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lunes, 28 de agosto de 2017

Astronauta


El astronauta contempló la tierra desde el módulo espacial: pupila azul clavada en unas fauces oscuras y espumantes de estrellas y horrores.

sábado, 26 de agosto de 2017

El catador


Tras una cata demasiado intensa, el catador percibió que había extraviado su gusto por el vino. Durante años saboreó acíbares y amarguras para ser, al final de la vida, perito en nubarrones y maestro en oscuridades. Hasta que le alcanzó la noche.

viernes, 25 de agosto de 2017

Apnea


El buzo llevaba horas en apnea. De pronto, quiso abrazar los cielos del mar y volar entre las medusas mientras sus pulmones se adornaban con las gotitas esmeraldas de lo infinito.

jueves, 24 de agosto de 2017

Chocolate amargo


El equilibrista, desde aquellos monótonos días de su infancia en que subió al tejado, nunca volvió a pisar el suelo. Ahora, tras la muerte de su madre, sus zapatos fueron chocolate amargo con la tierra del cementerio y por las piernas le subió la certeza del vértigo.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Artista del Llanto


Y llegó un día en el que el Artista del Hambre no pudo soportar su hambre y mordisqueó un mendrugo. Cancelaba, así, años de ayuno. Desde el estómago le retrepó una sensación de calor y derrota. Entonces, por varias décadas más, solo fue un Artista del Llanto.

domingo, 20 de agosto de 2017

El don del error



El malabarista consiguió hacer girar los platillos en sus palos para siempre. Era un espectáculo sensacional... ¡Lo nunca visto! Entonces, el malabarista perdió el don del riesgo y del error, cayó en desgracia, y sin trabajo, hizo equilibrios con una vida de fracaso proyectada por su éxito.

Necromagia


El mago brotaba los animales desde la nada: palomas, conejos... Siempre muertos. Siempre animales muertos. Consciente de su don, abandonó la magia. Desde entonces, puedes verlo en hospitales, deambulando por residencias de ancianos y cambios de rasante.

jueves, 5 de diciembre de 2013

En el principio



Informe de bitácora de rastreo

La historia de la investigación que desenmascaró a Literator, el generador del que durante un breve periodo de tiempo pasó como el microcuento por antonomasia, halagado por consumidores y críticos, el texto hiperbreve que lo contenía todo, la historia, afirmo, empezó con la aclamación de Literator como el mayor generador de la eternidad, capaz de haber culminado, en una frase, la aspiración narrativa de todos los antiguos autores, desde Shakespeare a Kafka, de Ibsen a Joyce, aunados presente, pasado y futuro, compaginados todos los tiempos, componiendo así una obra total, que abarcaba al completo el universo en su totalidad.

Literator subió a la c.l.o.u.d su magistral, entonces así se calificaba, composición generada, y recibió, de forma unánime e inmediata –al difundirse por toda la e.s.f.e.r.a en nanosegundos- la consagración máxima que desde el final de los tiempos conocidos ningún otro generador había logrado. Fue coronado en acto cyberiano para toda la worldnet colocándosele un chip nacarado, y aún hubo quien dijo ciertas insensateces sobre un tal Petrarca que anteriormente se había colmado como poeta, con un par de hojas de laurel. Comentarios tan perniciosos como este son severamente castigados. El dueño de esas palabras que demostraban el conocimiento de algún instante anterior al final de los tiempos fue castigado de inmediato: se le aplicó una súbita desmemorización. Además, todos sabemos que el protocolo P.E.T.R.A.R.C.A fue el primer supraordenador de inteligencia emocional, conjunto de archivos que luego quedó desfasado y se empleó durante una época para redactar notas del día de San Valentín y textillos amorosos, hasta que llegó el final de los tiempos pasados y con ello el advenimiento de la oscuridad, y sus piezas fueron desguazadas.

Estas son otras historias, desde luego. Yo, como rastreador de la N.E.T, desde el primer instante dudé de Literator. Había algo en su generación llamada microrelato que no me cuadraba, que me sonaba manido, ya escrito, ya redactado, ya pronunciado, ya computado. Mi actividad-red consiste en eso, en buscar, peinar, analizar en toda la worldnet para encontrar coincidencias de plagio, o similitudes, o el texto idéntico, revelar que la producción cultural haya sido tomada de aquellos momentos de culturalismo decadente, previos a lo oscuro, al borrado y eliminación de soportes que culminó con nuestra era. Es intolerable que se genere un texto, que se emane una composición copiada de los tiempos pre-net. Intolerable.

Mis investigaciones fueron trabajosas, si podemos calificar así, trabajoso, al cuarto de microcentésima que tardé en localizar el origen del fiasco. Sobre el vetusto micronarrado del dinosaurio, que poseía la inmortalidad en los tiempos pasados y extintos, que era un mal recuerdo ya de otros tiempos, se elevaba ahora el nuevo microtexto de Literator, llamado a permanecer en el megatiempo. Pero desenmascaré la patraña.

Allá lejos, en algún lugar de la c-l-o-u-d, entre los cableados del gigasistema, enganchado a un racimo de bites, agarrado de un tera-archivo, enlazado a un bugol-link, encontré fragmentos de un viejo códice de los tiempos pasados. Y en ese códice, en su interior, viajaba el mismo microtexto de Literator, palabra por palabra: exacto. Computé el antiguo, lo cotejé con el nuevo. No cabía duda: En el principio creo Dios los cielos y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo.

Demasiado terrible. He desenmascarado a Literator, un computador de la serie Silicon K.A.F.K.A.F. Ya ha sido castigado por ello con la desmemoria. Ahora, yo, una máquina de procesos de la serie Cyber B.O.R.G.E.S debo ser reprogramada porque necesito olvidarme de los conocimientos de los tiempos pasados que he adquirido en mi tarea de rastreo y descubrimiento de la falacia; porque he adquirido el virus, un agujero de gusano por acceso a los archivos desconocidos y alterados, un mal de maquinismo que se denomina mal de Funes.

Así, la mentira de Literator ha sido mi propia mentira y, en cierto modo, su castigo ejecutado en cuestión de nanosegundos, mi verdadero castigo.

martes, 29 de mayo de 2012

Microrrelatos


-¿Por qué están de moda los microrrelatos?
-Es un claro ejemplo de adaptación del género literario al talento de los escritores.

martes, 24 de abril de 2012

El lado oscuro de la microficción

... tengo mis microrelatos metidos en un cajón oscuro punteado de pedacitos de moho y cuando el dinosaurio despertó, tan hambriento, se los comió, todos: y murió, el dinosaurio, de indigestión, pero antes vino a rogarme, a mí, su autor, que por favor no lo matara de un empacho; pero yo, que soy su autor, lo maté de indigestión, así: cuando el dinosaurio despertó se comió mis microrelatos guardados en el fondo de un cajón oscuro y punteados de moho y murió de indigestión...