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martes, 25 de septiembre de 2018

¿En qué momento se jodió la poesía? Cruzada contra la lírica digital



*Esta columna apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/en-que-momento-se-jodio-la-poesia-cruzada-contra-la-lirica-digital/

La defunción de las Humanidades está certificada y lista. Al paulatino deterioro que se ha venido sometiendo a las carreras de letras, a las filologías, creando la idea de que son unos meros entretenimientos para inútiles, debemos añadir ahora el daño directo que sobre la idea de la Universidad están provocando los últimos escándalos en España. Esto se solapa al paupérrimo estado, desolador, del panorama editorial, empeñado en hacernos pasar por literatura textos de escasísimo calado y que han sido publicados en virtud del número de seguidores que sus autores poseen en las redes sociales.

En efecto, a tres ripios, cuatro obviedades, dos lugares comunes y un par de majaderías, los editores no dudan en catalogarlo de poesía o, quizás peor, de prosa poética. El problema de estos textos no es el de que sean malos (que lo son, pésimos) sino el envoltorio mentiroso y torticero en el que nos vienen servidos.
Si leemos un libro creyendo que estamos ante poesía y nos lo encontramos repleto de memeces, el daño que se está haciendo es enorme. En primer lugar, porque se están ciscando, incluso zurruscando —si se me permiten términos tan escatológicos como ilustrativos— en toda la tradición poética anterior. Después, porque los lectores no querrán volver a aproximarse a la poesía, creyendo que la poesía es eso: paletadas cargadas de bazofia que han digerido con decepción.
He hablado de tradición. Y si alguien no se ha dado cuenta, estoy arremetiendo contra la poesía (¿puedo llamar poesía a esos textillos?) de Instagramers, YouTubers y famosillos del tres al cuarto, también llamados Influencers. Las grandes editoriales se ponen en contacto con ellos y les proponen un libro de poesía, o de prosa poética, algo que parece de moda.
Para el movimiento de Acción Poética de Tucumán la poesía es liberación. Para nosotros, en España, es aberración.


De esta bochornosa manera, igual que anuncian vaqueros, cremas de belleza o yogures, los Influencerspublican sus libros y se convierten en asesinos de las letras. Escriben cuatro tonterías indignas incluso de una composición de un estudiante de la ESO y se quedan tan tranquilos. Luego, sus miles de seguidores se compran el libro y lo adoran públicamente. Y nos lo hacen pasar por poesía y a ellos por poetas. ¿Pero es que no han leído a Machado, a Juan Ramón Jimenez, a Lorca, a cualquiera de las centenas de poetas admirables que tenemos en España? Pues no, parece que no.
No, claro, porque de haberlo hecho se quedarían petrificados ante esos textos vacíos, absurdos, planos, ante poemas entontecidos y disfrazados de juegos de palabras, páginas que glosan lo obvio, dado que esta gente sin lecturas metida a criminales de la lírica ignoran que lo que dicen ellos ya fue dicho mucho antes (y de una forma infinitamente mejor).
Han venido a cagarse en la poesía. Es así. Y puede dolernos todo lo que queramos, pero estamos indefensos. Hartos, sí, también, pero indefensos. Ya se los empieza a tratar como una generación literaria que, incluso, aparece en las portadas de las revistas. Y lo peor: que sus libros se colocan, comparten hueco en los anaqueles de las librerías, con Baudelaire o Sylvia Plath.
Dentro de poco, los nombres de estos terroristas de lo lírico aparecerán en los libros de texto. Estaremos, entonces, definitivamente perdidos. La poesía, así, se va desdibujando, perdiendo su identidad, convertida en un pastiche en manos de juntaletras patosos y directivos de marketing que se masturban con sus diagramas de barras.
Puede que mucha gente piense que todo esto da igual. Que a quién puede importarle todo eso de la poesía cuando acaba de comenzar GH VIP y dentro de poco juegan el Madrid y el Atlético, o el Madridy el Barça. Que es una tontería ante las cosas principales e importantes de la vida: el posado de portada enseñando su casa de la pareja famosilla de momento o la última gracieta viral de YouTube. ¡Hay que dejarse de amarguras, hombre, y atender a las cosas importantes de la vida! ¿A qué viene tanta poesía, tanta complicación?
 ¿Qué más dará que los Influencers publiquen poemarios? Que hagan lo que quieran, son tan simpáticos y admirables, es cierto, a todos nos gustaría ser como ellos… Qué error, un gran error, pero es el síntoma de los tiempos. Porque la poesía, si ha sido algo, es aglutinadora, y vivimos momentos de gran tribulación y disgregación.
La poesía siempre ha sido, entre muchas otras cosas, conformadora de un espíritu nacional, capaz de identificarse con una comunidad para, con sus versos, elevarlos hasta abrazar caminos e idearios de libertad. Todo país que se precie posee un poeta nacional. Goethe es el de los alemanes, Shakespeare el de los ingleses. Adam Mickiewicz inflamó de patriotismo a sus contemporáneos polacos con el Pan Tadeusz. Qué decir de Rubén Darío para los nicaragüenses, o José Martí para los cubanos, o Julia de Burgos para los portorriqueños.
Y Walt Whitman en Estados Unidos, y países afortunados que a falta de un poeta nacional van y poseen dos, como le sucede a Portugal con Luis de Camões y Pessoa o a Italia con Dante y Petrarca. Pero, ¿y en España? ¿Qué ocurre en España? Pues que esta España cainita y unamuniana nunca ha poseído un poeta nacional. Candidatos hay de sobra: desde Cervantes a Juan Ramón Jiménez, pasando por Lorca o Garcilaso. En mi opinión, tal vez se aproxime más a esta figura de poeta nacional, Antonio Machado.
                                         
