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viernes, 6 de diciembre de 2013

Modelo y antimodelo



“La literatura es una y singular. No existe un modelo único; hay muchos. Y el mayor aliado de la comercialización abocada a banalizar el arte narrativo es esa infausta insistencia en que existe un modelo. Qué terrible que la pregunta que los editores llevan grabada en su alma profesional sea: “¿Y a quién va dirigido este libro?”. Porque la respuesta siempre tiende a particularizar, a cerrar horizontes lectoriales”.

Germán Gullón.         
Los mercaderes en el templo de la literatura.
Caballo de Troya, Madrid, 2004, pp. 165.

sábado, 10 de agosto de 2013

Some product



“Escribir novelas de manera profesional implica numerosas servidumbres, y la principal es que el autor tiene que vivir de su trabajo, de una actividad que en la mayoría de los casos reporta escasos beneficios. Los tiempos actuales no son los de hace un siglo, cuando un escritor ponía los principios por encima de cualquier vicisitud. Hoy los autores, como las personas corrientes, aspiran a vivir y disfrutar de lo mucho que ofrece el mundo, así que el escritor profesional (...) acepta cuanto le ofrezcan, sin hacerle ascos (...) El mayor problema es que los autores que deciden tirar por la calle de en medio, dedicarse a la literatura profesionalmente, apenas se atreverán a correr algún riesgo, literariamente hablando. Se acomodan en los protocolos impuestos, desde la manera de vestir (mucho cuello de cisne) hasta decir lo apropiado (...) De ahí que se acomoden a desempeñar cualquier papel, incluso si roza la impropiedad (...) El autor literario es, pues, un producto (...) La novela se convierte así en un producto”.

Germán Gullón.         
Los mercaderes en el templo de la literatura.
Caballo de Troya, Madrid, 2004, pp. 65-71.

sábado, 4 de mayo de 2013

autoría 2


“Circula mucho entre la crítica la idea de que en los textos no importa el autor. Pues no es verdad”.
Francisco Rico.

autoría 1

“Sin autor, no hay obra; pero es esta verdad perogrullesca la que para muchos teorizadores literarios precisa demostración”.
Fernando Lázaro Carreter

miércoles, 10 de abril de 2013

apnea

estabaleyendounanovelademémezverteymehequedadodormidooesocreoporquecómoestoydisfrutandodeestanovelademéemezverteyquebuenoesyquegranescritoresmémezverteyporesomeextrañaquemehayaquedadotraspuestoyaaaaaaaahhhhhhhhrrggggggggggggggg

casi me quedo dormido leyendo a
mémez verte
con lo buen autor y novelista que es


¿cómo puedo CASI quedarme dormido?

miércoles, 6 de junio de 2012

Teorías literarias


-Ummm, no sé... creo que me interesa teorizar sobre la literatura en mis libros, la función metaliteraria y todo eso: ya sabe usted, la muerte del lector, la teoría de la recepción y todo eso...
-Claro, claro, ya lo sé... ¿Le interesa teorizar, no?
-Sí señor, claro, por supuesto...
-¿Sí, eh? Pues teorice esto: ¡sus novelas son una mierda!

Intertextualidad


mi escritura
se ahogó
por los sumideros
de la intertextualidad

en el desagüe
quedaron
atrapadas
tres hilachas
de palabras


autor
escritor
literatura

jueves, 31 de mayo de 2012

La Novela


La Novela creó, tras años de trabajo, su primer autor. Le salió un tipejo mas bien abyecto y revenido, con perilla y gafillas de pasta, con media melenita grasienta, chancletas, apestando a sudor y la boca repleta de soflamas posmodernas. La Novela, sobra decirlo, no cosechó éxito alguno con su autor, así que, superado el primer fracaso, la Novela se esforzó en construir su segundo autor: un ser pagado de sí mismo, pedante y petulante hasta la náusea y adornado con grandes patillones, y el agrio descalificativo amarrado de los dientes. No fue un éxito, pero la Novela consiguió colocar a su autor en algunos programas televisivos e, incluso, firmó en la Feria del Libro.

A la tercera intentona, la Novela dio en el clavo con su autor peor trabajado, pergeñado deprisa y con apenas cuatro o cinco trazos diluidos, pero que, en manos del marketing y del departamento de publicidad, terminó como rotundo autor de éxito: era el autorretrato de un tipo amargado y vengativo, experto en todo y sabedor de nada, que pronto fue alzado a gloria nacional y, una vez fallecido tras un cáncer caníbal, y también un cáncer muy comercial, fue enterrado con honores. En su mausoleo, una estatua de mármol lo presentaba en actitud pensativa (a él, que su actitud fue la de cagarse en el mundo), un libro en una mano y la pluma estilográfica (que nunca utilizó: escribía siempre en word 97) en la otra. Y la cabeza elevada al cielo o al infinito (como Leopardi, igualito que Leopardi, sí), aguardando, así, la llegada de las musas (que jamás se hicieron carne en su vida: la única carne que cató fue la de dos o tres putillas que lo soportaban de vez en vez, porque era borracho y de mano enladrillada).

La Novela, tras los fastos en el cementerio por su autor más consagrado, pudo ocupar, ahora ya sí, tranquila y satisfecha, los polvorientos anaqueles de una librería de usado, en espera de que su autor fuera convertido en texto obligatorio en escuelas y enseñanzas medias, en preguntas de selectividad y tesis doctorales y, entonces, ya no dejarían, a la Novela, descansar entre moho y ratoncillos, removida de aquellos plúteos, entre los que ansiaba retirarse tras su paso a la posteridad, por sobones lectores a la búsqueda del ofertón literario.

martes, 29 de mayo de 2012

Literatura y nacionalidad


-Estamos, entonces, ante un escritor español...
-¡No, no! Se equivoca: yo soy un autor veneciano.
-¿No es usted español?
-No, insisto: veneciano.
-¿Veneciano?
-Sí: mis novelas están cubiertas por las aguas y, además, apestan, huelen mal.

martes, 24 de abril de 2012

El lado oscuro de la microficción

... tengo mis microrelatos metidos en un cajón oscuro punteado de pedacitos de moho y cuando el dinosaurio despertó, tan hambriento, se los comió, todos: y murió, el dinosaurio, de indigestión, pero antes vino a rogarme, a mí, su autor, que por favor no lo matara de un empacho; pero yo, que soy su autor, lo maté de indigestión, así: cuando el dinosaurio despertó se comió mis microrelatos guardados en el fondo de un cajón oscuro y punteados de moho y murió de indigestión...

jueves, 19 de mayo de 2011

Autor bélico


Soy un autor bélico: sostengo mi basura contra viento y marea; mis desmanes dan gritos en el campo de batalla y he resultado herido de muerte, sacrificado, acribillado y enterrado en la fosa común, como festejo y cierre de la Feria del Libro, para mayor mofa y befa, y escarnio públicos. Uno de barbitas que había escrito un libro sobre gatos se reía de mí, señalaba mi cadáver con la mano; otro, que hizo una novela negra compostelana (es decir con crímenes y templarios y misterios de chancleta y pandereta en el Camino de Santiago) se reía hasta llorar y se sujetaba la tripa mientras me cubría de improperios.
Mire usted: creyó que podía venir aquí a vomitar su mierda. Que le era lícito el pensar que podía escribir. Que va hombre, que va.
Estábamos nosotros antes.
Y tras una paletada de estiércol, me bajaron a la fosa.

martes, 21 de diciembre de 2010

Poética y Retórica de la Ficción (IV)


Los personajes no son los personajes, sólo son el sueño de su autor. El autor no es el autor, es sólo la pesadilla de sus personajes. La novela no es la novela: es sólo un mal sueño de los lectores.