martes, 19 de septiembre de 2017

Mucho más que sexo y borracheras: hay que reivindicar a Bukowski


*Esta columna apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/hay-que-reivindicar-a-bukowski/

El otro día me sucedió algo curioso: acudí al hospital de Puerta de Hierro de Madrid para hacerme unas pruebas y la secretaria de neumología acabó confesándome su admiración, y la de su marido, por Charles Bukowski. La culpable de una conversación tan extraña en una consulta médica fue la camiseta que yo llevaba puesta, con el rostro y una frase del escritor. Unas palabras de la mujer me dieron que pensar: “somos tres los que en España conocemos a Bukowski”, me dijo. No creo que eso sea exactamente así, pero algo de cierto sí que había en su confesión. Hay que reivindicar, de una vez por todas, a Bukowski.

Para la gran mayoría, es decir, todos aquellos lectores que no se ha aproximado a Bukowski, el escritor no es más que un viejo soez que carga sus novelas de sexo fácil, palabrotas y situaciones desagradables. Para muchos, todavía sigue siendo una especie de demonio, cuyas obras no valen nada, arrinconado en las cloacas literarias donde sólo se adentran frikis y pervertidos. Obviamente, es mucho más que eso: fundamentalmente, es un poeta excepcional.

La producción de Bukowski puede dividirse en tres aspectos: las novelas, su poesía y sus relatos. En todos los géneros brilla a gran altura, hasta el punto de conseguir alguna que otra obra maestra, como su primera novela, Cartero (Anagrama). Además, firma un buen puñado de cuentos demoledores y de poemas deslumbrantes.

La novelística de Bukowski ocupa la parte más pequeña de su producción, y sin embargo lo ha marcado definitivamente entre sus detractores como un autor grosero. Su primera novela, y cota narrativa del autor, fue Cartero. Es Bukowski en estado puro, y despliega casi todas las características que luego aparecerán en el resto de sus libros, incluida la poesía: elementos autobiográficos, situaciones disparatadas, reflexiones políticamente incorrectas, mucha provocación y un optimismo existencial que se reduce a que, aunque todo parezca ir mal y se desmorone, la vida tiene remedio si se puede disfrutar del alcohol, del sexo, de la música clásica y, por supuesto, de la literatura, fundamentalmente de la escritura. Con esto, un hombre puede ser feliz, aunque no tenga trabajo ni apenas un trozo de pan que llevarse a la boca…, pero ¿a quién puede importarle eso mientras tenga una mujer que abrazar y litros de vodka, whisky o ginebra que tragar?

Puede parecer una reducción simplista y poco real de la vida, pero la verdad es que Bukowski vivió así durante mucho tiempo. Prueba de ello fueron las dos siguientes novelas, Factótum y Mujeres —ambas en Anagrama—, donde repite, con su prosa vertiginosa y descacharrante, los mismos argumentos: siempre aparece Bukowski, encarnado en su alter ego, Chinaski, enfrascado en el arduo empeño de vivir de la escritura (algo que al final sí conseguiría) mientras va intercalando empleos miserables que le duran poco, lo justo para defenderse con los pequeños sobres de pagas semanales que le permiten comer de vez en cuando y seguir bebiendo; y las mujeres continúan pasando por su cama.

De repente, Bukowski escribe La senda del perdedor (Anagrama), un texto que no parece firmado por el mismo autor. Sigue siendo autobiográfica, en efecto, pero en esta ocasión el narrador toma distancia, nos habla en profundidad de su infancia con un estilo controlado, parece que necesita demostrarnos lo gran novelista que es, desplegando un texto de parámetros clásicos, para después de habernos dejado eso muy claro, retornar a sus libros de un estilo directo y polémico.

Por ese motivo, su trabajo novelístico termina con Hollywood y Pulp —también en Anagrama—. La primera, es una especie de cuaderno de rodaje, de la época en que se filmó El borracho, la película basada en sus historias. El libro abarca desde los primeros instantes en que el director Barbet Schroeder le plantea la idea al escritor, hasta los momentos con los actores que la protagonizaron, Mickey Rourke (no puedo pensar en un actor mejor elegido para interpretar a Bukowski/Chinaski, con un toque de histrionismo y esperpento chulescos) y Faye Dunaway; todos ellos aparecen en la novela emboscados tras seudónimos. Aquí os dejo una escena de la película, en donde hace una breve aparición el propio Bukowski… ¿Eres capaz de reconocerlo?