                                           Si Don Antonio levantase la cabeza le dolería algo más que España…
Pero no, España es un país, definitivamente, sin poeta nacional. Y al paso que vamos, lo será sin poesía. Es una lástima, pero de nosotros depende que la poesía recupere su pulso. A tal efecto propongo algunas ideas ante el estado de indefensión en el que nos encontramos:
1-Réplica clásica:
Cada vez que los Influencers de Instagram o Facebook, o en cualquier otra red social publiquen sus textos vergonzosos, repliquemos con la publicación de una poesía de un poeta clásico, el que queramos, y etiquetemos al Influencer de turno. Así equilibraremos la red, por cada insulto literario florecerán unos versos de verdad. A lo mejor el Influencer se da por aludido, ve nuestra publicación, o compara con sus letrillas y entra en razón (¿o tal vez les estoy concediendo demasiado espíritu crítico?).
2-Defensa libresca:
En cada ocasión que veamos en una librería un libro de Influencers colocado bajo el epígrafe de poesía contemporánea, junto a escritores de verdad, deberemos tomar el volumen amorosamente entre nuestras manos y llevárselo al empleado o encargado de la tienda. Se lo extenderemos como quién ofrenda una reliquia o un tesoro y, cuando piense que lo vamos a comprar, le haremos comprender amablemente que estaba mal colocado, que el lugar que le corresponde es donde la autoayuda mística, junto a grandes popes como Coelho y Bucay, por ejemplo.
Cuando esto haya ocurrido muchas veces, el encargado, harto, y que también tiene su corazoncito literario, actuará en consecuencia. Seguro. Siempre podemos, en su defecto, extraviarlo disimuladamente entre las publicaciones del estante de jardinería, bricolaje, estadística; dejarlo languidecer en el interior de la peor clasificación de materia que encontremos. He sido bibliotecario y lo sé: un libro mal colocado es un libro perdido para siempre.
3-Mudanza bibliotecaria:
¿Y si nos encontramos los libros de estos proxenetas de lo poético en las bibliotecas, o peor aún, en nuestra biblioteca del barrio, al lado de casa? No desesperemos. Además de cambiarlo de lugar y llevarlo al sitio menos visitado de la biblioteca, el aparador de teatro es uno de os mejores lugares, lo dejaremos caer suavemente detrás de los Sainetes de Don Ramón de la Cruz o de las Farsas de Lucas Fernandez(unas maravillas pastoriles que nunca le interesan a nadie). Con suerte, el libro pasará meses criando polvo allí detrás, rendido a los pies de estos autores teatrales.
Está claro. Los asesinos de poetas que pretenden imponernos las editoriales nada saben de Claudio Rodriguez, ni de Miguel Hernández, Cernuda, Pacheco, Storni, Agustini, Sexton, Pizarnik… Y no digo ya de Juarróz, Zurita, Hölderlin, Leopardi o Tranströmer. Ellos entienden de likes, unfollows, reposteos, stories, followers y haters; por mucho que se empeñen, estas no son las herramientas apropiadas para escribir, no ya un poema decente, sino una oración simple con el sujeto, el verbo y el predicado colocados en su sitio.
Si no actuamos ya, si no hacemos nada por detener esta gangrena que corroe nuestra riquísima tradición poética, muy pronto, cuando nuestros hijos traigan a casa como deberes analizar una infamia de alguno de esos Influencers fijados ya en un libro de texto, entonces, nos haremos la pregunta vargallosiana: ¿En qué momento se ha jodido la poesía?
Ahora, en este momento.

lunes, 5 de marzo de 2018

hoy



hoy
le ganas un año al mar
un año a la mano del tiempo

hoy
dejas tu nombre
en 365 días de versos
y proyectas tu futuro
en 365 días de encalmadas

hoy
sumas fechas y números
de una matemática apacible

hoy
soy calles con tu nombre
y avenidas entre las horas
que resucitan
en una estación de cristal
erigida con tus sonrisas
derramadas por mi pelo
en confeti de poemas

miércoles, 14 de febrero de 2018

Poema de San Valentín



cuando te conocí me hice poeta
poeta de los que mira al sol
sin cegarse
poeta poeta

desde que soy poeta
soy como tú
en mi interior rebrillan las costuras
de una torrentera de versos
que arrastran el limo de aquellos días
de paros cardiacos y cortes de luz
de autobuses destartalados y carreteras

desde que soy poeta en tu presencia
he aprendido a guardar silencio
asomado a las ventanas
a ser equilibrista frente al andén
a beberme el cuajarón del odio
y dejar en carne viva las letras
que conforman tu nombre

y soy poeta porque te conocí
porque desde todos esos libros
te hiciste poema
tocaste con la yema de tus dedos
las escamas de mi creación
y las convertiste en las plumas de un dragón

esas plumas, esas
son los versos que articulan
el caparazón
de nuestra respiración


sábado, 2 de diciembre de 2017

Maximiano Revilla: Cruzado del verso, poeta de la imaginación y el cortejo



*Esta entrevista se publicó originalmente en el blog de pensamiento poético Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/11/14/maximiano-revilla-cruzado-del-verso-poeta-de-la-imaginacion-y-el-cortejo/

Maximiano Revilla es una de las voces poéticas más particulares, originales y sorprendentes del panorama literario español actual. Y esos adjetivos con los que lo defino se los ha ganado a pulso y son producto de un afán de estudio y mejora inquebrantable, de un sentimiento poético fuera de lo común, y de una voluntad de bulldozer a la hora de percutir contra lo establecido y lo monótono.
Maximiano lleva un prodigioso y fecundo camino: Consonancias de la voz (2003), De todo lo que no se pierde (2005), Motivos venatorios (digital, 2013), Urbanidades y otras distancias (digital, 2013), Notateti (digital, 2013), Cuando se lanzan los cuerpos desde la terraza para ver qué sucede (digital, 2014), Pálpitos del tren que no vuelve (2016), Un cuántico aleteo en la boca (2017).
En Verde Luna henos realizado dos reseñas críticas de su obra:

