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martes, 18 de febrero de 2014

Retal de tertulia



Del retazo de una tertulia:

Ella: Hoy en día, ¿cómo podemos definir lo que es, realmente, un escritor?
Otro: Un escritor se define... pues así… como alguien que escribe.
Y Yo: Un escritor es un desgraciado.

lunes, 26 de agosto de 2013

Una cuestión secundaria

“La mejor forma de lograr una entrada en el éxito es ganar un premio literario, por la publicidad que conlleva (…) Nadie sensato niega que el único valor de los premios es servir de escaparate, de marco que ofrece visibilidad a un escritor. La calidad de un libro premiado ha pasado a ser una cuestión secundaria. Lo que sí es seguro es que el ganador de un premio, venda o no venda lo suficiente, será expuesto a la publicidad”.

Germán Gullón.         
Los mercaderes en el templo de la literatura.
Caballo de Troya, Madrid, 2004, pp. 79.

jueves, 22 de agosto de 2013

Arte de la Memoria literario

“El canon, una vez lo consideremos como la relación de un lector y escritor individual con lo que se ha conservado de entre todo lo que se ha escrito, y nos olvidemos de él como lista de libros exigidos para un estudio determinado, será idéntico a un Arte de la Memoria literario”.

Harold Bloom
El canon occidental
Anagrama, Barcelona 2009
Traducción de Damián Alou.
5ª Edición, pp. 27.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Los precursores

“Los grandes escritores no eligen a sus precursores fundamentales, son elegidos por ellos, pero poseen la inteligencia de transformar a sus antecesores en seres compuestos y, por tanto, parcialmente imaginarios (…) Un poema, una obra de teatro o una novela se ve necesariamente obligada a nacer a través de obras precursoras”.

Harold Bloom
El canon occidental
Anagrama, Barcelona 2009
Traducción de Damián Alou.
5ª Edición, pp. 21.

sábado, 3 de agosto de 2013

Polipiel



“El escritor tiene dos pieles, la de la marca y lo propia. La primera está hecha de imágenes, frases, adulaciones y reconocimientos, mientras que la del escritor de verdad se lava con jabón (…) El hombre marca comercial se distingue del escritor. Lo malo es cuando el uno puentea al otro. De tanto hacerse público el literato, el que sabe penetrar en lo sublime, cuando llega al papel se deja llevar y llevar, y lo que dijo en una charla, que no era nada, palabras hechas, de que la literatura no tiene nada que ver con la vida, y con la prisa, con la falta de oxígeno, resulta que empieza a escribir cosas artificiales, pobres, sin ideas, parecidas a las que sugirió el presentador de un curso. Siempre he pensado que los diarios paseos de los escritores del siglo XIX por las ciudades –Galdós, Zola, Dostoievski o Tolstoi-, por sus propiedades, oxigenaron bastante la literatura. Parece recomendable para un escritor ir a visitar los monumentos de una ciudad por medios propios en vez de en el coche del embajador o del ministro de cultura, porque quizá así se observen las cosas mejor, a nivel ciudadano, del futuro lector”.

Germán Gullón.         
Los mercaderes en el templo de la literatura.
Caballo de Troya, Madrid, 2004, pp. 62-63.