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lunes, 22 de octubre de 2018

¿Por qué esas editoriales y no otras? Un tsundokiano y su biblioteca



*Esta columna apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/por-que-esas-editoriales-y-no-otras-un-tsundokiano-y-su-biblioteca/

Una asistente a mi taller de literatura comparada que imparto en la Agencia Literaria y Librería Proscritos de Torrelodones, que además interviene vía Skype desde Estados Unidos, me puso un Whatssap en dónde me pedía que expusiera en alguno de los formatos en los que me muevo habitualmente —vía Instagram, o en los blogs que administro— un compendio de editoriales de referencia, con sus características, en qué se especializan, los motivos que las hacen diferentes… Al parecer, en Estados Unidos hay verdadero interés en este asunto, que no es una cuestión baladí, puesto que no es lo mismo leer un título publicado por una editorial que por otra. A veces, es que ni parece el mismo libro. Por eso, entiendo que este sea un excelente tema para esta columna de hoy de El Odradek.

De editoriales ya hemos hablado en Achtung!, concretamente sobre aquellas que cuidaban con mimo y detalle a sus lectores. Os dejo aquí el enlace por si os interesa, y además creo que complementará muy bien a esta columna de hoy:
Lo cierto es que, si miramos a nuestras librerías, nosotros enfermos tsundokianos, de repente nos damos cuenta de que poseemos muchos más libros de una colección que de otra, o un mismo libro en tres ediciones diferentes. Esto, ¿a qué misterio obedece? ¿A nuestro afán compulsivo de comprar libros? ¿A nuestro Diógenes literario?
Desde luego que no, aunque haya quién piense que estamos chalados y que algo hay de eso. Realmente, las editoriales se eligen ellas solas, entran en nuestras casas y adornan nuestros plúteos porque así lo quieren. Me explico, es muy difícil decirle que no a un libro de El Acantilado, de Asteroide, deImpedimenta o de Periférica, por ejemplo, aunque no tenga nada que ver con nuestros gustos o ni siquiera sea de un escritor que nos guste.
Este magnetismo se debe al tipo de ediciones con valor añadido que practican esas editoriales. Traducciones cuidadas, encuadernaciones perfectas, un papel agradable, una tipografía exquisita, una portadas que son obras de arte… Y por supuesto, la rigurosa elección de los autores publicados, alejados —la mayoría de las ocasiones— de los meros criterios comerciales.
De manera que, si miro ahora mismo en dirección a las estanterías del estudio en donde escribo estas líneas, lo primero que veo es una fila de libros de El Acantilado. Y eso, claro, me agrada mucho. Esta editorial se caracteriza por las traducciones, magníficas, y no de novelistas que precisamente escriban en una de esas lenguas llamadas dominantes.
El catálogo de El Acantilado es un árbol repleto de frutos polacos, austrohúngaros, rusos, checos… Además, es notable la edición de volúmenes de cartas cruzadas entre escritores, y las biografías. En este último campo destacan dos empeños monumentales: el tríptico biográfico sobre Kafka de Reiner Stach y la Vida de Samuel Johnson por James Boswell. Entre el género epistolar, valgan como muestra las cartas de Stefan Zweig con Joseph Roth o las mantenidas con Hermann Hesse.
El Acantilado ofrece un repertorio impresionante de autores de los imprescindibles: Joseph RothStephan Zweig, la Premio Nobel AleksiévichTólstoi, o Kertész —otro Nobel de hace poco—. Recomiendo de su catálogo las novelas de Yuri Andrujovich y los libros del polaco Zbigniebw Herbert; y por dar un par de títulos que creo imprescindibles, El soldado Švejk, de Hašek o El jardín de los Finzi-Contini de Giorgio Bassani.


El Acantilado es la editorial indicada si buscas literatura centroeuropea, epistolarios y exégesis críticas y biográficas. Para leer siempre, pero en especial en el otoño y el invierno, con mantita de cuadros y en casa mientras afuera llueve o nieva.

