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domingo, 14 de julio de 2019

The Cure Live en Hyde Park: Nostalgia de carmín rojo y sombras negras





*Esta crónica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/the-cure-live-en-hyde-park-nostalgia-de-carmin-rojo-y-sombras-negras/


El pasado jueves tuve el placer, gracias a la invitación de Yelmo Cines, de ver el estreno de la película The Cure: Anniversary 1978-2018 en Hyde Park, un repaso en directo de los grandes temas del grupo. Con una realización impecable a cargo de Tim Pope, y un sonido estratosférico, ver a Robert Smith y compañía evolucionar en pantalla grande fue todo espectáculo. Para los fans del grupo, una cita imposible de perder, para los amantes de la buena música, una demostración de saber hacer sobre el escenario con momentos emocionantes gracias a un repertorio extraordinario. Pero, a medida que veía la película y se desgranaban todos esos clásicos, en mi cabeza bullían algunas reflexiones, que hoy comparto con vosotros en esta columna de El Odradek.

The Cure han sido para mí, como para casi todo el mundo, un grupo de los 80 y de los 90. De esas épocas en las que aún existían las casetes y, en efecto aquí llega el tópico, rebobinábamos con un bolígrafo BICpara no gastar los cabezales de nuestros reproductores (en mi caso una doble pletina AIWA) o, simplemente, porque éramos así de cutres.
Recuerdo que tenía la cinta del disco Japanese Whispers, el de la celebérrima portada de los angelitos, o querubines, o lo que fueran. Se trataba de un grandes éxitos un tanto pocho, dado que reunía los singles desde noviembre del 82 a noviembre del 83, pero en ese escaso periodo de tiempo el disco incluía dos clásicos: The Walk y The Love Cats.

Lo mejor de todo esto es que The Cure ni tan siquiera me gustaban por entonces, yo era un chaval de 16 años que se estaba leyendo todo el Siglo de Oro español hipnotizado por el Guzmán de Alfarache(Cátedra), y enfervorecido por el Rock Sinfónico de Génesis Yes, y el Progresivo de King Crimson. Entonces, ¿de dónde había salido aquella cinta?
Pues, seguramente, me la dejó alguno de mis amigos con la insistencia algo pesada y la esperanza un tanto ilusa de que me aficionara a la banda de Robert Smith. Eso no sucedería entonces, pero a base de acompañarme con la insistencia de toda mi vida las canciones de The Cure, al final, comprendí la complejidad del grupo y terminé admirando tantas cosas buenas que ofrecía la banda.

Soy un bolígrafo BIC que rebobina la cinta de mi vida a medida que, sentado en el cine, disfruto con las interpretaciones de The Cure, y me pregunto el motivo por el cual esta banda posee algunas de las canciones que mayores heridas me han causado, que fueron capaces de volver mis cicatrices del revés, igual que me ocurre en esos instantes en los que, en la pantalla grande, escucho In Between Days, por ejemplo.
Hagamos un REWIND de la cinta: ◄◄. Estamos en 1985 y acaba de aparecer el disco que me engancharía a The CureThe Hand On The Door, algo relativamente sencillo porque, además de ese maravilloso In Between Days incluía Close To Me, que además poseía un video clip genial que no dejaban de poner en la televisión.
Estamos en 1985 y mi hermano tiene un programa en Radio Cero, la Radio Anti OTAN (es cierto, aquellos tiempos eran así). Un programa en donde ponía la música que a él le gustaba, tras aquella cabecera que nunca olvidare del Bad, Bad Leroy Brown del malogrado y brillantísimo Jim Croce.
En cualquier caso, y a pesar de programar las canciones que le gustaban, siempre me preguntaba por alguna novedad, un tema de actualidad o un disco nuevo para poder hablar de él. Mi amigo Bruno acababa de comprarse el disco The Hand On The Door de The Cure, él era uno de los incondicionales de la banda, y manteníamos una sana costumbre de intercambiarnos vinilos, dado que andábamos secos de presupuesto. De esa forma, su Synchronicity de The Police, y creo que esto ya lo he contado en alguna ocasión, pernoctó más tiempo en mi casa que en la suya, y terminó regalándomelo. Otros discos que nos pasábamos de forma agotadora y repetitiva en esos intercambios fueron el Alchemy de Dire Straits o el Ammonia Avenue de The Alan Parsons Project (el de la canción Don´t Answer Me).

