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domingo, 31 de diciembre de 2017

2017: Historia de un año de libros, lecturas y emociones

*Esta crónica apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/2017-historia-ano-libros-lecturas-emociones/


Este 2017 que termina ha sido un año marcado por las excelentes lecturas de las que he podido disfrutar. Hubo muchas novedades interesantes, algunas, incluso han sido obras maestras de esas que no ya nunca podré olvidar, junto a felicísimos descubrimientos de rarezas literarias, algún que otro reencuentro con los clásicos de toda la vida y muy sabrosas relecturas. A continuación, en este penúltimo Odradek del año, voy a comentaros algunos de esos libros que han pasado por mis manos y mis ojos en este 2017 agonizante.

En efecto, llevo un listado en donde anoto con precisión y devoción cada libro leído. Supongo que en eso no me diferencio del cazador que coloca las cabezas de sus piezas en la pared. Así, desde 2007 consigno, primero a mano en una Moleskine, y después en un documento de Word con el nombre de Recuento (hay que modernizarse) los libros de cada año. El volumen de lecturas anual suele ser más o menos el mismo, aunque hay algunos años disparatados y otros algo más enflaquecidos, siempre a causa de quehaceres profesionales o personales que tanto influyen en mis ritmos de lecturas.

Poesía
El año 2017 empezó con algo tan complejo como la poesía actual, más aún si nos centramos en la poesía española, ese mar en calma en el cual parece que ya todo el mundo puede adentrarse con la mera excusa de tener algo que decir, ya sea famosillo, bloguero o presentador de televisión. En España podemos decretar por fenecido al poeta, dando paso al facepoeta o al instapoeta, cuyas principales características son un nutrido grupo de palmeros que le ríe las gracias mientras se harta de publicar mamarrachadas o pretende ser un epígono de Benedetti.

Sin embargo, como el escaso lince en España, aún queda un puñado de versificadores salvajes que parecen vivir en las agrestes montañas de la literatura, fieles a su voz propia y original, que no se casan con nadie y que son inasequibles al desencanto. Por eso, arranqué el año con poesía, con poesía española, con poesía española de la buena: en efecto, he sido capaz de colocar juntas las tres palabras y que no parezca una aberración. El mérito radica en que, después, añado el nombre de un fanático de la lírica que se empeña, cada día que pasa, en firmar obras de arte que son obras maestras de sensibilidad y percepción de nuestro mundo que languidece: Maximiano Revilla. El libro, Pálpitos del tren que no vuelve (Vitruvio).

Y aquí, el enlace a mi crítica literaria del libro, que publiqué en el blog de pensamiento poético Verde Luna:


Y tal vez fuera por la inercia de que cuando uno encuentra algo bueno no quiere soltarlo, pero mi segunda lectura del año saltó sobre otro poemario igualmente notable, con la salvedad de que ahora me refiero a tierras costarricenses, un lugar tan ahíto como preñado de poesía, en donde se están aproximando a un hundimiento de su lírica por agotamiento —muy parecido al agostamiento en el que estamos inmersos aquí— aunque yo creo que ellos todavía conservan muchos grandes talentos, o futuros talentos (bueno no creo que sea futuro, sino ya bien presente) como Ronald Campos.

Su poemario Respuestas de la tierra, (editorial Juglar) publicado en España, nos muestra a un poeta repleto de recursos con una forma muy peculiar de contemplar la geografía española y castellana, con ojos de trópico, en uno de sus trabajos más interesantes y originales. Un libro muy de poeta, que confirma el puesto que está llamado a ocupar en la poesía de su país.

Os dejo el enlace a mi crítica de Respuestas de la tierra, también para el blog Verde Luna:


En el mes de marzo me topé con el primer gran descubrimiento del año, tal que fuera un Kepler oteando los cielos poéticos, y me vino, sin embargo, por la nube de Internet. Mi relación facebookiana con otro poeta costarricense, esta vez Randall Roque, culminó con el honor de escribirle un prólogo para su excelente poemario Ácido, pendiente de publicación y a la búsqueda de editorial en España. Siguiendo esa fea costumbre de la autocita, reproduzco unas palabras de ese prólogo, hasta el momento clandestino:

Es la poesía de Randall Roque una sustancia peligrosa, un magma literario que debe ser manejado con cuidado, casi de contrabando, pasada de boca a oído en los callejones traseros, administrada con cuentagotas, contrabandeada, trapicheada como las sustancias estupefacientes y el alcohol que tanta presencia tienen en este poemario Ácido. Porque es una poesía que produce fuertes efectos secundarios; son versos de puño, que aturden al lector, para después espabilarlo cuando toma conciencia de la realidad que el poeta le ha mostrado a través de su escritura”.

