lunes, 16 de abril de 2018

La virtuosa dulzura del Guitar Hero


*Esta crítica apareció en Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2018/4/16/el-disco-del-mes-surfing-alien-de-joe-satriani/

            Intérprete: Joe Satriani
            Título: Surfing with the Alien
            Discográfica: Relativity/Epic
            Género: Rock instrumental
            Duración: 36m; 33s.
            Número canciones: 10
            Fecha de publicación: 1987

La virtuosa dulzura del guitar hero

Hace bien pocos días que Joe Satriani ha visitado España comandando su proyecto G3, esa reunión de guitarristas virtuosos que va sumando formaciones distintas, pero en donde él siempre se mantiene al frente como fundador. Por ello, este mes queremos recomendar en Mi Nueva Edad el que fuera el segundo disco del guitarrista neoyorquino, Surfing With The Alien.
Lo que primero llama la atención del disco es que, a pesar de haber visto la luz en el año 1987, se aprecia una innovación y una frescura en las piezas que en absoluto han quedado pasadas de moda y, además, conserva todo lo bueno del espíritu de aquella década. Encontramos poderosos instrumentales, frases rítmicas y guitarreos poderosos, junto a momentos de gran delicadeza, casi de lirismo rock, para un disco que ha pasado a los anales de la historia de la música como la consagración de Joe Satriani. Después, vendrían otros 14 discos más (para un total de 16) que ya forman parte de la historia de uno de los guitarristas más geniales y versátiles del mundo del rock.
Surfing With The Alien se abre con el tema que da título al disco, un complejo y nervioso tiempo en donde los punteos crean un magnífico soliloquio de guitarra. Satriani ya despliega aquí gran parte de lo que será su sonido futuro más característico. La canción se refiere al personaje de los comics de Marvel, ese extraño Silver Surfer que aparece, además, en la portada del disco, huyendo sobre su tabla de surf de la garras de su enemigo Galactus.
Después, Satriani rinde en Ice 9 un homenaje a la novela de ciencia ficción apocalíptica del escritor norteamericano Kurt Vonnegut, publicada en 1963 y titulada Cuna de gato. Sobre un ritmo pesado de bajo y batería aparece un estribillo fácilmente reconocible que culmina con un punteo de gran dificultad técnica.
Tras la poderosa Crushing Day llega uno de los mejores momentos del disco con Always Me, Always You, donde el álbum afronta sus primeros y escasos momentos de calma. Satriani muestra su aspecto más melódico con un tema delicado que se aproxima a la balada y en donde el guitarrista doma a su guitarra para hacerla lo más lírica posible.
Sin duda, una de las canciones más celebres del álbum es Satch Boogie, (Satch es el mote por el que se conoce al músico). Una composición de las más famosas y celebradas del artista y por la que Satriani es habitualmente identificado. Desde la introducción del chaston de la batería con sus componentes de jazz fusión se terminará desencadenando un tremendo fraseo eléctrico sobre un ritmo furibundo. Esta es la tónica de los instrumentales del disco, veloces, sin dejar el menor lugar al aburrimiento, con una dificultad técnica deslumbrante y pasmosa.
Porque ninguna técnica, ni forma de interpretar, por complicada que resulte, le es ajena a Satriani en este catálogo de las múltiples formas de cómo tocar una guitarra, incluyendo el tapping con las dos manos en el tema Midnight, que deja unos agradables regustos a maderas flamencas y españolas, para firmar así un disco efervescente que desemboca en un tema final chispeante, Echo.
El trabajo de Satriani guarda toda la esencia de los años 80, cuando los guitar hero dieron un paso adelante y añadieron al estilo de pirotecnia majestuosa de sus ídolos —Hendrix o Santana— toda la innovación tecnológica de finales del siglo.
Por ello, este Surfing With The Alien suena tan rabiosamente bien, es tan ameno, contagioso, y nos golpea los oídos con una dulzura furiosa que recuerda a esos días pasados en donde un músico, pegado a una guitarra, todavía creía que podía alterar el mundo a través del sonido atronador de un amplificador.

domingo, 8 de abril de 2018

Literatura rumana: mucho más allá de Mircea Cărtărescu



Esta columna se publicó en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/literatura-rumana-mucho-mas-alla-de-mircea-cartarescu/


El pasado 4 de abril se cumplieron 26 años del fallecimiento del escritor rumano Vintilă Horia en la localidad madrileña de Collado Villalba, muy cerquita de aquí, de mi casa de Torrelodones desde donde escribo estas líneas de El Odradek que buscan recordar, no sólo a este ilustre vecino completamente olvidado por los lectores, sino a otros autores rumanos de indudable talento que parecen borrados por ese huracán de talento que ha desencadenado el futurible Premio Nobel (tiempo al tiempo) Mircea Cărtărescu. Es indudable que es el actual Jefe de las letras rumanas, más si atendemos a la especial recepción e impacto de su novela Solenoide(Impedimenta), pero esta literatura, de tradición y largo recorrido, esta plagada de nombres inolvidables.

