Mostrando entradas con la etiqueta poetas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poetas. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de marzo de 2013

Hambre

-Los novelistas, los poetas en general, siempre pasan y tienen hambre…
-Yo no, caballero, yo no… ¡que incluso estoy a régimen!
-¿Siendo usted escritor? ¿A dieta? ¡Insólito!
-¡Sí señor, sí!
-¿Y qué pretende con ello?
-Yo, caballero, quiero ser el nuevo Benet, y fustigo a mis escritos con un sistemático y forzado adelgazamiento de la anécdota, que sólo permanezca en pie el artificio textual del lenguaje.
-¡Qué curioso!
-¿Qué le resulta tan curioso?
-Pues… ¡que adelgazando usted sus novelas consiga hartar, empapuzar y empachar al lector hasta la náusea!

martes, 22 de mayo de 2012

Poesía y mayonesa


Juan Helman quiso poner una factoría que fabricara mayonesas: no pudo: ya existía una mayonesa que llevaba ese nombre: y copaba el mercado.

Muy bien, se dijo: si no puedo fabricar mayonesas pues, entonces, ahora, seré poeta.

Tampoco pudo: ya, uno, escribía con su nombre: y con éxito.

viernes, 27 de abril de 2012

domingo, 22 de abril de 2012

Poeta elenístico

-Escuche, joven, yo soy un poeta elenístico...
-¿Sigue usted las tradiciones, las formas griegas, al estilo de Homero, Virgilio tal vez?
-No, pollo, no... ¡me gusta escribir poemas con eles, con muchas eles!

viernes, 20 de abril de 2012

Diccionario de neolengua: RIPio

RIPio:​ Dícese de la inscripción o estela funeraria que adorna las lápidas de los malos poetas (es decir, de casi todos). Dícese, también, de los poemas que acompañan a esos malos poetas en vida, y que son como losas de sus tumbas que arrastraran a cuestas.

Diccionario de neolengua: Empareado

Empareado: ​Dícese del más que indigesto tentempié que consumen los poetuchos, poetastros y otros astrosos de las letras, muertos de hambre poética: consiste en colocar gruesas lonchas de zafia poesía, recargada de cansados lugares comunes ahumados de genialidad, y salpimentar con algunos ripios. De estos bocados se alimentan mucho los bardos populares, es decir, cantantes pop, tertulianos metidos a vates y ciertos profesorzuchos de instituto. Es extraordinariamente flatulento y propenso a la indigestión.

sábado, 14 de abril de 2012

Subnormal


"El poeta es casi subnormal".

Interesante y, a la par, preocupante declaración del poeta y ensayista uruguayo Gerardo Ciancio durante una lectura en la Universidad Complutense de Madrid.

jueves, 8 de septiembre de 2011

El meollo de nuestra existencia


Bukowski, unos versos:

“el poema no es precisamente el
meollo de nuestra
existencia
aunque
ha habido muchos
poetas
convencidos de que
lo
era ”.

lunes, 29 de agosto de 2011

Vendas mugrientas


Bukowski, un verso de un poema:

“es como si el mundo entero estuviera envuelto en vendas

mugrientas”.

sábado, 27 de agosto de 2011

Las dos mejores cosas


De B.;

“y

recuerda,

lo segundo mejor

que hay

es

dormir toda una noche

de un tirón


y

lo mejor:

una muerte apacible”.

viernes, 26 de agosto de 2011

Es un verso


Es un verso, un verso, un único verso de un poema de Bukowski:

“ni la más mínima oportunidad”.

La gente en sus cartas


Bukowski en Mujeres, una novela que es fuente inagotable:

“La gente solía ser mucho mejor en sus cartas que en la realidad. En esto se parecían a los poetas”.

lunes, 22 de agosto de 2011

miércoles, 17 de agosto de 2011

Definición


-¿Sabes?, te voy a definir con unos versos de Bukowski: "a veces eres minúsculos pedacitos de magia maravillosa”.

-¿Ese tipo no era un borracho y un desgraciado, un asqueroso?

