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martes, 7 de febrero de 2017

(Retazos de la) Balada del poeta insomne IV



Con la boca enferma de versos, el poeta insomne aulla al poema, su luna de fiebre y nata.

domingo, 15 de julio de 2012

Poeta


desde que soy poeta
en el corazón un alfilerazo
astillas en las uñas
ponzoña en la boca
y sangre fermentada por ti

desde que soy poeta
en la garganta amarguras
y en los labios costrones
y en las narices el humo acre
de la brea de la antorcha

desde que soy poeta
en el bolígrafo una carbonera
y en el papel todo el naufragio
y en la caligrafía torrenteras de tu fiebre

desde que soy poeta
en las pupilas el campo de cuervos
y en los ojos esa nube
que todo lo opaca
desde que soy poeta


desde que soy poeta
soy tú

soy tú
que ahora disfrutas de una boca
de una noche sin lunas y algas
enardecida de mar y sudor

soy tú
ajena al sabor agrio
de estos versos
en donde soy tú

sábado, 14 de julio de 2012

Tabaquismo 2.0


cómo han cambiado las mareas
y las brumas
desde tu aliento

ahora
corro todas las tardes
al estanco
alobado de pánico
a no tener tabaco

ahora
contemplo todas las noches
la luna
alunado de temor ante el eclipse

ahora
bebo gintonics
con la boca gintoniqueada
de tónica azul

ahora
fumo
con los dedos nicotinizados
de nicotina roja

cómo han cambiado las ciudades
y los monumentos
desde tus dedos

ahora
duermo
con el cerebro apesadillado
de pesadillas tuyas

ahora
escribo
con la lengua alfabetizada
de alfabetos con tu nombre

cómo han cambiado las horas
y el segundero
desde tus manos

atemorizado
de temores
aterrorizado
de terrores
cuando enciendo
un cigarrillo
y en mi boca
ese tabaco
que ya no puedo
compartir

cómo han cambiado las escaleras del portal
y las oficinas
desde tu piel

cómo ha cambiado todo
desde que atraganto el humo
y soy miedica
en el tugurio de mi cuarto

(pintura de Amador García)

miércoles, 30 de mayo de 2012

Monster


Insomnio. Insomnio absoluto.

Me levanté de la cama. A oscuras, fumaba un Café Créme, asomado por la ventana. La pavesa de la punta del cigarrillo un punto de fuga o un punto de faro en medio del patio ennegrecido. Entonces: recordé a mi hermano. Cuando yo era pequeño, de noche, entraba en su habitación y lo sorprendía fumando, en silencio, con un Ducados, asomado por la ventana. La pavesa de la punta del cigarrillo un punto de fuga o un punto de faro en medio del patio ennegrecido. La figura del fracaso. Y la figura de la derrota. Eso, tan terrible, acudía a mi cabeza: la figura del fracaso. Y la figura de la derrota. Y me prometí que yo jamás compondría esa figura del fracaso, de la derrota. Y mírame ahora: fumando, a oscuras, la pavesa de la punta del cigarrillo...

Me preguntaba como era posible que mi hermano, en aquella oscuridad, no tuviera miedo: de Frankestein, de Drácula, de la Momia, del Hombre Lobo. Ahora, comprendo que cuando compones la figura del fracaso, de la derrota, ya no debes temer a Frankestein, a Drácula, a la Momia, al Hombre Lobo. Tú eres todos ellos y debes temerte a ti: lo que representas. Eres un Frankestein de retazos compuesto por la insincera vez en que ella te tomó de la mano, por aquella sonrisa hipócrita que te dedicó, por los insensibles besos que han curtido, a costurones, tu anatomía de monstruo. Y eres Drácula, porque ávido bebiste de todas ellas creyendo... creyendo en no sé qué redención que hallarías en sus fluidos, tan amargos. Y eres  la Momia, con un corazón vendado de recuerdos que te oprimen como una faja y apenas te permiten dar una calada más sin ahogarte. Y el Hombre Lobo, claro, lo eres también, porque te transformas con cada luna llena, pero también con cada eclipse, y nunca, nunca, ellas permanecen a tu lado para verificar que, con esa metamorfosis, quizás te aproximes a un hombre que abandona su animalidad. Quizás.

Escucho 3 AM de Matchbox 20, las tres de la mañana y tan solo y escucho 3 AM de Matchbox 20 y son las tres de la mañana y tan solo y entiendo que no debo temer a la oscuridad, con el cigarrillo como un puntero de fracaso en la noche, mi hermano lo sabía bien hasta que se canceló su vida, sí, puntero de fracaso, y no temer, porque me doy la vuelta y ni Frankestein, ni Drácula, ni la Momia, ni el Hombre Lobo están ahí, porque yo soy Frankestein, Drácula, la Momia y el Hombre Lobo y necesito decirlo, deciros que yo no soy ni Frankestein, ni Drácula, ni la Momia, ni Hombre Lobo aunque la literatura me cuaje de retales, los libros se beban mi sangre, la poesía me vende el alma y escribiendo en El-Odradek aúlle a la luna para escapar de la figura de la derrota y del fracaso.

