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martes, 16 de enero de 2018

Oro, incienso, mirra y libros de segunda mano para los Reyes Magos literarios



*Esta columna apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/oro-incienso-mirra-libros-segunda-mano-los-reyes-magos-literarios/

La llegada de nuestra arraigada festividad de los Reyes Magos puede significar toda una amenaza a la economía más boyante, así que aquellos que apenas llegamos —o ni siquiera llegamos— a fin de mes, nos encontramos con un enorme problema de presupuesto a la hora de poder comprar los regalos. Sin embargo, existe un lugar maravilloso en donde se pueden encontrar presentes para toda la familia sin exprimir el bolsillo hasta la extenuación. Estoy hablando, como no, de mis adoradas librerías de lance, es decir, de libros de segunda mano.

Porque lo primero que debemos sacarnos de la cabeza, y de los prejuicios, es que en este tipo de librerías solo nos vamos a encontrar con libros amarillentos, sobados o ajados. Los hay, desde luego, pero también hay un gran número de volúmenes que, o bien provienen de bibliotecas personales en donde han sido bien cuidados, o están nuevos porque se han vendido sin abrir ni leer.

Entre todos ellos, vamos a encontrar, y comprar, nuestros regalos de Reyes, sin dejarnos una fortuna.

Para Papa y Mama, que no tienen mucho tiempo de leer
En este apartado es en donde vamos a dar en el clavo seguro. Rara es la librería de usados que no posea una poderosa estantería repleta de Best-sellers o libros de consumo, generalmente nuevos, o prácticamente nuevos, a años luz de su precio original. Cualquiera de estos volúmenes no pasa de 5 o 6 euros, mientras su precio en una gran superficie, por ejemplo, alcanza más de 20 euros con facilidad.

Si nuestros progenitores son más bien de gustos, llamémoslo populares, podemos comprarles el último Premio Planeta por apenas 6 euros (su precio más ajustado en el mercado es de 20,80 euros), o alguno de Dan Brown, por 15 euros menos de su precio en tiendas. Tienen mal gusto, pero a unos padres se les perdona todo. Además, leen unas pocas páginas, rendidos por la jornada laboral, mientras ya cabecean en la cama. Que lean lo que quieran. Se lo han ganado.

Lo mismo sucede con la novela policiaca: algún libro de la saga de Stieg Larsson no alcanzará los 10 euros, mientras clásicos como James Ellroy y Philip Kerr se mantienen muy por debajo de sus precios de venta nuevos. Son esos libros de playa y piscina, tras los que nuestro padre se refugia bajo la sombrilla, porque no hay nada como un buen crimen sin resolver para afrontar el mes de agosto.

Ahora bien, si nuestra madre, o nuestro padre, tienen el gusto por una literatura de calidad, por libros de fondo de biblioteca, por clásicos de toda la vida, por autores legendarios, vamos, que tuvieron un profesor de literatura como Dios manda en el colegio y no un desgraciado vomita apuntes señor-de-lecturas-obligatorias, entonces, nos lo ponen bien fácil: estos libros, en muchas ocasiones, no pasan de los 3 o 4 euros. Y si son en bolsillo, podemos llegar a comprarlos por un euro, rescatados de esos enormes cajones de oferta en donde se albergan maravillas.

El Aleph de Borges, en alguna de sus muchas ediciones de bolsillo, los cuentos de Cortazar, o algunas novelas de Faulkner, Hesse, Mann, Proust o Kafka, no pasan de los 4 euros. Y qué decir de esos muebles inmensos repletos de novelistas españoles, en donde resulta abrumadora la presencia de autoras, víctimas de la sobre publicación y la pésima gestión del mercado editorial y, hay que admitirlo, del capitalismo literario. En esos anaqueles, ningún volumen, por reputado que sea la autora o el autor, alcanza las dos cifras en su precio.

Para los abuelos de batallitas y club de lectura
Ese abuelo lector devora libros, en especial si se trata de Historia, o en concreto de libros bélicos de la Segunda Guerra Mundial, o de nuestra Guerra Civil, tiene un santuario en las librerías de lance. Los aparadores de libros sobre Historia y bélicos están repletos, y los volúmenes a unos precios competitivos sin parangón, a menos de la mitad del precio original.