1-Tu último libro, “Un cuántico aleteo en la boca”, es una visión del mundo cotidiano con los ojos del poeta, pero ¿cómo ve el poeta el mundo de la poesía?
 Sorprendido, tremendamente sorprendido al comprobar cómo, en este mundo en el que nos movemos, vegetamos o simplemente esperamos a que todo termine, en este mundo donde la nota predominante es la excesiva velocidad, la evolución a toda prisa, la innovación hasta esos extremos a los que solo el hombre es capaz de llegar y continuar rodando un trecho más de patio o de cielo; digo que, el mundo de la poesía, es el único mundo estancado en la prehistoria de la historia, el único detenido en ese pasado que, si huele, y huele mucho, es a naftalina, a conservantes con sus letras y sus números, iguales a los que aparecen en cualquier etiquetado. Sí, el mundo de la poesía es el único que continua sin conseguir dar ni media zancada de olvido al pasado y seguir hacia el futuro, con algo de inventiva, el único que vive, tremendamente, cómodo dentro de su zona de confort, nadando entre esa roña que ocupa las playas alrededor de sus ombligos, en esas profundas simas de abstinencia y vértigo a la impaciencia de las cosas. Sí, estoy convencido que algunos intentaron salir y saltar del vacío al vacío, pero les ha sido imposible llegar a nadar sin ahogarse; y más que nada porque como decía Machado “La poesía hecha ahora, puede entretener a las masas e iniciarlas en la expresión de su propio sentir externo; ya que su interior solo podrá ser ocupado cuando lleguen los nuevos poetas con su nueva sentimentalidad”. Por eso, sin visos de que nada cambie, seguimos estando donde siempre estuvimos, en el carro de las resacas de cualquier buhonero, en la lista de clientes de cualquier comercial.
Sin dudar ni un instante afirmo que veo el mundo de la poesía: achacosamente viejo y enfermo, con las mismas caricaturas, las mismas discusiones y los mismos pensamientos generacionales que existieron y existen, desde siempre, entre padres e hijos, entre aprendices y maestros.
2-Eres un feroz combatiente contra los lugares comunes y las figuras de repetición en la poesía. ¿Crees que en nuestro día a día esos males son los causantes de muchos de los problemas que nos aquejan y nos hacen enfermar como sociedad? Parece que la rutina de lo cotidiano es uno de los asuntos que te preocupan en tu poemario.
El lugar común. ¡Ah, el lugar común! Esa palabra o frase o idea que, convertida en un vicio por su excesiva utilización, ya no aporta nada. Podría afirmar que, quien se expresa, con ellos, es por falta de imaginación, o de recursos para ampliar el cuerpo del escrito, puesto que resulta más fácil sustituir la búsqueda de ideas originales y creativas por otras ya gastadas, simplificándolas y simplificando los conceptos que, seguramente, merecerían perder o ganar tres o cinco instantes más para materializarlos y matizarlos, pero simplemente digo que, sobre todo, es por vaguería.
El lugar común, por las transigencias de este mundo donde se enciende la luz comunitaria, es el camino más sencillo para llegar cuanto antes a cualquier espacio, espacio donde siempre hay alguien que enchufa y protege para que no se noten mucho las distancias, distancias cubiertas por los curritos que realizan en la calle los trabajos sucios. Y sin embargo, tengo que reconocer que lo que para mí es un lugar común, para otra mayoría, al no haber leído el original, eso que les presentan ahora es originalísimo.
Sí, entiendo las figuras de repetición como la luz de otro día que, tal vez, llegue y nos traiga los mismos desatinos, los mismos errores, las mismas formas generales del adoctrinamiento, la misma manera sencilla de aprendernos, como Plateros, el camino a casa. Sí, tal vez a esa casa, siempre llena de silencios. Y sin embargo, lo que proporciona a la repetición su carácter novedoso, es lo mismo que la pone en duda: el hecho de que lo que repite, es algo que ya ha sido: un color kilométrico, un beso con cincuenta años cumplidos, una sonrisa que no tiene por qué tener historia, una situación determinada que, siempre niña, nos sorprende y nos llena de misterio. Sí, cuando no se ve y sólo se oye repetida una vez y otra vez la misma voz, surge la sorpresa en la mente del que escucha, aparece la imagen abstracta del momento agradable o desagradable, un objeto desmaterializado que despierta una vibración en la conciencia capaz de situarnos donde más le interese al poeta, en el mismo vértice del abismo, junto al espectro de la repetición que nos despierta.
Desde mi cabeza, totalmente reformada y amueblada por las imposibilidades de no alcanzar a tener nunca el título de propiedad, de sus encuentro y mis encuentros, en el bolsillo, afirmaría que sí, que nos han hecho, nos hacen y nos harán enfermar como sociedad, pero que, sin duda, estamos totalmente capacitados para sobreponernos y continuar.
Confieso que una de mis grandes torpezas o aciertos, a la hora de crear poesía, es haber llegado a comprender que nunca soy yo quien elige: ni sus temas ni sus formas, que después de amasar y amasar durante tanto tiempo el verso y el poema, son estos los que me dictan, qué y cómo escribir, por lo que sí, he de responder afirmativamente, parece que en esta ocasión, en “Un cuántico aleteo en la boca” es en la rutina de lo cotidiano por donde mejor se han movido. Lo único que a mí me dejaron fue escoger donde: de cuatro a siete de cada madrugada.
3-La tristeza… ¿viene de la mano de la falta de imaginación? Sin embargo, nadie más imaginativo que un poeta, como tú por ejemplo, y sin embargo tus versos viajan cargados de una amargura profunda y pesada. ¿Son tus poemas la admisión o el reconocimiento de una derrota?
Permíteme que para contestar a esta pregunta, comience utilizando unos versos de Baudelaire: “Hoy el poeta, cuando quiere imaginar […] siente el alma envuelta en un frío tenebroso, y, lamentablemente, se asusta de la visión”, y desde aquí, continuar negando que la tristeza venga de la mano de la falta de imaginación, pues es desde esta atmósfera triste y desgarrada desde donde el autor hace que el lector vaya ansioso a buscar esa alegría que echa en falta. Sí, es cierto que, de las emociones básicas del ser humano en el transcurso de su existencia, es en la tristeza donde, en más ocasiones, nos detenemos y con la que más tiempo desperdiciamos, pero también es verdad, que es esa misma tristeza, la causa que nos lleva a buscar las alegrías y los encuentros, la que cogiéndose de la mano de la imaginación pone en valor la felicidad, puesto que solo, después de sentir el aire del filo de su destreza, después de patalear y llorar hasta decir basta, se saborean de otra forma los escasos momentos felices que nos acompañan. Y sí, admito que mis tropiezos, más que nada, en los huecos inexistentes de las baldosas, son cada vez más dolorosos, pero todas las ficciones que he vivido y vivo en el sueño de los poemas, aunque nunca se hayan materializado ni se hayan modelado en la realidad, jamás las podré considerar como derrotas. Esos versos, poemas que tú dices, cargados de una amargura profunda y pesada, tienen como única intención “supuestamente” despertar, dos o tres pensamientos dulces, entre las mil hojas del posible lector. Y ya que reconocer o admitir una derrota supone primero constatar que hubo una batalla; acaso, esa, de un aquí y un ahora, la que se quiere despistar, desde esa guerra por edades hasta ese duelo inventicida demasiado enganchado a la sombra de las tristezas, no, que va, no voy a reconocer ni admitir ni constatar que en mí, haya habido derrotas ni duelos ni batallas. Voy a ser modosito. No voy ni a faltar ni arañar a nadie, mientras me sigan acribillando mis ignorancias, afirmaré que todo lo que me rodea es hermoso.
4-¿Encuentras en la poesía un blindaje a las agresiones de la vida cotidiana, una forma de decir lo que de otra manera te resultaría imposible, o un vehículo para mostrarte tal y como eres?
Al pensar que es la poesía lo que nos queda de aquellas humedades juveniles de los sueños, sí, tal vez tendría que reafirmarla como mi blindaje. Y sin embargo, por ser yo un ser relativamente insignificante, alguien que quitando a los trescientos  o mil amigos, y a un familiar que, durante mucho tiempo me han acompañado, creo que no tiene ningún sentido disfrazar, ni lo que hago ni lo que digo ni lo que soy, por lo que, en un momento determinado o indeterminado de mi historia, sobre todo cuando aún pensaba que la poesía era otra cosa distinta: acaso ese ir de la luz a la luz sin dolor, sin sombras en el recorrido, sin excesivos sobresaltos, sin inventiva ni creación, que yo me llamaba yo, y detrás de ese yo estaban, para blindarme al descalabro, mis avales. Esos avales de espuma desde los que me pensaba retractar. Pero hoy que el poeta es un asalariado más, un nominista, un currito por cuenta propia, un aficionado que dedica a escribir poesía, las horas que roba al sueño. Hoy que es el poeta otro mundo, otro prostituto de las palabras, otro mercenario del  ritmo, tal vez, ese que se contrata como autónomo y en ocasiones estresantes, completa el círculo de las canicas, del agua, del aire, de la tierra, del fuego, de todo lo que acoge los restos del funeral, y los deposita sobre las canas del alma. Hoy que mi pensamiento es una maraña de ideas y contra ideas, cubiertas por el polvo de la ignorancia y que mi cabeza funciona como las esponjas de los cuartos de baño, las que en su recorrido, bajo la ducha, se saturan con las ideas muertas, las que tras apretar, escapan para que de inmediato se vuelvan a saturar, sí, aquí que me muestro tal y como soy, podría decir que la poesía es un blindaje a las agresiones de la vida. Pero solo si me presionas, si no me escapo, de uno a cuatro instantes, con mi traje de cortejar.