Sin embargo, esta no será la única película que se haya rodado sobre Bukowski y su obra, aunque tal vez, por el renombre de sus actores, sea la más conocida. Antes —porque The Barfly de Schroeder es de 1987— se rodó Ordinaria locura, una película de 1982, dirigida por Marco Ferri y con un muy poco convincente Ben Gazzara en su papel de Chinaski, junto a la presencia de Ornella Muti. Después, en 2005, se filmó Factótum, con el hierático Matt Dillon haciendo las veces del escritor, acompañado de Marisa Tomey. Tal vez la frialdad e inexpresividad de este filme, que curiosamente empieza con Chinaski trabajando como repartidor de hielo, se deba a que se trata de una producción noruega. Aquí dos enlaces que ilustran ambas películas:




Existen varias películas y cortos sobre relatos y poemas de Bukowski. Para los curiosos, la producción belga Crazy Love, en español titulada El amor es un perro infernal (nombre tomado de uno de sus poemarios) o una animación sobre uno de sus poemas, The Man With Beautiful Eyes.



Su última novela, Pulp (Anagrama), es la culminación de lo delirante: un detective privado, que encarna la decrepitud y la derrota, recibe un encargo de mano de la Muerte para encontrar al novelista francés Céline (uno de los escritores admirados por Bukowski), que aún permanece vivo y en paradero desconocido. Es un divertimento sin pretensiones, escrito de forma apresurada y descuidada, que además presenta por vez primera y única a un protagonista que no es Chinaski, pero que resulta velozmente entretenido si somos capaces de ignorar sus deficiencias técnicas y entenderlo como lo que es: un pasatiempo disparatado.

Como cuentista, Bukowski es prolífico, a veces desigual, pero en ninguna de sus narraciones deja indiferente a nadie porque, si como poeta es arisco y como novelista puede parecer áspero, la mezcla de todo ello en un relato produce un brutal puñetazo en el lector. Hay numerosos volúmenes de relatos publicados en España, casi todos ellos a cargo de Anagrama, entre los que destaco el volumen de narraciones Hijo de Satanás. De toda la literatura que he leído de Charles Bukowski, esta es la colección de relatos más negra, desoladora y deprimente de su autor, que aúna algunas de sus obras maestras en una modalidad tan compleja como la narración breve. Si te interesa mi análisis más en profundidad de este volumen de relatos, puedes encontrarlo aquí:



Otros libros de relatos notables —siempre en Anagrama— son Música de cañerías, Escritos de un viejo indecente o Se busca una mujer. Y así, llegamos al poeta, porque Bukowski es un poeta lúcido, que toca el corazón del lector con cada poema. Su producción es ingente, siempre adscrita al realismo sucio que se encarga de reflejar un mundo amargo de perdedores y desarrapados, con los sentimientos a flor de piel y el instinto de la supervivencia agarrado desesperadamente a los versos.
De entre la gran cantidad de volúmenes de su poesía que se han editado en España, tal vez los más notables sean Guerra sin cesar (Visor) y Poemas de la última noche de la tierra (DVD Ediciones), aunque recomiendo cualquiera de los libros que cuidadosamente ha editado Visor, y son muchos: La gente parece flores al fin, Madrigales de la pensión, El padecimiento continuo… etcétera.

La poesía de Bukowski es, fundamentalmente, narrativa, porque en ella vierte las historias cotidianas que lo rodean para mostrar un mundo agónico y cruel, sobre el que es obligado formular una reflexión permanente. Sin embargo, y a pesar de esta prosificación del verso que muchos pueden criticar, Bukowski es autor de algunos de los poemas más brillantes que he leído. Como ejemplo, esta animación con su Pájaro azul:


Y como colofón, este documental, Born Into This, en donde podemos adentrarnos más en la compleja personalidad de Bukowski. Merece mucho la pena:



Hay que, definitivamente, reivindicar a Bukowski para que no sólo tres personas lo conozcamos. Yo no comparto estas palabras de la secretaria de neumología, al menos en el sentido estricto: Bukowski es un autor muy popular, tanto como denostado sin sentido, en eso radica que sólo tres —bueno, algunos más— sepamos de su auténtica valía, porque somos quienes realmente lo comprendemos como poeta. La única forma de alejar de la cabeza esos prejuicios absurdos sobre un escritor insoportable, pervertido, rijoso y guarro, es sumergirse a pulmón libre en su literatura. La única manera, de conocer a un autor.



lunes, 18 de septiembre de 2017

Esperanza más allá del Hashtag


*Esta columna apareció en el sitio achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/esperanza-mas-alla-del-hashtag/


La estupidez, la imbecilidad, la violencia verbal y la porquería que flota en las redes sociales se hace cada vez más insoportable. No es de extrañar que mucha gente se borre de ellas, que abandone estos lugares en donde parece que ya sólo queda espacio para el insulto, el mal gusto, la frivolidad, la chocarrería gruesa y la chulería de aquellos que se amparan en el anonimato cibernético, junto con la exhibición de unos comportamientos cada vez más anodinos e irrelevantes. Sin embargo, algunos sucesos que he podido compartir esta semana en Instagram me demuestran que hay vida más allá de la masturbación del ego, y que se pueden llegar a conseguir cosas realmente importantes.