Aquí, encontramos algunas novedades sobre la Segunda Guerra Mundial, incluso sobre la Primera, muy de moda últimamente, cuyo precio original de 25 o 30 euros se ha reducido entre los 12 o 15. Hay que advertir que estos libros suelen ser los más caros de las librerías de segunda mano, pero aun así el ahorro es notable. Y nuestras abuelas, que leen novelas contemporáneas de autores de esos que se pueden encontrar en el Círculo de Lectores, por ejemplo, tienen en estas librerías un filón.

No podemos olvidarnos de la sección de ensayo, incluso de la poesía (los más baratos de la tienda) o del teatro. Aquí hay de todo y para todos. Incluso para los niños y adolescentes.

Para el niño y la niña, oiga, a ver si dejan un rato la play
Harry Potter o el Diario de Greg son dos fenómenos editoriales sin parangón en el mundo editorial juvenil. Por supuesto, algunos volúmenes de estos libros también pueden encontrarse de segunda mano y a muy buenos precios. Sólo se trata, como con cualquier título, de saber buscar y tener un poco de suerte. Las librerías de lance suelen tener un rincón bien surtido dedicado a este tipo de literatura, con la ventaja de que los libros no están muy castigados dado que, generalmente, han sido regalados para apartar a los muchachos de la consola, y no han conseguido su objetivo.

Si nos centramos en otras colecciones juveniles, es sorprendente la cantidad de libros de Barco de Vapor, o de los Cinco, que esperan un nuevo dueño que los trate con dignidad. Porque en España hubo un antes de Potter y de Greg en la literatura juvenil, aunque parezca mentira. De verdad, lo prometo. Así fue.

Para ese cuñado friki que es un poco “pesao
Efectivamente, él, también tiene cabida en la mágica librería de saldillos. Somos incapaces de imaginarlo sin un volumen de, al menos, 600 páginas bajo el brazo. Y gracias a él aprendimos que, en efecto, los robots sueñan con ovejas eléctricas y eso de las naves que arden más allá de Orión.

La estantería de libros de ciencia ficción suele ser notable, plagadita de volúmenes de Stanislaw Lem, Philip K. Dick, e incluso otros autores míticos de sagas intergalácticas que a los profanos en el asunto, como yo, no nos suenan de nada, pero hacen que a nuestro cuñado se le desencaje la mandíbula de lujuria literaria y gozo. Por supuesto, Tolkien tiene su hábito natural en este lugar con cualquiera de sus obras.

Batiburrillo de saldos para los más burrillos
Esa prima, o ese amigo, que anda un poco atolondrado, puede recibir nuestro presente de Paulo Coelho o Jorge Bucay, para ver si así se asientan un poco, o libros de autoayuda como el del Caballero de la Armadura Oxidada (Obelisco) de Robert Fisher, o el de ¿Quién se ha llevado mi queso? (Empresa Activa) de Spencer Johnson, entre otros muchos. Se encuentran sin dificultad. Parece que una vez que han cumplido con su gran misión fueron abandonados sin misericordia ni agradecimiento… O tal vez, puede ser, que no hayan cumplido con lo que prometían, pero esa horrorosa posibilidad no quiero ni imaginarla.

¿Y ese amigo pesadísimo que tose y tose asegurando que quiere dejar de fumar pero nunca lo hace? Pues para él también hay algunos clásicos de este tipo de manuales para dejar de ser Mr. Nicotina y convertirse en Don me cabe toda la Naturaleza en mis Pulmones.

Libros de recetas de cocina, literatura en otros idiomas (sobre todo inglés, pero también algo en francés y alemán), filosofía, religión, ciencias sociales, música, cine…, casi cualquier cosa nos espera en estos lugares fascinantes, incluso esoterismo, teosofía y hasta ciencias ocultas, pero bien a la vista en las estanterías.

Recordemos a algunos de esos autores clásicos que nunca faltan a su cita con el cajón de saldos o la librería de lance: Ángel Palomino, Gironella, Gala, Cela y Delibes, Vargas Llosa, Vicki Baum, Harold Robbins, Dan Brown, Javier Cercas y Ruíz Zafón, Sven Hassel, que es lo mismo que decir: Madrid Costa Fleming, Un millón de muertos, Grand Hotel, Los Panzers de la muerte, El código Da Vinci, La fiesta del chivo, Soldados de Salamina,…, y también otros títulos que se muestran como nieves eternas de esta latitud de los saldos: Hijos de Torremolinos, La sangre, El astrágalo, La piel, Los cipreses creen en Dios, y cualquier libro sobre Stalin y Hitler, de ellos hay volúmenes a montones, y sobre Franco, y unos de los textos estrella de toda tienda de este tipo que se precie: La historiadora (Umbriel) de Elizabeth Kostova, por toneladas, y De parte de la princesa muerta (Espasa) de Mourad Kenize, a pares.