Seguimos buscando editorial. De momento, ustedes se pierden a este gran poeta de Cartago.

Siguiendo con este arranque tan poético de 2017, cayó en mis manos uno de los poemarios llamados a revolucionar una parte de mi percepción lírica, más aún cuando vino cargado de serendipia y casualidad. Me explico: llevo un tiempo dedicado al estudio de la literatura cuántica, y en los últimos tiempos a la poesía cuántica. Entonces, apareció La flor de la vida (Lastura), poemario de Heberto de Sysmo, y se convirtió en uno de los textos fundamentales para llevar a cabo mis estudios.
Pensemos en una cosa: nuestras huellas dactilares reproducen las constelaciones. Nos encontramos, así, ante una geometría sagrada de la creación, algo maravilloso que entronca con la micro cuántica y la macro cuántica, circunstancias sobre las que me explayo en el siguiente enlace del blog Verde Luna:


Heberto de Sysmo, junto a otro gran poeta valenciano, Gregorio Muelas, firmaron uno de los libros más bellos del año, no sólo por su contenido repleto de unos haikus que son como pequeñas conchas encontradas en la arena, sino por la edición artesanal y primorosa llevada a cabo por Ultramarina Cartonera. El delicioso manjar lleva por título La soledad encendida, y en el blog Verde Luna os hablé en profundidad de los tesoros que alberga en su interior:


Con evidentes toques de poesía cuántica y un planteamiento ciertamente original, llegó a mi puerta Poesía en obras (Lastura) de Emilio J. Ocampos, otro de esos poemarios que hay que tener en cuenta. En primer lugar, por su sencillez aparente. En segundo lugar, por lo que propone: una escisión entre el yo poeta y el yo que debe desgastarse en un trabajo alimenticio (porque, desde luego, las tareas de poeta no lo son), y en cómo afecta todo eso a la percepción lírica del día a día. Muy recomendable. Si os animáis a echarle un vistazo, os dejo el enlace mi crítica:







Acabo este año, excepcionalmente bueno en mi cata de poemarios —pero que no hay que confundir con el volumen de poesía insulsa, anodina y despreciable que se ha publicado en España, de la que afortunadamente no he tenido que hablar, ni padecer son su lectura, en uno de los pequeños privilegios de mi independencia literaria—, con Un cuántico aleteo en la boca, de Maximiano Revilla, y por aquello de cerrar el círculo de la buena poesía española.

Con su interesante deriva hacia lo social, en este segundo libro que publica en el mismo año (lo cual es heroicidad, y al ser de poesía ya es algo rayano en la locura), Maximiano nos ofrece algunos de sus poemas más originales, en un trabajo herido de la hiper percepción de una realidad dolorosa: la forma en cómo nos estamos agostando y angustiando.

Y el link, para los curiosos, con mi análisis en profundidad:


Novela
He de reconocer el severo deterioro en mi relación literaria y lector con Antonio Orejudo. Yo entré en lo peculiar de su mundo narrativo por ese artefacto desternillante que es Ventajas de viajar en tren. Desde ahí obtuve la misma satisfacción con la que era su primera novela, Fabulosas narraciones por historias, y donde ya me rindió por completo fue con Reconstrucción —todas sus obras, incluso las que mencionaré más adelante, editadas en Tusquets— uno de los mejores libros que se han escrito en España hasta la fecha.

Valga esta crítica en mi blog La ficción gramatical para sostener tal afirmación:


La avaricia rompe el saco lector, claro, y mis deseos de toparme con más genialidades del escritor madrileño se han quedado en ayunas. Leí con más buena voluntad y disposición que espíritu crítico Un momento de descanso, y terminé de desfondarme con Los cinco y yo. Algo me decía que, tras varios años de espera, iba a toparme con el autor genial que recordaba, pero de eso nada. Mi forma de ejercer la crítica literaria, muchos ya lo sabéis y os habréis dado cuenta, consiste en no mencionar aquello que, simplemente, es bazofia literaria.