Es indiscutible la filiación fascista de Vintilă Horia, algo que le ha pasado gran factura a la hora de caer en desgracia entre los lectores y ser abono de las cajas de ofertas y los estantes de las librerías de lance.Horia se vio obligado al exilio en España dado que la Rumania comunista lo condenó a cadena perpetua. Al amparo del franquismo el escritor consiguió ser profesor en la Facultad de Ciencias de la Información y catedrático de Literatura en Alcalá de Henares. Fue un habitual colaborador de El Alcázar hasta que en 1992 un tumor cerebral terminó con su carrera. Está enterrado en Madrid.
Vintila Horia con un ejemplar de su Dios ha nacido en el exilio.

La obra de Horia no deja de ser interesante a pesar de su filofascismo. No creo que esto sea algo que invalide el evidente talento literario de un autor, ya sea de un color u otro (no en vano, Horia fue perseguido por nazis y comunistas). En Céline tenemos un claro ejemplo de esto, su genio descomunal solo es comparable al intransigente tratamiento que su memoria está recibiendo en Francia. Pero, le duela a quién le duela, esta el Viaje al fin de la noche para atestiguarlo.
Mircea Cărtărescu.
Por supuesto, cualquiera es libre de decidir sus fobias y filias, negarse a leer a determinados autores porque pertenezcan a un credo u otro, pero salvo que sus obras sean un infame ejercicio de propaganda política, no veo motivo alguno por el cual tener que rechazar a un genio como Knut Hamsum por sus simpatías con el régimen nazi o denostar a Pablo Neruda que dedicó, incluso, una Oda a Stalin que ahora nos produce vergüenza ajena.
 Vintilă Horia es un escritor que ya nadie lee. Con Dante como una de sus referencias ineludibles, siempre se pueden encontrar algunas de sus mejores novelas abandonadas al precio de un euro en los cajones de las ofertas: Dios ha nacido en el exilio (Austral), sobre OvidioUn sepulcro en el cielo(Planeta) o La séptima carta (Plaza & Janés) en donde Platón nos habla desde un marcado tono decepcionado.

Si tengo que comenzar a referirme a autores rumanos, me apetece hacerlo con el poeta romántico y poeta nacional, Mihail Eminescu, el más grande poeta rumano del siglo XIX. Un ejemplo de su lírica se puede encontrar traducido al español en el libro de la editorial Cátedra, dentro de su colección Letras Universales, titulado Poesías.


Pero si de poesía rumana se trata, yo prefiero a otros autores que me parecen deslumbrantes. Rumaniaes un país de grandes poetas, esto es algo que me parece indiscutible. El siglo XX ha dado una cosecha lírica rumana impresionante. El primero de ellos, tal vez uno de mis favoritos, es Tristan Tzara, dadaísta fundacional que cosecha el asombro en cada uno de sus poemas como se puede apreciar en las recopilaciones que de ellos ha realizado la editorial Visor.
Uno de los nombres más grandes es el de Mircea Eliade, cuya narrativa está condicionada a sus estudios filosóficos religiosos. Dejando de lado su abrumador trabajo científico, en la vertiente literaria muy destacables son El burdel de las gitanas (Siruela), La noche de San Juan (Herder) y Medianoche en Serampor (Anagrama).
Mircea Eliade.