Así, que me llevé al programa el disco de The Cure prestado por Bruno y pusimos In Between Days. Cuando sonó en aquel solitario y algo cochambroso estudio la voz histriónica de Robert Smith, me atravesó un escalofrío. Acaba de intuir lo que se escondía detrás de la banda.



FAST FORWARD ►► y al presente ►: En la película, The Cure están tocando en el verano de 2018, dentro de esos macro eventos que se celebran en el londinense Hyde Park bajo el título genérico de British Summer Time. Es algo mastodóntico, realmente no es la mejor forma de ver a un grupo, sumidos en una marea 65 mil espectadores. Lo sé muy bien porque durante el verano de 2015 vi a Paul Weller y The Who. Es una experiencia única, pero como tal, única de verdad: para llevarla a cabo una vez en la vida.

Las canciones van desfilando por la película con un Robert Smith impecable a la guitarra. De hecho, luce dos modelos interesantes, uno con la bandera de la Unión Europea, las fechas 1978-2018 que conmemoran los 40 años de la banda, y una pequeña frase: Citizens Not Subjets. Es su forma de protestar ante la monarquía inglesa, a la que no comprende. El cantante se considera republicano y entiende que la Casa Real Británica lleva siglos destrozando su país.

Esto no será óbice para que el sonido de The Cure sea de lo más británico entre lo británico, algo que se demuestra en canciones como Pictures Of YouA Forest o Fascination Street, por ejemplo. Incluso mi hermano, reacio a la banda, acabó admitiendo que algunos de los temas le gustaban. Recuerdo que, además de Close To Me o Boys Don´t Cry, una de sus canciones favoritas, también lo es de las mías, era Lullaby, aunque se quejaba de su espectacular vídeo, que consideraba repulsivo (realizado por Tim Pope, por cierto, como esta película).
REWIND: ◄◄. Ignoro el motivo, de verdad que no puedo recordarlo, pero mi hermano y yo viajábamos en el autobús que llevaba al aeropuerto de Barajas para esperar a alguien (¿a quién?); en esos tiempo no existía metro ni tren que te condujera hasta allí; o te exponías al brutal timo del taxista, o te embarcabas en un bus que salía del subterráneo de los bajos de la Plaza de Colón (a un precio del billete que también era un escándalo).
Así que, metidos en el atasco de la salida de Madrid por la Avenida América, vimos, desde la ventanilla, una inmensa limusina negra. En su interior, apoyada la cabeza contra el cristal, con una pelambrera estrambótica, Robert Smith. Estamos a 1 de julio de 1989 y la noche anterior The Cure han tocado en la Plaza de Toros de las Ventas.
Cuando llegamos al aeropuerto mi hermano entra en éxtasis, no porque se nos aparezca Robert Smithjusto delante, sino porque, arrastrando unas maletas monumentales, el músico de rock y blues Dr. Johndeambula por el vestíbulo junto a una parte de su banda (Dr. John ha fallecido este pasado mes de junio a causa de un infarto, contaba con 77 años).
El legendario Dr. John.
Para tomarnos más a risa las coincidencias, mi hermano acude al baño y cuando regresa nos carcajeamos porque ha estado en el aseo codo con codo con Dr. John; a él, Dr. John, la verdad, le gustaba mucho. Un suceso curioso que de inmediato le recordó al de un amigo suyo, que durante un concierto de Jethro Tull consiguió chocar la mano con Ian Anderson, y estuvo un tiempo sin lavársela.
Tanto hablar de coincidencias en el cuarto de baño, al final, me obliga a acudir al servicio. Entonces, mientras estoy allí, la casuística se pone también de mi lado. Entra Robert Smith. Puedo verlo de reojo. Tiene el cutis bastante ajado, y el pelo estropajoso y como muerto. ¿Cuánta gente ha compartido servicio con el cantante de The Cure? ¿Y el molesto secador de manos? Por cierto, no recuerdo, bajo el insufrible chorro de aire caliente, que aquellas uñas estuvieran pintadas. Puede que esta anécdota sea una estupidez, pero me apetecía contarla. Es uno de los muchos recuerdos que se desparraman desde la pantalla cinematográfica mientras veo y escucho el filme.

