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sábado, 14 de enero de 2017

poeta de madrugada


para maximiano revilla, poeta y cómplice de
madrugadas en pos de palabras como migajas
 
 
 
soy un poeta de madrugada
que despierta sus versos blancos
como una camisa limpia
 
 
soy un poeta de madrugada
que mezcla palabras amargas
en el café edulcorado
para que sepan algo mejor
al ser pronunciadas
por otros labios
 
soy un poeta de madrugada
que afeita poemas
y una vez bien acicalados
se los guarda en un bolsillito
junto al corazón
 
soy un poeta de madrugada
que abandona la noche
repleta de terrores
y sabe que los terrores
están ahítos de amaneceres
 
soy un poeta de madrugada
que mientras desayuna versos
descubre
en las noticias rimadas del televisor 
que el pavor del mundo
se escurre por sus bordes
 


jueves, 18 de octubre de 2012

Mi vida en la sitcom



Vivo en una mala comedia de canal perdido
emitida en la madrugada,
cuando los borrachos y los masturbadores
y los apaleados
devoran la teletienda.

En mi comedia no hay protagonistas,
todos son personajes secundarios.

En mi comedia no hay audiencias:
yo soy el único espectador.

Pero en mi vida de sitcom
sí que existe
el coro de risotadas en off:
porque mi vida en la sitcom
provoca carcajadas:
de vergüenza.

Y de pena.
Sí, también de pena.

lunes, 9 de julio de 2012

(Fue una) Semana Santa de llanto y lodo


Las 5.30 es una mala hora para levantarse e ir a trabajar, sobre todo si es en Semana Santa, en esta Semana Santa de llanto y lodo, en esta Semana Santa petrarquista que encumbró por arte de las mentiras a su Laura y que a mí, como al italiano, me trae recuerdos de la calidez de tu cuerpo y el aroma de tu pelo cuando apoyabas tu cabeza sobre esa almohada que estas noches se arrastra junto a mis oídos helada, y aún así, todavía puedo olerte.

Las 5.30 y afuera llueve y te recuerdo en cada chasquido de las gotas contra el alféizar de la ventana, ese que crujía al compás, un metrónomo de nuestro amor, porque nosotros éramos más de cerrar los bares y cuando desciendo por las escaleras del portal entre todas esas sombras puedo vernos subiendo las escaleras del portal entre todas esas sombras, camino de redimirme en ti.

Las 5.30 y el aliento de los Gin-Tonics en tu boca, ese que te respiraba cerquita, las 5.30 y el tabaco anguilado en tus dedos, esos que me acariciaban para extender toda la nicotina por mi piel, las 5.30 y toda tu piel y toda tu espalda.

Las 5.30 y mientras tomo un café puedo contemplar la cama en donde te amé, ese lado de la cama en donde te amé, y extrañamente el café me sabe a lodo, un sabor salado como el océano de tu sexo, un sabor acre como el olor a humo crampado en tu pelo, un sabor.

Las 5.30 y hundo mis manos en los bolsillos como si fueran tus pechos y extraigo una gran cantidad de lodo, un lodo espeso y denso, un lodo que se me escurre entre los dedos y chorrea goterones por el pasillo.

Las 5.30 y debo marchar a trabajar… la cortina de lodo se cierne sobre mis ojos, me cubre la cara y entonces, descubro, que fuiste tú,besándome en las manos, quien me sacó de la animalidad.

Por favor, mientras el lodo me ciega y tan sólo por tu olor puedo localizar la cama y orientarme en la habitación, por favor, susurro, imploro: no me sumas de nuevo en la animalidad.

No podría soportarlo.

No podría soportarlo más.

No podría soportarlo nunca más.

viernes, 6 de julio de 2012

Cajero automático


insomnio y madrugada
bajo a la calle
desesperado
me acerco al cajero automático
en el que hace poco
sacabas dinero
allí
y puse mis dedos sobre las teclas
que han tocado cientos de personas
hoy
miles de personas
esta semana
pero sentir mis dedos
sobre esas teclas
que marcaste
fue como tomarte la mano
y pude volver a casa
y dormirme
sereno
en mi
imbecilidad

Llanto sobre las calles

esa madrugada en que tu llanto explotó sobre las calles descubrí entonces que llevaba una marca de rechazo como un velo negro y comprendí que no era nadie esa madrugada en que tu llanto explotó sobre las calles y yo te amaba tan fuerte que sin llorar como tú no podía dejar de llorar y yo te amaba tan fuerte que sin temblar no podía dejar de temblar y yo te amaba tan fuerte que sin hablar no podía dejar de hablar en esa madrugada en que tu llanto explotó sobre las calles y descubrí entonces que nada era y que nada sería y que varado en el rechazo era inmenso como un cachalote despistado que muere en arena y tú eras como un delfín de los zoológicos que ejecuta cabriolas y pasos a dos en esa madrugada en que tu llanto explotó sobre las calles y las verjas y los cerrojos se cerraron sobre nosotros de una forma ya irremediable y para siempre en esa madrugada en que tu llanto explotó sobre las calles y yo tuve la certeza de que no merecía el castigo y que tampoco te merecía a ti en esa madrugada en que tu llanto explotó sobre las calles