5-Me consta que eres un profundo conocedor de las técnicas, de los ritmos, de las formas poéticas. ¿Qué opinas de mucha de esta poesía que se perpetra hoy en día, repleta de ripios, vacía, inocua, poesía de blog o de bloggers e, incluso, poesía de presentadores de telediario?
Ya que ser poeta es una pose de estudio, la foto fija que encabeza las bibliografías, los ratos de asueto que, de alguna manera, se han de ocupar y pasar hasta conseguir ver como maduran las cosechas del pensamiento en paro; sí, desde aquí, desde esta postura casi perfecta que se me otorga en mi descalabro, te digo que, una gran mayoría, por no incluir al mundo entero, es poeta. Y me parece muy bien, sobre todo porque pareciera que ser poeta no requiere título oficial, ni requiere haber leído más que los índices de los títulos de los poemas que aparecen al final o al principio de los dos o tres libros que sirven de guía. Sí, ser poeta lo es cualquiera. Y esto es así, en parte por el mamoneo que se traen y se trajeron los “supuestos poetas oficiales”, por el evidente endiosamiento del que hicieron y hacen gala después de haber alcanzado las subvenciones o los escasos trabajos con puesto fijo de la dedocracia, sí, por irse pasando de unos a otros, los encuentros, las avalanchas, los acelerones, porque en el fondo el lector de hoy ya no se cree nada. Como lo común es mucho más fácil y sencillo de hacer y de imitar y como han sido tantos años pagando como originales, marcas blancas, ahora está poesía ripiosa, de blogs, esta poesía vacía, parece ser esa venganza que nadie podía esperar. Y sí, pensando que poetizar es crear mundos nuevos desde la ignorancia, yo los aplaudo, y al estar de acuerdo con G. Blocker cuando escribe que, “Quien persigue lo desconocido no puede seguir caminos conocidos” estoy seguro de que al final, entre tantos, alguien aportará algo distinto, nuevo original y genial.
6-¿En el mundo en el que vivimos la poesía está condenada a la extinción?
Pareciera como si hoy, que lo divino y lo profano, lo terrenal y las mismas nubes del sueño, se hubiesen puesto de acuerdo para, con palabras y más palabras, convencer y convencernos de que así es; particularmente, yo no lo creo, y estoy de acuerdo con Yves Bonnefoy cuando dice que: “La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente, o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad”. Porque sí, también la realidad es y se puede ver con los ojos de la poesía. Y sí, por supuesto que hay playas que, rastrilladas por la maquinaria de los ayuntamientos, apenas, si dejan huecos o fisuras donde tropezar y caer y crear y exclamar “¡si no hay poesía, que desierto!” Y si no hay palabras, ¡que distancia! Es cierto que en el lenguaje poético son las palabras quienes abren y cierran el camino hacia la creación de otros mundos posibles que nacen de ellas, pero es el autor quién ha de escoger la más conveniente para recrear y enriquecer la capacidad léxica de nuestra lengua, para mejor comunicarse, para no ser, ni hacer lo mismo que ya hicieron todos, para escribir mucho más que sentimientos. Por todo esto y otras siete o cinco cosas más, mientras haya hombres y palabras y sentimientos y realidades que contar, que reír o que llorar, habrá poesía.
7-¿Al ponerte a escribir un poema, qué autores, que tradiciones, bullen en tu cabeza? ¿Tienes algún poeta de cabecera?
Si mi condición fuese otra, esta pregunta sería la ideal para poder jugar basketball, para pelotear mientras nombro nombres, acaso, con la oscura e interesada intención de hacer saltar sobre cualquier casino sus referencias. Lástima no saber aprovecharme. Cuando aún no era consciente de que para escribir, primero se tenía que estudiar y aprender una serie de reglas, cuando no tenía ni idea de que, el poner sobre papel, todo aquello que bullía en mi cabeza, se denominaba poesía, cuando aún no tenía ni idea de nada, (ahora que tampoco la tengo, voy a intentar disimular, a ver si no se nota mucho mi ignorancia y mis tropiezos, y aunque, particularmente, no es que me importe, no sé; como que parece que viajo por otras latitudes y queda de otra forma) Sí, cuando todavía no era consciente de nada, cuando mi buen amigo, por no decir el único de aquel entonces, “Gustavito” me acompañaba, recuerdo que llegaron de visita en la merienda, un par de libros de autores que, por supuesto, con los once o doce años, yo no sabía: ni quienes eran ni que habían escrito ni cuando lo habían escrito ni cuales pudieron o no pudieron haber sido los motivos para escribir, me imaginaba que, también ellos, lo habían hecho como yo, sin saber. Mis ojos solo se habían detenido y fijado en que, el uno, arriba ponía: Herrera y debajo Poesía y el otro; Garcilaso y Antología Poética. El uno era de color marrón, imitando ful de cuero, el otro gris azulado de ceniza y triste compostura, casi, casi podría afirmar que de sombra y miedo. Con el tiempo, según iba aprendiendo cosas, cursando estudios, memorizando y olvidando reglas, se fueron sucediendo libros y autores y verso y poemas, tantos y muchos más, como para, al menos, llegar a rozar la suela de los maestros, pero no, no tengo ninguno de cabecera, que es la pregunta que me propones, todos están enfrente y sobre mi cabeza, en las estanterías o por no quedar ya hueco en estas, en el suelo. Pero sí, te voy a dar dos nombres que para mí, ahora, destacan sobre todos los demás: Laureano Albán y David Abad.
8-¿Es la lucha por conseguir el poema una batalla contigo mismo, o un combate contra todo lo demás que te impide dedicarte a ser poeta como, por ejemplo, el trabajo, las obligaciones, las facturas que, evidentemente, nunca pagaran la poesía?
Seguro que luego todo cambia, pero ahora mismo pienso que no es ninguna de las dos cosas: ni batalla ni combate. Ni tan siquiera lo concibo como una lucha, si de alguna forma tuviese que calificarlo o definirlo sería como mi filosofía de vida, y esta, no sería capaz de entenderla, si no fuese unida a todo lo demás, si no se besasen, la una a las otras, si no se acurrucasen juntas, si no durmiesen y despertasen en la misma habitación, aunque por la comodidad de los años, en camas unidas pero separadas; ya que, lo mismo que a otros les dio por no comer carne o beber cerveza sin alcohol o pisar descontentos o causar sarpullidos, a mí me dio, como tú en otro artículo, muy bien dices, por “desayunar versos”. Tú sabes, José Carlos, mejor que nadie lo raro que puedo llegar a ser, lo impreciso de mis convicciones, los desajustes entre el mundo, el verso y mi cabeza. Cuando no se busca ya nada, cuando no se espera ya nada, cuando tienes muy claro que solo escribes para ti y para, ( me repito) los trescientos o mil inquietos pensamientos que necesitados exigen el siguiente poema regalo, es más que suficiente y una gran satisfacción haber llegado al centro de su mundo. No, por supuesto que no voy a ser nunca merecedor de ningún premio, ni lo busco ni lo espero. Sé que es difícil, y psicológicamente no recomendable romper las tradiciones, quemar las enseñanzas que se tienen como normas a seguir toda una vida, los hechos y las acciones de otras vidas, en parte equivocadas o no, otras vidas que dijeron en su momento lo que les apeteció, eso es lo que yo hago ahora, disfrutar plenamente haciendo, de otra forma, lo mismo de siempre.
9-¿Qué opinas del Blog Verde Luna?
Hoy que la poesía es una serie de ofertorios que nada tienen que ver con el esfuerzo de las musas, ni tan siquiera con el principio firme de su significante oscuro, hoy que, más bien, tiene que ver con el disimulo, el engaño, el falso protocolo de las fiestas, con los números, las negociaciones, las estadísticas, los currículums, con saber cultivar el amiguismo y ser, un excelente relaciones públicas, para poder así, deslizar, de manera convincente, la mano por la espalda, creo que Verde Luna es un blog valiente, imprescindible para dar a conocer las últimas novedades de lo que literariamente se está imprimiendo. Mis más sinceras felicitaciones.
10-Despídete con un pensamiento poético
Me voy a despedir con unos versos de Laureano Albán, más que nada por pensar que en ellos va parte de mi pensamiento poético:
“El verso es una belleza no creada,
La que permanece debajo, muy por debajo
de la capa del maquillaje, es el poema”.