Se trata de no destrozar la obra de nadie, eso no tiene sentido: ellos solos la destruyen con sus actos y, lo más importante, con lo que escriben y cómo lo escriben. Sin embargo, creo que hay un grupo de autores, por apoyos editoriales, posición ganada con los críticos, prestigio y proyección, de quienes creo necesario señalar que han escrito una obra que no es que sea mala, pero que no se encuentra a la altura de sus trabajos anteriores. Esto explica mi reseña de Los cinco y yo para esta misma revista, y que puedes consultar aquí:


Para enjuagar un sabor de boca algo amargo tras la última entrega de Orejudo, releí Ventajas de viajar en tren, y una vez reconciliado con la genialidad de este autor lo recomendé como libro del mes al público de la página web de Mi Nueva Edad. Puedes leer mi recomendación aquí:


Ya metido en el mes de mayo, le tocó el turno a un agradable libro, me atrevería a decir que por ocasiones delicioso, que prepara una trama de novela negra con raigambre en lo cinematográfico: Gilda en los Andes (editorial Berenice) de Fernando Marañón. La novela, que sabe mantener un interés que lleva a devorarla de forma obsesiva, juguetea con la sabiduría de su autor en el ámbito cinematográfico, a la par que se cubre de guiños al género negro, todo ello mezclado con un grupo de antihéroes a la española, de esos que son soñadores de cubalibre y ración de aceitunas.

La recomendé como libro del mes en Mi Nueva Edad, y aquí os dejo enlace a los motivos que me llevaron a esa decisión:


Sin embargo, aún tengo una deuda con este texto, y espero dedicarle en breve un análisis más profundo aquí en Achtung!, todo es cuestión de tiempo, porque creo que es esta novela de Fernando Marañón no debe pasar desapercibida, o devorada entre la morralla de tanta mediocridad editorial.

Casi de la mano de Gilda en los andes, me llegó Paraíso Imperfecto (editorial Alrevés) de Juan Laborda Barceló, otra novela escrita por un cinéfilo empedernido que, sin embargo, prefirió para su obra un estudio de los resortes de la violencia como forma de ahogar todo intento de buen gobierno o gobierno utópico, convirtiendo el texto en una narración amarga, de esas que al final te dejan la mirada perdida y la cabeza llena de preguntas. Os reseñé esta novela para Achtung!, aquí os dejo el enlace:


Y Juan Laborda nos demostró que es un gran conversador, ya sea sobre literatura, historia, política o lo que se tercie, como se puede apreciar en la primera entrega de la serie de entrevistas que en Achtung! hemos bautizado con el nombre de Galería de Cronopios. Y sí, en efecto, os prometemos muchos más Cronopios en breve. La entrevista con Juan Barceló, aquí:


El verano me trajo de la mano un gran hallazgo narrativo, La caricia del verdugo (Universo de letras) de Alejandro Feito, otra de esas interesantísimas cosechas realizadas gracias a todo lo bueno que tienen las redes sociales y que, a veces, para quienes las estamos usando con fines literarios, nos dan más alegrías que tristezas, la verdad.

La caricia del verdugo es un libro de novela negra a la marsellesa escrita con gusto, ganas, tiempo y esfuerzo. Es un puñetazo narrativo pleno de arrojo que deja al lector sin aire en los pulmones. Los dos asesinos, protagonistas del libro, están caracterizados con gran inteligencia y cuidado, tal y como os explico en la crítica para Achtung!:


He cerrado el año con tres libros que hacen que me sienta afortunado de poder leer, a veces, trabajos tan deslumbrantes, buenos y originales. En primer lugar, la novela compleja y profunda, con un marcado carácter filosófico, del albanés Bashkim Shehu, titulada Angelus Novus (Siruela). Toda una reflexión sobre las maldades del poder totalitario, la búsqueda de la libertad y el universo que se alberga en la cabeza de los grandes pensadores:


Después, y de la mano de Navona, uno de los libros del año, una descomunal novela albergada en un texto breve que corta el aliento y encoge el corazón: El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle, en donde el autor nos habla, de una manera cercana y sincera, llena de lirismo, pero sobre todo repleta de humanidad y miedo, del dolor ante el nacimiento de su primogénito muerto. Un libro que no hay que perdérselo:


Por último, La acusación (Libros del Asteroide) de Bandi, un autor que bajo ese seudónimo ha conseguido sacar de Corea del Norte un volumen de cuentos prohibidos que denuncian el régimen criminal y sanguinario de aquel país. Un libro sobre la infamia, sobre una de las vergüenzas de nuestro mundo actual. Espeluznante:


En el tiempo de relecturas, o de lecturas de libros que no eran novedad este año, por encima de todos saldé mi deuda pendiente con lo que ya es un clásico moderno, Limónov (Anagrama) de Emmanuel Cárrere. Una obra de profundo análisis, con grandes dosis de autoficción, pero realizada al modo del gran reportaje periodístico, que bebe de las fuentes de Capote o Kapuściński. Mi entusiasmo queda patente aquí:

Mención aparte se merecieron las reediciones de dos grandes clásicos como La transformación de Kafka y El corazón de las tinieblas de Conrad, acometidas con mucho gusto y mejor saber por la editorial Navona:


Biografía y ensayos literario-biográficos
Uno de los acontecimientos literarios del año en cuanto a biografía se trata, fue la monumental edición acometida por El acantilado del Kafka de Reiner Stach, que recoge en dos tomos épicos los tres volúmenes biográficos sobre el escritor checo: Los primeros años, Los años de las decisiones y Los años del conocimiento. Hasta el momento, la que considero la obra definitiva sobre la vida de Kafka y la imbricación de esta vida con su obra.

Un par de ensayos literarios extraordinarios, por su forma de estar escritos y porque atienden a personalidades de escritores, se han llevado la palma en este 2017. Me refiero al trabajo de Jorge Freire sobre Arthur Koestler, titulado Arthur Koestler: Nuestro hombre en España (Alrevés) y al estudio sobre algunos de los escritores más influyentes del siglo XX, sus amistades y su forma de vivir la literatura, realizado por Toni Montesinos en Escribir. Leer. Vivir. Goethe. Tolstói. Mann. Zweig y Kafka (Ediciones del Subsuelo). Os hablé detenidamente de ellos aquí, en Achtung!:

Del libro de Jorge Freire:


Y del libro de Toni Montesinos:


La editorial Pasado & Presente además, me dejó entusiasmado con su Historia de los libros perdidos, de Giorgio Van Straten, un recorrido por aquellos textos que se han perdido, que sus autores destruyeron por algún motivo o que, simplemente, extraviaron por no cuidarlos con el debido celo. Un texto delicioso, pero frustrante, al comprobar como actos inexplicables nos han privado de obras, posiblemente, inolvidables:


Un libro de viajes y un libro de historia
Un emocionante libro de viajes sobre Budapest llegó a mis manos tan hambrientas como están, desde hace mucho tiempo, de Centroeuropa. Gracias, de nuevo, a la era digital, pude seguir por Instagram parte del viaje que realizó Sergi Bellver, y que cristalizó en sus Variaciones sobre Budapest (La línea del horizonte ediciones). Un libro que me emocionó por la forma en que el autor percibe los muchos discursos de la vieja ciudad austrohúngara, la manera en que conversa con sus calles, sus aceras, sus parques, encontrando en la reflexión serena y reposada la vía para recuperarse a sí mismo y regresar del viaje completamente cambiado. Un libro repleto, pleno y calmado, que rezuma el saber emanado desde la luz de los candelabros de Sándor Márai:


De nuevo, la editorial Pasado & Presente, entregó uno de los mejores libros de historia del pasado 2017, con la edición del amenísimo, pero también perturbador (por los hechos que relata) trabajo de Nicholas Best, titulado Cinco días que estremecieron al mundo:

http://www.achtungmag.com/la-carne-la-historia-cinco-dias-estremecieron-al-mundo-nicholas-best/

Y además…
Pero 2017 no se ha quedado ahí, que ha dado para mucho más. Encontré una curiosa novela del escritor en lengua albanesa Luan Starova, publicada hace tiempo por Libros del Asteroide con el curioso nombre de El tiempo de las cabras, sobre una sorprendente manera de oponerse en Macedonia al régimen comunista dictatorial de la Yugoslavia de Tito.