Será el comunismo una losa para la tradición literaria rumana que empezó con una política de violencia bruta y se fue desinflando hasta los llamados años de miseria, cuando el sistema entró en una auténtica bancarrota. Dado que el país carecía de una clase media propiamente dicha, escritores e intelectuales de cualquier tipo representaban una muy seria amenaza para el gobierno, que se empleó a fondo en combatirlos utilizando micrófonos, escuchas, delatores y chivatazos, cuando no se usaba la desacreditación pública cimentada en la mentira y en la infamia, calificando al intelectual represaliado de traficante, drogadicto, homosexual o violador.
Todo ello, en el marco de un país en el que bajo el gobierno de Ceauşescu se suponía que todo el mundo tenía que ser feliz. Una gran cantidad de personalidades de la cultura rumana tomaron el camino del exilio con la llegada del comunismo, y los representantes de la literatura no se quedaron atrás. Auténticos pesos pesados por su calado intelectual como eran Mircea EliadeEmil Cioran o Eugéne Ionesco trataron de influir con su actividad, desde fuera del país, en el interior de la vida totalitaria.
Una vida totalitaria, para quienes se habían quedado, escindida en dos ramales: glorificación al régimen, al Partido y al Líder, o intentos continuados de escapar a la férrea censura. Los perpetradores de una literatura de loas y agradecimientos al Estado, obviamente, no han pasado a los anales, pero quienes se obstinaron en resistir en territorio hostil, con la complejísima y arriesgada publicación de sus obras, si lo han conseguido. Entre ellos destacan autores como, por ejemplo, Marin Preda.
Marin Preda.
Este novelista pasa por ser uno de los mejores narradores rumanos de la posguerra. Fallecerá en extrañas circunstancias a poco de la publicación de la que sería su última novela, titulada El más amado de los seres terrestres (Bucarest, 1980): se trata de una fuerte crítica al comunismo y a los crímenes de la Rumania estalinista, un ataque insertado en el discurso en primera persona de la voz de un preso que aguarda su juicio. El libro fue rápidamente objeto de la censura y se retiró del mercado. La muerte de Marin Preda todavía permanece sin aclararse. Se especula que pudo ser ahogado con una almohada, o tal vez por un disparo en la cabeza, ejecutado por la Securitate. Que yo sepa, esta obra, no tiene todavía traducción al español.
Otros escritores notables son: el poeta y ensayista Nichita Stănescu, considerado uno de los grandes líricos de la poesía rumana del siglo XX y con obra publicada en español en Amargord, en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo y en Muntaner, o Marin Sorescu (editado en Visor y con traducciones al catalán), poeta, dramaturgo y novelista de gran ironía y tono paródico.
Nichita .Stănescu
Ambos, pudieron escribir bajo arresto domiciliario, alternando el terror y la permanente vigilancia de las autoridades, con la esperanza de poder deslizar, de alguna manera, un ejemplar de sus obras en el interior del mecanismo de un Estado que, con su llegada al poder, había prohibido cerca de nueve millibros. Ese index ocupaba un catálogo de quinientas páginas repleto de títulos completamente anulados, de los que no se podía hablar, ni siquiera mencionarlos.
El periodo que comprende desde el 1971 al 1989 será el peor para la literatura rumana. Tras una toma de contacto de Ceauşescu con los sistemas de China y Corea del Norte, con el motivo de sendas visitas a esos países, el régimen se endurece en dirección al culto de la personalidad y el radicalismo más absoluto. El llamado protocronismo o la versión idealizada del pasado rumano, domina toda la producción literaria, que se cimenta, además, en una censura atroz imposible de doblegar.
Si en Bulgaria se tomaba como pretexto el género de la ciencia ficción, o en otros países, como Polonia, se buscaba el alivio de la válvula de lo que se podría calificar como una pseudo novela histórica, para trasponer la vigilancia del sistema, o el albanés Ismaíl Kadaré instalaba sus novelas en esa noche otomana para engañar a los sicarios de Enver Hoxha, en Rumania el fenómeno de suplantación literaria se centrará en el despliegue de un imaginario de reminiscencias religiosas, mostrando una parafernalia radicalmente contrapuesta a la imposición iconográfica Estatal.
Numerosos autores se deslizarán por un simbolismo religioso con discursos apocalípticos, también proféticos, pero sin obedecer a una verdadera vocación religiosa, sino como mera respuesta al régimen. Dentro de esta línea destacan los poemarios Cadáveres en el vacío (Bucarest, 1969) y El barco de Sebastián (Bucarest, 1978) del poeta Anatol E. Baconsky, donde resalta el oscuro eco del Antiguo Testamento, o el imaginario del Apocalipsis de San Juan, todas estas obras sin traducir al español.
Anatol E. Baconsky
Aunque Baconsky, en principio, había sido un gran defensor de la utopía comunista, como otros tantos intelectuales se desilusionó con la línea política adoptada por el Partido. Su poesía se fue cargando de simbolismo y oscuridad. Además, escribió obras en prosa atendiendo a las sociedades de las distopíasen sus temas y también fue un notable traductor: entre otras obras vertió al rumano la novela El largo viaje (Tusquets) del español Jorge Semprún. Falleció, junto a su esposa, en el terremoto de Bucarestdel 4 de marzo de 1977, que arrasó la cuidad con una intensidad de 7.2 grados en la escala de Richter.
Pero no solo se trata de combatir al Estado y burlar a la censura con este código escatológico, además el género fantástico era muy bien recibido por los lectores hastiados por la doctrina de realismo y héroes positivos. Por ello destacaran algunos cuentistas como Stefan BanulescuDumitru Radu Popescu y Fanus Neagu, que alimentan el género. Además, son notables las novelas que abordan las sociedades y construcciones distópicas como La iglesia negra del propio Baconsky y publicada a título póstumo o El segundo mensajero de Bujor Nedelcovici. Los misterios de estas prosas aguardan a ser puestos en idioma español.