viernes, 13 de octubre de 2017

Baklava


somos:
cinco capas
de un baklava

una primera
de piñones azules y salvajes
de chefchaouen
y miel de cantares
en tus labios

la segunda,
nueces tostadas en
la samarkanda de nuestro cuerpo
y aromas de agua de azahar en tus ojos

una tercera de
almendras y canela
derramadas en el pelo

la cuarta,
de hojaldres como las olas
en el abrazo de un mar luminoso

la quinta
es pistacho en nuestras manos,
almíbar al caminar
y roiboos
en el marrakech
de la noche

sábado, 2 de septiembre de 2017

Bryan Ferry en Madrid: el aroma de la flor azul de la poesía

 

*Esta crónica se publicó, originalmente, en el sitio achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/bryan-ferry-madrid-aroma-la-flor-azul-la-poesia/


Bryan Ferry en Madrid: el aroma de la flor azul de la poesía

Y la música de Bryan Ferry se desbordó por Madrid con su oleaje de tafetán y terciopelo. El cantante británico ofreció, dentro de la serie de conciertos de Las Noches del Botánico, una actuación cargada con esos besos de algodón que son las canciones de Roxy Music, con las caricias a contraluz de sus propios éxitos, y con una repertorio de versiones interpretadas bajo los brillos optimistas de una enorme bola de discoteca: todo ello, para firmar una hora y media herida con el dulce decadentismo del dandy; 90 minutos enfermos de belleza.

Esa bola de discoteca que pendía en lo alto era un mensaje: la música de Bryan Ferry, ya fueran los temas de Roxy Music o sus canciones en solitario, es una perfecta construcción para el baile. Para un baile contenido, que por momentos se vuelve rabioso y fulgurante. Que de repente vuelve a reposarse. Si la música de Bryan Ferry fuera una bebida, sin duda, sería una copa de Goldwasser, el licor con partículas de oro de Danzig: con todo el mordisco anisado, con toda la suavidad de las láminas doradas que flotan y se desprenden a su alrededor.

