Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de noviembre de 2013

Hugo Claus: literatura e Historia



“El “modernista”, revolucionario, contemplador del pasado, se vuelve de hecho continuamente hacia él. Destaquemos sin embargo que no lo restituye a la manera de los historiadores (…) Conocer la historia, cabe objetar, siempre significa crearla (…) Evocar el pasado, por oposición a un presente movedizo y a un porvenir incierto, no significa aferrarse a algo fijo e inmutable –puesto que la idea que del pasado se hace de Claus puede cambiar de un momento a otro-, pero de todos modos definible, menos escurridizo y pérfido que el enigma que estamos vivendo o que viviremos en el futuro (…) La historia ofrece un punto de apoyo y de comparación que, por muy inestable y precario que sea, permite comprender mejor el presente, verlo en perspectiva (…) La historia se repite, dicen. Tras la línea recta que conduce del nacimiento a la muerte, más allá de la cronología que, al desgranar los años, los días y las horas, nos va aproximando inexorablemente a la nada, se vislumbra entonces el círculo del eterno retorno”.

Jean Weisberger.      
Nota final a la novela de Hugo Claus El asombro.
Anagrama, Barcelona, 1995,
Traducción de Malou Van Wijk
pp. 289-296.

domingo, 3 de marzo de 2013

un novelista

un novelista no se compromete a nada ni con sus novelas refleja ni propone ni resuelve

un novelista no vende novelas

un novelista no sabe de marketing

un novelista se opone con violencia a los esfuerzos de su editorial

un novelista no manifiesta nada en sus novelas ni toma partido ni posiciones

un novelista no tiene pareceres un novelista tiene argumentos y tramas e historias

un novelista no decide en sus novelas sobre la vida ni sobre el arte ni sobre el compromiso

un novelista decide sobre sus personajes

un novelista escribe


y escribiendo novelas
un novelista
nunca
nada

las palabras



dijo una vez un escritor:

la novela debe narrar una historia y no ser meramente un discurso textual

pues vale

domingo, 12 de agosto de 2012

Stefan Zweig se despide y se suicida

–Brasil,  primavera de 1942-

(En una modesta y rústica habitación de madera un hombre escribe a la luz de una lamparita, encorvado sobre una mesa. Detrás del escritorio aparece una ventana abierta de par en par a la oscuridad, a la noche. Gruesas manchas de sudor en las axilas; hace mucho calor, un calor extremo, tanto que, a lo mejor, no sería tan buena idea el mantener las ventanas abiertas porque la estancia aumenta así, aún más, su insoportable temperatura con ese aire recalentado que circula por la calle. El hombre, cansado, levanta la vista un momento y toma aliento para, después, acercarse un poco más la lámpara que tan escasa luz ofrece y prosigue con el último párrafo de su escrito. La recia, pausada y segura voz de un narrador, nos lee lo que el hombre ha garabateado con tanto esfuerzo):

“En Petrópolis, Brasil, 1942:

He llegado hasta donde he llegado, como he podido, a Brasil, a Petrópolis, como un exiliado. Huyo del régimen nazi, con una absoluta desesperanza en la raza humana. Hoy ya no lo soporto más, no soporto más a la raza humana. Por eso he decidido suicidarme junto a mi segunda esposa, que también se muestra de acuerdo. Nos hemos cansado de pertenecer a la raza humana”.

(El hombre repasó lo escrito. Primero, se conmovió, seguro de que su mujer jamás sería capaz de llegar hasta ese extremo, el suicidio, si él no se hubiera empeñado tanto; lo que hacía su mujer era un acto de amor y eso era terrible. A continuación, incluso se rió de sus temores ante la muerte, pero con unos matices desconsolados. El hombre releyó el último párrafo. De nuevo escuchamos la voz del narrador):
“Así que, sumidos en la desesperación del exilio, vemos que Hitler ganará la guerra de manera irremisible. Las circunstancias nos conducen a aceptar la muerte como un castigo al mayor pecado que hemos cometido: perdimos la fe en la raza humana aunque, quizás, también vamos a suicidarnos a causa de la insoportable y profunda degradación alcanzada por el hombre: una raza a la que nosotros pertenecemos y de la que nos avergonzamos. Porque nos resulta intolerable, insoportable, el sabernos humanos”.

(Se levanta y desaparece por la puerta de la habitación que conduce hasta su dormitorio. Allí, aguarda su mujer y, tumbados en la cama, serán encontrados después: muertos. Entonces, mientras un plano de cámara se aleja lentamente de la casa en donde ya se presiente la tragedia que se avecina, la voz del narrador declama con un tono neutro, como aséptico):

-Stefan Zweig se suicidó junto a su amada, como lo hizo Hitler con Eva Braun. Si Zweig y su mujer hubieran esperado tan sólo unos pocos años más, hasta la muerte del Führer y al desplome del Tercer Reich... incluso es posible que hubieran podido recuperar su fe en el ser humano...
(Se cierra la escena con un plano del abrasado cielo brasileño, nocturno y estrellado; le sigue un fundido en negro y la leyenda, sobreimpresionada en letras blancas):

“La Historia es la suma total de todas aquellas cosas que hubieran podido evitarse”.
Konrad Adenauer.

(En un silencio absoluto, la pantalla se vuelve a negro, y aparece la palabra):

FIN.

miércoles, 18 de julio de 2012

Irreflexión


“La Historia a menudo es producto de la irreflexión. Es una hija bastarda de la estupidez humana, el fruto de unas mentes obnubiladas, de la idiotez y de la locura. En casos tales, la escriben personas que no saben lo que hacen, más aún, que no quieren saberlo; rechazan tal posibilidad con furia y repugnancia”.
Ryszard Kapuscinski
           

Más que una estúpida falsedad


“Historia: un relato, generalmente falso, de sucesos, generalmente sin importancia, que son obra de gobernantes, generalmente bribones, y de soldados, generalmente estúpidos”.
Ambrose Bierce.