Hace ya un tiempo escribí una columna aquí en Achtung! sobre librerías lance y los libros más habituales que en ellas podemos encontrar. Si quieres puede svolver a consultarla en este enlace:


Y siempre nos aguardan En brazos de la mujer madura de Stephen Vizinczey y El perfume de Patrick Süskind —ambas en Seix Barral—, como tampoco faltan a su cita con la rebaja L.A. Confidencial —el clásico de Ellroy en cualquiera de sus ediciones—y esos Juegos de la edad tardía (Tusquets) landerianos. En fin, toda una fauna literaria entre la que podemos realizar nuestra compra de Reyes sin soportar grandes daños económicos. A continuación, os dejo la lista de mis adquisiciones y el dinero que me he gastado. A ver qué os parece:

Para padres y madres:
El código Da Vinci (Umbriel), Dan Brown, asignatura pendiente de nuestras madres, espoleada el ansia por leerlo después de ver la película y parecerles Tom Hanks tan majo, 7 euros.
La historiadora, ¡necesito algo más sobre vampiros y este no lo he leído aún!, para ese padre que se fascinó con el Drácula de Coppola y que desde entonces no se quita los colmillos, 5 euros.
Matadero Cinco (Anagrama), Kurt Vonnegut, para lectores exigentes con ganas de leer algo original y divertido, 6 euros.
Para los abuelos:
El móvil (Tusquets), Javier Cercas, porque al abuelo le llegó al corazón Soldados de Salamina (también en Tusquets), 4 euros.
Marina (Booket), Ruíz Zafón… ¿Pero este chico tiene alguna novela más además de esa del edificio lleno de libros? Sí, abuela, sí que las tiene… 4 euros.
En el dia de hoy (Planeta), Jesús Torbado, para ese abuelo que se alegra de que los republicanos hayan ganado la guerra civil, aunque sólo sea en una ucronía, 2 euros.
Para niños, jóvenes y adolescentes:
Harry Potter y la piedra filosofal (Salamandra), J. K. Rowling, como iniciación a la saga, porque se tienen que iniciar en algo más que no sea el Call Of Duty, 5 euros.
El castillo de los Cárpatos (Bruguera), Julio Verne, una mezcla de terror científico light que igual le roba unas horas a la play, 2 euros.
Las aventuras del barón de Munchausen (Bruguera), G. A. Bürger, un clásico de los de toda la vida, y divertido un rato, 1 euro.
Para algún amigo friki, y otras compañías:
Drácula (Debolsillo), Bram Stocker, uno que nunca falla, 5 euros.
Frankenstein (Anaya), Mary Shelley, para tener la parejita junto con Drácula, solo me faltan la Momia y el Hombre Lobo, 6 euros.
Dune (Debolsillo), Frank Herbert, el primero, el bueno, el de toda la vida, un clásico pendiente, 5 euros.
El fin de la eternidad (Hyspamérica), Isaac Asimov, uno de mis libros favoritos sobre viajes en el tiempo, 1 euro.
Y del cajón de todo a 1 euro:
La Hora 25 (ediciones G.P, colección Reno), Constantin Virgil Gheorghiu.

En total, una compra por 54 euros. Si os apetece, calculad el precio de nuevos en cualquier gran librería, contando con que muchos de ellos ni los podríais encontrar, víctimas de la absurda ley del mercado de novedades.

