jueves, 31 de mayo de 2012
La Novela
martes, 15 de mayo de 2012
Soliloquio de El Fracasado

lunes, 14 de mayo de 2012
La vida cotidiana del insulto
viernes, 20 de abril de 2012
Influencias
El Posmoderno: a mí me influye Faulkner.
La Escritora Tropical: a mí me influye García Márquez.
El Fracasado: a mí me influye El Odio.
sábado, 14 de abril de 2012
Caja de zapatos
-Cuando un anciano muere se pega fuego a toda una biblioteca, eso ponía, grabado, en letras de mármol, en el frontispicio de una escuela en China… -dijo Literator, sus ojillos submarinos se movían como por las profundidades abisales.
-Qué de cosas sabe usted… -reflexivo-admirativo, el Posmoderno adulaba al apolillado merluzo, casi choteándose del rancio branquial.
-¿Y cuándo muere un escritor? ¿Qué se quema entonces? –preguntó, sexuada y empechada, la Escritora Tropical con su deje amelocotonado de piña de la United Fruit
Entonces, se alzó un vozarrón desde las mesas del fondo del café de los descafeinados: era El Fracasado, que respondía al enigma como movido por una esfera metálica imantada de aborrecimiento:
-¡Yo le diré lo que arde cuando se muere un escritor! –todos miraron en esa dirección, en dirección a un barranco polvoriento de lodo y de miserias y de resentimiento-: Si se trata de un escritor como alguno de ustedes… ¡Lo que se quema es una caja de zapatos con una mierda de perro dentro!
Literator: boqueó como un salmón sobre la cubierta de un yate.
El Posmoderno: se husmeó las axilas, alternativamente, hoy apestaba más que de costumbre…
La Escritora Tropical: se desabotonó un ojal más de su camisa floreada y avasalló con los pechos en avalancha.
-¡Ejem! –carraspeó Literator, para ensartar otra de sus perlas de enorme sapiencia, quizás encontrada en un bancal de bacalaos-: La literatura, si es algo, son textos y no otra cosa…
Al fondo, El Fracasado regresó a su clasificación decimal universal de las notas de rechazo editorial.
En el cielo, in the sky, una luna negra, a very dark moon, pedía a gritos ser adoptada por Paul Auster y aparecer en una de esas novelitas posmodernas.
miércoles, 4 de abril de 2012
Blog o bloc
-¡53!, ¡tengo 53 blogs! –exclamaba, orgulloso, el escritor Posmoderno-: ¡Y mas de cien mil seguidores! –y con las manos elevadas al aire trataba de componer volátilmente esas cifras, pero le resultaba imposible acercarse a figuras que pudieran plasmar su ego, por lo que, con los brazos muy extendidos, recordaba al arenero de las Ventas, ese que enarbola un cartel con el peso y el próximo toro de la lidia; y esas axilas abiertas, en la camiseta sin mangas, desperdigaban el sudor, punzada penetrante que estremecía a la Escritora Tropical, y del aliento posmoderno y vegetariano emanaba cierto agrio requesón, y el Mac bajo el brazo y en las chancletas unas uñas lunares.
En el colmo de su borrachera cibernética decidió acercarse hasta la mesa de El Fracasado, que saboreaba su vinagre, y hoy ordenaba sus notas de rechazo editorial por las derivadas de pí. Allí delante, abierto de piernas como si fuera a montar a caballo, marcando un paquete posmoderno, con el Mac bien sujeto y la sobaquina que le chorreaba sudor, tras sus gafas de pasta, le espetó:
-¿Y usted, amigo, tiene un blog?
El Fracasado meneó la cabeza resignado.
-Lo tengo… bueno lo tuve, es decir, lo tenía… -con un movimiento rápido colocó una cajita de cartón sobre la mesa, entre el vinagre y las notas de rechazo-: Mire aquí dentro –le ordenó al Posmoderno.
El Fracasado abrió con cuidado la cajita, como si un bichillo peludo y esponjoso pudiera habitar allí dentro y fuera a escapar de un salto y a corretear por todo el café, por entre las mesas, bajo las patas de las sillas, alimentándose de las pelarzas de las ideas cansadas y descascarilladas, abandonadas y dejadas marchitar por los grupos de ahítos tertulianos y por las poetisas de presunta genialidad.