En la siguiente balda de mi aparador encuentro la colección de publicaciones de Anagrama. Lo confieso: no soy muy seguidor de la línea crema de esta editorial, un catálogo que presenta uno de los mayores gruesos de narrativa en español (de hecho la colección se llama Narrativas hispánicas). A mí, este ejército de escritores, la mayoría de las veces me da un poquito de repelús y tengo muy pocos ejemplares.
Sin embargo, de la colección amarilla, es decir Panorama de narrativas, tengo muchísimos volúmenes. Ocurre como con la colección crema, es todo un ejército de escritores impresionantes, editados en cientos de volúmenes con buenas traducciones. Pero lo que realmente caracteriza a esta colección es la variedad de formas y estilos, con algunos de los mejores libros que he leído en mi vida.
Anagrama está publicando en esta colección la obra del Premio Nobel francés Modiano, todos los libros de John Fante, a BukowskiHouellebecqThomas BernhardBeigbeder, y tantos y tantos. Se mire a donde se mire solo se leen grandes nombres en los lomos de los libros apilados. Además, en su haber tienen la publicación de Bella del Señor, de Albert Cohen, novela para mí rupturista de las ideas que me hacía de la literatura, o a MagrisMartin Amis y Carrére. ¿Se puede añadir más?
Se puede. Anagrama ha editado en su Panorama de Narrativas libros descomunales, por los que tal vez no apostarían todos los editores. El diccionario Jázaro de PavicLa Gran Trilogía de Von Rezzori, o Calle Este-Oeste de Philippe Sands, libro del año 2017 —por cierto— para Achtung!:
Recomendaré dos autores en esta colección: el belga Hugo Claus y el polaco Kusniewicz. Y un par de libros necesarios: Las mentiras de la noche, de Gesualdo Bufalino, y Menos que cero, de Bret Easton Ellis.
Por si todo esto no fuera ya una locura, además, Anagrama ofrece los mejores libros de su Panorama de Narrativas en unas atractivas ediciones de bolsillo, los Compactos, que también copan toda una parte de mis estanterías.
Si lo tuyo es leer en el metro, o perderte un rato en el Starbucks de turno con un macchiato, y buscas buenas novelas contemporáneas, Anagrama es tu editorial.

Y junto a ellos, la colección de Tusquets, otra referencia imprescindible de buena literatura extranjera porque, en el tema nacional y salvando a Orejudo, prefiero no decir nada. Sin embargo, Tusquets y sus atractivos libros negros de la colección Andanzas destacan en la selección de autores, a veces minoritarios —el rumano Manea, que con persistencia han convertido en un clásico de la editorial— y otras veces de renombre mundial como Updike.
Sin embargo, últimamente parece que la apuesta por la calidad ha disminuido y que todo apunta a lo comercial. Una lástima. Al menos nos quedan libros extraordinarios que no conoceríamos de no ser por TusquetsBajo el volcán de Malcolm Lowry, por ejemplo. Y Kundera, siempre Kundera, por supuesto.
Tusquets: si quieres thriller nórdico o novela negra, mucha literatura anglosajona y norteamericana, o si prefieres leer en un banco del parque, o tal vez hasta paseando por la ciudad (yo lo hago, camino y leo, ¿qué pasa?), por su evidente carácter cosmopolita.
Ahora necesito recuperar una editorial algo menos obsesionada por el triunfo comercial. Me fijo en los volúmenes que tengo de algunas realmente pequeñas, independientes, o modestas; o simplemente, muy especializadas. Un ejemplo es la deslumbrante Nørdica, experta en libros de autores de los diferentes países nórdicos. Aunque, curiosamente, me apetece recomendaros su edición de la novela del germano Von Kleist, la archiconocida Michael Kohlhass.
Otra de estas editoriales es Periférica, con libros de una calidad enorme y que dedica especial atención a las literaturas francesas e italianas, entre otras muchas. Muy manejable, si decides viajar esta es tu editorial. Y como no, Ediciones del Subsuelo, con un repertorio que nace de una innegable vocación ensayística, con nombres como el Nobel André Gide o George Meredith, y en su faceta narrativa los talentos de Karl Kraus y Quenau o el magisterio del húngaro Szentkuthy.
Si lo tuyo es pensar y reflexionar hasta romperte la cabeza, especialmente con ensayos sobre literaturaEdiciones del Subsuelo es tu editorial. Para esos días en lo que no apetece una novela mientras dejas caer la tarde de domingo. Ahogarás los gritos de la radio y del fútbol sumergiéndote en estos volúmenes.
Os dejo varias reseñas que hemos escrito de publicaciones de esta editorial:
Después, otras joyas, como son los Libros del Asteroide, con su firme apuesta por volúmenes excelentes: Miklós Bánffy y su Trilogía transilvana o los de Angel WagesteinRodolfo Walsh o el norcoreano Bandi. Exótico pero cercano, este catálogo ha recuperado al gallego Blanco Amor y al mexicano Rafael Bernal y su descacharrante El Complot Mongol. La lista es interminable.
Asteroide: si tratas los libros como un miniaturista, los coleccionas con primor y los comprendes como objetos de arte y además te interesan las literaturas algo ajenas a nosotros como la búlgara o la norcoreana; y si disfrutas leyendo en la cama. Porque son para remolonear una mañana de sábado.
Como ejemplo, estas reseñas publicadas en Achtung!:
Interminable, también, es la editorial de referencia de los clásicos castellanos y universales por antonomasia: Cátedra. ¿Hay algo clásico hispánico que no esté editado aquí? Se trata de la mayor exposición de literatura castellana que uno pueda encontrar. Sus volúmenes de color negro, los de autores en español, y blancos, de los internacionales, llenan varias estanterías de casa. Desde CervantesLorca, de Lope de Vega a Galdós, teatro, poesía, nada se queda en el tintero. Y lo mismo ocurre con sus letras universalesDanteShakespeareHomeroVirgilioGoethe.
Además, las ediciones de Cátedra son enormemente didácticas y, en muchos aspectos, un modelo a seguir. Profusamente anotadas se completan con un minucioso prólogo y un trabajo de estudio e investigación del encargado de la edición (generalmente pesos pesados de la filología y la crítica) que convierten la edición de un clásico en un texto atractivo y nuevo.
Cátedra: clásicos y más clásicos, en especial Siglo de Oro y picaresca. Si gustas de pasar algunas tardes leyendo en el silencio de la biblioteca.
No me olvido de Impedimenta. Claro que no, tal vez sea una de las editoriales más atractivas del momento, o tal vez la que más. Ahora, su buque insignia es el talentoso, hasta lo estelar, Mircea Cӑrtӑrescu. Este rumano ha irrumpido con la fuerza que solo pertenece a los colosos literarios. Si no me creéis probad a leer Solenoide y después hablamos.

