villa del Río, y pude incluir en la publicación unas palabras muy hermosas de uno de los miembros del jurado.
5- ¿Una de tus influencias reconocidas son los novísimos, verdad?
Yo casi diría que la segunda oleada de novísimos, aquellos que Castellet se dejó fuera, pero la verdad es que no son ni ellos ni sus obras lo que me interesa, lo que me parece modélico es la manera en que rompieron con la poesía social y aportaron una forma nueva basada en la cultura. No me interesa ni lo camp ni lo pop, ni la escritura mecánica y automática que ellos propugnaban, pero sí ese punto de quebrantar una poesía social tradicionalista, popular y enquistada, gastada ante la que afloraron estas nuevas vertientes de crear. Gimferrer con su poemario Arde el mar, publicado con tan solo 18 años, es impresionante en su complejidad, una forma de versar que cambió el punto de vista, rompió las cosas y abrió nuevas vías.
6-¿Y en este momento hay alguien que este abriendo nuevas vías poéticas?
En este momento de divergencia creativa hay creadores que no son conscientes de que están marcando pautas y creando caminos. Ellos serán la nueva Generación poética que aparecerá algún día, ahora sólo están en periodo de formación. Son inetiquetables, y esto es a causa de la crisis de valores. La poesía se hace a título particular, nadie busca unirse a ninguna causa o movimiento. Ahora mismo convive una Generación inconsciente de que lo es. El poeta a título individual es fácil de identificar con los denominadores comunes ya establecidos, pero ahora nos ocurrirá a la inversa con esta Generación inconsciente, siendo identificables por las diferencias de sus libros, porque cada libro es distinto al otro. Esta polivalencia de temática y estilo define a la posible futura Generación ecléctica.
7-¿Esta futura Generación vive y se alimenta de las Redes Sociales, de Internet?
La posibilidad de escribir un poema y que aparezca en Google y publicarlo a los cuatro vientos tiene su parte buena y su parte mala. La divulgación, el que llegue a tanta gente, debería ser bueno, pero el que no sepa lo que está leyendo podrá tomar un mal trabajo poético como le apetezca y eso será algo peligroso porque se visibiliza lo que no merece la pena; por otra parte, el autor puede llegar a gente que de otra forma ni se propondría alcanzar. Como autores cruzamos océanos a golpe de clic y eso es indudablemente bueno.
8: ¿Qué te parece el que hayamos considerado en el blog de pensamiento poético Verde Luna a tu poemario anterior, La flor de la vida, como un texto de referencia de la poesía cuántica?
Estoy encantado. Y asombrado, No pensaba que mi poemario pudiera llegar tan lejos, ni mucho menos, lleno de agradecimiento. Es un libro de muchas alegrías, incluso ha sido finalista de los Premios de la Crítica Literaria de Valencia. Y efectivamente, es cuántico, porque allí se habla de asuntos geométricos y fractales. Desde luego. Que me adscribas a la corriente cuántica, que hables del libro en diferentes conferencias o que lo nominen a premios, son regalos inesperados que recibo con los brazos abiertos y que además conllevan una divulgación. La divulgación es vital para la poesía, en donde somos una minoría.
9-¿Qué opinas del Blog de pensamiento poético Verde Luna?
Pues tengo que felicitaros a todos lo que hacéis el Blog. Es algo muy necesario. Cuantos más foros de poesía haya, mejor, y acercar la crítica poética al lector es acercar la poesía. En Verde Luna he podido constatar el rigor de tu trabajo, por ejemplo, y la enorme vocación que se encuentra detrás de las reseñas, y eso no se ofrece en todos los blogs que se publican en las Redes. No suele verse muy a menudo el compromiso que tienes, y eso se percibe en Verde Luna, que debajo de las publicaciones hay una persona que lo vive y comulga con lo que hace. Y mira que hay blogs… Muchos hacen reseñas meramente testimoniales, de copiar la contraportada y poco más. Es importante que te digan que estás haciendo las cosas bien y en Verde Luna es así con esas críticas que subís.
10-Despídete con un pensamiento poético.
Ezra Pound decía que el poeta no sólo tenía el compromiso de crear, sino el de ser un modelo para la sociedad para la que escribe. Me quedo con esa reflexión, no solo creativa, sino también moral del poeta.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Revista Madera Berlín: literatura a domicilio, sostenible y del siglo XXI



*Esta crónica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/revista-madera-berlin-literatura-a-domicilio-sostenible-y-del-siglo-xxi/

Desde no hace mucho se está publicando en Berlín una revista literaria que merece la pena. Se llama Madera Berlín y una de sus peculiaridades, tal vez la mayor, junto con su apuesta por la calidad y el ecologismo traducido en la edición sostenible, es que se publica en español. Porque Madera Berlín nace como un vehículo solvente y sin trabas para los autores hispanos en Berlín, en Alemania, en Europa y, por supuesto, en el mundo entero. Así es esta revista, curiosa e innovadora, que debe gran parte de su éxito a Oliver Besnier. De él, de la revista, de todo ello, y de la editorial Cuadernos Heimat que se acaba de poner en marcha con una novela más que atractiva, Amenaza, quiero hablaros hoy en esta columna de El Odradek.