"Blanqueaban las frágiles tazas de china sobre el terciopelo color de sangre de la carpeta y en el fondo del frasco de cristal tallado, entre la transparencia del aguardiente de Dantzig, los átomos de oro se agitaban luminosos, bailando una ronda fantástica como un cuento de hadas".

Con The Main Thing empezó el poema del músico, que encadenó a un Slave To Love que actuó con el hechizo de los ojos de una cobra sobre los asistentes. El escenario era hipnótico, ya no se podía apartar la vista de aquel jugoso dulce prohibido que rezumaba sensualidad. Porque si Bryan Ferry fuera poeta (¿acaso no lo es ya?) sería un modernista de esos que a principios del siglo XX luchaban contra el mal de la vida defendiéndose con la belleza. Ferry entiende la vida como una obra de arte, igual que Oscar Wilde o Ruben Darío.

Al lado del Hombre-Arte se desplegaba una banda de una solvencia y perfección deslumbrantes. Nueve músicos apoyaban las tesis modernistas de Ferry, empeñado en convertir el recinto del Jardín Botánico en un cuadro de Dante Gabriel Rosetti. Tal vez era Proserpina quien, a veces, se aproximaba hasta el mismo abismo del escenario para seducirnos con su mirada de pentagrama.

Junto a Proserpina, o Jora Chalmers —empeñada en conducirnos a los eclipses dorados de su saxofón—, toda la delicadeza de Marina Moore al violín, como una Euterpe en todo su esplendor. Y el grupo de centauros mantenía al atardecer un coloquio con la música, encabezados por Quirón a la guitarra: Chris Spedding; bien secundado por el otro guitarrista, Jacob Quistgaard, o tal vez Lícidas. Al bajo, el centauro Neso, Neil Jason, y Luke Bullen en la batería, el certero Astilo. En los coros, Fonzi Thornton y Bobbie Gordon, como si fueran Eurito e Hipea (¿o realmente lo eran?), y al teclado ese Odites que obedece con el nombre humano de Chirsitian Gulino.

Cuando el brillo de Slave To Love se extinguió, aparecieron esos aguafuertes que son Ladytron y Out Of The Blue, de la época en que Roxy Music querían asaltar el Olimpo del Glam-Rock, aunque sabían perfectamente que estaban condenados a una vida de Art-Rock sofisticado en la que, como el escultor Pigmalión que acabó enamorado de la belleza de su propia escultura, ellos se engarzarían para siempre al sonido diamantino de sus composiciones.

Después, la versión de Simple Twist of Fate, de Bob Dylan. Es en las reinterpretaciones de los clásicos en donde aparece un Bryan Ferry-Ovidio. En efecto, es como el poeta romano, porque consigue las metamorfosis de las canciones. Toma una pieza que es garganta y nariz, contenida como la fuerza de un buey, y la transforma en un río de guitarras eléctricas y cristalinas aguas de violines.

De una tacada, varias canciones de la etapa en solitario de Ferry, un par del disco Boys And Girls y otro par de Bête Noire, para desde aquí, destapar la cornucopia que derramó los grandes momentos del concierto, un elixir compuesto exclusivamente con canciones de Roxy Music y algunas versiones memorables. Primero, Stronger Through The Years, a continuación el tema de Neil Young, Like a Hurricane. De nuevo ese Ferry-Ovidio consiguiendo la metamorfosis: de una composición áspera como la piel escamosa de una serpiente, aparece el gran felino, la pantera negra apoyada en un saxofón nocturnal, con todo el escenario virado en azul.

Azul. Ese es el color de los poetas modernistas… Si Bryan Ferry fuera un color sería el color azul. Como esa flor azul del poeta romántico Novalis que, en su novela lírica Enrique de Ofterdingen, representa la armonía del hombre con la naturaleza. Los músicos, los centauros, son ahora sombras recortadas sobre el fondo azul del escenario, y parece que acaban de hallar el sentido de la poesía.

Las canciones que le hemos robado a Bryan Ferry para prenderlas de nuestras vidas —ya para siempre, sin remedio— se suceden en un vuelo de gaviota: More Than This, Avalon, Love Is The Drug. Una gaviota, en efecto, porque si Bryan Ferry fuera un pájaro sería gaviota, una gaviota chejoviana. Porque la gaviota de Chéjov significa el impulso creativo, la vida consagrada al arte.

Llega el final. Frenética se agita Let´s Stick Together, la versión del clásico demuestra que el gran guepardo sobre el escenario es capaz, todavía, de morder, de golpear con un zarpazo de sus garras y, cuando ya nos tiene rendidos, expuesta la yugular de nuestros cuellos a su mordisco, tan vulnerables, entonces, aparece Jealous Guy. La canción de John Lenon es una puñalada de hielo en la audiencia, congelada por el lamento de un cantante que se transfigura en el sofisticado José Asunción Silva, el escritor que inició y terminó su novela De sobremesa con unos párrafos en donde flotaban al trasluz las partículas del licor de oro. Porque todo en la música de Brian Ferry sucede al trasluz, en el juego de los claroscuros que envenenan de penumbra nuestros deseos de romanticismo.


Los silbidos de la parte final de Jealous Guy, interpretados por un Bryan Ferry colosal y a la par indefenso, prenden de las memorias esas anisadas láminas de oro. Al terminar el concierto abandonamos el recinto del Jardín Botánico con esa flor azul que nos acaba de brotar en el pecho. Respiramos su aroma dulce mientras, Bryan Ferry, el poeta, el músico, el orfebre, hunde las manos en los bolsillos de su chaqueta y, repitiendo los silbidos de Lenon, se encamina tranquilo por la oscuridad de los callejones. En lo alto, la luz de la luna guía a la figura del hombre que se aleja, que persigue a su vida, empeñado en tornearla como una obra de arte.

martes, 18 de julio de 2017

Ronald Campos: Poeta de certezas y claridades


*Mantuve esta entrevista con el poeta Ronald Campos para el blog de pensamiento poético Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/07/14/respuestas-de-la-tierra-en-los-albores-del-estio/


Ronald Campos nació en San José de Costa Rica, en 1984. Profesor de Lengua y Literatura en la Universidad, su obra publicada ya puede considerarse extensa y clave dentro del panorama poético de su país, con proyección en Hispanoamérica. Ha publicado los siguientes poemarios: Deshabitado augurio (2004), Hormigas en el pecho (2007), Navaja de luciérnagas (2010), Varonaria (2012), Mendigo entre la tarde (2013), La invicta soledad (2014) Quince claridades para mi padre (2015) y el poemario que ha propiciado esta entrevista, Respuestas de la tierra (2016).