Impedimenta tiene un catálogo completísimo con algunas joyas excelsas: Buena noches, dulces sueños, del checo Jiři Kratochvil y que también reseñamos aquí:
Estamos ante una editorial que es como una caja de bombones, esto lo diría Forrest Gump, lo sé, pero es así. Cualquiera de sus libros encierra una golosina. Así que si eres un hedonista literario, que te gusta leer mientras fumas en pipa, bebes un coñac y escuchas música, estas ante la editorial de tu vida. Gran literatura escrita por grandes autores. Tan simple como complejo.
Hay otras muchas editoriales que por tiempo y espacio no puedo consignar ya aquí, rápidamente cito La línea del Horizonte para libros de viajes o el sensacional, riguroso y completo Fondo de Cultura Económica, una referencia en el ensayo histórico. Un ejemplo, esta crítica de un ensayo de Juan Laborda Barceló:
También, la incomparable Minúscula, con otro de esos repertorios de novelas de autores distintos, fuera de los círculos comerciales o recuperados después de un tiempo de olvido, o Pasado & Presente, con su trabajo de recuperación de textos históricos y ensayos sobre literatura, y Navona que presenta un catálogo sensible, emocionante, que equilibra con grandes clásicos como Faulkner o Kafka junto a libros biográficos…
En fin, unos pocos han sido los elegidos para este Odradek, pero el mercado está repleto de editoriales que publican sin parar. Otra cosa es que lo hagan bien, menos bien, excelentemente, o que busquen engañarnos. No debemos olvidar, y las editoriales tampoco, que el lector es soberano, y sabe muy bien a donde dirigirse para encontrar el caviar literario.
Por eso, nosotros los tsundokianos, si tenemos tal o cual libro en una u otra edición, no es producto de la casualidad, ni de la publicidad. Es gracias al aval de esas editoriales, un aval tan complicado de conseguir, porque se caracterizan por vender libros con un valor añadido: son libros con aura. Es decir, editados según criterios de calidad y buen gusto. Lo demás, sobra.

viernes, 17 de agosto de 2018

Algunos libros imprescindibles para defendernos del verano y del veraneo (Parte 2)


*Este artículo apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/algunos-libros-imprescindibles-para-defendernos-del-verano-y-del-veraneo-parte-2/

Poco a poco, como una gota malaya, la tortura del veraneo continúa percutiendo sobre todos aquellos que no creemos en la regeneración celular a orillas del mar, en las siestas empapuzados a gazpacho y sandía, comidos por las moscas, o en el incomparable placer canicular que suponen esas noches a cuarenta grados mientras por la ventana insoportablemente abierta acceden los gorgoritos de alguna orquestina de hotel que todavía no se ha enterado que “Devórame otra vez” fue la canción del verano de hace tres décadas, por lo menos. Por ello, es necesario construir un pequeño fuerte en donde cobijarse ante semejantes agresiones, como ya comenté, en una primera parte, en esta columna de El Odradek de la semana pasada, aquí en Achtung! Prometí una segunda parte sobre esos libros que podemos utilizar como un chaleco blindado: vamos con ella.

Recuerdo un tranquilo hotel en Tenerife. Generalmente he visitado las Canarias acompañado de mi madre en varias ocasiones y, también, con mi hermana. Sin embargo, aquella ocasión fue una de esas que tanto frecuentaba en mi pasado reciente: viajes solitarios que solían cubrirse de un tinte de desesperación.
Los alrededores del lugar no permitían mucha facilidad de desplazamiento para alguien antediluviano como yo, que no sabe conducir, y plantearse caminar un rato por el enorme secarral bajo un sol de justicia era como colocarse una pistola en la cabeza. Así que tocaba quedarse en el recinto del hotel, entre chapoteos espasmódicos de cuellicortos maleducados, enormes platos desbordantes de bufé librey tipos tocando el piano con abulia durante la sesión nocturna del bar de cócteles.
En cierto modo, mi devenir puede recordar, en algunos aspectos, siempre los aspectos más deprimentes, a algunas novelas de Houellebecq, especialmente en aquellas en donde se dedica en profundidad a analizar los paquetes de vacaciones, los complejos hoteleros y el comportamiento de los viajeros, y no son pocas las obras en donde se dedica a tan sangrante radiografía.
Al borde de aquella piscina tiñerfeña elegí defenderme de los daiquiris aguados y de las variantes de cualquier-cosa-servida-o-mezclada-con-plátano escondiéndome detrás de algunos libros de John FanteFante, se escoja el libro que se escoja, se comporta muy fiablemente durante las vacaciones.
En primer lugar, porque sus narraciones nos sumergen en un mundo absorbente capaz de hacernos olvidar la miseria que nos rodea, y en segundo, porque los desgraciados que aparecen en sus novelas mitigan la mueca de estupidez que componemos mientras guardamos cola frente el mostrador de ensaladas del bufé o cuando vemos bailar a tres generaciones de alemanes Los pajaritos en la discoteca del hotel (abuela, padres y niños, rubitos y todos ellos enrojecidos, como si acabaran de brotar de un experimento de Industrias Stark para dar con la Über-familia).
John Fante nunca fue un escritor con éxito. Hay que reivindicarlo, es necesario. Tal y como nos informa su hijo Dan Fante, en la brillante biografía Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia(Sajalín editores), de título esclarecedor, donde nos habla de los polos opuestos en los que se iba a mover su padre.