Mi presencia en las redes sociales se limita, desde hace muchísimo tiempo, a lo meramente literario. Quiero decir, con ello, que mis perfiles se centran en hablar de literatura, en la promoción mis lecturas de los libros, compartiendo impresiones, recomendaciones y críticas. Desde hace poco, he ido derivando del Facebook a Instagram, y esta última red social se ha mostrado como un vehículo perfecto para mis intereses bibliófilos.

Algunos que me lean seguro que se extrañan y ponen en duda que un lugar que alberga la insoportable levedad de las Dulceida o las Kardashian, pueda articular una sola palabra inteligente sobre libros o literatura. Pues así es, he descubierto —también con gran asombro por mi parte— que además de famosos que informan hasta el agotamiento del acto más microscópico de su vida, o de It Girls (todavía no sé muy bien lo qué es eso) empachadas de productos publicitarios, se ha fraguado un circulo de gente que se dedica a compartir lo que lee, a comentarlo y a discutirlo.

Indudablemente, la fuerza de estos sitios sociales para llevar a cabo una comunidad unida por cualquier interés es mayúscula, y por ello los amigos de los libros han funcionado tan bien en Instagram. Multitud de perfiles de personas que se auto denominan como frikis de los libros, tsundokianos, o instabookers —nada que ver con los booktubers de Youtube— comparten a diario las impresiones sobre la última novela leída o recomiendan lecturas. Fantástico.

Entre esta legión de personas atentas a las cubiertas de los libros, a los párrafos de una novela, a una cita interesante espigada de la sabiduría de un autor, se encuentras algunas que hacen de su pasión por la literatura un ejercicio de generosidad y solidaridad. Y siguen apareciendo en esta columna palabras que parecen realmente imposibles de encadenar a Instagram o Facebook, pero que son una realidad.

Este es el caso de una mujer valenciana que se hace llamar Sra. Bibliotecaria (y siempre remarca que no es bibliotecaria). Su pasión por la lectura, por los libros, la han llevado a conformar una enorme legión de seguidores que agradecen sus recomendaciones, sus reseñas, y la generosidad con la que comparte sus descubrimientos literarios. Sin embargo, esta semana su fervor por los libros y por ayudar a los demás, ha alcanzado un nivel superior.

Porque la Sra. Bibliotecaria ha puesto en marcha en Instagram una puja solidaria de lotes de libros cuya recaudación íntegra se destinará a la investigación de remedios para la Fibrosis Quística. Y si esta iniciativa en Instagram no fuera ya de por sí llamativa, hay que añadir un par de situaciones asombrosas: la enorme respuesta solidaria de sus seguidores y que los libros subastados pertenecen a la propia colección de la Sra. Bibliotecaria, volúmenes por los que ella se ha gastado el dinero y que, ahora, cede desinteresadamente para servir esta buena causa.

Cualquier tsundokiano que se precie sabe muy bien lo que significa deshacerse de un libro de la colección; pues bien, esta mujer se despoja de una tonelada de volúmenes que organiza en lotes y, para colmo, está dispuesta a correr con los gastos postales de los envíos. El dinero recaudado se ingresará en una cuenta creada ad hoc, que se cerrará una vez terminada la puja, y será entregado en mano en la Asociación de Fibrosis Quística de Valencia. Todo debidamente acreditado y documentado. Para que no haya lugar al más mínimo resquicio a la duda aunque, por si fuera necesario decirlo (que no lo es), yo pongo mi mano en el fuego por esta mujer.

He querido colaborar con este monumental esfuerzo llevado a cabo por la Sra. Bibliotecaria no solo escribiendo esta columna en Achtung!, sino también contribuyendo con la cesión de todos los ejemplares que sean necesarios de una novela mía, El vaso canope, debidamente dedicada para la ocasión y que pondremos en algunos lotes, o de alguna forma que ya concretaremos.

La fibrosis quística es una enfermedad genética hereditaria que afecta a los pulmones, pero que también puede interesar al páncreas o al hígado; se produce por la mutación de un gen y a día de hoy no parece tener cura, pero la mejora en los tratamientos ha podido elevar la esperanza de vida de los pacientes. Se calcula que en España hay, al menos, 3.000 afectados, y el trasplante pulmonar es una solución para los casos muy avanzados, aunque con todas las reservas que conlleva una intervención tan delicada.

El principal problema que se presenta a la hora de investigar curas para esta enfermedad es que existen más de 1.900 mutaciones distintas lo que provoca que, a la hora de tratarla, los fármacos no sirven para todos los pacientes. Por ello, es tan importante invertir en investigación para esta enfermedad en concreto, y este es el motivo por el cual la Sra. Bibliotecaria en Instagram haya propuesto que el dinero de la puja solidaria vaya dirigido a ese campo. Lo recaudado se añadirá a la becas que reciben los investigadores de la FQ.