Recordad, si fuisteis buenos, los Reyes os traerán mucha y buena literatura, pero si habéis sido malos os traerán la nueva novela de…


¡Feliz 2018 y felices lecturas, achtungers! Nosotros os prometemos un año repleto de libros, reseñas y críticas. 

domingo, 17 de diciembre de 2017

Literatura y cine: algo más que novelas y películas

Esta columna apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/literatura-cine-algo-mas-novelas-peliculas/


Hace bien poco que se ha estrenado Asesinato en el Orient Express, la película basada en la célebre novela de Agatha Christie (en RBA). Cuando lo manifiesto, la gente me mira asombrada. No pueden creerlo. Pero es cierto. Realmente, no me gusta el cine. Se pueden buscar todos los motivos que se quieran. Los más cercanos, quizás, sean el hastío que me produce, una mezcla de aburrimiento y la sensación de que estoy perdiendo un tiempo precioso que podría utilizar en otras cosas. Sin embargo, siempre he sentido curiosidad por aquellas películas que se basan, o intentan ser fieles, a las novelas que convierten en celuloide. Y alguna hasta me gusta.

Tengo pendientes dos películas que llevan a la pantalla sendas obras maestras: Pastoral Americana (Debolsillo) y, la mucho más antigua, de 2012, Cosmópolis (Seix Barral), según las novelas de esos dos gigantes de la literatura norteamericana que son Philip Roth y Don DeLillo. Así que no puedo manifestarme sobre ellas, pero sí que puedo hacerlo sobre algunas otras que se han inspirado en novelistas estadounidenses.

En primer lugar, debo romper una lanza por American Psycho, tanto por su versión cinematográfica como por la novela. Tengamos en cuenta que yo no soy crítico de cine, que ni entiendo ni lo pretendo, y que me fijo, para realizar estos comentarios, en la afortunada o desafortunada forma en que el material literario original ha sido reconvertido en película. Alguno pensará que, si empiezo recomendando American Psycho, lo mejor será dejar de leer esta columna ahora mismo. Puede que tenga razón.


Sin embargo, creo que American Psycho (Ediciones B), la novela de Bret Easton Ellis, merece mucho la pena. En primer lugar, porque presenta las manías posmodernas de un mundo repleto de tics consumistas; es un retrato de lo repulsivo del ser humano bajo ciertas condiciones de dinero y éxito; en segundo lugar porque, la que muchos pueden calificar como una novelita, encierra un código oculto. Reescribe ciertas partes del descenso a los Infiernos de Dante en la Divina Comedia (Cátedra). Si se lee teniéndolo en cuenta, se descubre una novela magnífica.

Además, la adaptación es fiel al texto, y consigue aquello que pido de una película basada en una novela: fidelidad, y que reproduzca en imágenes las ideas que se habían desencadenado en mi cabeza durante la lectura. Y en ese sentido, esta película es más que aceptable.

Sin embargo, ya que hablamos de escritores norteamericanos, y pasaré por ella de puntillas, una decepción enorme fue La carretera, basada en el libro de Cormac McCarthy (Debolsillo). La verdad, el desencanto ya se encontraba en el propio texto, impropio de un escritor de prestigio, pero bueno, esa es una historia en la que no quiero entrar ahora. Prefiero recordar la inolvidable Club de lucha de David Fincher, que en este caso (y mira que me gusta Chuck Palahniuk) mejora la novela —publicada en El Aleph—, aunque ojito a ese final que no aparece en el libro.

Que la película supere a su madre literaria no es algo que ocurra muchas veces, pero alguna vez sucede. Lo normal es que las cosas sean al contrario, decepcionantes, como la ambiciosa y fallida Pozos de ambición, basada en la novela de Upton Sinclair, ¡Petróleo! (Edhasa) basada tan sólo en las primeras 150 páginas de una novela de casi 600.

Realizar filmes de una parte del libro es algo habitual, y no por ello debe significar un desastre. Buena prueba de ello es la película que ganó el Oscar a la mejor producción extranjera en 1979. Me refiero a El tambor de hojalata, dirigida por el alemán Volker Schlöndorff, y sobre la novela de Günter Grass, Premio Nobel de literatura (en Alfaguara). La película se detiene a la mitad de la narración del libro, pero es algo que resulta lógico porque la obra de Grass es monumental. Verterla en la pantalla con esa minuciosidad y veracidad, haría necesaria una cinta de cuatro o cinco horas. Aun así, esta obra maestra ya dura 142 minutos de pura fascinación.

También se da el caso de que la película sea una adaptación que, sin embargo, y a pesar de alejarse del original, conserve parte de la magia de la obra. Este es el caso de Abril Despedaçado, del director brasileño Walter Salles, en realidad una versión lírica y delicada, a la par que muy interesante, de Abril quebrado (Alianza), una de las novelas emblemáticas del escritor albanés Ismaíl Kadaré.