John Fante creó al personaje de Arturo Bandini, absolutamente delirante, y escribió un puñado de grandes novelas. Sin embargo, eligió hacerse guionista de Hollywood, dejando de lado su vocación novelística en beneficio del jugoso cheque del cine y los fines de semana jugando al golf; algo que le amargó la vida y la maceró en alcohol.

Así que Fante obtuvo mucho reconocimiento después de muerto. Antes, vio como lo troceaban a cachitos a causa de una diabetes que lo fue gangrenando poco a poco. Su novela Pregúntale al polvo(versión cinematográfica con Salma Hayek de protagonista) y la continua admiración de Bukowski, han logrado que esas obras que nadie quiso en su momento sean ahora monumentos literarios. Yo, al borde de la piscina tinerfeña, leía un volumen con tres obras breves de FanteAl oeste de Roma, seguido de Mi perro idiota y La orgía, tres novelas muy divertidas que destilan el espíritu fantiano de mala leche y vitriolo.



En ese momento, ya había leído todo lo publicado de Fante en España, tarea que debemos agradecer a Anagrama, y por eso me deleitaba con unas obras menores. A estas alturas de agosto, todavía estáis a tiempo de parapetaros detrás de algunas de las grandes obras de este escritor: Camino de Los ÁngelesSueños de Bunker Hill o la simpar Espera a la primavera, Bandini. Cualquiera de estas obras se merecer un par de helados Negrito.

Siguiendo con las Canarias, en otras ocasiones, movido por un aborrecimiento crónico de todo lo que me rodeaba (aborrecimiento de todo lo que diera signos de vida) busqué refugio vacacional en lo que me parecía uno de los lugares más alejados posibles: la zona del Gran Tarajal en Fuerteventura. Así que, después de una travesía maratoniana recorriendo la isla casi de punta a punta en un autobús de línea, llegué a un apartado hotel junto al mar.
Eso es otro asunto interesante del mundo vacacional: el trayecto en bus. Bueno, realmente lo que se alberga en el interior del vehículo. Nunca he conseguido entender que tomar un bus en vacaciones sea sinónimo de una gran juerga. El calor que azota por los ventanales, las carreteras reviradas, las paradas en sórdidas áreas de servicio con olor a orines y comida prefabricada, esos butacones de felpa, el sudor que te corre por la espalda o el aire acondicionado desmesurado que te deja afónico…
Sin embargo, toda esta panoplia de maravillas representa, para esos que hablan a voces, se ríen a carcajadas, les suena el teléfono móvil con insistencia o les rezuma el chunda-chunda por los auriculares, el preludio a la inmersión en un mundo maravilloso y se ven obligados a demostrar su alegría: sentándose a tu lado o lo más cerca posible, y dando rienda suelta a todo su repertorio perfectamente ideado para amargarle el viaje a cualquiera.
Solventado, superado o sufrido el trayecto en autobús, y arrojado como un viejo dinosaurio a las orillas de la isla, ese hotel de Fuerteventura presentaba los mismos problemas fundacionales del turismo agostí. Lo diferencial que había conseguido alejándome tanto era eliminar de la ecuación al compatriota zafio, pero por el contrario me veía rodeado de alemanes y belgas. Y sus costumbres vacacionales puede que, incluso, sean más horripilantes que las nuestras.
Siempre me han inquietado esos desayunos presididos por una bonita botella de champán como un faro en mitad del salón, desafiando a los comensales con un “¿quién tiene narices de desayunar con champán?”. Los turistas pasan junto a la botella como los tiburones junto a su presa. Primero la rodean, después, más cerca, al final casi la rozan… Y le piden al camarero que la descorche.

El osado cliente acaba de desencadenar toda una fila carnavalesca de personas con platos a reventar de baked beans, trozos de queso y de pepino, tomates y salchichas que serán convenientemente regados con esa botella de champán que no contiene champán, sino cava, y del peleón. Es el sucedáneo dorado para agasajar por las mañanas al turista que se cree, así, adornado de cierta clase. Luego, pondrá a hervir su gozoso dolor de cabeza matutino bajo la sombrillita de la piscina del hotel.