Me topé con La hierba amarga (también en los Libros del asteroide), un fugaz textito, pero no por ello menos estremecedor, de Marga Minco, en donde nos cuenta su propia historia, que es la historia de cómo se llevó a cabo el holocausto en Holanda.

Fue, también, el año del debut literario de Sofía Gonzalez Gómez en forma de unos cuentos titulados Una playa de septiembre (publicados por La isla de Siltolá), en donde hace un interesante repaso a las relaciones humanas, repletas de impostura y centradas en las apariencias, en esta sociedad digital nuestra que nos está incomunicando cada vez con más ahínco. Si os interesa profundizar un poco más en este libro, os dejo enlace a mi crítica:


Y qué puedo decir de mi ración habitual de libros de Chuck Palahniuk, ciertamente algo irregular en sus formas de cerrar las historias, pero siempre provocador y ameno, con una manera de narrar que te engancha. Esta vez me leí Monstruos invisibles y Nana (tal vez de lo mejor que haya escrito), ambos en Literatura Random House.

He llevado a cabo algunas relecturas que siempre resultan como la visita a la casa de un viejo amigo: Matadero Cinco (Anagrama) de Kurt Vonnegut, El extranjero (Alianza) de Camus, El miedo del portero al penalti (Alianza) de Peter Handke y Ampliación del campo de batalla (Anagrama) de Houellebecq, por destacar algunas de entre tantas amistades que siempre me reciben con los brazo abiertos y me deparan el mismo asombro que la primera vez que las leí.

He querido dejar para la última columna de El Odradek de 2017, que será el próximo viernes día 29, el que para mí ha sido, finalmente, el libro del año, en reñida lucha con El nadador en el mar secreto de Kotzwinkle.

El libro al que me refiero me ha ganado el corazón —alguno de los dos textos, este o el de Kotzwinkle, ambos excepcionales, tenía que hacerlo—, pero sobre todo porque se trata de un trabajo escrito por alguien que no es escritor y que elabora una especie de biografía novelada con ribetes de autoficción y libro de historia. Además, lo cuenta desde unos recursos literarios sobrios y sencillos, incluso repetitivos, que hacen que se la emoción se dispare por la carga de sinceridad, e incluso de inocencia, que alberga en sus 600 páginas.

Obviamente, me estoy refiriendo a… Tendréis que aguardar a nuestro último Odradek del año para descubrirlo. Os prometo que me meteré en este libro a fondo, con entusiasmo, placer y admiración.

Hasta entonces, os deseo una feliz Nochebuena y una formidable Navidad.

martes, 10 de octubre de 2017

Kafka y Conrad editados por Navona: dos venerables ancianitos que montan en skateboard


*Esta reseña apareció en mi columna semanal de los viernes, El odradek de achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/kafka-conrad-reeditados-navona-dos-venerables-ancianitos-montan-skateboard/


La transformación de Franz Kafka y El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, son dos grandes clásicos de la literatura. De eso no cabe duda. Y como tales los ha editado Navona, dentro de su colección Ineludibles. Porque, realmente, lo son: son dos textos imposibles de eludir, de ignorar.
Para superar el posible hartazgo con el que alguien pueda recibir la enésima publicación de clásicos de esta magnitud, Navona ha revitalizado los textos presentando una nueva traducción junto con una edición sobria, funcional, agradable y cuidada. De esta forma, Kafka y Conrad se han visto redimensionados, y ahora podemos disfrutar de estos textos, que son como dos venerables ancianitos cargados de sabiduría, con un nervio y un pulso de jovenzuelos.