Así que ya estáis informados y avisados. Seguid a la Sra. Bibliotecaria en Instagram, que ya ha lanzado los primeros 11 lotes, que presentan una variedad enorme de autores y géneros porque lo que caracteriza a esta tsundokiana es su enorme voracidad lectora, algo que la ha llevado a leer casi de todo. Así, hay un jugoso lote con dos libros del Premio Nobel japonés Yasunari KawabataKioto y Lo bello y lo triste—, junto a un pack de novela negra o a libros de editoriales prestigiosas y con carisma, del estilo de Impedimenta, El Asteroide, SalamandraEl cuento de la criada, de Margaret Atwood, por ejemplo—, novelas de puro entretenimiento —Ken Follet—, novelas de género negro o Best Sellers variados. Y estos primeros lotes tan solo son el principio. Estad bien atentos a la cuenta de la Sra. Bibliotecaria porque irá publicando nuevos lotes para la subasta.

Esta iniciativa viene a demostrar un par de cosas: que existe vida inteligente en las redes sociales, a menudo tan demonizadas aunque las sigan millones de personas en todo el mundo, y que siempre se puede colaborar, ayudar y ser solidario a pesar de carecer de medios o dinero: basta con tener voluntad y ganas de hacerlo. En este sentido, la Sra. Bibliotecaria nos ha dado una pequeña lección al respecto y, además, ha venido a ratificar algo de lo que yo siempre he estado convencido: que la pluma que hizo posible estos libros, que se convertirán en dinero para investigaciones médicas, siempre ha sido infinitamente más poderosa que cualquier espada.


Y esto es algo que conviene recordarlo y tenerlo muy presente en estos tiempos de grandes tribulaciones que corren.

martes, 12 de septiembre de 2017

Paul Weller en España: repasamos su carrera en solitario



*Este artículo apareció originalmente en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/paul-weller-espana-repasamos-carrera-solitario/

Con motivo de los próximos conciertos en España de Paul Weller, Achtungmag está ofreciendo a sus lectores una serie de especiales sobre el músico de Woking. En esta ocasión vamos a repasar su abundante y luminosa carrera en solitario.

La senda de Paul Weller como solista, después de haber comandado dos grupos tan importantes como The Jam y The Style Council, arroja un saldo de 13 discos en estudio —cuatro de ellos número uno en Gran Bretaña—, además de cuatro directos, otras cuatro recopilaciones y numerosos EPs. Esta exitosa etapa, todavía sin cerrar, se podría dividir en tres partes claramente delimitadas.

1-Primera fase: del Paul Weller Movement a Stanley Road (1992-1995)

Después de disolver The Style Council los intereses musicales de Paul Weller avanzaban en una dirección nueva. Sus composiciones se cargaron de elementos jazzísticos, alumbrando un primer disco con profundos toques de Acid Jazz y en el que mucho tenía que decir la producción de Brendan Lynch. Este debut está atravesado por el espíritu musical de Curtis Mayfield —no en vano, su tema Move On Up siempre ha sido un referente en las actuaciones en directo—, junto a una exploración de las raíces musicales de Weller, ese Rythm´n´Blues de los años 60.

Para llevar a cabo su ópera prima en solitario —1992 Weller eligió una compañía de prestigio, Go! Discs, que había grabado con algunos artistas afines, tales como Billy Bragg. Pero primero, el músico británico había lanzado en su propio sello, Freedom High, lo que sería un adelanto del disco bajo el nombre de The Paul Weller Movement. El single Into Tomorrow, muy bien recibido por crítica y público, le llevó a concretar su trabajo, titulado simplemente con su nombre: Paul Weller.


Para este disco se rodeó de la parte más brillante de The Style Council: el batería Steve White, una pequeña colaboración del teclista Mick Talbot, los coros de D. C. Lee y Camille Hinds; así como la participación del Dr. Robert —de The Blow Monkeys—.

Sin duda, este primer disco en solitario es uno de sus grandes trabajos, que deja canciones inolvidables como Bull Rush, It Didn´t Mean To Hurt You, Above The Clouds, Bitternes Rising… Un inconmensurable conjunto de joyas para una propuesta a modo de bisagra, de transición entre la etapa de Style Council y la carrera como solista.

Wild Wood, de 1993, nos muestra a un músico desatado en sus composiciones. Si el debut era bueno, ahora firmará una joya moderna, eléctrica, que bebe de las fuentes del rock clásico de grupos como Traffic y marcará la definitiva madurez de la nueva etapa.

Aunque repite gran parte del personal de su anterior disco, incluida la producción de Lynch, entre los músicos aparece el guitarrista Steve Cradock —de Ocean Colour Scene— que se convertirá en uno de sus más fieles escuderos y tendrá gran parte de mérito en comprender e interpretar el sonido guitarrero hacia el que Weller va derivando.

Es este Wild Wood un disco repleto de canciones redondas, algunas hasta el límite del lirismo, como la que da nombre al álbum, toda una reivindicación de la potencia y solvencia del autor como compositor. A ella, habría que añadir la demoledora Sunflower, Can You Heal Us (Holy Man), All The Pictures On The Wall, The Weaver…, para otra colección de temas impagable.


Y en 1995, Paul Weller construirá la que pasa por ser su mayor obra maestra en solitario: Stanley Road. Antes, había aparecido un interesante directo, Live Wood, con canciones grabadas durante la gira de los dos primeros discos. El título del disco Stanley Road está tomado de la calle de Woking en donde Weller pasó su infancia y, en ese sentido, emana una melancolía rockera. La sensibilidad en las composiciones está a flor de piel, como queda demostrado en You Do Something To Me, una de las baladas más importantes que se hayan compuesto en los últimos años. 

Pero Stanley Road es mucho más que todo eso: es un trabajo de inspiración sobresaliente con líneas de guitarra producto de la improvisación genial (Cradock, de nuevo, aporta mucho a la personalidad del disco), junto a canciones delicadas que consiguen un balance deslumbrante. Así lo entendió el público, que llevó al disco hasta un cuádruple platino en ventas. Los clásicos se amontonan: Out Of The Sinking, Porcelain Gods, The Changing Man, Time Passes, Pink On White Walls, Wings Of Speed


2-Segunda etapa: los años de la consolidación en solitario (1997-2005)

Heavy Soul, de 1997, era un disco difícil de realizar después haber cosechado un éxito tan grande con Stanley Road. Su título ya nos da una información definitiva de lo que podemos encontrarnos. Se trata de la primera vuelta de tuerca importante en el sonido del artista, que abraza unas composiciones mucho más crudas, con una producción más simple en la que prima un sonido más pesado, con canciones que se deslizan entre la furia —Peacock Suite o Heavy Soul— y el rock delicado —I Should Have Been There To Inspire You o Friday Street—. Es el primer disco de Weller publicado con Island Records.


En el año 2000 alumbra Heliocenric, trabajo de mayor carácter psicodélico, y de sonido mucho más complicado que los álbumes anteriores. El rock desnudo y rabioso de Heavy Soul se viste, ahora, con tonos folks y acústicos, creando una atmósfera introspectiva. Un buen ejemplo de esto son Here´s The Keeper, Frightened y The Love-Less. Y en el año 2002, después de un directo acústico —Days Of Speed— en el que Weller interpreta sus éxitos tan sólo con una guitarra, aparece Illumination, segundo número uno en las listas de álbumes tras el éxito de Stanley Road.

Es Illumination un cierto renacimiento creativo que marca algunas diferencias con los discos anteriores. Avanza en el sonido incorporando algunas soluciones musicales sorprendentes; Weller empieza a tomar riesgos muy serios, esos que lo llevarán, mucho más adelante, a firmar discos como Saturns Pattern que, sin este Illumination, no habría sido posible. Para el catálogo de los grandes hallazgos queda It´s Written In The Stars. Y emboscadas en el disco, algunas colaboraciones de lujo, como Noel Gallagher de Oasis o Kelly Jones, de Stereophonics.

La apuesta que cierra esta segunda etapa es As Is Now, del año 2005. Antes, Weller ha sacado un curioso recopilatorio titulado Under The Influence, en donde selecciona las canciones de los artistas que, evidentemente, lo han conformado como músico: temas de Bob Marley, Tom Waits, Ray Davies de The Kinks, Curtys Mayfield, Marvin Gaye, incluso Coltrane, para un disco en donde Weller tan solo actúa como recopilador.  Será en el impecable Studio 150, a continuación, en donde se atreverá a realizar versiones de grandes clásicos. Mención aparte merece su All Along The Watchtower de Dylan.


En As Is Now, una vez abandonado el sello Island, y de regreso a los sellos de música independientes, Paul Weller da rienda suelta al sonido que ha sido su marca de estilo, rozando en algunos momentos el espíritu de The Jam. Come On/Let´s Go y Here´s The Good News aportan un espíritu joven y optimista, como si el músico hubiera vuelto a mudar de piel. Para el recuerdo, From The Floorboards Up.


