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sábado, 4 de mayo de 2013

mononucleosis

cuando la princesa besó al príncipe convertido en rana le pegó la mononucleosis

viernes, 7 de diciembre de 2012

bestia antigua



como bestia antigua
de las que combate
amadís

como bestia antigua
con dos corazones
y dos cabezas
cuatro piernas
cuatro brazos
y dos sexos

como bestia antigua
sobrevolaré el castillo de san jorge
con mis cuatro pulmones
hasta que me tomes de las manos
y besándome en ellas
me claves tu lanzazo

ese
que me arrebata la animalidad
convirtiéndome en
hombre

sábado, 1 de diciembre de 2012

escritura como compensación (a un mundo de desamor)

es un mundo cruel el mundo
en el que me haces vivir

es un mundo agriado el de
tu cuerpo
de sexo untuoso y vinagres

es un mundo agusanado el de
tus besos
y el de tu boca
de anguila y olvido

es un mundo de
desamor
en donde mis palabras
y mis versos
encofrados en poemas
son como el escudo
de las farmacias
una serpiente constrictor
el cáliz de mi escritura
y tú vertiendo veneno
en ella

porque me ha  fallado la realidad
cenagosa
me he inventado el tósigo de mis
novelas

mierda
que derramo en tus oídos
con la amargura de mi
lectura asesina

sábado, 21 de abril de 2012

Mutación

EL SEXO DE ALEJANDRA, NO
EL BESO DE ALEJANDRA, NO
EL VERSO DE ALEJANDRA, NO
EL VERSO ALEJANDRINO

martes, 8 de noviembre de 2011

Luna de sangre


Tengo una

luna de sangre

en el cielo

de mi boca.


Tengo una

luna de sangre

en el paladar.


Cuando trago,

la garganta me sabe a hierro,

a minerales,

a metales pesados.


Tengo una

luna de sangre

dentro de mí.


Es la enorme

luna

que un día

respiraste:

me intoxicaste

con

un

beso

tuyo.

miércoles, 28 de abril de 2010

En lacre


En lacre sellé mi angustia. Bajo lacre apacigüé la bestia y bajo lacre encerré mi odio. Preservado por el sello construí mi holocausto y lo envié a tu casa con dirección y señas. Mi sobre de Pandora reposó, retomando nuevas fuerzas genocidas, en el fondo de los buzones de correos, fue amorosamente transportado por el cartero hasta debajo de la puerta de tu casa.
Con una sonrisa te despiertas (siempre tuviste buen despertar) y le dedicas una caricia a la espalda que respira a tu lado. A unos metros de allí, el sobre palpita en el suelo. Tras la ducha, en el desayuno, te desvives por atender a tu hombre. Extiendes mermelada en las tostadas como un rojo lacre, un rojo sanguina. El café caliente y negro como tu sangre coagulada flota anodino en su taza, a la espera del crimen.
Y el sobre, mi sobre, lo contempla todo con calma; paciente, espera su momento, espiándolo todo desde su ojo de lacre.
Felices, os encamináis al trabajo. Despedida con un fugaz beso en la boca que tal vez haga demasiado ruido, aunque no hay allí nadie más para sentirse avergonzado. Bueno, si que hay algo, está mi sobre, que él vislumbra antes de salir por la puerta y te extiende con una gran sonrisa y un: es para ti.
Sorprendida, buscas un cuchillo para cortar el lacre, la sangre de mi corazón, y esbozas una estúpida mueca de complacencia azorada. El filo entra bajo el sello como astillas bajo las uñas y, con un chasquido, acabas de inmolar tu vida en mi holocausto.