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domingo, 25 de agosto de 2013

Muro de ladrillo

“Supongamos que deseamos comercializar una novela de un autor desconocido. ¿cuántas posibilidades hay de que su obra logre una verdadera promoción? Muy pocas. ¿Por qué? Porque pocos editores se arriesgan a publicar libros originales y novedosos. Supongamos, además, que el autor novel resulta finalmente editado. Su libro llega, con dossier o sin dossier, al suplemento cultural, donde el director de turno o algún redactor encargado (…) decide el nombre del reseñista al que remiten las novedades. Los nombres habituales del suplemento suelen estar dedicados a los consagrados, así que les falta tiempo para los noveles (…) No les queda tiempo. Además, son los escritores rentables, pues, si una editorial anuncia sus novedades en la prensa con grafiti crítico, utilizarán frases sacadas de sus reseñas. Total, el principiante cae en manos de un reseñante de noveles (…) El mundo literario es uno de los reductos de mayor solera del conservadurismo español (…) Supongamos que el debutante recibe una reseña. ¿De qué le sirve? De poco: para engordar el dossier de la próxima entrega, si es que encuentra un editor que la quiera publicar”.

Germán Gullón.         
Los mercaderes en el templo de la literatura.
Caballo de Troya, Madrid, 2004, pp. 77-79.

domingo, 17 de marzo de 2013

13 años al margen (entre las grietas)


ahora,
que he publicado mi última novela,
miro hacia atrás hasta descoyuntarme el cuello al estilo del exorcista y hago como benet una reflexión y descubro que mi primera edición fue de hace trece años trece años deslizándome al margen y entre las sombras y bañado por el crepúsculo y moviéndome por las grietas de la literatura y de las palabras y de las páginas y del presunto fracaso que sinceramente y con plenas facultades de mis condiciones mentales hoy al fin he entendido que ese fracaso y en franca paradoja es mi éxito y que soy yo quien puede decirlo verdaderamente soy un novelista de éxito y mira mama al final lo he conseguido y en mi fracaso me hice un escritor de éxito
al fin

domingo, 3 de marzo de 2013

un novelista

un novelista no se compromete a nada ni con sus novelas refleja ni propone ni resuelve

un novelista no vende novelas

un novelista no sabe de marketing

un novelista se opone con violencia a los esfuerzos de su editorial

un novelista no manifiesta nada en sus novelas ni toma partido ni posiciones

un novelista no tiene pareceres un novelista tiene argumentos y tramas e historias

un novelista no decide en sus novelas sobre la vida ni sobre el arte ni sobre el compromiso

un novelista decide sobre sus personajes

un novelista escribe


y escribiendo novelas
un novelista
nunca
nada

lunes, 28 de mayo de 2012

Fe de erratas

Estimados señores de la editorial X:

Por la presente, deseo advertirlos a ustedes, muy severamente, de una serie de erratas que he encontrado tras la relectura de la última novela que acabo de publicar en su editorial.

Por favor, sírvanse de corregir, si son tan amables:

En la página 22 se habla de “recocidos en su amor”, cuando debería poner “regocijados en su amor”. Tengan presente que no he escrito un tratadillo de cocina, me consta que tan en boga ahora, o una especie de engendro entre novela y cocina, al estilo de esas bazofias que se pusieron de moda hace unos escasos años.

En la página 40 han consignado “estreñimiento” por “descendimiento”. No seamos blasfemos, estoy hablando del “descendimiento de la Cruz”, no del “estreñimiento de la Cruz”. Creo que, en este caso, ni el laicismo más puro ni el intento de ser lo más políticamente correcto, podrían admitir esa variante de la escatología religiosa.

Siguiendo en la línea de estas erratas que podría denominar de caca-culo-pedo-pis y que me hacen reflexionar acerca de la posibilidad de que un corrector de ustedes se encuentre actualmente en una fase anal-sálica, han equivocado, repetidamente, a mi personaje Antonio Sampayo con Antonio Sanpoya, y luego está lo de los cerdos...

Desde la página 60 hablo de la raza que he creado, la de los cerdos “chanchegos”, mezcla de los chanchos de Cantabria y de los marranos de La Mancha, y ustedes se obstinan en escribir, una y otra vez, “cerdos manchecos” por “cerdos chanchegos”. Son CHANCHEGOS, y esta palabra es una denominación de origen muy importante y decisiva para el desarrollo de la novela.

Por último, las dos erratas más dolorosas: en el título: mi novela aparece rotulada en la portada como “Sed de Ratas”, y no se llama así. Su título es “Fe de Ratas”, y espero corrijan con celeridad esto, así como los nombres y apellidos del autor. Me han rebautizado como José Carlos Rodrigo Breto, y yo me llamo Juan Carlos Rodríguez Bretón. Entiendo que me hayan puesto como ese oscuro escritorzucho, muy conocido en su casa a la hora de comer, ya que también comparte o compartió editorial con ustedes, pero les insto a que retiren las ediciones y publiquen otras nuevas con el nombre del autor corregido, salvo que me sea, y les resulte a ustedes, más cómodo y barato que adopte la identidad del susodicho y que, a partir de ahora, empiece a llamarme así y a firmar todos mis escritos con ese nuevo nombre.

Lo dejaré a su elección y si lo creen oportuno, pues me encarnaré en ese heterónimo de José Carlos Rodrigo Breto, si fuera necesario.

En espera de lo que decidan, los saludo, etc., etc...

Juan Carlos Rodríguez Bretón.

martes, 8 de mayo de 2012

600 días


hoy hace 600 días
hoy hablé de Dante
y hoy hace 600 días
y hoy hablé de Dante y de su Beatriz
600 días que han sido
como 600 visitas a la tumba de Kafka
como 600 veces que aguardara tu llegada bajo la estatua de San Wenceslao
como 600 gritos llamándote Milena
como los 600 días de Mussolini en su Saló
como 600 veces fusilado y cagado y meado por la multitud
como 600 veces colgado de ganchos y boca abajo del techo de una gasolinera
como 600 lacrimosas
como 600 astillas bajo las uñas
como 600 letras de tu nombre bajo las 600 uñas de los 600 dedos
y como 600 páginas escritas en 600 novelas
acompañadas por sus 600 largas notas de rechazo editorial: de 600 editoriales
pero también fueron
como ver 600 estrellas neréidas
y leer 600 poemas de Parra
y como 600 veces paseando por aquella playa de Lunario Sentimental
y como 600 lecturas de Dante y Petrarca
y como 600 veces liberado de la angina de pecho de tu nombre
y como 600 veces elevado al Empíreo para descubrir que hay vida en el Empíreo
porque 600 veces no estás tú en el Empíreo
y 600 veces haber vaciado el plomo del pecho
y 600 veces mirar en el fondo de los ojos de Beatriz
hoy hace 600 días
hoy hablé de Dante
y hoy hace 600 días
y hoy hablé de Dante y de su Beatriz
y comprendí el motivo
los motivos
los 600 motivos
por los que la Divina Comedia
concluye
con la palabra
estrellas