3-Tercera etapa: del sueño a la revolución amable (2008-2017)

Después de un nuevo directo, Catch Flame!, en 2008 aparece 22 Dreams, que entra en el número uno de las listas. Lo primero que sorprende de este disco es que, después de 30 años de carrera, Weller no poseía en su haber ningún disco doble, y 22 Dreams lo es. Un torrente de creatividad compositiva para un trabajo con recovecos sorprendentes, un álbum para extraviarse en su interior, reposado pero sin perder sus golpes de rabia, y con algunas composiciones magníficas, como All I Wanna Do (Is Be With You), Have You Made Up Your Mind o Sea Spray. Noel Gallagher repite como invitado, junto a Robert Wyatt y Graham Coxon de Blur.

Para la siguiente entrega, Wake Up The Nation —de 2010—, Weller apuesta por un grupo de canciones cortas, la mayoría apenas sobrepasan los dos minutos, y de estribillos contundentes. Una de las más notables es Fast Car/Slow Traffic, en una sorprendente colaboración con Bruce Foxton, bajista de The Jam, que parece cerrar algunas brechas abiertas desde hacía años. Kevin Shields, cantante y guitarrista de My Bloody Valentine, y el batería de la ELO, Beverley Bevan, son algunos de los invitados para un disco con músculo, visceral.


Una nueva entrega en directo, Find The Torch, Burn The Plans, dará paso a Sonik Kicks, muy en la línea del anterior trabajo en estudio. Si juntamos los títulos de ambos discos, descubrimos cual es el interés de Weller en estos momentos: Despertar a la nación con patadas sonoras. La música debe remover el espíritu, agitar, y Sonik Kicks es una buena muestra de eso: un disco enfebrecido y ruidoso que significó el cuarto número uno en las listas británicas de álbumes. When Your Garden´s Overgrown es una de las mejores canciones del disco.

En 2015 llegó Saturns Pattern, la duodécima entrega de la carrera en solitario de Weller. Auspiciado por la firma en el sello discográfico Parlophone, el resultado musical es buenísimo. Se trata de una actualización —o mejor de una reactualización, dado que Weller está continuamente reinventándose— de todas sus influencias. El inicio del disco es realmente notable, con la garra desencadenada de White Sky, una canción en donde encontramos ciertos recuerdos a Lenny Kravitz, seguido de Saturns Patttern para mostrarnos a un Weller en estado de gracia. Y el ejemplo mayúsculo de todo ello es I´m Where I Should Be.


2017 está siendo un año mágico para The Modfather: ha terminado su primera banda sonora, la de la película británica Jawbone, rubricada con una de las mejores que haya compuesto en su historia: The Ballad Of Jimmy McCabbe. Y a ello hay que añadir la publicación de su decimotercer trabajo en solitario: A Kind Revolution, que viene a hermanar, temáticamente, con Wake Up The Nation y Sonik Kicks, pero de una forma más amable, contenida, como si la proximidad de su 60 cumpleaños le hiciera ver las cosas de una manera más calmada, reposada, para después destaparse con la energía de un chaval. Así es A Kind Revolution. Robert Wyatt y Boy George —en el dueto One Tear— como colaboradores de lujo. Y un puñado de canciones enormes. A destacar Woo Sé Mama, Long Road y Satellite Kid.



Esta última entrega musical es un nuevo paso en la prolongada carrera de Paul Weller. Repleto de energía, se acaba de embarcar en una gira que lo llevará a todos los rincones de Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón, como parte de un espíritu de trabajo y mejora continua, que se refleja, sin lugar a dudas, en una discografía excepcional que es como un museo británico de la música.

Disfrutad de un lista de Paul Weller que he creado en Spotify:

lunes, 11 de septiembre de 2017

Agosto: el mes de la literatura cuántica


*Este artículo apareció originalmente en el sitio achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/agosto-mes-la-literatura-cuantica/

Este mes de agosto que ya se acaba se celebran dos nacimientos determinantes para la literatura moderna: los de Jorge Luis Borges (el día 24) y Julio Cortazar (el día 26). Ambos, buscaron elevar el relato a la categoría de un arte maestro mediante la innovación técnica, las tramas sorprendentes y un empleo revolucionario del espacio y el tiempo. Sin lugar a dudas son dos representantes de aquello que se ha dado en denominar literatura cuántica. Si a ello añadimos que el 18 de agosto se conmemoró el aniversario del nacimiento del francés Robbe-Grillet, otro mago a la hora de quebrar el espacio-tiempo, puedo afirmar que el mes de agosto es el mes de la literatura cuántica. Ahora bien, parafraseando a Murakami, ¿de qué estoy hablando cuando hablo de literatura cuántica?

Desde 1995, el crítico literario Manuel García Viñó, venía publicando una serie de artículos sobre la novela cuántica —que él escribía con la letra Q, quántica— que cristalizaron en un texto fundamental, La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes, publicado como un folleto por parte de la revista Heterodoxia, y prácticamente imposible de conseguir hoy en día.