1-En primer lugar, ¿qué significa la poesía para ti? ¿Por qué esa necesidad de poetizar la realidad?
La poesía no es una cuestión de palabras, decía Aleixandre. Hablar de poesía es tan inefable como lo que la misma poesía persigue. Acaso puedo decir que sea un centro, hacia donde el poeta se dirige a sí mismo y al poema y al lector, y un vehículo, laborado y creador, por medio del cual se llega a un ámbito cotidiano, es decir, fenomenológico y trascendente, profano y sagrado, real e irreal. De ahí que la necesidad de poetizar responda a concretar ese ámbito de manera que sea percibido e intuido por aquellos tres que, contingente y casualmente, se (con)funden en el siempre instante cuántico en que solo dicho ámbito tiene lugar.

2-¿Es el poeta un niño que juega con la realidad o un adulto que se refugia en el juego poético para defenderse de las ofensas de la vida?
Es un adolescente. El poeta está a medias entre el niño, al que regresa intuitiva y lúdicamente porque aprendió estas aptitudes de él, y el adulto, al que escucha y obedece a fin de tenderle trampas al lenguaje y al poder. Es un adolescente que está descubriendo constantemente su voz e identidades, a caballo entre lo que reconoce y acepta, y lo que le dicen debe ser. En medio de este estado, de esta tensión, el poeta, consciente de su capacidad contemplativa, intuitiva, de ensoñación poética e imaginación simbólica, explora la realidad acaso para refugiarse, acaso para renombrarla y, así, recrearla como la vive o no.

3-¿Qué significa para ti Castilla y lo castellano como objeto poético?
Castilla es parte de mi niño. Cuando comencé a escribir a los 17 años, visité la biblioteca de mi colegio y, al azar, llegué hasta dos poemarios que estaban yuxtapuestos: Cantos de vida y esperanza y Campos de Castilla. Los dos se convirtieron en centros y vehículos. Y, claramente, el segundo de ellos aportó un plano, un espacio que yo imaginaba como de libertad y, a la vez, de empoderamiento, de realización imaginaria y, por tanto, plena, en ese momento tenso que todo adolescente, y más uno gay, padece al (des)oír las voces de lo que debe ser y la que está buscando ser, decir. Castilla en mi adolescencia fue uno de mis primeros ámbitos cotidianos. Lo castellano, recientemente descubierto por mí en su materialidad física y simbólica, me ha revelado la heterogeneidad cultural que soy, y somos, a ambos lados del Atlántico, en tanto sujetos hispánicos. Porque lo castellano es, como parte de lo hispánico, también una voz de voces donde se escuchan cuánticamente lo indoamericano, lo hispano-cristiano, lo hispano-judío, lo hispano-musulmán y muchos más ecos.

4-En tu poemario Respuestas de la tierra vemos como sería Castilla mirada con ojos tropicales, pero ¿y Costa Rica, el trópico, visto con ojos castellanos? ¿Cómo sería?
El ámbito verde. Lo verde que a Castilla le falta y que, por ello, asombra, escapa de sus posibilidades, conduce a la ensoñación. Lo verde que, como todo lo americano y nuestra historia, a través de la poesía es manantío expresivo, caudal, potencia, montaña, centro de reunión que, aunque no lo reconozcan ni acepten quizás algunos ojos castellanos, es igualmente una voz de voces de lo hispánico. Costa Rica, en las fantasías actuales, es un paraíso, es “pura vida” y, tal vez, hasta un poco Keylor Navas; sin embargo, mi país, con su literatura y cultura, es un ámbito que invito, no solo a los castellanos sino también a todos los españoles, a descubrir, ya que podría sorprenderlos, a pesar de ser un territorio pequeño o inclusive incierto, pues muchos no saben ni donde se ubica.

5-En España, la mitad de los españoles ha escrito un libro, y la otra mitad lo está escribiendo… En Costa Rica… ¿la mitad son poetas y la otra mitad quieren serlo? Me ha parecido percibir un cierto cansancio poético allí, y una intención de revitalizar la narrativa… ¿es así? Entonces, ¿hacia dónde se dirige la poesía actual?
La narrativa, tanto en Costa Rica como España y en otras latitudes, goza de salud. Pero la poesía anda eufórica, enérgicamente desatada. En cada esquina se encuentra uno un poeta y así variedad de voces, ecos, cuchicheos, susurros, silencios. Como en todos lados, y esto es parte de la literatura en general, existen quienes desean monopolizar e institucionalizar lo que es la poesía; sin embargo, y para bien, se da la heteroglosia, aunque por esta misma razón existan poesías que gritan, poesías que cantan, poesías que repiten y, por suerte, poesías que, vinculadas a lo primordial y creador, balbucean. Hace un tiempo dejé de interesarme en hacia dónde se dirige la poesía; me interesa ver cómo conviven sus distintas manifestaciones, aunque dicha convivencia a veces lo lleve a uno a querer balbucear en solitario.


6-Háblanos un poco de tus maestros en poesía, de tus lecturas favoritas, de aquellos que más te hayan influido en la poesía y, por extensión, en la literatura. ¿Qué has encontrado en ellos?
Al inicio cité a Aleixandre. De él, sus formas, imágenes y ese ámbito cósmico donde los seres irreales —¡y qué más irreal que un sujeto homosexual pues está relegado a la irrealidad (la inexistencia e irrealización) dentro del ámbito real: el orden (hetero)patriarcal— combaten lo que deberían ser, sus enajenaciones culturales y se representan, son, viven, aman como cuerpos liberados con nuevos campos de percepción y afectividad de forma abierta y en conexión con la naturaleza, con la necesidad primigenia de pertenecer a los ciclos. Luego mencioné a Darío y Machado. De ellos, la heterogeneidad y la creación de los espacios poéticos adonde ir y llevar al poema y al lector. He estado (re)descubriendo últimamente a mis otros maestros y maestras del 27, así como a poetas hispanomusulmanes, hispanojudíos, indoamericanos y más contemporáneos, españoles y latinoamericanos, como Claudio Rodríguez, Lezama Lima, Esthela Calderón, entre otros. Sin embargo, el poeta que más ha influido en mí como persona, poeta y académico ha sido Laureano Albán. De él aprendí no solo técnicas, estrategias textuales, sino también a autodescubrir mi propia voz y perspectiva con respecto a lo que deseo y creo como poesía. Laureano ha sido mi maestro, mi amigo y le debo mucho. He dedicado tiempo y esfuerzo a estudiar y dar a conocer su amplísima y valiosa producción, la cual es sin duda cima, tanto como las de Darío o Neruda, de la poesía hispánica.

7-¿Qué opinas cuando te dicen o escuchas comentar que eres el próximo Laureano Albán? ¿Cuándo dicen que has heredado su poesía, su conciencia poética, o que serás un prolongador de su escuela lírica…?
Es un halago, pero no una verdad. Laureano Albán y yo hemos compartido durante mucho tiempo y hasta hoy sigo aprendiendo de él y, como dije, me enseñó lo principal: a descubrir mi propia voz. Coincidimos en la perspectiva trascendentalista, pero cada uno tiene su propia huella para devolver en forma de cantos los rastros del misterio. Nunca me he propuesto ser el próximo Laureano Albán. He leído y escuchado decir que yo soy el “Laureanito rosa”; lo de “rosa” por mi esfuerzo de enunciar y visibilizar lo homoerótico a través de mi palabra. Dentro del piropo, les agradezco porque reconocen también que mi obra estaría en un nivel y visión de mundo de alta calidad estética hacia la cual, con aciertos o no, he tratado de dirigirme, eso sí, conscientemente desde el inicio de mi carrera literaria. Por otra parte, Laureano Albán no tiene escuela. Él no enseña un método de escritura. Él ha llevado a que muchos encontremos nuestra propia voz. Esto lo saben mis compañeros del Círculo de Poetas Costarricenses y el Grupo Trascendentalista de Aranjuez. Más allá de nosotros, algunos le reconocen y agradecen tal enseñanza. Otros la niegan y aborrecen. O malentendieron o no pudieron entenderla, por cuestiones de ego o conveniencias editoriales y amiguismos. Cada quien sabrá, pero repito: Laureano Albán no tiene escuela: tiene magisterio, como demiurgo que es, y no ha hecho más que compartir sus aprendizajes, inquietudes, dudas y verdades a través de su poesía, ensayos, sobremesas, talleres, recitales, confesiones. Si seré prolongador de este acervo de conocimientos, no lo sé, pero me gustaría rescatarlo y darlo a conocer.

8-Si la poesía es un arma cargada de futuro… ¿qué es la narrativa? ¿Una bomba atómica? O una pérdida de tiempo…
Complicado nos lo pone Gabriel Celaya con esta metáfora. Yo no restringiría a la poesía la tarea o pretensión de soñar y crear ese futuro, esa utopía donde todos podamos convivir en la heterogeneidad que somos. La poesía hace lo que puede, como también la novela, y aun el ensayo, el teatro, el cuento y otros. Ningún texto literario puede entenderse como pérdida de tiempo; cada uno logra o intenta, a su manera, ser “arma cargada de futuro”; cada uno estalla, nunca destructiva, sino constructivamente en sus cómplices que lo reciben.

9-La poesía, un poema, el trabajarlo… ¿es más una cuestión de desperdicio de papel o de inspiración?
El papel aguanta lo que le escriban. Y así hay publicaciones. Son parte de la diversidad. Trato de leer lo que se publica, comprender esta vastedad, pero también selecciono según múltiples criterio. El principal de estos es el trabajo con la metáfora, el trabajo con aquello no que hace a la poesía poesía, porque ella no es ni tiene una esencia, pero por lo menos aquello que intenta volverla ese centro, ese vehículo otro y que por medio de un trabajo lingüístico, intuitivo, simbólico e ideológico lo cautiva a uno mismo y al lector, y nos hace pensar que tal poema es un ámbito de profundidad y mostración inasequible por otro procedimiento. Por tanto, creo que un poema debe trabajarse, no es el resultado de un proceso de inspiración, del impulso que todos tenemos, pues el impulso creador poético está en el lenguaje y es el más democrático de todos, decía Borges, en algún momento todos hemos dicho al menos una metáfora o escrito un poema; pero a la vez, decía él, el poema es aristocrático, pues pocos lo conciben y logran como concreción artesanal que implica meditación, trabajo y dedicación. A ello mismo se refería el propio García Lorca con su diferencia entre poesía y poema. Ahora, que los poetas actuales consideren que sus textos son un desperdicio de papel, me parece que, si fueran conscientes de ello, evitarían tal despilfarro, ya que los árboles nos son mucho más necesarios y urgentes hoy.

10-Despídete con un pensamiento poético.
El poeta es aquel quien mueve, desde la marginalidad, su palabra, para volverla eterna. Esta ha sido mi frase desde hace algún tiempo; por eso, y en honor de esta perseverancia y dedicación, me gustaría compartir, más que un pensamiento poético, un poema, adelanto de una próxima depravación de la luz:


HABITAR EL MILAGRO

“Mi religión es la religión del amor,
dondequiera que se vuelvan sus cabalgaduras”

Ibn ‘Arabi (1165-1240)

No nos importa si
nuestro amor no es legal.
Tú y yo somos hombres-mujeres,
mujeres-hombres
y juntos otra cosa.
Nuestra sombra andrógina, ¡ya ves!, es un desastre.
Y ellos no pueden verlo, no por ciegos, sino
porque no es de estas sillas
y es de estas sillas.

Nuestra habitación, Franklin,
no temas, no es un encierro.
No es que triunfaran
insultos o amenazas.
Es que desde adentro le hacemos
el amor al bullicio,
depravados de luz,
voranescos de asombros,
con todo un antemar en el oído,
para escuchar lo blanco
distinto en las gaviotas,
para que tiemble
lo eterno
como solo Dios puede en sus espejos.

Desde adentro le hacemos
el amor a la injuria, Franklin.
Con tu cabello perdiéndose donde
ambinacen mis piernas,
¡adelantándose entre la niebla nuestras manos
juntas!
   Una
Descubriendo que el mundo
también había nacido en ella, pues
siempre           siempre
el verdadero espacio
nace del corazón

vertical de la luz.