sábado, 1 de septiembre de 2018

Be water, my friend

      
 *Esta reseña apareció en Mi nueva edad:
        Interprete: Nikolaus Harnoncourt y The Concentus Musicus Wien
        Título: Georg Friedrich Händel, Water Music
        Discográfica: Rhino Warner Classics
        Género: Clásica
        Duración: 1h; 11m; 47 s.
        Número canciones: 28
        Fecha de publicación: 21 de octubre de 2016.

Be water, my friend

Todo el mundo ha escuchado alguna vez a Händel, incluso sin saberlo. Encontramos composiciones de este músico alemán, pero nacionalizado inglés, casi en cualquier parte: desde anuncios de jabones, pasando por bandas sonoras de películas y hasta en el himno de la Champions League, una serie de arreglos de Tony Britten sobre la pieza de Händel titulada Zadok el sacerdote y que se encuentra dentro de los cuatro Himnos de la coronación que el genio del barroco escribió para la investidura de Jorge II de Gran Bretaña en 1727.
Pero lo que aquí nos ocupa, fundamentalmente, es la llamada Música acuática, plena de optimismo, grandeza, con un sonido limpio, que verdaderamente ensancha el corazón y lo llena de alegría. Porque esta función, la de elevar, junto con la de acongojar, creo que son las dos características principales que debe poseer una obra maestra de la música clásica.
Si hay compositores que nos destrozan por dentro con piezas de amarga belleza (Mahler, por ejemplo), otros son inyecciones de vitalidad; tal es el caso de BachMozart o el caso que nos ocupa: Händel. Para ello nos basta con escuchar la pieza Alla Hornpipe de la Suite#1 de la Música acuática, también el preludio, los minuetos o alguno de los allegros. Son descargas de un barroco reconcentrado que consiguen que nos iluminemos por completo, porque el calor de esta música nos corre por las venas.
No en vano, la Música acuática está pensada para momentos de ocio y recreo, Händel compuso estas piezas para los paseos en barcaza por el Támesis de la familia real. Ha quedado registrado en las crónicas de la época que Jorge I así lo hizo un 17 de julio de 1717, cubriendo el trayecto desde Whitehall hasta Chelsea mientras 50 músicos atacaban las composiciones de Händel.
Otra de las características de este conjunto de piezas memorables radica en su hibridismo cultural, inherente al carácter y la educación cosmopolita de su autor. Händel incorpora a su condición germana las formas del estilo italiano y del francés, que había estudiado bien. Esto aparece en las danzas que incorpora en la Música acuática, así como los movimientos italianos de andantes y allegros a los que suma toques de cuerno inglés. Una mezcla que resultó todo un éxito en su época, y que lo convirtió en uno de los músicos más grandes y apreciados de su siglo.
El disco que recomendamos hoy en Mi Nueva Edad, además, incluye el Concierto de órgano en Re menor y el Concierto de órgano en Fa mayor, también conocido con el sugerente título de El cuco y el ruiseñor.
En cualquier caso, y tomando como un regalo complementario los Conciertos de órgano y la magnífica dirección del berlinés Nikolaus Harnoncourt, la intención con la recomendación de hoy es llenarnos de espíritu festivo con las piezas que componen la Música acuática y que, junto a otra de las creaciones inolvidables del autor, como es la Música para los reales fuegos de artificio, son melodías para disfrutar del verano.
Es difícil escuchar estas piezas sin imaginar los arabescos de los chorros de las fuentes de los jardines, imposible no evocar un paseo en barca, al estilo de los entretenimientos de los reyes en La Granja, en Aranjuez, en Versalles, en el Támesis o bogando por el Tajo en una barcaza mientras quedan atrás los puentes de Toledo.

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