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lunes, 5 de marzo de 2018

hoy



hoy
le ganas un año al mar
un año a la mano del tiempo

hoy
dejas tu nombre
en 365 días de versos
y proyectas tu futuro
en 365 días de encalmadas

hoy
sumas fechas y números
de una matemática apacible

hoy
soy calles con tu nombre
y avenidas entre las horas
que resucitan
en una estación de cristal
erigida con tus sonrisas
derramadas por mi pelo
en confeti de poemas

sábado, 28 de abril de 2012

(De nuevo) en la Estación de las Horas


En la estación de las horas espero a que parta un tren, en la multitud, cuando los sentimientos arrecian fuerte y el aguacero azota el panel informativo, el tiempo pasa, el horario de salida se acerca, es la ocasión de rehacerme entre la inmundicia, Ave Fénix de basurero, el momento de quemar toda la desesperación amontonada y gritar en esta abarrotada estación de las horas, donde los recuerdos se acumulan con odio y los sentimientos se carcomen, aquí, en la estación de las horas, con esos raíles que nunca se juntan, aguardo a que se extinga la eternidad, yo ya perdí mi cercanías, lo perdí, tomé el largo recorrido del dolor y quiero que vengas conmigo en cada viaje que voy a realizar en solitario, colgada del tope de mi memoria, aunque tan sólo dure, transcurra, un interminable segundo de travesía, un segundo que es eterno, y miro, busco a mi lado, pero es lo mismo de siempre, como siempre, igual, igual, en la estación de las horas, solo, igual que siempre, igual que siempre.

(dibujo de Joaquín Aragón)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

De 3 a 2


De 3 a 2, sí hoy se retrasa la hora de 3 a 2 de la madrugada y he encontrado el momento ideal, el momento especial en el que no ser nadie, en el que puedo desarrollar mi desgracia en toda su magnitud, en un instante crepuscular inexistente del que, luego, no quedará ni rastro.

Es una hora perdida para mi amor, es una hora extraviada en la que sí, tal vez, podríamos amarnos para luego volver a no existir. Seguramente te importo tan poco que en este periodo indefinido de 3 a 2 hasta podrías hacer el esfuerzo de quererme, aunque sólo fuera hasta volver a retrasar el reloj.

Lo comprendo bien ahora. Muy bien: escribo de 3 a 2 en la única franja en que puedo ser, en que puedo existir. Porque todo lo que haga, ame o diga, incluso viva, será borrado con un movimiento de las manecillas. Y sólo de esa forma puedo darme el gustazo de existir y sentir por unos momentos.

En los 60 minutos más agudos de mi vida.

lunes, 12 de septiembre de 2011

El tacto de las horas


Después de tantas noches despierto, de tantas noches de insomnio, he aprendido a reconocer el tacto de las horas, que realmente existen las tres y las cuatro de la madrugada, que su piel es áspera y rugosa como la de un cocodrilo que se desliza por los agujeros del reloj, encaramado al minutero.

Después de tantas noches despierto, de tantas noches de insomnio, conozco de memoria el tacto de las horas y sé, que entre las cuatro y las cinco de la madrugada, se abre una grieta, un abismo, que sólo puedo rellenar pensando en ti.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Horas


Bernhard, Trastorno:

“Hay horas, me digo, en que no tienes más que tu desesperación y tienes que contentarte con ella”.