-Umm, sí, eso dicen… o eso parece…

-Pues entonces, no quiero sus definiciones. Defíneme tú, aunque sea la definición de otro desgraciado, no menos asqueroso, desde luego…

-Pues…

Eso no es poesía


Nos encontramos en una esquina, hacía tiempo que no nos veíamos. Él llevaba un volumen de Ángeles y demonios debajo del brazo, diríase que hasta lo paseaba con orgullo.
Tío, que mala pinta tienes, me dijo, que ojeras gastas. Estuve toda la noche leyendo poesía, le contesté. ¿Poesía?, se extrañó, él me conocía bien, sabía de mi aversión por la poesía. Sí, me reafirmé, poesía, un libro de poemas de Bukowski. Entonces, se rió a carcajadas y me espetó: ¡Capullo! (lo recuerdo bien, sí, me llamó, exactamente: capullo). ¡Pero si eso no es poesía!
Lo miré a los ojos. El silencio de la esquina del barrio, tan pesado sobre nosotros. Señalé su mamotreto de Dan Brown y repliqué: No es poesía, no… es cierto, tan cierto como que eso que llevas bajo el brazo nunca será literatura.
Antes de darse la vuelta, malhumorado, me arrojó su incontestable conclusión:
¡No será literatura, pero esto lo leemos las personas normales!
Eso dijo: las personas normales. También me acuerdo muy bien.
Y ya lo sabía: esa noche me tocaría, otra noche más, una más, solitario y en vela, con el viejo hígadoensalmuera de Buk.

viernes, 12 de agosto de 2011

Clase magistral sobre la sinonimia


Estimados alumnos, ayer leí un poema de Maximiano Revilla:

He aquí el enlace al poema:

http://maximianadas.blogspot.com/2011/07/bobilongos-y-churrilunas.html

En la estrofa final hay colocadas dos palabras que son sinónimos y que, por tanto, dicen dos veces lo mismo:

Estrofa final:

“Hay circunstancias mientras paso, que no terminan de mear

nunca, ni de sentir el aire que renueva su nombre, ni de ver en los

cines, mientras se meten mano, como se representa la historia sin

firma de su abolengo, como nos hacen ser al cerrar la ventana,

josecarlos culpables”.

Evidentemente, el problema se encuentra en el último verso, en ese josecarlos culpables.

Porque es como decir dos veces culpables. Culpables culpables. O josecarlos josecarlos. Una repetición gratuita que no aporta nada. Aunque sea sinonimia, recurso poético, y no afee ni le reste méritos a la, por otro lado, agradable y colorista composición.

Ampliemos el estudio filológico:

La palabra josecarlos me atrevería a definirla como polisinonímica, es decir, que junto a culpables o culpable, significa lo mismo, pero también significa lo mismo junto a adjetivos como fracaso o fracasado, herido, dolorido o rechazado, apaleado, ahogado, asfixiado o aniquilado y, realmente lo pienso, esta polisinonimia alcanza el máximo de su exactitud si la unimos al adjetivo dolor porque, fundamentalmente, el poliadjetivopolisinonímico josecarlos significa dolor, o dolorido, también desesperación, en efecto, como alguno de ustedes me apunta acertadamente, pero,

POR ENCIMA DE TODO Y CON EXACTITUD:

dolor.

Esta es, y no otra, la grandeza de hacer filología con los textos… y, por cierto, estén atentos, que muy bien, lo que acabo de explicar podría caer en el examen.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Jack Rambo, traductor, recitador e intérprete de Rimbaud (con una dedicatoria para Bruno Galindo)




Jack Rambo era traductor de Rimbaud, allá en Melilla. Algunas noches recitaba sus versos en bares de mala muerte y en puti clubs, y ya cansado de tanta incomprensión, de que no encontrara un editor para la novísima traducción de las obras completas, decidió emigrar a una mina en la zona francófona de Canadá. Allí, Jack Rambo, retaco, patizambo y algo renegrido, se puso fuerte con el trabajo del pico, la pala y la veta, aunque seguía siendo ciertamente achaparrado e, incluso, algo así como bisojo. Un verano, con los ahorros de todo el invierno barrenando piedra, se marchó a Etiopía, porque deseaba visitar la casa que su admirado poeta tuvo en Harare. Allí que se llegó y, para su desespero, la casa de Rimbaud era en realidad lo que los locales entendían como la casa de Rambo, del Rambo de las películas, del que mataba vietnamitas como hormigas, a quien habían confundido fonéticamente.
En la mesa, el escritorio donde debería haber recado y pluma con la que Rimbaud escribía sus poemas, un reluciente AK-47 y una canana de munición y el letrero: aquí recargaba Rambo durante sus noches de insomnio; en una noche se dice que fue capaz de recargar 8000 balas. Viendo aquello, los rifles colgados de las paredes, las vitrinas con las bombas y los explosivos, los nunchacos extendidos, abiertos sobre la cama como un pulpo oxidado, a Jack Rambo (que, curiosamente, se apellidaba como el Rambo guerrillero que creían los etíopes que era el Rimbaud poeta y que, a su vez, ese Rambo no existía, sino que era un actor de cine) le empezó a doler violentamente la cabeza. Se acercó a un guía de la casa-museo y le gritó si no conocían la poesía de Rimbaud, aquello del principio de El barco ebrio: Al tiempo que bajaba por ríos impasibles, sentí que no me guiaban los hombres a la sirga…
Sí, sí que conocían la poesía de Rambo: le citaron de memoria frases pronunciadas en los momentos claves de su vida: cuando el coronel Trautman hablaba con él, cuando mataba a un vietnamita y añadía un comentario cínico, y cosas así, para luego enseñarle los lugares más importantes de la casa: aquí, Rambo mató a un gato, aquí, se desayunaba todos los días sus gachas del ejército, aquí: se cosió una herida en un brazo con aguja e hilo y allí se pegó los intestinos que se le salían con Loctite, allá: se la cascaba a menudo y ese era su orinal…

Jack Rambo no pudo terminar de otra manera: como el trabajo en la mina le había puesto cachas, musculoso y deforme, a pesar de ser achaparrado y paticorto, incluso bizqueaba, por esos azares de la vida, se hizo el doble del actor que interpretaba a Rambo, un doble sólo de cuerpo, pero con mucho éxito, tanto que llegó a protagonizar esa mítica escena de la ducha con una de las divas de Hollywood, en donde se enseñaba abundante cacho.

Lo fastidió todo por su empeño en recitar la poesía de Rimbaud a las estrellas, que a los primeros versos ya se sentían morir de tedio: lo denunciaron al sindicato de actores y terminó arrastrando camiones con los dientes, usando una cadena de hierro oxidado, como una atracción más de la feria de fenómenos de Wichita, donde se le perdió la pista.
Pero nos quedan sus escenas como Rambo, es decir, su doble cuerpo en el celuloide. Algo mucho más inmortal que las poesías de Rimbaud, las que él tanto defendía. A donde va a parar. Vamos, ni punto de comparación cuatro versillos con una buena película de tiros, sangre y violencia. Eso si es inmortalidad.
(Dedicado a Bruno Galindo, luengo tiempo ha, de forma casual, inspirador del texto)

Consonancias de la voz




Cuando llegué al café, como siempre, el escritor me estaba esperando. Sobre su mesa varios libros desparramados, y unas hojas en las que escribía con su pluma: pura fachada, porque llevaba un mes encaramado a las listas del best-seller más vendido y ni siquiera lo había escrito él. Ahora, con la muerte de otro notable autor, con ese bombazo postmortem que se desataba al fallecimiento, su puesto a la cabeza de las listas se sentía amenazado. Noté preocupación en su gesto y traté de entretenerlo: le enseñé el libro que llevaba bajo el brazo y le pregunté: ¿A leído usted lo último de Maximiano Revilla? Me atravesó con su mirada como con un insulto, como si me dijera: ¡imbécil!, para sentenciar: No lo he leído, ni pienso hacerlo hasta que se muera. Entonces, ¡entonces estará a la moda!

Tenía razón, que demonios, así que me levanté y arrojé aquellas Consonancias de la voz a la papelera, con un ruidito vacío y metálico: como lo vacío de nuestra literatura.

martes, 9 de agosto de 2011

Chinaskiada Dieciocho (amor a gritos)


Buk, en su poema El milagro es lo más breve:

“recuerdo cuando

tus ojos

dijeron amor

a gritos

ahora

mientras estas paredes

tan quedamente

mudan”.

Chinaskiada diecisiete (dolor, más dolor, dolor)


Buk, en el poema La enfermedad:

“avenidas arriba y abajo

la gente sufre dolor;

duermen con dolor, se despiertan

con dolor;

incluso los edificios sufren dolor,

los puentes

las flores sufren dolor

y no hay alivio,

el dolor se sienta

el dolor flota

el dolor aguarda

el dolor es”.