No puedo dejarme en el tintero escritores como la poeta Ana Blandiana (editada por Periférica) o los escritores Emil Cioran (abundantemente editado en Tusquets), Norman Manea (otro pródigo autor deTusquets) de quien recomiendo su autoficción El regreso del húligan y los relatos de Felicidad obligatoria, el notabilísimo Mihail Sebastian (en Destino y en Impedimenta) y claro, Eugene IonescoHerta Müller, de quienes sobran las presentaciones.
Ana Blandiana.
Por supuesto, hay muchos más autores brillantes, pero no están traducidos al español todavía.  No quiero terminar sin ocuparme de Cărtărescu, que al fin y al cabo ha sido el desencadenante de esta columna de hoy de El Odradek. Mi relación como lector con este autor viene del 2006, cuando pude leer ese luminoso texto titulado Por qué nos gustan las mujeres (Funambulista) y me quedé perplejo de lo delicioso que resultaba. Después, ya como autor editado por Impedimenta, vinieron NostalgiaLuluLas bellas extranjeras, El ojo castaño de nuestro amor y la explosión de Solenoide.




Es indudable que el impulso de esta última novela, junto a la edición de su obra en Impedimenta, una de esas editoriales que mima a sus lectores y apuesta siempre por la calidad, han colocado a Cărtărescu como uno de los autores favoritos de los lectores españoles que exigen y demandan clase literaria y no capitalismo cultural y basuras comerciales perpetradas por el famosillo o el influencer de moda.
Pero lo mejor, sin duda, es que el éxito de Cărtărescu ha llevado a que mucha gente descubra y se fije en la abandonada literatura rumana. Espero que eso se refrende con nuevas traducciones al castellano. Esta literatura no se merece menos.

viernes, 6 de abril de 2018

Taller de Lectura Comparada en Torrelodones: Otra forma de leer es posible



Esta reseña apareció en achtungmag. com:
http://www.achtungmag.com/taller-lectura-comparada-en-torrelodones-otra-forma-de-leer-es-posible/

Nuestro compañero de Achtung!, José Carlos Rodrigo Breto, lleva impartiendo desde el mes de octubre un Taller de Lectura Comparada en colaboración con la Asesoría Literaria Proscritos de Torrelodones. Se trata de una propuesta novedosa y original en el mundo de la literatura, y en especial dentro de las actividades de los conocidos como clubs de lectura. Este mes de abril promete ser muy interesante analizando una de las principales distopías de la historia de la literatura, pero hay mucho más.

En efecto, muchísimo más. La idea del Taller de Lectura Comparada se asienta sobre la máxima indiscutible de que toda la producción literaria, ya sean autores u obras, se encuentra en permanente conversación de unos con otros. Los escritores llevan hablando entre ellos, y sus libros también, en una enriquecedora conexión de siglos. Esta es la base del comparatismo, de la Literatura Comparada.
Tal y como nos dice José CarlosDoctor en Estudios Literarios y Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada:
Solo comparando se puede aprender literatura y, por supuesto, comprenderla. Son tantas y tan ricas las referencias a otros libros, a otros autores, que encontramos en las lecturas, que la interpretación y la comprensión de un libro varía completamente de conocer esos códigos a no conocerlos”.
Por eso, el Taller de Lectura Comparada, impartido en sesiones de dos horas todos los jueves de 19 a 21 horas en las dependencias de Proscritos en Torrelodones, establece una serie de lecturas que se apoyan unas en otras, que son los peldaños de un camino que se puede subir o descender, recorrer en ambas direcciones, porque se retroalimenta de referencias a sí mismo:
En cierto modo, son como las escaleras que pintaba Escher en sus cuadros, sin principio ni final. He llamado así a este método de lectura comparada, Método Escher, dado que estamos analizando y un libro y acudimos a otro que leímos tres escalones más abajo o avanzamos hasta uno que leeremos en las próximas semanas”.

 Este mes de abril, seguirá la progresión de lecturas que han tocado desde la búsqueda de la identidad, la respuesta del hombre ante la crisis espiritual, pasando por el comportamiento de los inocentes frente a los hechos sangrientos de la Historia, hasta el trauma del paso de la adolescencia a la edad adulta, etcétera.

Escaparate durante las pasadas Navidades de la Librería y Asesoría Literaria Proscritos de Torrelodones, en plena Calle Real.

Algunos de los libros que ya se han visto fueron Windows On The World de Frédéric BeigbederEl guardián entre el centeno de SalingerAmpliación del campo de batalla de Michel HouellebecqEl corazón es un cazador solitario de Carson McCullersEl extranjero de CamusEl miedo del portero al penalty de Peter HandkeLa transformación de Kafka, El palacio de los Sueños de Ismaíl KadaréEl baile de Irène NémirovskyMatadero Cinco de Kurt Vonnegut, Austerlitz de Sebald o Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino, entre otras:
Es una lista variada que presenta algunos de los autores más importantes de la literatura universal con una selección de obras fascinantes que casi nunca aparecen en los clubs de lectura convencionales. En cierto modo, esa es una de nuestras señas de identidad, junto con el trabajo comparativo, que los libros propuestos vayan más allá de los estándares comerciales que todo el mundo lee. Por eso hemos visto literatura albanesa, novela experimental o metaliteratura. Estamos abiertos a cualquier novela que impacte en el lector, que le haga pensar al leer, que le exija. Aquí huimos de convencionalismos y buscamos, mediante la comparación, la verdadera raíz de la literatura, esa verdad literaria que esconden las obras grandes de verdad”.