En esos días de cava peleón, calor tórrido e insectos como helicópteros Apache, viví refugiado en la obra de Bukowski. Ignoro que ensalmo poseen estas islas que me empujan a leer a autores del realismo sucio. Leía Cartero, quizás la mejor novela de Bukowski, junto a su mejor libro de relatos, Hijo de Satanás (ambos en Anagrama), cuya reseña puedes leer aquí:
La suciedad de los mundos que refleja Bukowski, la miseria de los personajes que los habitan, casi hace buena la contemplación del desfile de miserias alemanas, belgas y holandesas que me veía obligado a soportar en el hotel de Fuerteventura: bañadores tipo slip que no dejaban mucho a la imaginación de lo que ocultaba la anatomía de ese jubilado de Ámsterdam que tenía la piel ennegrecida de soles, curtida de sales y con el aspecto de un plato de cecina de chivo de León.
O esos apocalípticos top-less de ellas. Ellas: el pelo teñido en colores chillones, cargadas de collares y abalorios dorados, incluso con grandes pedruscos de ámbar entre los pechos ya exhaustos de vida y agotados por cientos de madrugones de brumas y neblinas en Bruselas.
Los libros de Bukowski se merecen, como poco, en mi clasificación veraniega, un par de Frigopies.

Regresando a la península, vacacioné una vez en un lugar llamado El Paraíso, en Villajoyosa, que tenía bien poco de lo que prometía su nombre: una playa de pedruscos insoportable, con una orilla traicionera que, a los pocos metros, se precipitaba en una especie de fosa abisal, repleta de algas y porquerías, mientras los perros de la gente chapoteaban a escasos metros de donde intentaba leer.
Mi protección lectora, tan importante, o más, que mi protección solar, fue Uno y el Universo (Seix Barral), un libro del escritor argentino Ernesto Sabato, crucial para poder mirar algo más lejos y atisbar que el cerebro humano puede alcanzar a confeccionar pensamientos y reflexiones que superan la borrachera de absenta de Villajoyosa, el atracón a tazones de chocolate y fartons, o la infección intestinal producto de una generosa ración de paella pasada, apelmazada y reseca, servida en una terracita mientras las avispas componen su ballet sobre los cubos de basura a reventar tan solo unos pocos metros más allá.

Ernesto Sabato fue físico, además de un extraordinario narrador. Por eso, este Uno y el Universodespliega muchas de sus ideas y reflexiones científicas relacionadas con la existencia humana y ese lugar de donde procedemos, el espacio. Aquel ensayo relativizaba el entorno, el océano, los pedruscos, las algas y las rocas, incluso el turista inglés en tanga o el tatuado de turno.
Sabato como novelista es descomunal: El túnel (Cátedra), Sobre héroes y tumbas y Abbadon el exterminador (ambas en Seix Barral), pero como ensayista ha escrito algunas páginas estremecedoras, para leer con el corazón apretado, especialmente en Antes del fin o La resistencia (también en Seix Barral). Lo bueno de este Uno y el Universo es eso, que ayuda a paliar el insufrible compendio de infamias que nos asedia, desde el hortera del radiocasete, el macarra de la moto a escape libre o el recargo por el “servicio de terraza”.



En mi clasificación veraniega le otorgo a la literatura de Sabato un par de helados Frigurón.
Esa es la principal virtud de todos estos libros vacacionales: nos ayudan a minimizar el impacto de la herida, la brecha abierta en nuestra vergüenza ajena, esa que podría llevarnos, fácilmente, a odiar a la humanidad.
El próximo viernes atravesaremos lo peor del verano, la mitad del mes de agosto, con las fiestas de los pueblos, la música de los autos de choque y las rifas de las verbenas. Prometo volver con una tercera entrega que demuestre que, aunque los bocinazos del látigo se nos metan en la columna vertebral y el olor a fritanga recubra con una capa nuestra piel, siempre quedará un libro para hacernos sentir como en pleno mes de enero, por mucho que algunos se empeñen en repartir perritos-piloto como si pertenecieran a una ONG de peluches caninos.
De momento, aquí os dejo el enlace a la primera parte de esta serie de artículos veraniegos:

miércoles, 1 de agosto de 2018

Primo Levi: Si esto es un hombre o la inutilidad de la resistencia


Edición filatélica conmemorativa italiana con el retrato de Primo Levi y el fondo con los primeros párrafos de su obra Si esto es un hombre.