En el fondo: una cosa retorcida y negra, como una cagarruta: peor que una cagarruta.
-Eso es lo que me queda del blog… es su cadáver –suspiró El Fracasado-. Esta mañana lo llevé al médico para una intervención, debían extirparle la vesícula, porque supuraba bilis por todos los lados: en los párrafos, en las entradas, en los posts, en las palabras, en cada línea, en cada tag… no ha superado la intervención… ahora utilizo un bloc en lugar de un blog, pero mire, también chorrea ácido, es un problema…
Y, en efecto, El Fracasado enarboló una libreta de cuyas páginas sangraba un líquido que dejaba sobre la mesa un cerco amarillento.
El Fracasado miró aquellos restos carboníferos y retorcidos con ojillos acuosos y se colocó, mecánicamente, un brazalete negro en uno de sus brazos. Después, mezcló el contenido de la caja –aquel cadavérico blog ennegrecido- con su vasito de vinagre y lo bebió reverencialmente.
El Posmoderno retornó a su lugar, entre la Escritora Tropical y Literator, que le preguntó acerca del blog de El Fracasado
-¡Que va! –meneó la cabeza, satisfecho, el Posmoderno –ese tipo jamás sabrá lo que es ser trending topic…
-¡Ya lo creo! –se reafirmó Literator, que entendía tan poco de aquello, le sonaba tan ajeno, se sentía tan incómodo haciendo parecer como que sabía: al estilo de cuando se veía obligado a perorar sobre La Divina Comedia, El Quijote o La Regenta, libros, todos ellos, que jamás había leído y que jamás leería porque era incapaz de alcanzar la segunda página sin desplomarse en la abulia, rematado de sueño, con los ojillos de salmónido entrecerrados y en camino a las profundidades abisales en donde le aguardaban esos peces deformes de bocas dentudas enormes, con antenas como periscopios y una lucecita en el extremo para alumbrar su propia y personal impostura.
Novísima técnica literaria
El grupo charlaba animado en mitad del aborto de café: el Posmoderno llevaba un buen rato explicando las novísimas técnicas literarias que utilizaba para la construcción de sus novelas fragmentarias y posmodernas, Literator abogaba por una trabazón estructural que tenía mucho que ver con andamios y muros de carga, y la Escritora Tropical amamantaba sus páginas hasta que, fortalecidas de mentiras, echaban a corretear por el parque, se enfangaban en los charcos que se formaban bajo los columpios y jugueteaban con los excrementos de los perros. Entonces, entró El Fracasado en el local y los ojos de gafapasta, los ojillos estrábicos y oceánicos, y los senos punzantes, apuntaron en su dirección. Literator, para humillarlo, lo instó a que se sentara con ellos y le escupió la pregunta:
-Hablábamos de nuestras técnicas narrativas, todas ella novísimas y asaz revolucionarias. ¿Usted cual utiliza? –en su mirada: bancos de jureles se movían al unísono como perseguidos por un tiburoncillo de panzuda piel de glande.
El Fracasado quedó plantado frente a ellos por un instante. Sumergió su mano en el bolsillo y extrajo una hoja. La extendió y les vomitó:
-Creo que encontraran de su agrado esta tirada de versos, este poema se ha escrito con una novísima técnica literaria –y se lo pasó al trío que lo sobeteaba con indiscreción e incomprensión.
-No acierto a ver lo novedoso –aseguró el Posmoderno, torciendo la boca con un ademán chulesco, como cuando anoche, tras el sexo con la Escritora Tropical, se encendía un cigarrillo con un despreciable movimiento de su zippo, el pene ahíto y ya flácido sobre el muslo y el olor a esperma en la habitación.
-La verdad es que no… -intentó argumentar algún principio fundamental Literator, pero fue interrumpido por El Fracasado, que reveló su misteriosa técnica:
-¡Señores! Señores… esos versos… ¡están escritos con Salfuman!
Mientras El Fracasado se retiraba a su alejada mesita, con sus coplillas bajo el brazo, la Escritora Tropical se interrogaba acerca de si aquel hombre era propietario de una droguería y el Posmoderno albergaba la seria convicción de que esos productos químicos, todos esos productos químicos corrosivos, los generaba algún órgano de El Fracasado, tal vez el corazón, como en otros, la vesícula no dejaba de producir la hiel.