FAST FORWARD ►► PLAY ►. Cuando en la película la banda ataca Boy´s Don´t Cry algo se me rompe por dentro. Solo son recuerdos, claro, pero me siento como el Príncipe de Salina en El Gatopardo(Anagrama), novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, que percibía:
el rumor de los granitos de arena que se deslizaban leves, de las partículas de tiempo que escapaban de su vida y lo abandonaban para siempre (…) Era la prueba necesaria, la condición, por así decirlo, para sentirse vivo (…) Percibía el continuo, minucioso desmoronamiento de su personalidad (…) Aquellos granitos de arena no se perdían, lo abandonaban, sí, pero en alguna parte se iban acumulando para cimentar una mole mucho más duradera (…) Eran más bien partículas de vapor acuoso que escapaban de un estanque cautivo para subir al cielo y formar grandes nubes (…) A veces se asombraba de que el depósito vital aún contuviera algo después de tantos años de pérdida”.
Es cierto, igual que para mí, para muchos, estas canciones de The Cure forman parte de esas partículas de vapor que se nos han escapado y reposan en algún lugar del cielo de la memoria. The Cure, junto a Depeche ModeImmaculate Fools y Psychedelic Furs, conforman mi propio imaginario del dolor, fundamentalmente, porque las partículas de vida que he extraviado en cada una de sus canciones me arrinconan hasta una juventud dañada, amargada y herida. Tanto, que ya no me apetece hacer un REWIND en el casete de mi existencia y rememorar algo de todo aquello.
Todo aquello fue, quizás, o quizás no, porque la idealización del tiempo lo ha deformado hasta lo insoportable, la experiencia egoísta y desagradable de un amor sincero y rechazado, el sufrimiento de saberse impotente ante los propios sentimientos, acunado por las letras depresivas de The Cure, por el sonido tristísimo de Just Like Heaven; toda una era, como una era glacial, anudada a la que para mí es la mejor canción del grupo: A Letter To Elise. Incluso agradezco que no haya formado parte del setlist de esta película.
Al final, siempre es lo mismo: recuerdos engarzados a canciones. Recuerdos más o menos dolorosos, aunque en este caso, en esta columna de El Odradek, me han servido para recordar a mi hermano un par de veces. Y eso está bien.
Esta es la guitarra en donde puede apreciarse la inscripción Itcannotbethesame.
En la película, el bajo de Simon Gallup es una máquina demoledora. Jason Cooper a la batería resulta impresionante, despliega un trabajo poderoso e impecable. Y qué puedo decir de uno de mis guitarristas favoritos, Reeves Gabrels, al que sigo desde los tiempos de Tin Machine junto a David Bowie. Esto sería un motivo más para acudir al cine, la tremebunda banda, pero eso ya lo sabéis vosotros y no es necesario que, aquí, os siga hablando de la película.
Aquí os dejo el tráiler oficial de la película:
Antes, me referí a dos guitarras de Robert Smith que presentaban unas inscripciones curiosas. Os hable de una y dejé otra, a propósito, para este final. En esa guitarra puede leerse Itcannotbethesame, es decir: ya no puede ser lo mismo. Es una variación del título de una canción que el cantante compuso tras la muerte de su madre. Por eso había querido dejarlo para el final. Porque ni para Robert, ni para mí, ni para ninguno de nosotros, volverá a ser lo mismo. No, nunca volverá a ser lo mismo.
Siempre queda consuelo. El mío es que, al menos, el pop oscuro de The Cure ha iluminado algunas de las partes más tenebrosas de mi vida.