*Esta columna apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/primo-levi-si-esto-es-un-hombre-o-la-inutilidad-de-la-resistencia/

El próximo día 31 de julio se cumplirán 99 años del nacimiento, en Turín, de Primo Levi, el escritor italiano. Sin embargo, creo que definirlo únicamente como escritor es abarcar escasamente la personalidad de Levi, que además de químico, fundamentalmente y por el resto de su vida, fue un superviviente de Auschwitz y se dedicó a recordarlo. Sus escritos, sus testimonios, han demostrado que la pluma de este autor de formación científica esta cargada de sentido y humanidad. Puso todo el empeño en dar testimonio de aquello, era para él algo más que una necesidad, y con ello nos regaló algunas de las páginas más estremecedoras de la literatura, así como lúcidas reflexiones conducidas al intento de digerir el significado de aquella barbarie. Creo que es hora de acordarnos, de nuevo, de él. En Achtung! y en esta columna de El Odradek, así lo entendemos.

Un boletín de la Agencia Reuters fechado en el día 11 de abril de 1987 anunciaba:
El escritor italiano Primo Levi Murió hoy, resultado de una caída por el hueco de la escalera de su residencia en Turín. La policía considera su muerte un suicidio. Tenía sesenta y ocho años”.
Para sus más allegados el suicidio era incomprensible. La fecha era bien significativa: ese día era el aniversario de su liberación del Campo de Auschwitz. Y no podían olvidar que, siendo químico de profesión, y por tanto con capacidad para acometer un envenenamiento plácido, hubiera elegido arrojarse por el hueco de unas escaleras. Una forma desagradable de morir, que además era cruel con la familia que lo encontró aplastado en el suelo del edificio ubicado en la calle Re Umberto, número 75.
Fachada de la casa familiar de Levi en la calle Re Umberto de Turín y detalle del telefonillo:


No dejó ninguna nota que explicara aquello. Es más, parece que sobre la mesa acababa de realizar la lista de la compra, y un amigo suyo, que apoyaba la idea del accidente, argumentó que nadie que piense en suicidarse hace minutos antes la lista de la compra. Algunos rumores decían que ese día un grupo de neofascistas se había metido con él, que incluso le apuntaron con armas…, o que el motivo del suicidio fue el impacto que experimentó al ver la película El quimérico inquilino, de Roman Polanski, en donde un judío polaco intentaba suicidarse lanzándose al vació por el hueco de las escaleras; unas escaleras que, al parecer, guardan un gran parecido con las de la casa de Primo Levi.

Cartel de la película de Polanski del año 1976, titulada en España como El quimérico inquilino.

Sea como fuera, y dado que el rumor del suicidio era cada vez más sólido, el Rabí Artom de la ciudad de Turín tuvo que inventarse un recurso legal-teologal para que se permitiera enterrar a Levi de acuerdo con el ritual judío a pesar de haberse suicidado. La muerte no era exactamente un suicidio sino, más bien, un asunto de lo que denominó “homicidio demorado”. El argumento: cualquiera que se hubiera suicidado tras pasar por un Campo de Exterminio, realmente, estaba siendo asesinado por el régimen nazi; aunque la muerte ocurriera muchos años después.
En conclusión, el diario Corriere della Sera se mostró contundente en su titular:
Aplastado por el fantasma del Campo”.
Así que Primo Levi, como judío italiano, fue deportado al campo de exterminio de Auschwitz en febrero de 1944 y sobrevivió a él, saliendo, moribundo, a mitad del año 45, cuando el lugar fue liberado por el Ejército Rojo.
Así registraba la prensa española, en este caso La Vanguardia en sus páginas de cultura, el suicidio de Primo Levi. Columna derecha.

Siguiendo la inquietud de otros intelectuales que pasaron por semejantes circunstancias —el Premio Nobel de Literatura húngaro Imré Kertész, por ejemplo, que estuvo en Auschwitz y Buchenwald—, Levi se aprestó a dar testimonio, aunque sobre él pesaría toda la vida esa máxima de Adorno que afirma:
Después de Auschwitz es imposible hacer poesía”
Al igual que Levi había resistido con vida mientras estuvo en el campo, también se dedicó a resistir a los demoledores efectos de la experiencia y a combatir al terrible fantasma de los recuerdos, pero no pudo evitar entregarse a ser un superviviente por el resto de su vida. Si esto es un hombre (Península) su primer testimonio, apareció en 1947 y pasó sin pena ni gloria. El resto de su obra siguió por los mismos derroteros, apoyada firmemente en el recuerdo y la denuncia: La tregua, Los hundidos y los salvados(ambos en Península), El sistema periódico (en El Aleph con traducción de Carmen Martín Gaite)… Sería el éxito de La tregua la circunstancia que lo catapultaría mundialmente como uno de los escritores más importantes sobre el Holocausto.