El planteamiento de Viñó al respecto es muy simple:

“la novela, desde Cervantes hasta el siglo XIX, fue novela newtoniana. La novela propia del siglo XX y principios del XXI es y será novela relativista y quántica”.

Por ello, el tratamiento del espacio/tiempo es determinante en la novela cuántica, que alcanza mucho más allá de las analepsis y prolepsis —es decir flashbacks y avances súbitos en el tiempo— convencionales de la novela clásica. Se produce una unión entre futuro y pasado dando lugar al espaciotiempo o a lo que Maldonado Alemán en su estudio de 2006 titulado Günter Grass (Síntesis), calificó como pasapresenturo, un término atemporal grassiano que en las teorías de García Viñó es una característica inequívoca de la novela quántica:

“no hay espacio y tiempo, sino espaciotiempo. Como quiera que las perspectivas espaciotemporales, según la teoría einsteniana de la relatividad, son cambiantes, para expresarlas se necesita un nuevo lenguaje y una nueva estructuración del texto que implique al observador, esto es, al novelista y, en su momento, al lector (…) En el espaciotiempo, las cosas no ocurren, sino que, simplemente, son” (Viñó, 1995: 12-13).

El principal elemento que caracteriza este tipo de literatura es la abolición del tiempo como absoluto, un concepto desgajado de las teorías de la relatividad de Einstein. Si una novela es un pequeño universo que se contiene en sí mismo, y por extensión un poema o un poemario, incluso una obra de teatro, que se expanden con su lectura, y actualmente ha cambiado nuestra concepción del universo gracias a las teorías cuánticas, por ende, el pequeño universo literario ha evolucionado y mutado obligatoriamente a la par de esas innovaciones.

Porque aunque aquí estoy hablando de novela cuántica, es extensible a otros géneros. Así, encontramos poesía cuántica —el poemario La flor de la vida, de Heberto de Sysmo, o Mar de Chira, de Montserrat Doucet—, incluso teatro cuántico en El tragaluz de Buero Vallejo. Si estás interesado en leer algunos análisis míos sobre estas obras, puedes encontrarlos en los siguientes enlaces:



Si la mecánica cuántica aboga por la inexistencia del espacio ilimitado, que es posible retroceder en el tiempo y que hay infinitos universos paralelos, ¿acaso no estamos definiendo la estructura narrativa de la novela moderna? Muy recomendable, para adentrarse y poder entender estas teorías cuánticas, y otras muchas, es el libro de David Jou, Introducción al mundo cuántico: de la danza de las partículas a las semillas de las galaxias (ediciones Pasado & Presente).

La novela clásica es un relato de nacimiento, vida y muerte, ya sea de un personaje o de unos ideales, o de una empresa entendida como un intento de llevar algo a cabo situado sobe el tiempo lineal. La cuántica, acota un instante sin pasado ni futuro, es una visión fragmentada de muchos sucesos a la par, sin ninguna linealidad. El ámbito de la novela clásica es una parte del mundo, el de la cuántica, el universo.

Así, basándose en que la realidad no es aquello que los sentidos nos dictan, ya que el universo no se mueve ni obedece en función de las leyes de un determinismo newtoniano sino en función del principio de indeterminación, la concepción cuántica universal marcará de forma determinante la manera de ofrecer la realidad mediante el empleo del tiempo y del espacio puestos en perspectiva relativa. Espacio y tiempo se diluyen, comparten el mismo lugar, corretean mezclados para dar lugar a nuevos sucesos temporales en la concepción de la novela moderna. Con la desaparición del tratamiento clásico del espacio y del tiempo se dará lugar a otros fenómenos temporales que situarán a las novelas en un nuevo paradigma literario.

Me permito proponer como ejemplo de novela cuántica que trasforma desde ese punto de vista la perspectiva del espacio-tiempo, y que se instala en el nuevo paradigma, la obra Matadero Cinco (Anagrama), de Kurt Vonnegut, escrita en 1969.

Además, en esta nueva novela cuántica la idea del personaje protagonista se ha visto alterada gracias al perspectivismo y a la recreación de lo espacio-temporal. Ya no aparece un personaje central al estilo clásico, ya no se puede designar a un personaje central como el protagonista del fluido novelístico, sino que ha sufrido una mutación para integrarse como una pieza más en el engranaje narrativo y colocarse al servicio del mecanismo narrativo-literario en conjunto.

A diferencia de lo que sucede en la novela clásica –el argumento y la trama obedecen a la lógica– en la cuántica los parámetros espaciales y temporales alumbran ilimitadas variaciones de un acontecimiento. Todo el eje narrativo se supedita a la interpretación subjetiva y también, por ello, a las dudas, ya que los sucesos y el devenir de los personajes se presentan ahora como puntos en el marco de lo espacio-temporal.