En esa línea, este mes de abril se hará una sesión doble (los jueves 5 y 12) sobre 1984, la novela de George Orwell, así como un repaso por el género distópico y la forma en que las utopías mutan en ucronías, analizando sus recursos narrativos y otras novelas que han influido directamente en la novela de Orwell.

Buena muestra de esta voluntad de lectura original son las dos últimas sesiones de abrilAmras de Thomas Bernhard y Natura Morta de Josef Winkler, dos escritores austriacos complejos, apabullantes en sus novelas, y el último realmente poco conocido por el gran público.




Jose Carlos nos habla un poco de estas dos obras inquietantes:
Natura morta de Winkler es un festival narrativo, una recuperación del goce por narrar, en donde un mercado romano se convierte en el verdadero protagonista y representa esa fina línea que separa la vida de la muerte, de la tragedia. ¿Qué drama se esconde en el fondo de esta novela de contrastes, entre los olores y los colores de los puestos de un mercado a la vez luminoso y lóbrego? Eso lo descubrirán quienes acudan al Taller de Literatura Comparada de Proscritos. Si la vida es un mercado tal vez nosotros seamos las piezas expuestas en los ganchos del carnicero… Y en cuanto a Amras, de Bernhard, dos hermanos que han sobrevivido al suicidio de toda su familia son recluidos por su tío en la torre de Amras mientras la locura se va apoderando de ellos. Esta breve novela de Thomas Bernhard, inquietante, es una reflexión sobre el mal y la enfermedad, en la línea de los profundos análisis que el escritor austriaco realiza de lo más oscuro que se alberga en el ser humano. Uno ya no es el mismo después de leer Amras. Los que deseen comprobarlo, y entender los motivos por los cuales “la esencia de la enfermedad es tan oscura como la de la vida”, serán bien recibidos en el Taller de Lectura Comparada”.
Y para mayo otras cuatro lecturas interesantísimas: El curioso incidente del perro a medianoche de Max HaddonVentajas de viajar en tren de Antonio OrejudoSi esto es un hombre de Primo Levi y Sin destino del húngaro, Premio Nobel, Imre Kertész.
En el mes de junio están previstas Una soledad demasiado ruidosa de Bohumil Hrabal, El pozo de Juan Carlos OnettiSostiene Pereira de Antonio Tabucchi y Seda de Alessandro Baricco, lo que:
Nos muestra el recorrido que hacemos en el Taller por todo tipo de literaturas y registros, desde la húngara a la hispanoamericana, pasando por la checa y la española. Como dije, antes ya habíamos visto y hablado de literatura albanesa, además de francesa, austriaca, italiana y francesa, también norteamericana. En fin, un amplio campo de voces y formas peculiares de narrar que es imposible encontrar en los clubs de lectura convencionales”.
Por último, cabe señalar una circunstancia muy importante. Al ser Proscritos, además, una pequeña librería, los asistentes al Taller pueden adquirir los libros que desean allí mismo, simplificando mucho las cosas para estos lectores exigentes que sacan tiempo de sus rutinas laborales para reunirse cada tarde de jueves y encontrarse con la literatura más importante e impactante que se haya escrito.
Además, José Carlos nos advierte de algo sumamente importante:
En el Taller no entendemos la novela como un recorrido que busca un desenlace. La novela no es un final, sino un principio una vez que se ha leído. Por ello, nuestras lecturas se fijan en el trayecto, en lo delicioso del viaje de la lectura a través del libro, ese universo que se incorpora a nosotros una vez que lo hemos leído y que ya siempre nos acompaña, enriqueciendo las lecturas futuras”.
En el siguiente enlace se puede encontrar toda la información sobre los talleres que se imparten en Proscritos:
Y en particular sobre el Taller de Lectura Comparada:
Además, José carlos Rodrigo Breto es escritor, con varias novelas publicadas, lo que garantiza una forma de aproximarse a las lecturas, además, desde el punto de vista del creador, lo que todavía hace más interesante el Taller. Como referencia, estas son algunas de las obras que ha publicado:





Stick Men en Madrid: los Intocables de Eliot Ness tocan rock progresivo



*Esta crónica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/stick-men-los-intocables-de-eliot-ness-tocan-progresivo-en-madrid/

La brigada de los Stick Men llegó a Madrid. En la sala Cool Stage y de la mano de la promotora Etin Produccions, tres músicos que parecían venidos de un futuro remoto mostraron piezas de extraña belleza, complejos ritmos e improvisaciones percusivas que eran como conversaciones, como plegarias elevadas a un dios en el idioma de su inteligencia superior. La ola sónica levantada por Stick Men fue un muro perforado de jeroglíficos, un enorme pentagrama cuyas notas eran las pistas de Nazca, un descomunal petroglifo que recordaba al monolito de la película 2001; ese que, flotando en el espacio y a la deriva en toda su monumentalidad, todavía expande su mensaje sobre las elipses de las constelaciones.

Toni LevinPat Mastelotto y Markus Reuter conforman este grupo dispuesto a presentar el último de sus discos, Prog Noir (2016); un género progresivo negro como existe un género noir en la literatura y en el cine. El noir literario es un asunto de pistolas humeantes, detectives privados con los pies sobre la mesa, con botellas de whisky a mano y una pila de cadáveres que son misterios por resolver. Por eso, estos tres músicos virtuosos y afables muy bien podrían ser los Intocables de Toni Levin para conformar su propia literatura del noir progresivo.


Si en la película de Brian de Palma los agentes de Eliot Ness visten de Armani, los hombres de Levinviajan provistos con sus instrumentos de fabricación exclusiva y particular para regalar una música diseñada para revolver un mundo acomodado en los convencionalismos y dominado por el conformismo.

Son tres detectives de cuerdas y tambores que han cambiado el gesto derrotado, la tequila, el burbon y la cerveza que suelen aparecer con cada atardecer sobre la ciudad del crimen literario por una batería, un Chapman Stick y una Touch Guitar por la que deslizan sus dedos como los tentáculos de un pulpo, menean sus brazos como las aspas de un parque eólico y consiguen generar una música energética, nutricia y proteica.

Son los brigadistas del ritmo porque, no en vano, dos de ellos pertenecen a la sección rítmica de bajo y batería de ese voraz Tiranosaurio Rex del progresivo conocido como King Crimson.

Cuando empieza el concierto me percato con emoción de que estoy a un metro escaso de Tony Levin y puedo empacharme durante una hora y media larga del recorrido de sus manos sobre el mástil del Stick, concentrado con un gesto de relojero preciso, de orfebre que engarzase diminutas piececillas. Apreciar las evoluciones de un mito como Levin, así, al lado, es un lujo que jamás creí que podría proporcionarme el mundo del rock.




Tony Levin es el Eliot Ness de este trio noir. Pero también es el hombre de Peter Gabriel, el hombre de Robert Fripp, e incluso lo fue de Yes; el hombre que junto a la batería de Bill Bruford participó en algunos de los discos más impresionantes del progresivo, que puso en pie la arquitectura (aristas, volutas de sonidos) de piezas imposibles.

En los años 80 fue parte de quienes para mí son el mejor King Crimson —con o sin permiso de los puristas— formando al lado de Robert FrippAdrian Belew y el propio Bruford. Tal sobre abundancia creativa y de genio alumbró un terceto de álbumes abrumadores: Discipline (1981), Beat (1982) y Three Of A Perfect Pair (1984).



Ese hombre amable, que parece algo tímido, con su calva y su bigote, siempre ha sido para mí la encarnación de la Gran Música, esa música de calidad que no se rinde a las concesiones comerciales, que lucha incansablemente por mantener su sitio y que necesita de una atención activa del oyente para que se puedan discernir una a una todas sus capas.
Y Levin representa todo esto desde que lo descubrí en aquel legendario Plays Live de Peter Gabriel, una obra maestra, el Taj Mahal de los discos en vivo, del año 1983. Junto a Gabriel, participaban Jerry Marotta a la batería, David Rhodes a la guitarra, Larry Fast a los teclados y el propio Levin a los bajos. Desde aquél momento no pude entender la música de otra manera que tal y como la generaban estos hombres sorprendentes.

Si no me equivoco, y creo que no, la primera vez que vi a Toni Levin sobre un escenario fue en el Palacio de los Deportes de Madrid (antes del incendio) con Peter Gabriel en su gira The So Tour, un lejano 28 de septiembre de 1987. Entonces, la aportación de Levin con sus funk fingers, y esa vibración demoledora que conseguía en la canción Don´t Give Up, fueron determinantes en el sonido desplegado por Gabriel en su disco So (1986).
Después, pude presenciar uno de los momentos musicales de mi vida cuando en el ya desaparecido Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid —un 22 de febrero del año 90— asistí al concierto de aquella banda que eran Yes pero no podían utilizar el nombre de Yes porque estaba en posesión del bajista Chris Squire; por ello se presentaban como AndersonBrufordWakeman y Howe…, pero acompañados de Toni Levin al bajo y tocaron (no me odiéis por esto) un Close to the Edge inolvidable

Y después, como no podía faltar, vi a Levin varias veces con King Crimson: y todas han sido pocas, la última de ellas el 22 de noviembre de 2016 en el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones en Madrid, donde además también pude disfrutar del batería Pat Mastelotto en uno de los mayores monumentos a la música que haya escuchado en directo.
Si Levin es el Eliot Ness de los Stick Men —ese que interpretaba Kevin Costner—, Mastelotto es el contundente Jim Malone, encarnado por Sean Connery, curtido y resolutivo, obsesionado por cumplir con su cometido, implacable como el batería que percute sobre las cajas y los bombos con fuerza, que acaricia los platos con mimo, todo en pos de conseguir un único objetivo: crear un sonido apabullante, por momentos aplastante, que te envuelve con el rugido de la música inolvidable: esa música que se te introduce muy adentro y ya no te abandona nunca más.

El power trio, que despliega su progresivo noir sobre la noche de Madrid como si extendiera unas alas metálicas, se completa con Markus Reuter a la Touch Guitar. Es el agente Stone de los Intocables, ese que encarna Andy García, discreto y al lado de los dos veteranos, pero sabiendo cómo cumplir con su labor, especialmente en las partes más complejas de los temas, cuando saca lo mejor de sí mismo, como hace con las guitarras de los temas de King Crimson. Sin atisbo de dudas, firme, ofreciendo el soporte para que la batería y el bajo se cuelguen del trapecio que se bambolea sobre el vértigo del tappingcuando mima su guitarra con una delicadeza que, por un acto de magia, se transforma en potencia, distorsiones y vatios desencadenados.

La primera pieza, Hide The Trees, del disco Deep (2013), adornada con esos sonidos fluorescentes de la guitarra de Reuter, fue la tarjeta de presentación de un trio de genios que atesoran más talento del que podamos comprender. Ciertos ecos del tema me hicieron pensar que, inmerso en el prog noir del grupo, muy bien podría estar escuchando la música de una narración sobre grandes robos imposibles, al estilo de las películas Rififí o The Italian Job…, un tema perfecto para La jungla del asfalto (RBA), de W. R, Burnett, en donde se planea el atraco a una joyería.

Con el público boquiabierto, sin posibilidad de reacción ante la primera pieza que nos había golpeado hasta dejarnos tirados en la parte trasera de un callejón, apareció Red, de King Crimson. Esas escalas, con esa guitarra que funciona a modo de berbiquí, un sacacorchos eléctrico, fue como si los músicos se hubieran transformado en chamanes mayas y nos sacasen el corazón para enseñárnoslo mostrado en sus manos. Todos los presentes caímos rendidos a la genialidad de Robert Fripp que nos hablaba por entre los haces sonoros del grupo.
Schatetenhaft, de Prog Noir, trajo brumas y fríos de ese mundo coagulado en el tiempo y en el blanco y negro de la película El tercer hombre, tal vez de alguna novela con telón de acero como las de John Le Carré o Graham Greene, con un ritmo sincopado de persecución de espías que hace tiempo que dejaron de valorar sus vidas para emborracharse de secretos.

Después, uno de los grandes temas de la noche, Plutonium (también de Prog Noir, y es que este disco es extraordinario). Sobre la línea del tema, recitado y cantado en su estribillo, referencias a la Carmina Burana de Carl Off, al inolvidable Roundabout de Yes, a la Marsellesa de la tremenda Obertura 1812 de Tchaikovsky. La canción, una denuncia de la industria armamentística y el peligro que entraña una nueva escalada nuclear, es una perfecta banda sonora para la novela de H. G. Wells titulada El mundo liberado, que ya en 1914 nos habla de una granada nuclear, en este caso conformada de Uranio.
Del disco Deep interpretaron otro tema, Cusp, con ciertos toques industriales o mecánicos que me sumergieron en La caza del Octubre Rojo de Tom Clancy. La guitarra de Reuter es aquí un torpedo guiado directamente a la emoción. Y no yerra el blanco. Impacta en la línea de flotación de nuestra fascinación.
En este momento todo se contiene, se represa, se calma, porque aparece Crack In The Sky del disco Absalom (2011), una especie de medio tiempo lunar con una evocadora voz de Levin que se une al llanto de la guitarra. Melancolía y oscuridad a lo Blade Runner, registros sonoros para leer alguna novela ciberpunk de Philip K. Dick o Neuromante (Minotauro) de William Gibson.

El trío no se mostró nada cicatero a la hora de volver una y otra vez a King Crimson. Era el turno de Satori In Tangier del álbum Beat, quizás mi preferido de esa banda, en donde la dupla Bruford-Levinalcanza sus más altas cotas de genialidad. La referencia literaria de esta canción es inevitable, puesto que toda ella se alimenta de la obra de Jack Kerouac, en concreto a su libro Satori en París (en mi biblioteca está en una manoseada edición de Losada) y la Generación Beat que se afincó en Tángercomo si fuera una nueva Meca de la creatividad: GenetBowlesGinsbergBurroughs o Capote buscando la inspiración en las callejuelas de su zoco.

La guitarra de arabescos junto a esa línea de bajo que se desata después de la introducción la convierten en un exponente del sonido Gamelan de Bali Java que tanta importancia ha tenido en el neo-progresivo, con esos elementos repetitivos que podrían conducir al trance. En Satori el ritmo se convierte en una especie de mantra hipnótico, mientras en la actuación Reuter parecía estar a punto de sacar una cobra real del interior de la caja de su Touch Guitar.
El trío nos ofreció uno de los regalos impagables de la noche: la canción Swimming In Tea, un work in progress, tal y como la definió Reuter, que van mejorando con cada interpretación en directo. Fue un momento memorable, con ese comienzo que recordaba a las campanas de los relojes británicos de los salones de té, quizás al propio Big Ben, y a medida que la pieza se iba tensando sus toques acuáticos nos transportaban a la vereda del Támesis, o al fondo de una taza cuyos posos nos auguran un futuro pródigo. Me fue imposible no traer a la cabeza cualquiera de las novelas de Sherlock Holmes y sus misterios desparramados por la City.
El recital de talento estaba acariciando los puntos más álgidos: otra entrega de King Crimson con esa bola de demolición que es Larks Tongues In Aspic en su parte segunda, con un Markus Reuter imperial, tensando y tensando y tensando hasta lo insoportable para luego relajar la pieza con esos golpes de guitarra acompasados con un Mastelotto avasallador entre los aullidos del público.

Y en medio de esa vorágine, la sorprendente versión de Mirage de Mike Oldfield, por preferencia del propio Reuter que manifestó ser un admirador del guitarrista. El tema, del disco QE2 (1980), pertenece a una época de incorporación de sonidos más folk por parte del músico de Reading, y que fue triturado por la maquinaria de Stick Men: lo fagocitaron, hicieron una inmensa bola de sonido y nos la arrojaron encima para terminar de abrumarnos. Fue algo fantástico y sorprendente, porque después de conservar la limpia  introducción de guitarra ninguno de los presentes podíamos esperar semejante vorágine.

La brigada de los Intocables y sus muchachos se dirigía hacia el final de su misión en Madrid. Una nueva canción del último disco, Mantra (de nuevo el concepto del Gamelan) y el discurso melódico que nos transportaba a una aventura de agentes secretos al estilo de James Bond o de Misión: Imposible, donde Levin era ahora un Ethan Hunt metido (sin saber muy bien los motivos) en alguna conspiración rocambolesca.
Después, el tema que bautiza al nuevo disco, ese Prog Noir formidable, con ecos en la voz de Tony Levinque recordaban al David Bowie de la llamada trilogía de Berlín —Low (1977), Heroes (1977) y Lodger(1979 )—, mientras el Chapman Stick y la batería acaban por arrasar todo atisbo de resistencia para una de las mejores y más sólidas composiciones del grupo.
Había que rematar con toda la artillería, como cuando los muchachos de Eliot Ness se enzarzan en algún tiroteo demencial: Level Five de King Crimson, del disco The Power To Believe (2003). No podía ser de otra forma. Lo psicodélico, lo asincopado, la guitarra serpenteante, servido todo ello en lonchas gruesas y jugosas para firmar el último uppercut directo a la mandíbula de un público absolutamente rendido, sabedor de que acababa de presenciar uno de esos momentos de la historia musical que tan a menudo se escriben en los escenarios madrileños y de los que podemos disfrutar unos escasos privilegiados.

Y sin embargo, quedaba el segundo gran regalo en forma de bis: Una improvisación titulada Open, Pt. 3–Truncheon tomada del disco Open (2012) y que se fue por encima de los diez minutos. Es la forma que tiene el grupo de agradecer el fervor de la audiencia: Mastelotto inventaba percusiones y sonidos haciendo crujir una botella de plástico, y los tres Intocables daban por finalizada su misión madrileña con la satisfacción del deber cumplido y el buen trabajo realizado.
Un nuevo asunto les aguardaba en Málaga al día siguiente, y LevinReuter y Mastelotto se enfundaron en sus gabardinas detectivescas y se calaron sus gorros de ala para perderse entre las sombras de la noche de su progresivo noir. Nos dejaron con la felicidad absoluta rezumándonos por todos los poros, el asombro prendido de los ojos y de la garganta y en nuestra mente una certeza: acabábamos de asistir al mejor caso de esta brigada de músicos que de intocables acababa de pasar a inmortales. Porque nadie de los que allí estábamos íbamos a poder olvidarnos nuca de aquello.