Escritor, judío y superviviente de Auschwitz. ¿De qué manera Levi, en sus textos, intentó resistir a la terrible experiencia? Su actitud no fue la de clamar una venganza desencadenada ni la de entonar un perdón humillante. Una venganza que para el escritor alemán W. G. Sebald en su obra Campo Santo(Anagrama), se fundamenta en que:
Todo daño tiene su equivalente en alguna parte y realmente puede ser compensado, aunque sea, mediante el dolor del causante del daño, hipótesis que Nietzsche consideró el fundamento de nuestro sentido del derecho”.
Para Levi, sin embargo, no se trata de este tipo de venganza, sino de administrar justicia. La salida al problema estriba en la simple administración de la justicia:
No tiendo a perdonar, nunca he perdonado a ninguno de nuestros enemigos de entonces (…) La venganza no me interesa, me convenía que los demás, la gente del oficio, se encargara de los ahorcamientos, obra de justicia”.
Creía en la justicia y pensaba en dejar que fueran los profesionales quienes la administraran. Porque, ante el asesinato en masa, el genocidio, obtener el perdón de un solo individuo no vale de nada. Lo que si resulta valioso, extraordinariamente precioso, es dar testimonio, utilizar el recuerdo. Y a ellos, a los que se quedaron por el camino, consagró sus obras.

Esta obsesión por dar voz a los hechos, que la masacre no cayese en el olvido, fue lo que terminó por amargar la propuesta de supervivencia y resistencia de Primo Levi. Demasiado a menudo se encontró, como manifiesta Reyes Mate en su libro Por los campos de exterminio (Antrhopos), que como testigo era “tratado como aguafiestas”, tal vez haciendo buena la idea de Walter Benjamin:
Recordar es apropiarse del pasado en el instante de peligro”.
Y esa obsesión por el recuerdo les ha resultado siempre muy molesta e incómoda a quienes han intentado mirar para otro lado y querer pensar, para tranquilizar sus conciencias, que o nada tuvieron que ver con aquello o que, realmente, nada pudieron hacer para evitarlo.

Primo Levi relata a menudo la convicción de los nazis, cargada de soberbia, cuando decían a los prisioneros que nadie saldría vivo para contarlo y que, aunque lo consiguieran, nadie se lo creería. Y así lo registra en su prólogo de Los hundidos y los salvados, donde reproduce lo que aseguraban los nazis de Auschwitz:
De cualquier manera que termine esta guerra, la guerra contra vosotros la hemos ganado; ninguno de vosotros quedará para dar testimonio de ella, pero incluso si alguno lograra escapar el mundo no lo creería. Tal vez haya sospechas, discusiones, investigaciones de los historiadores, pero no podrá haber ninguna certidumbre, porque con vosotros serán destruidas las pruebas. Aunque alguna prueba llegase a sobrevivir, la gente dirá que los hechos que contáis son demasiado monstruosos para ser creídos: dirá que son exageraciones de la propaganda aliada, y nos creerá a nosotros que lo negamos todo, no a vosotros. La historia del Lager, seremos nosotros quien la dicte”.
Se tardó en creerlo, desde luego, pero los nazis se equivocaron, porque al final se creyó, aunque todavía existan negacionistas o revisionistas. El principal problema radicó en que aquella verdad tan insoportable de admitir generaba molestias; la verdad, sus raspas, se hicieron tan incómodas que supervivientes como Primo Levi acabaron sintiéndose como traidores por haber sobrevivido, como seres molestos que se movían, allí donde fueran, con la indignidad de los supervivientes.
Reyes Mate, filósofo español siempre sensible a las circunstancias de los Campos de Exterminio y en particular a Primo Levi.

Kertész, en su libro Sin destino (El acantilado), ya apunta claramente a esa derrota del superviviente” que, como dice­:
“Tiene que aceptar cualquier argumento con tal de seguir viviendo”.
Y que ante la pregunta de qué era lo que sentía tras todo lo pasado y sufrido, únicamente podía argumentar: “Odio”.

Sobre este asunto, en relación con los sufrimientos del escritor austriaco Jean AmerySebald concluye en Campo Santo que:
La existencia prolongada más allá de la experiencia de la muerte tiene su centro afectivo en un sentimiento de culpa, esa culpa del superviviente (…) la carga psíquica más pesada de los que escaparon al asesinato”.
Ese era el pecado. Haber vuelto para contarlo, no haber fallecido para integrar las listas, para ser llorados, recordados de otra manera mucho más higiénica para la culpa colectiva y europea: simplemente de una forma fúnebre en la que no pudieran, al igual que los otros seis millones, hablar, acusar, señalar, argumentar la pregunta dolorosa: ¿Qué hiciste tú para poder evitarlo? Reyes Mate es categórico:
Europa no puede pensarse ya de espaldas a esta tragedia”.
Pero lo cierto es que, como se lamenta más adelante Reyes Mate en su texto Por los Campos de Exterminio:
 “Los lugares están abandonados y los acontecimientos olvidados. Europa no ha aprendido nada”.
Tumba de Primo Levi en el Cementerio Monumental de Turín. Aunque en un principio solo se consignaron en la lápida los años de nacimiento y muerte, después se le añadió el número de prisionero que se le tatuó en Auschwitz, una identidad que le acompañó de por vida: 174517.