Tal vez, y sólo tal vez, mis textos sean baba. Y mierda. Y vómito. Y alguno se asuste ante mis palabras incómodas y mis terrores nocturnos (esos de Frankestein, de Drácula, de la Momia, del Hombre Lobo), y decida salir corriendo y borrarse de El-Odradek porque a veces ya hastían las amarguras, sobre todo si son de Gin-Tonic de madrugada, cuando con el cigarrillo se compone la figura del fracaso y la derrota, con la oscuridad derramada por las espaldas como un chorro de aceite, muy bien lo sabía mi hermano antes de cancelarse su vida, y la canción 3 AM de Matchbox 20 termina, el cigarrillo se apaga y corro a encender las luces, a escribiros en El-Odradek.

Estoy aquí, tan vivo, con Frankestein, con Drácula, con la Momia, con el Hombre Lobo y componiendo la figura de la derrota y del fracaso. Con todos ellos.

Y mañana, dentro de un rato, cuando el insomnio me rinda y no pueda trabajar, y lamente haber escrito esto tan tarde, entonces, sentiré que todavía puedo vomitar sin miedo a manchar mis vendas, a estropear el terciopelo del ataúd, a mellarme los colmillos, a salpicarme el pelaje lobuno: sin miedo, sí: porque soy un escritor.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Como Li Po


Como Li Po,
borracho,
yo también
querría
morir ahogado
al intentar
abrazar
(como intento abrazarme a ti)
a la luna en su reflejo
en un estanque:
pies enlazados
a flores de loto branquiales
y pececillos pulmonares
y colorados
me contemplarán
embobados
y todos
me dejarán,
así,
al fin,
en
                 paz.

viernes, 20 de abril de 2012

Luna

El poeta, cuando no cree del todo en tus palabras, te concede el beneficio de la luna.

martes, 28 de febrero de 2012

Camino al Infierno 1

Los automóviles cruzan como puntos luminosos procedentes de otra galaxia. Había reunido el valor para llamarte. Dentro del coche -con la radio y la calefacción a tope- no se está mal del todo. Llamé y respondió tu contestador. No me atreví a dejar mensaje. Ya has vuelto a destruirme. Soy más valiente para huir que para acudir a buscarte a casa. Para llamarte de nuevo. Ahora lucho por atesorar valor otra vez. Una vez más. Otra vez más. El compás que marcan los limpiaparabrisas ayuda a concentrarse en la soledad.

Mientras conduzco, te despiertas sobre tu sudario de semen. Te revuelves, buscas y -tristemente para mí- encuentras su cuerpo a tu lado: a ese lado que me aniquila. Yo: continúo por la autovía, me alejo de esos pedazos de corazón esparcidos a lo largo de mi rastro. Mil esquirlas de te quiero clavadas en no sé muy bien que recuerdos... Tras de mí quedan los desvíos como tras de ti las palabras, las palabras que se ha llevado el viento de unos amores furiosos. Reflejos en el retrovisor como los de tu pelo a la luz de la luna. Esta noche la luna es una mierda.

Si la noche es un momento tan frío para ti como lo es para mí...

Él, profundamente dormido, se revuelve. Lo abrazas. Posas la cabeza sobre su pecho y cierras los ojos plácidamente. Rebosas tranquilidad. La luz de la luna ilumina tenuemente la habitación que huele, agria, a sudor. Afuera, la noche es tan fría...

Si la noche es un momento tan frío para ti como lo es para mí...

Te sumes en un reposado y satisfecho sueño. Sientes su cuerpo caliente, lo sientes latiendo al lado. Apresado por tus brazos.

Sigilosamente penetro en Bilbao. Ciudad desierta. Muerta en la dolorosa y fría madrugada del norte. Me detengo en un solitario semáforo en rojo que a gritos clama atención. Bajo la ventanilla y un gélido aire me azota, reforzado con cierta pestilencia: la ría está cerca. Sobre mi cabeza la luna parece advertirme de tu existencia colgada, aferrada a mi alma. Tu recuerdo es la luna.

Esta noche la luna es una mierda.

lunes, 27 de febrero de 2012

martes, 8 de noviembre de 2011

Luna de sangre


Tengo una

luna de sangre

en el cielo

de mi boca.


Tengo una

luna de sangre

en el paladar.


Cuando trago,

la garganta me sabe a hierro,

a minerales,

a metales pesados.


Tengo una

luna de sangre

dentro de mí.


Es la enorme

luna

que un día

respiraste:

me intoxicaste

con

un

beso

tuyo.