jueves, 24 de agosto de 2017
Chocolate amargo
miércoles, 23 de agosto de 2017
Artista del Llanto
domingo, 20 de agosto de 2017
El don del error
lunes, 8 de abril de 2013
Monteiro Rossi escribe la necrológica del cuentista Montero Roso
jueves, 10 de mayo de 2012
Borgesca eterniana
"Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas los son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal".
viernes, 4 de mayo de 2012
lunes, 30 de abril de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
Poética del cuento

-El cuento es como mascar un chicle antes masticado por un griposo… Es maleable, gomoso y contagioso, altamente contagioso –El Fracasado habló flanqueado por dos montañitas de notas de rechazo de las editoriales; ahora estaba decidido a ordenarlas por orden alfabético, pero antes ya las ordenó por tamaños, colores, fechas, magnitud de los insultos… pasaba el tiempo muy entretenido con eso.
La Escritora Tropical reflexionó por un instante aquellas palabras, para concluir:
-Muy interesante, así que se pueden contagiar los relatos, es una apreciación delicada y a la par metaliteraria que…
-¡No! –interrumpió El Fracasado, estirando el cuello entre sus papelotes, como un avestruz del fracaso. Sobre el silencio tropical y los ojos piscis del Literator, añadió-: Yo no dije eso… dije que se podía enfermar leyendo relatos… que son tan malos que son contagiosos…
-¿Se puede enfermar leyendo? –la Escritora Tropical no salía de su asombro.
-Leyendo su basura, en efecto, sí –concluyó el Fracasado.
Entonces: de repente, en el café se sirvió aromático y delicioso café de Costa Rica y afuera empezó a llover: el agua resbalaba por las cristaleras como otrora lo hizo en los escaparates de algunos establecimientos de la calle Boedo y todo el mundo pudo dedicarse a fumar con delectación, súbitamente levantada la prohibición: se abría una nueva Edad de Oro para la literatura… o eso parecía, pero duró escasos segundos, los que Literator tardó en prorrumpir en carcajadas insultantes. Junto con la caspa que bañaba su cabeza, parecía tal que un fletán ofertado en la pescadería, dormidito sobre su camita de gruesos hielos malolientes.
Acabar una relación

-Si acabar una relación ya es difícil, imagínense lo imposible que resulta terminar un relato.
La Escritora Tropical con ínfulas de escritora e inflamada de ego, borracha de saberse tan buena, encantadísima de sus genialidades, acababa de sentenciar esa frase en respuesta a una pregunta que había emergido, lacerante, desde las profundidades del café que ya no era café desde que no dejaban fumar, servían descafeinados, se triplicaba la cuenta en nombre de un injusto y mentiroso comercio justo y nunca llovía por el cambio climático. Además, aderezó su charla de todo a cien con una sarta de memeces embuchadas por su gaznate literario y aprendidas en la escuela de letras.
El Fracasado, sentado al fondo con su vasito de vinagre, ordenó sus notas de rechazo editorial y, apartando las torretas de papeles que lo ocultaban, asomó su boca cancerígena para defenderse de la llaga ulcerosa que las palabras de la Escritora Tropical acababan de producir en sus escamas literarias -podía haber argumentado teorías, podía haber mencionado las poéticas del cuento de Quiroga, Cortazar, Borges o Chéjov, podía haber recordado profundas y pesadas máximas de gran calado, pero se limitó a sentenciar:
-Es usted idiota.
Todos los presentes lo miraron, acribillándolo indignados para, en el silencio de un segundo, incómodo segundo, pensar en el interior de sus embotados cerebros un “¡tiene razón!”, y después ofrecieron a la Escritora Tropical una demi-glacé de aplausos mientras El Fracasado volvía a ocultarse tras el enorme rimero de su fracaso.