martes, 10 de enero de 2012

(Un nuevo) Insomnio


Dieron las 4 y 20: y sin dormir. Al principio estabas tranquilo, leíste un rato a Nick Hornby y su Alta fidelidad, bien, escuchaste un poco a Mozart, bien, te fuiste de la cama al salón, bien. En la penumbra, recostado en el sofá, veías los reflejos verdes del ruter en el techo, y el ambiente sereno, silencioso y calmado, era hasta agradable. El ruter… entonces recurriste al portátil, allí, sobre la mesita, pero quién te podría haber escrito un email a esas horas… nadie, evidentemente: y pensaste en la gente a la que quieres, todos, ellos, ahora, durmientes, plácidos durmientes. Cerraste de mala gana el portátil, te echaste para atrás en el sofá y, entonces, ocurrió:

Ahí estaba la madrugada, de nuevo, decantada en la copa de tu pecho como un vino añejo. Eres un catador de insomnios, un saboreador de noches en blanco, descubres matices y sabores en la vigilia: primero sueles encontrar, en el primer buche, temores, miedos y pánico. La madrugada es un vino amargo y fuerte, a veces frío y a veces caliente, que desazona el ánimo: los problemas se acrecentan, los retrogustos del brebaje al atravesar tu garganta y alcanzar tu corazón ya son como acíbar, todo rebulle en la cabeza y asfixia el pecho con una bota malaya.

No puede ser, te dices, mientras desde el salón escuchas, desgarrando las penumbras, el tic tac del nuevo reloj de la cocina. ¿Cómo es posible que unas manecillas, un miserable segundero y un estúpido minutero, puedan producir semejante estruendo? Es un reloj nuevo, pero estás tentado de arrojarlo por la ventana o destruirlo a martillazos. ¿Estúpido? ¿Has calificado de estúpido a un minutero? ¿Puede ser un minutero estúpido? Una vez hablaste de los estúpidos raíles de las vías de ferrocarril, condenados a viajar juntos decenas de miles de kilómetros sin llegar a juntarse uno con otro nunca: jamás, ni por un segundo. Eso sí que era estúpido, pero un minutero…

Tienes frío: te pones un viejo jersey confortable con el que te sientes tan cómodo y que es de los que tu madre insistiría hasta la exasperación para que los donaras a la parroquia. No puede ser: vuelves a decirte. Enciendes el ordenador, pones a los Ramones (eso de Sheena is a punk-rocker, sí, todo eso) (necesitas una descarga violenta que te devuelva a la vida) y empiezas a escribir: (Un nuevo) Insomnio. Te duele la cabeza levemente, algo así como al Príncipe de Salina en El Gatopardo, ese malestar detrás de los ojos que le cruje antes de morir de apoplejía… sí, es algo así, ahora.

Has trasegado el vino de la madrugada, el brebaje del insomnio, y has degustado todo su asco y su dolor, pero cuando en la ducha, o por el sumidero, toda la angustia se pierde, con ella el levísimo dolor de cabeza remite, y desnudo frente al espejo bailas The healing has begun de Van Morrison, a gritos haces los coros, entiendes, que en efecto, la curación ha llegado, la curación es tan posible, y que amnistiarás el nuevo reloj de cocina, a salvo de los martillazos, estimulado por el rico aroma del café, y que la nueva jornada despeja las brumas y el terror que el insomnio, que ese mal vino del insomnio, había vertido y esclerotizado en tus venas.

Pero eso sí: cuando vas en el bus, puedes determinar exactamente cuanta gente ha pasado, junto a ti, una noche de (un nuevo) insomnio y ya retorna el levísimo dolor de cabeza: un latido detrás de los ojos acaba de avisarte con su inoportuna punzada: a los insomnes se os reconoce a todos por llevar el peso de la mañana derramado sobre los hombros como una blanca y refulgente lápida de mármol con la que cargaréis toda la maldita jornada.

lunes, 12 de septiembre de 2011

El tacto de las horas


Después de tantas noches despierto, de tantas noches de insomnio, he aprendido a reconocer el tacto de las horas, que realmente existen las tres y las cuatro de la madrugada, que su piel es áspera y rugosa como la de un cocodrilo que se desliza por los agujeros del reloj, encaramado al minutero.

Después de tantas noches despierto, de tantas noches de insomnio, conozco de memoria el tacto de las horas y sé, que entre las cuatro y las cinco de la madrugada, se abre una grieta, un abismo, que sólo puedo rellenar pensando en ti.

martes, 26 de julio de 2011

Alguna gente me dice


Alguna gente me dice que no sé la suerte que tengo con mi trabajo. Pero ellos ignoran: los mareos por no dormir, el envejecimiento de las horas golpeando en las sienes hasta cada madrugada, las ratas que corretean por las galerías en penumbra, la soledad de la noche y las espinas bajo las uñas de los días festivos.
Y mi existencia.
Sí, eso también: mi existencia en medio de todo aquello como en mitad de la nada.