Como crítico y teórico de la literatura, es bastante dificultoso ofrecerle a un lector veterano argumentos diferentes para aproximarse a estos dos libros. Sin embargo, y contando con que su nuevo envasado editorial ya es de por sí una buena excusa, supongo que los lectores curtidos sabrán excusarme si no soy capaz de añadir casi nada nuevo de reclamo. Ahora bien, el número de personas que envidio profundamente, aquellas que aún se mantienen virginalmente instaladas en el desconocimiento del goce que les proporcionarán semejantes obras, quizás encuentren atractivas mis palabras a la hora de decidirse por las ediciones de Navona, huyendo de algunas otras traducciones alambicadas, o de aquellas ediciones de saldillo que abundan de ambas novelas.

Empezaré por Kafka y La transformación. En efecto, Navona, o su traductor y autor de un pequeño prólogo, Xandru Fernández, le han dado a la narración el título adecuado. Como muy bien afirma en dicho prólogo, si Kafka hubiera querido llamarlo La metamorfosis lo hubiera titulado así, Die Metamorphose, pero se decidió por llamarlo Die Verwandlung: La transformación.

Cuando Gregorio Samsa se despierta, “después de un sueño intranquilo”, ya se ha convertido en un insecto. La metamorfosis tendría mucho de proceso evolutivo, de mutaciones en diversas formas, y presenciaríamos en la narración los cambios estructurales que abarcarían desde una fase de pupa hasta el estadio de insecto de Gregorio Samsa. Pero la narración comienza in media res, cuando el protagonista ya se ha transformado por completo.

Kafka ha compuesto un relato que muy bien puede entenderse como una obra cumbre de la ciencia ficción, pero esa es sólo una de las muchísimas lecturas que permite un texto de una riqueza tan enorme como este, y además, entenderlo como una joya de la Sci-Fy tal vez sea la aproximación más simple. Porque La transformación está atravesada de un carácter simbólico en donde toda la historia es una metáfora de la incomunicación del hombre, aplastado, angustiado, sometido.

De esta manera, entendiendo el relato de Kafka como algo simbólico, podemos darle todo el sentido que contiene: La transformación se ha producido, realmente, en el interior del hombre, y se trata de un protagonista colectivo, dado que nos representa a todos nosotros.

Por ese motivo, que Samsa haya mutado en cucaracha, o escarabajo, realmente carece de importancia. De hecho, el propio Kafka le insistió a su editor Kurt Wolff que en ningún caso podía aparecer un insecto en la portada, lo que dio lugar a una de las cubiertas más emblemáticas de la historia de la literatura.

Sirva como anécdota el dato de que la primera traducción de una obra de Kafka a otro idioma fue La Transformación, vertida al castellano en junio de 1925, apenas un año después de la muerte del autor, y casi tres años antes de que apareciera en francés. El texto apareció como una traducción anónima en los números 24 y 25 de Revista de Occidente, bajo el título de La Metamorfosis. Desde entonces, se divulgaría con ese nombre por todo el orbe de habla hispana —y se especula con dos buenos conocedores de la lengua alemana como posibles autores: el director de la Revista, Ortega y Gasset, o tal vez el secretario de redacción, Fernando Vela—.

Si os interesa una interpretación más profunda de las muchas lecturas que se pueden hacer del texto, aquí os dejo un enlace a un trabajo mio:


Recordemos unas palabras de Kafka sobre las cualidades de un buen libro:

Creo que debemos leer solo la clase de libros que nos hieren, que nos apuñalan. Si el libro que estamos leyendo no nos despierta con un golpe en la cabeza, ¿para qué leemos?... Necesitaríamos libros que nos afecten como un cataclismo, que nos acongojen profundamente, como la muerte de alguien a quién hemos amado más que a nosotros mismos, como si nos hubieran desterrado a una selva, lejos de todos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha para el mar congelado que tenemos dentro de nosotros”. 
Con La Transformación lo ha conseguido.
Por su parte, mi historia con El corazón de las tinieblas de Conrad es una relación de amor y de odio…, que acaba de solucionarse gracias a la edición de Navona y, hay que decirlo, por la insistencia de mi amigo Ignacio Vacchiano en que le concediera nuevas oportunidades en forma de lectura. Tenía razón.
A la hora de leer a Kafka es difícil sacudirse el asunto del insecto, el de la figura de un hombre entenebrecido por la presencia del padre, o aquello de que decidió quemar toda su obra, como casi imposible resulta abstraerse de las muchas interferencias que pueden obstaculizar a El corazón de las tinieblas. En primer lugar, que en cierto modo es un recorrido como el del descenso de Dante a los Infiernos, o las incansables comparaciones de la película Apocalypse Now con el libro, del cual, evidentemente, toma gran parte de la trama.

Sin embargo, una vez olvidado todo esto y alejando de nosotros la falsa afirmación de que el texto es lento, como asfixiado por ese espíritu opresivo de la jungla que Conrad pretende retratar, si sabemos sobreponernos a la intromisión de algunas interpretaciones que solo encuentran una denuncia del régimen criminal del rey belga Leopoldo II en el Congo, podemos acceder a un trabajo literario de virtudes planetarias (y pienso en la sonrisa de satisfacción de mi amigo Ignacio al leer esto).
Desde luego, si no se ha leído nunca la novela de Conrad, la edición de Navona es la indicada para hacerlo. Y lo es, por ejemplo, por la traducción de un gigante como el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, que además es biógrafo de Conrad y ha conseguido algo muy peculiar y decisivo con El corazón de las tinieblas: dotarlo de una luz especial.
En El corazón de las tinieblas vamos a toparnos con un tratado sobre la angustia y la codicia, sobre la inmundicia humana, desplegada en el seno de uno de los lugares más hostiles para el hombre: la jungla pavorosa y asfixiante, que alberga un misterio de terror que termina enloqueciendo a quienes se adentran en ella. En este aspecto, no puedo dejar de poner en paralelo esta lectura con los Cuentos amor, locura y muerte del uruguayo Horacio Quiroga, donde la presencia de la selva y la muerte configuran un cronotopo muy parecido al de Conrad en El corazón de las tinieblas.

Leyendo a Conrad, y también leyendo a Quiroga, extraemos una reflexión inquietante: la profanación de la naturaleza, en este caso el saqueo de sus recursos y el maltrato y la esclavitud de aquellos que la habitan, desencadena consecuencias terribles. Fundamentalmente, la locura y la muerte.
Porque El corazón de las tinieblas es una novela sobre el mal, ya sea una perversidad albergada en el interior del hombre o la perfidia mortal que despliega el entorno selvático que lo rodea —en defensa propia ante los abusos que soporta, desde luego—; un mal que se desencadena como una venganza, es la respuesta de la tierra a una violación, lo que quizás podría vestir a la novela de Conrad con un interesante carácter ecologista que dispararía otras interpretaciones.
El mal está presente en la naturaleza como un castigo al hombre por haberla alterado, pero también como recordatorio de que, primigeniamente, pertenecemos a ese entorno y que debemos someternos a sus leyes: el ser humano es frágil, como todos los elementos que conforman la hostilidad de la jungla.
Mediante el relato dentro del relato, la historia que les cuenta Marlow a los tripulantes de un barco que aguarda el cambio de marea en las orillas del Támesis, el narrador revive la opresión que experimentó durante su estancia en el Congo. Se produce así una interacción externa-interna de los paisajes: el tiempo actual del relato junto al tiempo pasado de lo narrado por Marlow.
Y las claves del descenso a este infierno africano se encuentran en el cauce del río por el que ha navegado el protagonista a la búsqueda de Kurtz. La masa de agua se va convirtiendo en un curso sinuoso y terrorífico, hasta que deja de transmitir la sensación de río y se convierte en algo aplastante.
Es el entorno de una naturaleza inclemente, capaz de extraer toda la insoportable malignidad humana hacia el exterior. El hombre, oprimido por las fuerzas naturales, se convierte en un desecho nervioso presto a saltar a la yugular de su semejante ante la menor irritación, y debe morir para integrarse en la naturaleza que ha profanado, ya que la muerte es un estado natural que arregla las cosas, que las devuelve a su sitio.

Cuatro veces leí esta novela antes de toparme con la edición de Navona, que me ha permitido descubrir en ella gran parte de las virtudes que la hacen ineludible. Con estas nuevas ediciones, Kafka y Conrad, esos dos venerables ancianos que se aproximaban a pasitos lentos y cargados de sabiduría, arrojan al suelo sus sombreros de hongo y se convierten en jóvenes vivarachos que toman las tablas de sus skateboards y realizan las piruetas más arriesgadas con lo magistral de su literatura.