martes, 9 de julio de 2019

Rocketman: música y espectáculo, la esencia pura de Elton John en cine



*Esta crítica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/rocketman-musica-y-espectaculo-la-esencia-pura-de-elton-john-en-cine/

Ayer tuve la fortuna de asistir al preestreno de la película Rocketman, que narra la peripecia vital de Elton John: la manera en que empezó, cómo se abrió camino en el mundo de la música, de que forma logró el éxito y los peajes que se vio obligado a pagar a la propia industria que lo encumbró, también emocionales y personales, todo ello con una extraordinaria y cuidada puesta en escena. Es imposible, dada la cercanía del otro filme, no entrar en una comparación, absurda e injusta, con la película sobre Freddie Mercury y Queen. Hoy, en este Odradek de los viernes, voy a hablaros de cine, pero sobre todo, de Elton John.

Vaya por delante, y como primera aclaración o apreciación, que Rocketman está en ciertos aspectos muy por delante de Bohemian Rhapsody, aunque como he dicho, cualquier comparación no es ya absurda, sino odiosa; y además, yo no entiendo una palabra de cine, en esta ocasión tan solo soy un opinador que conoce, admira y sigue las carreras de Queen y de Elton John.
Por encima de algunas observaciones sobre si el actor que daba vida a Mercury, el oscarizado Rami Malek, se parece en mayor o en menor medida al cantante —yo creo que está clavado, pero los muy fanáticos dicen que no (si le han dado el Oscar será por algo, pero ya os he advertido que ni entiendo, ni pretendo entender, de cine)—, nos topamos ahora con otra excelente interpretación en el actor Taron Egerton, que da vida a Elton John.
Los actores que dan vida a Freddie Mercury y Elton John:


Tanto uno, Mercury, como el otro, Elton John, son ya dos iconos del rock y del pop, dos figuras inconfundibles, plenas de tics, repletas de una imaginería característica que obliga a ponerlos en pantalla de una forma exacta para que no se conviertan en esperpentos. Conseguido este punto en ambos esfuerzos actorales, voy a señalar la principal diferencia entre Rocketman y Bohemian Rhapsody, esa que hace que me decante por la primera, habiéndome gustado muchísimo también la segunda: Rocketman es más que un biopic, es un musical.
Dos carteles de la película Bohemian Rhapsody:


En efecto, la película de Queen es aquello que en cine se define como biopic, es decir, una película biográfica sin más. Cierto es que, por ejemplo, la parte final, la recreación extraordinaria del concierto Live Aid, es más propia de un video clip o de un documental musical, pero en lo fundamental, Bohemian Rhapsody, pese a contener rock a raudales, simplemente (con todo lo complejo que eso resulta) se limita a colocar el biopic a una gran altura; en este caso, además, se trata de un subgénero, el biopic musical, donde antes ya hemos disfrutado de películas magníficas: con los DoorsTina TurnerRay Charles, los Beach BoysJohnny Cash e, incluso, una serie de televisión sobre INXS, entre otras muchas estrellas de la canción cuyas vidas se han traspasado a la pantalla, ya fuera grande o pequeña (recuerdo con especial cariño sendos telefilmes sobre John Denver y The Carpenters).
Carteles de dos excelentes biopics: la película sobre Ray Charles y la de Johnny Cash, ambas oscarizadas:


Sin embargo, y este es para mí el gran acierto de Rocketman, la narrativa se enfoca como un musical. La película es un crossover entre el biopic y el musical, tomando lo mejor de Bohemian Rhapsody en cuanto a género biográfico, y, por ejemplo, las virtudes del inolvidable musical sobre las canciones de The Proclaimers, la acertada Sunshine on Leith (en español Amanece en Edimburgo).

Así que las canciones, la letra de esas canciones, va ilustrando a la perfección cada instante, cada momento vital de Elton John, interpretadas por numerosos personajes que no siempre tienen que ser el propio Elton. El paso de biopic a musical conduce a la película hasta otro nivel en relación con Bohemian Rapsody. Muchos pensaran que, obviamente, dados los centenares de canciones que posee Elton John, no es demasiado complejo encontrar aquellas que encajan con la historia de su vida. Yo creo que aquí radica uno de los desafíos a la hora de llevar a cabo la película, resuelto formidablemente.
Aunque aparecen algunos pedacitos, a veces minúsculos, de canciones tales como Sad SongsI Guess That´s Why They Call It The BluesCandle In The Wind o Don´t Go Breaking My Heart, la película ha elegido temas de la primera época del cantante para la mayoría de las interpretaciones largas que se producen en el filme: Tiny DancerYour SongHonky Cat, por supuesto RocketmanCrocodrile RockSaturday Night´s AlRight For FightingGoodbye Yellow Brick RoadBennie And The JetsDon´t Let The Sun Go Down On MeThe Bitch Is BackPinball WizardSorry Seems The Hardest WordTake Me To The Pilot, y como más moderna, I Want Love (que es de 2001). Dejo aparte I´m Still Standing, porque significará el renacimiento del músico, y la culminación de la película.
De forma que, los temas seleccionados, abarcan desde el año 1970 al 1976, con la excepción del tema I Want Love que, además, como retruécano, es interpretado en la película por un Elton John niño y por parte de su familia y que, en este caso y aunque logra una elevada cota de emoción, no iguala ese video clip soberbiamente —y sobriamente— protagonizado por Robert Downey Jr:
Por tanto, el filme se centra en la primera época o época clásica del músico, que con una carrera tan dilatada —30 discos de estudio, 4 en directo, 16 recopilatorios, 7 bandas sonoras, 6 números uno en álbumes en UK y 7 en USA, más de 133 singles, con más de 20 temas número uno en Estados unidos y cerca de 10 en Gran Bretaña— necesariamente debe dividirse en etapas. Los críticos marcan unas bien definidas, pero yo tengo otras, que paso a comentaros.
Empty Sky, primer disco de Elton John.
La primera fase de ignición de este hombre-cohete camino del éxito que es Elton John engloba desde su álbum debut, Empty Sky, de 1969, hasta el deliciosamente sinfónico, y uno de mis discos favoritos, Madman Across The Water (1971). La segunda etapa abarca desde Honky Chateau (1972) hasta su obra maestra Goodbye Yellow Brick Road (1973). A continuación, una tercera fase desde Caribou (1974) hasta Blue Moves (1976).


La cuarta fase viene caracterizada por el primer disco sin Bernie Taupin en la composición de las letras, A Single Man (1978), y hasta Jump Up! (1982). En la película se incide en la importancia de la relación entre Elton John y Bernie Taupin, absolutamente crucial en la carrera del pianista y cantante. Puede, sin duda, que junto al tándem Lennon-McCartney y el otro dúo de oro, el de Jagger-Richards, la combinación Elton John-Taupin haya sido una de las más exitosas y gozosas de la historia de la música.
La quinta fase compositiva de Elton John abarca desde 1983, año de Too Low For Zero, el disco del renacimiento, que incluye la declaración de principios I´m Still Standing, en un trabajo excelente pleno de hits y de canciones que son grandes joyas (como CrystalReligion o Kiss The Bride) y alcanza hasta Leather Jackets, del año 1986.

Una nueva reinterpretación o reinvención personal llegará con Reg Strikes Back, de 1988, que señala el principio de su sexta época, la más extendida en el tiempo, hasta The Big Picture (excelente disco, por cierto), de 1997. Y la última parte, la séptima, que engloba desde Songs From The West Coast, 2001, y hasta Wonderful Crazy Night, ya de 2016, el álbum de estudio que significa el número 30 del músico.

Rocketman se detiene en el momento de Too Low For Zero, es decir, cuando Elton supera diferentes crisis (alcohol, drogas, problemas mentales y emocionales) y con I´m Still Standing demuestra que está de vuelta en la industria, para quedarse y dar, todavía, mucha guerra. Se recrea el video de esta canción, grabado en Niza durante la edad de oro del video clip, y que nos ponían de forma incasable en Televisión Española.
De aquella época recuerdo una sonada actuación de Elton John en el show de Ángel Casas, cuando ese programa se emitía para toda España y no solo para Cataluña, en donde sentado a un piano tocaba Cold as Christmas y un segundo tema que no recuerdo bien cual fue: debió de ser I´m Still Standing o I Guess That´s Why They Call It The Blues (otro video clip que se repitió en la televisión hasta la saciedad). Si alguien recuerda esa actuación de Elton en el programa de Ángel Casas, allá por 1983, que nos lo confirme, por favor.
Rocketman es una película repleta de instantes notables, como la reconstrucción del primer show en Estados Unidos de Elton John, en el mítico Trobadour, ubicado en West Hollywood, o el emotivo instante de la composición de la canción Your Song. Brillante es también la puesta en escena de Honky Cat, para un esfuerzo cinematográfico más que notable, entretenido y que he podido disfrutar muchísimo.
La película, que se estrena el 31 de mayo, supongo que hará las delicias de los fans del músico que, además, anuncia una parada en España, concretamente en el WiZink Center madrileño, el próximo 26 de junio. El concierto formará parte de una gira monumental, que comenzó en 2018, y abarca, además, todo este 2019 y a lo largo de 2020 y 2021. El Tour, con el nombre de Farewell Yellow Brick Road, se plantea como una despedida, que incluirá 300 actuaciones y pondrá punto final a la presencia del músico en los escenarios tras 50 años de carrera.
Los conciertos de esta gira final, junto a la película Rocketman, resultan una excelente combinación para celebrar tantos años de música de este extraordinario intérprete y compositor.
No entiendo de cine, pero la película Rocketman me ha parecido muy buena. No puedo abarcar ideas ni conceptos técnicos, pero sí entiendo de música, y solo por escuchar las canciones inolvidables de Elton John ya merece la pena pagar el precio de la entrada. Rocketman no falla a la hora de ofrecernos música, espectáculo y entretenimiento: la esencia pura de los 50 años sobre el escenario de Elton John.

sábado, 2 de febrero de 2019

El mundo empresarial moderno, la literatura y el Camino del Héroe



*Esta columna se publicó en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/el-mundo-empresarial-moderno-la-literatura-y-el-camino-del-heroe/

Ayer por la tarde tuve la suerte de poder asistir a la presentación de la empresa Wave8 que tuvo lugar en Madrid. Wave8 es una empresa especializada en programas de Liderazgo y de Crecimiento Personal. En principio, esto parece que pueda tener poco que ver con la literatura, asunto exclusivo que me ocupa en esta columna de los viernes de El Odradek de Achtung! Sin embargo, las ideas de estos cuatro socios están bañadas por referencias literarias, tanto, que en su página web nos reciben con una frase de Proust: “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”. Y lo que es mejor todavía, su programa de Liderazgo Personal se desarrolla bajo el lema y las etapas del muy literario Camino del Héroe.

Durante la amena presentación de Wave8 uno de sus socios, Regino Quirós, hizo varias referencias literarias: habló de Herman Hesse y de su peculiar concepción del mundo que, si no recuerdo mal, aparece en Siddhartha (Debolsillo). Además, trajo al presente un término crucial en narratología como es la anagnórisis o el reconocimiento, tomada de la gran tradición grecolatina, al igual que reflexionó sobre el papel de cada uno en su vida en función de si quería pertenecer al coro griego o al Héroe que protagonizaba las obras y su acción.

Y en función a esa idea de ser Héroe, introdujeron su programa El Camino del Héroe. Las cosas aquí respiran literatura por los cuatro costados, curioso tratándose de asuntos empresariales. En primer lugar, el empleo como inspiración de esa idea del mundo que aparece en SiddharthaHesse plantea en su novela una especie de alegoría sobre la búsqueda del sentido y del crecimiento personal. Esta búsqueda culmina en el conocimiento propio.
Hesse escribió Siddhartha después de la Gran Guerra, es decir, de la Primera Guerra Mundial. Una guerra brutal, donde las carnicerías y los ataques con gases fueron tristemente famosos. Una guerra que, a la espera de la Segunda, parecía haber descendido al hombre a los infiernos, era ya imposible que cayese más bajo, despojado de todo humanismo y compasión, es decir, ausente por completo de conocimiento.

Esta es una de las motivaciones en la escritura de Siddhartha, pero no la única. La búsqueda de la sabiduría en el conocimiento propio necesita, obligatoriamente, del encuentro con un maestro que, más que enseñarnos, es capaz de canalizar nuestras potencias. No extraña, por ello, que Regino Quirós, en la presentación de Wave8, se refiriera a este libro, porque en sus programas de Liderazgo y Crecimiento Personal también actúan como mentores.

Pero no os voy a engañar: a mí lo que me atrapó desde el primer momento fue esa aplicación empresarial de un motivo literario-mítico como El Camino del Héroe que yo he utilizado para analizar diferentes libros en mi Taller de Literatura Comparada, sin ir más lejos con El incidente del perro a medianoche (Salamandra) del británico Mark Haddon.
Fue el británico John Campbell, especialista en mitos y antropólogo, quien desarrolló esta idea como una forma de fijar el recorrido narratológico básico de muchos héroes de la épica. De una forma más abstracta, decidió bautizar este patrón de comportamiento literario como Monomito, tomando esta palabra de la intraducible novela de James Joyce, el Finnegan´s Wake, llamándolo así por vez primera en la publicación de 1949 titulada El héroe de las mil caras (Fondo de cultura económica).

De esta forma, el Monomito o, si nos gusta más (a nosotros nos gusta más, creo) El Camino del Héroe, está presente en las construcciones míticas de las leyendas épicas, sea cual sea su propia tradición cultural. Este Camino del Héroe pasa a formar parte así de los arquetipos jungianos tan útiles a la hora de establecer estudios desde la perspectiva de la Literatura Comparada.
El Camino del Héroe, formulado y reformulado por diferentes estudiosos, puede albergar más o menos estaciones o puntos determinantes de avance en la odisea, pero, fundamentalmente, se basa en algunos coincidentes. Basado en un esquema de Salida-Iniciación-Regreso, cada fase se compone de sub estaciones en donde el Héroe va conformando su personalidad en función de cómo resuelve las pruebas que le van saliendo al paso.

Dentro del gran apartado denominado Salida, son inevitables las fases conocidas como Llamada a la aventura, Rechazo de la aventura, el Encuentro con el Mentor y el Cruce del Primer Umbral. Sobre todo esto, y como escrito sobre un papel cebolla que lo copiase al detalle, podemos utilizar como ejemplo las historias de la Guerra de las Galaxias (de hecho, en su uso y abuso del mito convertido en chascarrillo de chancleta y pandereta y repetido hasta el empacho, parece radicar su éxito desmesurado) pero no me da la gana, así que os lo ilustraré con la novela de Mark Haddon que os cité antes y de la que, por cierto, se está exhibiendo en Madrid una adaptación teatral.

El protagonista de Haddon, es decir, su Héroe, es Christopher Boone, un muchacho que padece, aunque en la novela nunca se mencione el nombre de la enfermedad, un trastorno de autismo que le hace ser tremendamente dependiente de su padre, pero que, en un momento determinado, tendrá que iniciar la búsqueda de su madre por sí solo atravesando Londres (no creo en los spoilers literarios, lo siento, los que me conocen ya lo saben, la lectura no consiste en una colección de finales, sino en un compendio de recorridos que se interrelacionan entre sí, así que aquellos que aún vivan en la prehistórica idea de leer para alcanzar un final deberían de abandonar ahora, porque voy a destripar el libro).
En primer lugar, he dividido la novela de Haddon en tres actos. El primero, que alcanza hasta la página 157, nos presenta los cuatro puntos fundamentales de inicio del CaminoChristopher, el muchacho, vive en su mundo ordinario, conocido, repleto de rutinas que le proporcionan seguridad, en un ambiente familiar que establece la protohistoria del Héroe. Entonces, se produce la llamada a la aventura, en el momento en que descubre el cadáver del perro de la vecina atravesado con una horca. Este misterio le presenta un desafío, averiguar quién ha matado al perro.
La respuesta al reto transforma su rutina apacible. Sin embargo, una serie de problemas al respecto harán que deba rechazar esta investigación de momento… La situación se complicará cuando el chico descubra que su madre, a la que creía muerta, sigue viva: estamos ante el auténtico reto; acudir a buscarla al otro extremo de Londres.
A la par, la psicóloga y educadora Siobhan ejerce de mentora con el chico, y le va dando claves para superar los problemas y superarse él mismo. De esa forma, tras llevar a cabo una serie de aprendizajes, estará capacitado para iniciar el viaje.
El segundo acto de la novela comprende de la página 157 a la 229, y en él se desarrollan las siguientes fases del Camino del Héroe: se produce El cruce del primer umbral, cuando el protagonista realiza su salida al mundo ordinario sin tutela y afronta lo desconocido. Después, tras diferentes pruebas, retos y enfrentarse a los adversarios, en especial a la policía del ferrocarril, Christopher comienza a comprender el funcionamiento del mundo y el objeto de su aventura.
Así, entrará en la fase del Acercamiento a la cueva profunda, y luego en la llamada Prueba traumática, en donde debe sobreponerse a sus miedos y afrontar la realidad. Esta fase de odisea desencadena el tercer acto.
El acto tercero abarca desde la página 233 hasta el final: aquí el Héroe Christopher obtiene su recompensa, que es la reunión con su madre; es decir, acaba de alcanzar el más allá, el lugar por el cual inició el viaje y soportó toda la aventura.
Tras esa recompensa, el Héroe inicia su camino de vuelta, en este caso el retorno al mundo ordinario, pero con una personalidad enriquecida que ha madurado hasta alcanzar el umbral de su casa y completar el retorno final. La vida de Christopher se estabiliza en sus relaciones paternas y maternas. Ha conseguido el objetivo del Camino del Héroe: transformarse así mismo a la par que transforma su mundo ordinario. Así lo manifiesta el propio protagonista:
Y sé que puedo hacer eso porque fui a Londres yo solo, y porque resolví el misterio de ¿Quién Mató a Wellington? y encontré a mi madre y fui valiente y escribí un libro y eso significa que puedo hacer cualquier cosa”.
Tal es este Camino del Héroe literario. He empleado el ejemplo del libro de Mark Haddon, pero podemos buscarlo en El guardián entre el centeno de Salinger o en la Odisea de Homero, nos da igual el tipo de novela o de obra. Este circuito arquetípico trabaja con el inconsciente colectivo, de ahí que el lector se identifique de inmediato con las peripecias, crisis, desafíos y triunfos del Héroe.
Os comparto una reseña crítica que hice del libro de Mark Haddon para el sitio Mi Nueva Edad:

En Wave8, regresando al asunto que me ha inspirado esta columna de hoy, han tomado como ejemplo de superación y aprendizaje este Camino. Un Camino en donde el héroe es capaz de transformar su mundo ordinario en un mundo especial, un mundo en donde experimenta lo que podríamos definir como una nueva resurrección tras desarrollar el ser interno que acabará completando el circuito de formación.

Así, se generan las historias literarias. Nosotros, los literatos, a los que nos gusta la literatura, quienes, simplemente, la amamos, celebramos con asombro que todo esto se aplique y traduzca en técnicas empresariales tan complejas y lejanas a nuestras bibliotecas y libros polvorientos. Estos programas innovadores que beben de nuestros arquetipos literarios con los que hacemos las novelas son ahora programas que caracterizan a la empresa moderna y competitiva: esa empresa que se ocupa de las personas.
Como la literatura, al fin y al cabo; porque ¿en qué otra podría consistir la literatura sino en ocuparse de las personas?