De manera que comenzaré por el principio: el creador de todo, Oliver Besnier. No lo conozco mucho, la verdad, he intercambiado unos cuantos correos electrónicos, algunos mensajes de Instagram y una conversación telefónica, pero he percibido al otro extremo de todos esos soportes a una persona hiperactiva, con la cabeza bulléndole como una olla a presión, repleta de ideas y de proyectos.
Oliver Besnier (foto por cortesía de él mismo).


Oliver puso en marcha el proyecto de Madera Berlín en 2017. La idea nació bajo unas premisas muy claras, tal y como declaraba su creador al medio digital ecuatoriano El telégrafo:
Madera no solo se posiciona como editorial, sino que todo el proceso se concibe desde un punto de vista autónomo. Somos un espacio de investigación continua de esa primera materia que aporta la base para los autores. Ser independientes nos permite, ante todo, controlar el proceso editorial, desde la impresión hasta la encuadernación y, así mismo, no depender de nadie para llevar a cabo nuestras ideas”.
Por ese motivo, cada número de Madera es distinto, completa y complejamente diferente. Y Oliver Besnier se pega una paliza encolando ejemplares, pero a la siguiente ocasión nos presenta un cuadernillo encuadernado a la japonesa, de forma completamente artesanal. Para el número 3 utilizó las fotos encontradas en una caja que alguien había tirado en las calles de Berlín, pegándolas en las revistas para que ninguna fuera igual, y añadió las ilustraciones de Mara Mahía, otro de los elementos fundamentales para que el proyecto salga a la luz.
Detalle de los dibujos de Mara Mahia que ilustran uno de los relatos de la revista.

Besnier entiende su actividad desde el compromiso total: compromiso con la literatura, compromiso con los lectores y compromiso con lo que define “literatura consciente”:
El mundo está muy mal como para no ser lo mínimamente consciente de la huella que dejamos. Madera, además de ser una editorial, es también una filosofía. Investigamos y trabajamos cada detalle; y al controlar todo el proceso, sabemos qué clase de papel o qué pegamento utilizamos. Debería ser obligatorio en cada uno de nosotros dejar el menor impacto posible en el ambiente”.
Puedes ver el artículo completo que recoge estas y otras declaraciones en:
Madera 4 y dos momentos de la encuadernación a la japonesa:


El compromiso de los que trabajan en este proyecto lo hace completamente fiable. Madera llega con puntualidad a las casas de los suscriptores en cualquier punto (porque aunque se hace en Berlín es una revista que se distribuye y se vende también en el extranjero) y al abrirla los relatos publicados en ella son de calidad. Sin duda, estamos ante una gran revista lite
raria que se va consolidando gracias al prestigio de sus contenidos.
La revista ha buscado la especialización con números temáticos. Así, la tercera entrega se dedicó a los Paraísos artificiales, y el número cuatro, 100 héroes íntimos, reunió a 100 autores que firmaron un relato breve. La próxima entrega será sobre la confusión, y después, para el número seis, el motivo unificador será la literatura de viajes. Además, están preparando un especial de poesía.
Listado de los 100 autores del número titulado “100 héroes íntimos”.
Madera Berlín ha presentado algunos de sus números en la berlinesa librería Bartleby and Co., un sitio que merecería un comentario aparte, que incluso ofrece una pequeña biblioteca para lectores de español. Os dejo el enlace de la página de la librería:
También lo han hecho en otro lugar especial, La escalera escondida. Os dejo el enlace:
Hablando de librerías. Madera se puede encontrar, además de en las librerías berlinesas de Bartleby and Co., La escalera escondida y Andenbuch, en varios puntos en España: En las barcelonesas Librería On The Road y Librería Calders; en Madrid está en Nakama Lib; en Sevilla se vende en la Librería Botica de Lectores; en Galicia hay varias localidades; en Numax (Santiago de Compostela),Beribiriana (A Coruña) y Versus (Vigo); y por último en San Sebastián, en Tobacco Days.