De igual manera, nos encontramos con una sorprendente recreación de Michael Kohlhaas, la novela de Heinrich von Kleist (Nordica), transportada al western americano y con John Cusak en el papel protagonista del desairado comerciante que busca una restitución justa ante los abusos que sobre él cometen los poderosos y que, como no lo consigue, decide tomarse la justicia por su mano.

Aunque claro, si de recreaciones trasplantadas a otros ambientes se trata, qué podemos decir de Apocalypse Now y El corazón de las tinieblas (Navona) de Joseph Conrad…, donde el Congo Belga es el Vietnam y el delegado Kurtz aparece interpretado por Marlon Brando.

En este enlace puedes encontrar más información sobre la novela de Conrad, en un artículo que publique aquí mismo, en Achtung!:


Encontramos bastantes adaptaciones lustrosas y de relumbrón, afortunadamente, en las películas que tratan temas de ciencia ficción o de género distópico. Los ejemplos de 2001: Una odisea en el espacio, según la novela de Arthur C. Clarke (en Debolsillo), 1984, la obra de George Orwell (en Destino) o La naranja mecánica (Booket) de Anthony Burguess, enjugan desgracias como la versión moderna de Solaris (Impedimenta) de Stanisław Lem, con un desacertado George Clooney. Y hoy dejaremos tranquilo a Tarkovsky.


En el terreno patrio no puedo explayarme mucho, porque si no me gusta el cine, aún menos el cine español (lo siento, soy un troglodita, es lo que hay), aunque existen tres películas que superan a los libros en los que se apoyan. Curiosamente, dos son novelas del Premio Nobel Camilo José Cela: la archiconocida y alabada La colmena (Destino) y su debut literario plasmado en una adaptación cinematográfica prácticamente olvidada, La familia de Pascual Duarte (Austral), con un magnífico José Luis Gómez en el papel del asesino rural.

La tercera película, como no, son Los santos inocentes (Planeta) del escritor Miguel Delibes. El film, casi perfecto, ha contribuido a crear una falsa imagen de la novela, es lo que denomino como falso imaginario. El Azarías será por siempre Paco Rabal, y Alfredo Landa se nos aparecerá cada vez que leamos el nombre de Paco el Bajo. Es imposible extirparlos de la memoria colectiva, del falso imaginario que el cineasta ha creado en nosotros. Los que leímos la novela y después vimos la película no podíamos creer lo que estábamos viendo: ¿En dónde se retrata así a estos personajes? ¿Acaso La Niña Chica no abandona la palidez del texto para convertirse en un personaje perturbador? Y no entro con el asunto de la Milana…

Mario Camus, en estado de gracia —él y todos los que aparecen en ella—, destruye la novela de Delibes con su magnífica y mucho más que sobresaliente adaptación: infinitamente mejor que el original al que pretende copiar. Desde ese instante, desde la proyección de la película, el texto queda ensombrecido, Los santos inocentes desaparece, pierde su aura de novela porque, y es aquí donde se ven sus carencias, era un texto demasiado endeble que se ha visto recompensado con una adaptación cinematográfica tan magistral que termina por anularlo.

Si os interesa conocer mi opinión completa sobre el asunto, la podéis encontrar en el siguiente enlace:


El género bélico siempre ha vivido de adaptar, en ocasiones magníficamente, obras literarias. Un caso en donde la película, cualitativamente hablando, se ubica a años luz de la novela monótona y desvaída, es La delgada línea roja, basada el libro de James Jones (Ediciones B). Por otro lado, Un puente lejano, sobre el espectacular trabajo informativo realizado por el periodista Cornelius Ryan (en Inedita), es una de las mejores películas bélicas de la historia.

Podría continuar enumerando muchísimas películas que se apoyan en novelas inolvidables para nosotros. A veces, nos indigna el maltrato al que han sido sometidas —la escasamente afortunada Suite Francesa (en Salamandra) de la escritora Irène Némirovsky, por ejemplo—, pero en otras ocasiones puede resultar un ejercicio casi satisfactorio —como ocurre con La lista de Schindler, basada en la investigación histórica del australiano Thomas Keneally, El arca de Schindler (Edhasa)—.

En cualquier caso, yo no puedo sino reafirmarme en el malestar que generalmente me produce el cine. Y en eso, he descubierto que, al menos, ya somos tres: Holden Caulfield, Charles Bukowski y yo.

Bukowski, en su novela Hollywood (Anagrama) expone su opinión del cine, un asunto que no deja de tener cierta guasa, puesto que esa novela narra cómo se fue confeccionado el guion de Barfly y su posterior etapa de producción y rodaje:

Era una enfermedad: ese gran interés en un medio que, sin cesar, una y otra vez, no lograba producir nada en absoluto. La gente se había acostumbrado de tal forma a ver mierda en las películas que ya no se daba cuenta de que era mierda”.


Del personaje protagonista de la novela de Salinger, El guardián entre el centeno (Alianza), poco puedo decir. De todos es conocido su aborrecimiento por el cine. Así que ya coincidimos en algo los tres… Lástima que solo me parezca en eso —sólo en eso— a Holden y Chinaski.

lunes, 8 de abril de 2013

Monteiro Rossi escribe la necrológica del cuentista Montero Roso


Sostuvo Pereira, sí, sostuvo, antes del tránsito apoplejético, que su protegido Monteiro Rossi había dejado entre los últimos papeles garrapateados poco antes de ser asesinado por la policía del régimen, sostiene Pereira –bueno, sostuvo, que ya cría malvas de un paralís- que en efecto, entre esos nefandos papeles póstumos de Monteiro Rossi se encontraba la necrológica del celebérrimo autor Montero Roso y esto, así, puede sonar bien extraño, porque en esa época el autor que nos compete, Montero Roso, ni tan siquiera había nacido, aunque bien es cierto que después, sí que nació, y es cosa de acierto de Monteiro Rossi que sabía ser preclaro y de juicio en el horizonte, pues bien, nacido Montero Roso, no sólo Monteiro Rossi acertó con que sería escritor, sino que celebró su necrológica setenta años antes con los más exactos motivos de su muerte, aplastado por el elefante que lo hizo tan famoso, famoso, sí señor, porque Montero Roso se hizo célebre, en su Antofagasta natal, después en el mundo entero, por ser el autor del cuento, o del relato, o como deseen llamarlo, más laaaargo del mundo, su cuento, de un gúgolplex de palabras, sobre ese elefante que despertó de una siesta –bueno de un sueño que bien pudo ser una siesta de eras, no sé, ¿quién sabe?-, pues ese elefante que se durmió en la época de los grandes helechos y se despertó en la era de los grandes viajes interplanetarios de Solaris y Lem, los de Arthur C. Clark, en donde los millones de años luz se servían para desayunar, ese elefante se despertó en ese futuro en el cuento más largo de la historia de la literatura (un cuento de un gúgolplex de palabras, recuerden) y cuando ese elefante se despertó, después de un gúgolplex de palabras, pásmense, señores, pásmense, cuando el elefante despertó tras un gúgolplex de palabras… TODAVÍA ESTABA ALLÍ, ¿no es asombroso?, en efecto, TODAVÍA ESTABA ALLÍ cuando el elefante, tras un gúgolplex de palabras para componer el cuento o relato más laaaaargo de la historia de la literatura, no una novela, no, un cuento, un cuentecillo de un gúgolplex de palabras, pues eso, después de eso: TODAVÍA ESTABA ALLÍ, y entonces, Monteiro Rossi, encargado de necrológicas de escritores en esa Lisboa desteñida de dictadura, fue y acertó la muerte de Montero Roso: apachurrado por el elefante del zoo de Antofagasta que lo había inspirado y ante el que acudía todas las tardes para darle de merendar manzanas y cerezas.
Bueno, eso sostiene Pereira que hizo Montero Rossi necrologizando sobre Montero Rosi: bueno, eso sostuvo, que a Pereira le dio un tantarantán cerebral, se quedó como medio tonto de medio cuerpo y pronto se murió, así que eso lo sostuvo, según me cuentan ahora, Pereira, acerca de la necrológica que escribió Monteiro Rossi sobre la futura muerte de Montero Roso el autor del cuento de un gúgolplex de palabras sobre el elefante que se despertó y que fue encontrada entre sus escritos dejados para la postumoridad tras paliza de la secreta.
Eso sostuvo Pereira –o eso me dicen-.