 Como dice Sebald en relación con lo que representa sobrevivir a la experiencia de los Campos:
Haber sobrevivido significa (…) ser condenado a una existencia fantasmal, porque en su verdadera figura sigue viviendo aún en la ciudad de los muertos. Primo Levi, que estuvo algún tiempo en Auschwitz, describió esa ciudad muy concretamente: Buna se llamaba aquel conglomerado babilónico, donde además de los administradores y técnicos alemanes deambulaban cuarenta mil trabajadores reclutados en los campos de concentración circundantes, que hablaban más de veinte idiomas. En medio de la ciudad se alzaba, como un verdadero monumento, la torre de carburo construida por los esclavos, cuya punta estaba casi siempre rodeada de niebla”.
Sin embargo, lejos de la culpa de unos y de otros, se encuentra el intento de comprender lo sucedido en la obra de Primo Levi. Así, en Si esto es un hombre, manifiesta claramente sus dudas ante la posibilidad de aclarar, de una forma racional, lo sucedido:
Quizá no se pueda comprender todo lo que sucedió, o no se deba comprender, porque comprender casi es justificar. Me explico: comprender una proposición o un comportamiento humano significa (incluso etimológicamente) contenerlo, contener al autor, ponerse en su lugar, identificarse con él. Pero ningún hombre normal podrá jamás identificarse con Hitler, Himmler, Goebbels, Eichmann e infinitos otros… No podemos comprenderlo; pero podemos y debemos comprender donde nace, y estar en guardia. Si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también”.
 De forma que, para Levi, Auschwitz es incomprensible, estará condenado a luchar toda su vida contra los recuerdos y las vivencias de una monstruosidad enigmática. Los conocimientos relativos al Holocausto, por muchos que se posean, nunca constituyen una explicación suficiente al horror. Aunque tal vez, como concluye Reyes Mate:
Decimos que Auschwitz es incomprensible porque no queremos ver a la barbarie como una posibilidad latente de nuestra cultura”.
En Los hundidos y los salvados, capítulo central en su tarea de resistencia, Levi descubre una zona denominada como La Zona Gris. Esta zona define a todos los insertados en el sistema de los Campos que no eran sencillamente víctimas o verdugos, sino que colaboraban con los guardianes o superiores para asegurarse la supervivencia. No todo era blanco y negro, había grises. Esos grises hacían aún más incomprensible lo sucedido e hicieron más intolerable el recuerdo de Levi.
La Zona Gris, película sobre la rebelión de un grupo de prisioneros de Auschwitz que toma su nombre de la obra de Primo Levi.

Entre Si esto es un hombre y Los hundidos y los salvados hay una reflexión brutal: Auschwitz no ha servido de nada, la historia de la humanidad sigue su curso. Levi va cayendo, poco a poco, en la desesperanza y ya sólo puede reformular en su trabajo Informe Sobre Auschwitz (Reverso Ediciones) el axioma de Adorno:
Después de Auschwitz no se puede escribir poesía que no trate de Auschwitz”.
Porque la realidad de aquel sistema, tan perverso, es definida por Sebald como un proceso:
“En que el provecho económico que obtenía el sistema de utilización de despojos humanos (…) no justificaba ni de lejos el gasto realizado. Y en ese saldo negativo se esconde una dimensión en cierto modo metafísica, un mal al parecer totalmente sin sentido”.
Fue la imposible realidad de ese sin sentido, constatada, tan horrible, tan insoportable, que Levi se dejó caer por el hueco de las escaleras de su casa cuando pasaban cinco minutos de las 10 de la mañana. Los que quieren creer que nunca dio por doblada su resistencia siguen afirmando que le dio un vahído, un mareo. Pero otros, intuimos la desoladora verdad, con un Levi derrotado en su exasperante lucha, circunstancia que comprende muy bien Sebald cuando afirma:
“Forma parte del estado de ánimo físico y social de la víctima el que no se la pueda compensar por lo que se le hizo. Quién fue víctima sigue siéndolo”.
Porque, en palabras del historiador Lothar Machtan en su obra El secreto de Hitler (Planeta):
Hitler (…) no sólo infecto de forma fatal su mundo, sino también el nuestro, dejando en él su huella perdurable”.

Se ha creado así un reinicio de la historia para muchos intolerable. Imre Kertész en Un instante de silencio en el paredón (editorial Herder), libro de ensayos y conferencias, afirma con la contundencia de la derrota absoluta:
Nuestra mitología moderna empieza con un gigantesco punto negativo: Dios creó el mundo y el ser humano creó Auschwitz”.



Eso fue lo que le resultó del todo intolerable a Primo Levi, que declaraba al regresar de Auschwitz, en 1945:
Todo se ha vuelto un caos: estoy solo en el centro de una nada gris y turbia, y precisamente sé lo que ello quiere decir, y también sé que lo he sabido siempre: estoy otra vez en el Lager, y nada de lo que había fuera del Lager era verdad.”
 Y eso es lo que también les resultó insoportable a intelectuales y a escritores, a pensadores brillantes, como el ya mencionado Jean Amery, al poeta Paul Celan, o a Stefan Zweig, aunque alejado de los Campos de Exterminio muy próximo a la creencia de esa contundente derrota de la humanidad. Y esa certeza es tan aplastante como imposible de admitir.
Jean Amery y Paul Celan: