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domingo, 2 de diciembre de 2012

la fisicalidad de los sentimientos



siento ganas de
vomitar
pero no por asco
son ganas de
vomitar
por ti

tengo hambre
agujereado
el estómago
por haberme devorado
tus ausencias
y tus insultos

tengo sed
como cristo
en la cruz
por masticar
tu nombre
pero no diré
ni una sola de las
siete palabritas

me duelen
las articulaciones
de tu olvido
reúmas por tu mirada
me huelen los sobacos
a plátanos
porque para ti soy
una piel de banano
que arrojar
a la bolsa de
basura

ahora
como don quijote
yo sé quién soy
para ti

tú me has hecho así--------------muerto

viernes, 16 de noviembre de 2012

pedacitos de antorcha

brea
trapos empapados
en brea
que alumbran
mi ahogo

pedacitos de la
antorcha
expandidos desde el
big bang
de mi pecho
y que se recogen
en vuestros bolsillos
como trocitos
de fuego
que ahora
alumbran
a tus
hijos
por las noches
cuando los arropas

ese
puntito de luz
que colocas sobre
el mantel
en tus desayunos

ese
fulgor único
que sobrevive al atasco
al reloj despertador
y a la mesa de la oficina
en donde suspiras

esos carbones azufrados
rojos
que todas transportáis
al haberos llenado de
y que os acompañarán
siempre

cuando por las noches
lloro
derramo mi hielo
en el imposible
intento de ir apagando
esos rescoldos
que viajan en vosotras
quiero
que mi antorcha se asfixie
y la humareda
negra
nauseabunda
de mi recuerdo
os provoque arcadas
como cuando me hacíais
el amor
y os entraban esas fuertes
ganas
de vomitar

espero
que ahora
el pensar en mi
por un instante
os de náuseas
sobre la mesa del desayuno
o al besar a vuestros hijos
o en las pausas del trabajo
con mi reflejo en el café

y no digo ya
lo que me alegraría
que vomitéis
cuando os folléis
a vuestros
mariditos

(pintura por cortesía de Eric Fischl)

miércoles, 30 de mayo de 2012

Monster


Insomnio. Insomnio absoluto.

Me levanté de la cama. A oscuras, fumaba un Café Créme, asomado por la ventana. La pavesa de la punta del cigarrillo un punto de fuga o un punto de faro en medio del patio ennegrecido. Entonces: recordé a mi hermano. Cuando yo era pequeño, de noche, entraba en su habitación y lo sorprendía fumando, en silencio, con un Ducados, asomado por la ventana. La pavesa de la punta del cigarrillo un punto de fuga o un punto de faro en medio del patio ennegrecido. La figura del fracaso. Y la figura de la derrota. Eso, tan terrible, acudía a mi cabeza: la figura del fracaso. Y la figura de la derrota. Y me prometí que yo jamás compondría esa figura del fracaso, de la derrota. Y mírame ahora: fumando, a oscuras, la pavesa de la punta del cigarrillo...

Me preguntaba como era posible que mi hermano, en aquella oscuridad, no tuviera miedo: de Frankestein, de Drácula, de la Momia, del Hombre Lobo. Ahora, comprendo que cuando compones la figura del fracaso, de la derrota, ya no debes temer a Frankestein, a Drácula, a la Momia, al Hombre Lobo. Tú eres todos ellos y debes temerte a ti: lo que representas. Eres un Frankestein de retazos compuesto por la insincera vez en que ella te tomó de la mano, por aquella sonrisa hipócrita que te dedicó, por los insensibles besos que han curtido, a costurones, tu anatomía de monstruo. Y eres Drácula, porque ávido bebiste de todas ellas creyendo... creyendo en no sé qué redención que hallarías en sus fluidos, tan amargos. Y eres  la Momia, con un corazón vendado de recuerdos que te oprimen como una faja y apenas te permiten dar una calada más sin ahogarte. Y el Hombre Lobo, claro, lo eres también, porque te transformas con cada luna llena, pero también con cada eclipse, y nunca, nunca, ellas permanecen a tu lado para verificar que, con esa metamorfosis, quizás te aproximes a un hombre que abandona su animalidad. Quizás.

Escucho 3 AM de Matchbox 20, las tres de la mañana y tan solo y escucho 3 AM de Matchbox 20 y son las tres de la mañana y tan solo y entiendo que no debo temer a la oscuridad, con el cigarrillo como un puntero de fracaso en la noche, mi hermano lo sabía bien hasta que se canceló su vida, sí, puntero de fracaso, y no temer, porque me doy la vuelta y ni Frankestein, ni Drácula, ni la Momia, ni el Hombre Lobo están ahí, porque yo soy Frankestein, Drácula, la Momia y el Hombre Lobo y necesito decirlo, deciros que yo no soy ni Frankestein, ni Drácula, ni la Momia, ni Hombre Lobo aunque la literatura me cuaje de retales, los libros se beban mi sangre, la poesía me vende el alma y escribiendo en El-Odradek aúlle a la luna para escapar de la figura de la derrota y del fracaso.

Tal vez, y sólo tal vez, mis textos sean baba. Y mierda. Y vómito. Y alguno se asuste ante mis palabras incómodas y mis terrores nocturnos (esos de Frankestein, de Drácula, de la Momia, del Hombre Lobo), y decida salir corriendo y borrarse de El-Odradek porque a veces ya hastían las amarguras, sobre todo si son de Gin-Tonic de madrugada, cuando con el cigarrillo se compone la figura del fracaso y la derrota, con la oscuridad derramada por las espaldas como un chorro de aceite, muy bien lo sabía mi hermano antes de cancelarse su vida, y la canción 3 AM de Matchbox 20 termina, el cigarrillo se apaga y corro a encender las luces, a escribiros en El-Odradek.

Estoy aquí, tan vivo, con Frankestein, con Drácula, con la Momia, con el Hombre Lobo y componiendo la figura de la derrota y del fracaso. Con todos ellos.

Y mañana, dentro de un rato, cuando el insomnio me rinda y no pueda trabajar, y lamente haber escrito esto tan tarde, entonces, sentiré que todavía puedo vomitar sin miedo a manchar mis vendas, a estropear el terciopelo del ataúd, a mellarme los colmillos, a salpicarme el pelaje lobuno: sin miedo, sí: porque soy un escritor.

domingo, 15 de agosto de 2010

Vomitar


Vomitar, tengo ganas de vomitar. De sacarlo todo, expulsarlo, verlo sangriento en el fondo de un cubo y descansar. Tengo ganas de vomitar, de que empiece la curación, el exorcismo que nunca se puede realizar con palabras,la maldita sanación que nunca llega. El vómito redentor, echarlo todo, incluso, en ese esfuerzo, expulsar el corazón.