Pasado y futuro son tan reales y presentes como el presente propiamente dicho. Se ha dinamitado el espacio-tiempo clásico, se ha reprogramado como un espaciotiempo mucho más interesante. Entre este tipo de novelas puedo citar como ejemplares Austerlitz (Anagrama) de W. G. Sebald, o tres del autor albanés Ismaíl Kadare: Spiritus, La cena equivocada y El accidente —todas ellas publicadas en Alianza Editorial—, por citar algunas novelas ya del nuevo siglo XXI.

Un análisis de Spiritus puedes encontrarlo aquí:


En un intento de cristalizar todas estas ideas, en el año 1998 apareció publicado en España el libro El cadáver de Balzac: Una visión cuántica de la literatura y el Arte (Epígono), de Gregorio Morales. El texto pasa por ser el manifiesto fundacional de la estética cuántica en España, al que le siguió el nacimiento del Grupo de Estética Cuántica, apoyado por algunas publicaciones en revistas filológicas americanas. Sin embargo, tal vez por el fallecimiento repentino de Morales, o porque El cadáver de Balzac se perdía en laberintos teóricos y críticos sobre la creación y el arte, la literatura cuántica quedo aparcada en España. Además, las novelas cuánticas de Morales, incluso una obra de teatro cuántica sobre Marilyn Monroe, fueron editadas en editoriales pequeñas y actualmente son casi imposibles de localizar.

La teoría cuántica propone una nueva estética que


“parte del hecho de que la realidad no sólo no se agota en las apariencias, sino que puede conculcar las leyes que consideremos sensatas; el mundo continúa más allá de donde hasta ahora lo habíamos creído y lo hace de forma no familiar, vulnerando el espacio, el tiempo y la causalidad” (Morales, 1998: 16).



La aplicación de esta nueva estética a la literatura, en donde los materiales de trabajo del escritor son, básicamente, el tratamiento del tiempo y del espacio, parte más de una necesidad del avance científico técnico que de un mero modismo, aunque, para ofrecer el justo contrapunto, no puedo dejar de citar la obra de Alan Sokal y Jean Bricmont con el significativo título Imposturas intelectuales (Paidós Ibérica), en donde ofrecen su propia y particular lectura de la aplicación de ciertas ciencias a las artes, entre ellas la física cuántica, concluyendo que muchas veces se toman estas teorías como un paraguas en donde refugiarse para, finalmente, no aportar nada novedoso.

Por ello, es cuestión de lector, cuando se aproxime a una novela cuántica, concluir que parte existe de palabrería en todo esto, y cuánto de talento. Los textos que yo recomiendo en esta columna son, sin la menor duda, algunas de las mayores obras maestras de la Literatura.

Espero que todas estas teorías que he expuesto ayuden a aclarar qué es la literatura cuántica, y que definan los motivos por los que considero a Borges y Cortazar como autores cuánticos. Si quedase alguna duda, aparte de recordar el inmenso puzle que es la novela Rayuela, podemos echar un vistazo a relatos cortazarianos como Continuidad en los parques, Las babas del diablo o La noche boca arriba, y gran cantidad de cuentos borgianos tales como El otro, El jardín de los senderos que se bifurcan o La biblioteca de Babel, donde lo laberintico y lo recursivo, el eterno retorno, la alternancia de planos temporales, y los saltos cuánticos, crean un universo propio. Puedes consultar aquí algunos análisis míos de estos relatos, aplicando la plantilla cuántica:


Y no sólo estos dos argentinos representan esta corriente, que es toda una forma de narrar y novelizar, y en la que podemos incluir a escritores como Kafka, Faulkner, Joyce… y un larguísimo etcétera. Hace muchos años, ya expuse mis intenciones de abordar una teoría literaria cuántica ante los alumnos de una clase de Master de Literatura Hispanoamericana, con motivo de mi análisis de El recurso del método (Alianza Editorial), novela de Alejo Carpentier. Entonces, fui interrogado por aquellos muchachos poco menos que como un chalado. Afortunadamente, en la Universidad de San Jose de Costa Rica he encontrado un auditorio algo más moderno y abierto; ya estoy preparando mi segunda videoconferencia sobre el tema, que daré el próximo día 31 de agosto, ¡bendito mes cuántico!

El tema es apasionante, la renovación de la novela se encuentra en la manera de quebrantar antiguos moldes, en generar novedosas formas de narrar…, y como muestra de la inmensa riqueza que destilan todas estas teorías, dejaré para una futura columna —que tal vez sea escrita en el pasado o en el presente, o en ambos a la vez—, mis digresiones sobre otro tipo de literatura que se contiene dentro de la cuántica: la literatura de fractales. Pero eso ya será en otro plano temporal.