Oliver Besnier ha ido un paso adelante, aunque ya al iniciar la andadura de Madera Berlín la idea era que, una vez consolidada la revista, se pudiera crear una editorial. Nace así Cuadernos Heimat. El espíritu de este proyecto se define de esta manera en la contraportada de la primera publicación, la novela breve Amenaza:
Heimat es una palabra alemana que tiene varios significados. Hay gente que dice que no tiene traducción posible al español, otros dicen que sí, que tal vez signifique patria, hogar, o corazón; pero desde luego se refiere a algún punto intermedio, o tal vez a todos ellos. Cuadernos Heimat nace de la necesidad de tener un lugar donde encontrarnos. Nuestra meta es compartir historias de verdad, que nos pertenecen. Cada escritor y cada lector tiene su propio Heimat, pero creemos que todos compartimos un pedazo de ese “hogar” mal traducido, de esa armonía, de esa melodía, de esas memorias borrosas que nos mantienen vivos. Cuadernos Heimat apuesta por la narrativa libre, por la aventura, la exploración. Se trata de encontrar y ofrecer literatura fresca, rarezas inesperadas y extraordinarias. Apostamos por la brevedad, porque creemos que los mejores perfumes como los mejores venenos, como los mechones robados, viajan en recipientes pequeños. Cuadernos Heimat promete historias humildes, sinceras, escritas con el corazón en la mesa, en la manga o en la yema de los dedos”.
Podéis buscar la página de la editorial en Facebook como @cuadernosheimat.
Besnier sabe muy bien cómo crear expectación, como vender las cosas de forma original y diferente, y dio un sorprendente golpe de efecto con esta primera publicación. Originalmente, Amenaza venía firmado por un enigmático M. B. Lunas. Una vez creado el conveniente misterio se desveló que la novela estaba escrita a dos manos. Por el propio Besnier y Mara Mahía, de quién ya os he hablado antes.
Portada de Amenaza, primero firmada por M. B. Lunas y después por sus autores reales:
Nunca he creído mucho en las novelas escritas a cuatro manos, o incluso por colectivos. Sin embargo, un ejemplo de gran brillantez es Q, de Luther Blisset, pseudónimo tras el que se encuentra un grupo de cuatro escritores italianos. Ellos hicieron una buena novela, ¿por qué no podría serlo Amenaza?

Y vaya que sí que lo es. Amenaza, seamos exactos, de Mahía/Besnier, es un breve trayecto literario de 97 páginas, repleto de talento y buenas intuiciones narrativas. El libro nos cuenta una destructiva historia familiar de dos hermanas repletas de enconos que no dejan de mirar al pasado trágico; las relaciones tóxicas con los padres, las cargas de culpa, la mala conciencia, los abandonos, la dejadez sentimental, el odio y el resentimiento.
Amenaza es un amargo compendio de las más habituales conductas humanas en una narración desde dos planos que se alternan: la historia de Jana y la historia de Alis. Esta bifocalidad le proporciona una agilidad especial al libro, que salta de un punto de vista a otro, pero siempre dándonos la impresión de que se nos oculta algo.
La tensión en Amenaza va creciendo a medida que las historias se solapan, cuando los odios impregnan no solo las relaciones, también los propios recuerdos. El lastre del pasado, de lo que se hizo en ese pasado, pero también de lo que no se llegó a hacer, es como un cáncer que todo lo corrompe, extendido hasta el tuétano en la familia de las dos hermanas.
Este texto ágil, rápido y voraz, saca a flote el análisis psicológico de los personajes, algo que tal vez ya no esté muy de moda; lo recupera y lo muestra como una forma de hacer buena literatura. Literatura de sentimientos, pero no de sentimientos ñoños, ni blandos, sino literatura de sentimientos caníbales, escritos desde el corazón y los pulmones, desde el hígado y los riñones, poniendo el alma y la anatomía en ello, para un ejercicio muy sólido de honestidad narrativa.

Cuadernos Heimat no podría debutar mejor. Esta primera entrega —creo que puede encontrarse en la biblioteca del metro de Barcelona—, es una promesa de muchas cosas atractivas e interesantes que pueden venir de la mano creativa de Oliver Besnier. Porque la buena literatura no conoce de lugares excluyentes, tal y como al final de Amenaza, con mucha perspicacia, se advierte: el libro se terminó de imprimir “en algún lugar de Polonia”.
Alfred Jarry, cuando estrenó su inmortal obra Ubú, Rey (un 10 de diciembre de 1896 en el Noveau Theatre de París), dio un pequeño discurso introductorio en el que afirmó que:
En cuanto a la acción que va a comenzar, se sitúa en Polonia, o sea, en ninguna parte”.
Por eso Amenaza, la propia editorial de Cuadernos Heimat —por otro lado con mucha fidelidad a lo que definen como Heimat—, se ubican en algún lugar de la ubuesca Polonia, es decir, en ninguna parte y en todas, porque la literatura pertenece al lugar al que llega y desembarca o aterriza, al lugar de nuestro interior en donde la albergamos para que nos acompañe siempre. Y en este caso, además, se ubica en los buzones, cuando el cartero nos trae, en una mañana gozosa, un nuevo ejemplar de Madera Berlín.
La revista acepta pedidos on line en su página, que os dejo a continuación:
Y si os interesa saber algo más de las revistas literarias, pero de las que se publican en España, os comparto enlace de un artículo que hicimos en Achtung!: