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lunes, 22 de octubre de 2018

¿Por qué esas editoriales y no otras? Un tsundokiano y su biblioteca



*Esta columna apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/por-que-esas-editoriales-y-no-otras-un-tsundokiano-y-su-biblioteca/

Una asistente a mi taller de literatura comparada que imparto en la Agencia Literaria y Librería Proscritos de Torrelodones, que además interviene vía Skype desde Estados Unidos, me puso un Whatssap en dónde me pedía que expusiera en alguno de los formatos en los que me muevo habitualmente —vía Instagram, o en los blogs que administro— un compendio de editoriales de referencia, con sus características, en qué se especializan, los motivos que las hacen diferentes… Al parecer, en Estados Unidos hay verdadero interés en este asunto, que no es una cuestión baladí, puesto que no es lo mismo leer un título publicado por una editorial que por otra. A veces, es que ni parece el mismo libro. Por eso, entiendo que este sea un excelente tema para esta columna de hoy de El Odradek.

De editoriales ya hemos hablado en Achtung!, concretamente sobre aquellas que cuidaban con mimo y detalle a sus lectores. Os dejo aquí el enlace por si os interesa, y además creo que complementará muy bien a esta columna de hoy:
Lo cierto es que, si miramos a nuestras librerías, nosotros enfermos tsundokianos, de repente nos damos cuenta de que poseemos muchos más libros de una colección que de otra, o un mismo libro en tres ediciones diferentes. Esto, ¿a qué misterio obedece? ¿A nuestro afán compulsivo de comprar libros? ¿A nuestro Diógenes literario?
Desde luego que no, aunque haya quién piense que estamos chalados y que algo hay de eso. Realmente, las editoriales se eligen ellas solas, entran en nuestras casas y adornan nuestros plúteos porque así lo quieren. Me explico, es muy difícil decirle que no a un libro de El Acantilado, de Asteroide, deImpedimenta o de Periférica, por ejemplo, aunque no tenga nada que ver con nuestros gustos o ni siquiera sea de un escritor que nos guste.
Este magnetismo se debe al tipo de ediciones con valor añadido que practican esas editoriales. Traducciones cuidadas, encuadernaciones perfectas, un papel agradable, una tipografía exquisita, una portadas que son obras de arte… Y por supuesto, la rigurosa elección de los autores publicados, alejados —la mayoría de las ocasiones— de los meros criterios comerciales.
De manera que, si miro ahora mismo en dirección a las estanterías del estudio en donde escribo estas líneas, lo primero que veo es una fila de libros de El Acantilado. Y eso, claro, me agrada mucho. Esta editorial se caracteriza por las traducciones, magníficas, y no de novelistas que precisamente escriban en una de esas lenguas llamadas dominantes.
El catálogo de El Acantilado es un árbol repleto de frutos polacos, austrohúngaros, rusos, checos… Además, es notable la edición de volúmenes de cartas cruzadas entre escritores, y las biografías. En este último campo destacan dos empeños monumentales: el tríptico biográfico sobre Kafka de Reiner Stach y la Vida de Samuel Johnson por James Boswell. Entre el género epistolar, valgan como muestra las cartas de Stefan Zweig con Joseph Roth o las mantenidas con Hermann Hesse.
El Acantilado ofrece un repertorio impresionante de autores de los imprescindibles: Joseph RothStephan Zweig, la Premio Nobel AleksiévichTólstoi, o Kertész —otro Nobel de hace poco—. Recomiendo de su catálogo las novelas de Yuri Andrujovich y los libros del polaco Zbigniebw Herbert; y por dar un par de títulos que creo imprescindibles, El soldado Švejk, de Hašek o El jardín de los Finzi-Contini de Giorgio Bassani.


El Acantilado es la editorial indicada si buscas literatura centroeuropea, epistolarios y exégesis críticas y biográficas. Para leer siempre, pero en especial en el otoño y el invierno, con mantita de cuadros y en casa mientras afuera llueve o nieva.

En la siguiente balda de mi aparador encuentro la colección de publicaciones de Anagrama. Lo confieso: no soy muy seguidor de la línea crema de esta editorial, un catálogo que presenta uno de los mayores gruesos de narrativa en español (de hecho la colección se llama Narrativas hispánicas). A mí, este ejército de escritores, la mayoría de las veces me da un poquito de repelús y tengo muy pocos ejemplares.
Sin embargo, de la colección amarilla, es decir Panorama de narrativas, tengo muchísimos volúmenes. Ocurre como con la colección crema, es todo un ejército de escritores impresionantes, editados en cientos de volúmenes con buenas traducciones. Pero lo que realmente caracteriza a esta colección es la variedad de formas y estilos, con algunos de los mejores libros que he leído en mi vida.
Anagrama está publicando en esta colección la obra del Premio Nobel francés Modiano, todos los libros de John Fante, a BukowskiHouellebecqThomas BernhardBeigbeder, y tantos y tantos. Se mire a donde se mire solo se leen grandes nombres en los lomos de los libros apilados. Además, en su haber tienen la publicación de Bella del Señor, de Albert Cohen, novela para mí rupturista de las ideas que me hacía de la literatura, o a MagrisMartin Amis y Carrére. ¿Se puede añadir más?
Se puede. Anagrama ha editado en su Panorama de Narrativas libros descomunales, por los que tal vez no apostarían todos los editores. El diccionario Jázaro de PavicLa Gran Trilogía de Von Rezzori, o Calle Este-Oeste de Philippe Sands, libro del año 2017 —por cierto— para Achtung!:
Recomendaré dos autores en esta colección: el belga Hugo Claus y el polaco Kusniewicz. Y un par de libros necesarios: Las mentiras de la noche, de Gesualdo Bufalino, y Menos que cero, de Bret Easton Ellis.
Por si todo esto no fuera ya una locura, además, Anagrama ofrece los mejores libros de su Panorama de Narrativas en unas atractivas ediciones de bolsillo, los Compactos, que también copan toda una parte de mis estanterías.
Si lo tuyo es leer en el metro, o perderte un rato en el Starbucks de turno con un macchiato, y buscas buenas novelas contemporáneas, Anagrama es tu editorial.

Y junto a ellos, la colección de Tusquets, otra referencia imprescindible de buena literatura extranjera porque, en el tema nacional y salvando a Orejudo, prefiero no decir nada. Sin embargo, Tusquets y sus atractivos libros negros de la colección Andanzas destacan en la selección de autores, a veces minoritarios —el rumano Manea, que con persistencia han convertido en un clásico de la editorial— y otras veces de renombre mundial como Updike.
Sin embargo, últimamente parece que la apuesta por la calidad ha disminuido y que todo apunta a lo comercial. Una lástima. Al menos nos quedan libros extraordinarios que no conoceríamos de no ser por TusquetsBajo el volcán de Malcolm Lowry, por ejemplo. Y Kundera, siempre Kundera, por supuesto.
Tusquets: si quieres thriller nórdico o novela negra, mucha literatura anglosajona y norteamericana, o si prefieres leer en un banco del parque, o tal vez hasta paseando por la ciudad (yo lo hago, camino y leo, ¿qué pasa?), por su evidente carácter cosmopolita.
Ahora necesito recuperar una editorial algo menos obsesionada por el triunfo comercial. Me fijo en los volúmenes que tengo de algunas realmente pequeñas, independientes, o modestas; o simplemente, muy especializadas. Un ejemplo es la deslumbrante Nørdica, experta en libros de autores de los diferentes países nórdicos. Aunque, curiosamente, me apetece recomendaros su edición de la novela del germano Von Kleist, la archiconocida Michael Kohlhass.
Otra de estas editoriales es Periférica, con libros de una calidad enorme y que dedica especial atención a las literaturas francesas e italianas, entre otras muchas. Muy manejable, si decides viajar esta es tu editorial. Y como no, Ediciones del Subsuelo, con un repertorio que nace de una innegable vocación ensayística, con nombres como el Nobel André Gide o George Meredith, y en su faceta narrativa los talentos de Karl Kraus y Quenau o el magisterio del húngaro Szentkuthy.
Si lo tuyo es pensar y reflexionar hasta romperte la cabeza, especialmente con ensayos sobre literaturaEdiciones del Subsuelo es tu editorial. Para esos días en lo que no apetece una novela mientras dejas caer la tarde de domingo. Ahogarás los gritos de la radio y del fútbol sumergiéndote en estos volúmenes.
Os dejo varias reseñas que hemos escrito de publicaciones de esta editorial:
Después, otras joyas, como son los Libros del Asteroide, con su firme apuesta por volúmenes excelentes: Miklós Bánffy y su Trilogía transilvana o los de Angel WagesteinRodolfo Walsh o el norcoreano Bandi. Exótico pero cercano, este catálogo ha recuperado al gallego Blanco Amor y al mexicano Rafael Bernal y su descacharrante El Complot Mongol. La lista es interminable.
Asteroide: si tratas los libros como un miniaturista, los coleccionas con primor y los comprendes como objetos de arte y además te interesan las literaturas algo ajenas a nosotros como la búlgara o la norcoreana; y si disfrutas leyendo en la cama. Porque son para remolonear una mañana de sábado.
Como ejemplo, estas reseñas publicadas en Achtung!:
Interminable, también, es la editorial de referencia de los clásicos castellanos y universales por antonomasia: Cátedra. ¿Hay algo clásico hispánico que no esté editado aquí? Se trata de la mayor exposición de literatura castellana que uno pueda encontrar. Sus volúmenes de color negro, los de autores en español, y blancos, de los internacionales, llenan varias estanterías de casa. Desde CervantesLorca, de Lope de Vega a Galdós, teatro, poesía, nada se queda en el tintero. Y lo mismo ocurre con sus letras universalesDanteShakespeareHomeroVirgilioGoethe.
Además, las ediciones de Cátedra son enormemente didácticas y, en muchos aspectos, un modelo a seguir. Profusamente anotadas se completan con un minucioso prólogo y un trabajo de estudio e investigación del encargado de la edición (generalmente pesos pesados de la filología y la crítica) que convierten la edición de un clásico en un texto atractivo y nuevo.
Cátedra: clásicos y más clásicos, en especial Siglo de Oro y picaresca. Si gustas de pasar algunas tardes leyendo en el silencio de la biblioteca.
No me olvido de Impedimenta. Claro que no, tal vez sea una de las editoriales más atractivas del momento, o tal vez la que más. Ahora, su buque insignia es el talentoso, hasta lo estelar, Mircea Cӑrtӑrescu. Este rumano ha irrumpido con la fuerza que solo pertenece a los colosos literarios. Si no me creéis probad a leer Solenoide y después hablamos.

Impedimenta tiene un catálogo completísimo con algunas joyas excelsas: Buena noches, dulces sueños, del checo Jiři Kratochvil y que también reseñamos aquí:
Estamos ante una editorial que es como una caja de bombones, esto lo diría Forrest Gump, lo sé, pero es así. Cualquiera de sus libros encierra una golosina. Así que si eres un hedonista literario, que te gusta leer mientras fumas en pipa, bebes un coñac y escuchas música, estas ante la editorial de tu vida. Gran literatura escrita por grandes autores. Tan simple como complejo.
Hay otras muchas editoriales que por tiempo y espacio no puedo consignar ya aquí, rápidamente cito La línea del Horizonte para libros de viajes o el sensacional, riguroso y completo Fondo de Cultura Económica, una referencia en el ensayo histórico. Un ejemplo, esta crítica de un ensayo de Juan Laborda Barceló:
También, la incomparable Minúscula, con otro de esos repertorios de novelas de autores distintos, fuera de los círculos comerciales o recuperados después de un tiempo de olvido, o Pasado & Presente, con su trabajo de recuperación de textos históricos y ensayos sobre literatura, y Navona que presenta un catálogo sensible, emocionante, que equilibra con grandes clásicos como Faulkner o Kafka junto a libros biográficos…
En fin, unos pocos han sido los elegidos para este Odradek, pero el mercado está repleto de editoriales que publican sin parar. Otra cosa es que lo hagan bien, menos bien, excelentemente, o que busquen engañarnos. No debemos olvidar, y las editoriales tampoco, que el lector es soberano, y sabe muy bien a donde dirigirse para encontrar el caviar literario.
Por eso, nosotros los tsundokianos, si tenemos tal o cual libro en una u otra edición, no es producto de la casualidad, ni de la publicidad. Es gracias al aval de esas editoriales, un aval tan complicado de conseguir, porque se caracterizan por vender libros con un valor añadido: son libros con aura. Es decir, editados según criterios de calidad y buen gusto. Lo demás, sobra.

martes, 5 de septiembre de 2017

Literatura sobre la barbarie: una forma de reparación, no de odio




*Esta columna apareció, originalmente, en el sitio achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/literatura-la-barbarie-una-forma-reparacion-no-odio/

Literatura sobre la barbarie: una forma de reparación, no de odio

Tenía pensado hablar de otro asunto en esta columna literaria de El Odradek, pero la triste y lamentable actualidad de los sucesos de Barcelona ocurridos durante la tarde y la noche de ayer, me han obligado a cambiar mi reflexión. Han pasado bastantes años desde el 11-S americano y desde el 11-M madrileño. ¿Cómo ha enfocado estos dos sucesos la literatura? ¿Qué soluciones narrativas han aportado? ¿En qué aspectos se ha centrado la ficción?

Lo primero, y necesario, es tomar distancia ante la duda de si es posible hacer literatura después de matanzas como la de las Torres Gemelas, de los atentados en los trenes de Madrid y de los crímenes en Londres, París o Barcelona. No volveremos a recordar la máxima de Adorno, esa que se refiere a la imposibilidad de escribir poesía tras Auschwitz, sobre todo porque el filósofo se refería a algo mucho más profundo que la mera incapacidad para volver a poetizar: se planteaba si el ser humano sería capaz de regresar a la fantasía, a la ficción, a ese reino de lo imaginado, tras haber conectado de una forma tan horrible con su verdadera realidad criminal.

Por supuesto, fue posible realizar poesía tras un suceso tan traumático como el Holocausto, en parte porque el hombre necesita de la ficción no ya como entretenimiento y evasión, sino como una forma de reformular realidades tan dolorosas como estas. Son realidades que muestran la animalidad de nuestra raza, lo escasamente humanos que somos. En la barbarie aflora el criminal que todos llevamos dentro, y el pensamiento poético hace que trascendamos, que podamos reconciliarnos con nuestra humanidad puesta en duda. Puedes encontrar más información sobre este asunto en mi post publicado en este mismo sitio:


Por tanto, la ficción acude en ayuda de todos nosotros para exorcizar las angustias y dudas que acontecimientos como los de ayer en Barcelona generan en nosotros. Aproximarse al genocidio desde una visión periférica construida por la narrativa, crea una distancia sobre los acontecimientos que, paradójicamente, nos los acerca de una forma que puede hacerlos más llevaderos; se nos facilita así su comprensión desde el punto de vista ficcional, ese que coloca el foco en aspectos distintos a los que la cruda realidad de informativos y boletines policiales administran a la población.

Así las cosas, la ficción emanada de la brutalidad acaecida en las Torres Gemelas ha sido prolífica. Dejando aparte obras de no ficción, de investigación o ensayísticas, quiero centrarme en un grupo de novelas sobre el asunto. Durante un tiempo no existieron aproximaciones ficcionales al asunto en Estados Unidos, hasta que un par de películas abordaron el asunto y descongelaron las reticencias a la hora de abordar un tema tan doloroso. En ese sentido, World Trade Center de Oliver Stone —un cineasta que jamás se ha mostrado tibio a la hora de abordar temas espinosos para los estadounidenses— y la hiperrealista United 93, abrieron el camino para que pudiera existir una novelística sobre el asunto.

Ambas películas son del año 2006, y si bien antes ya se habían rodado algunos trabajos documentales y de cine de autor, las repercusiones mundiales de estas dos cintas dieron pie a que los novelistas consagrados, o importantes, se decidieran a escribir sobre el tema. Aunque no fue la primera novela que se publicó sobre el drama de las Torres Gemelas, El hombre del salto (Seix Barral), de 2008, sí fue la primera que me llegó.

La novela de Don DeLillo, un grande entre los grandes de la literatura norteamericana y, por ende, mundial, ponía su centro en Keith Neudecker, un trasunto de aquel hombre que todos mantenemos en la memoria y que aparecía totalmente cubierto de polvo, emergiendo de entre la humareda y la escombrera del desastre y todavía aferrado a su maletín. El libro arranca, así, desde el mismo centro del drama, en el instante del ataque y el derrumbe, para después recrear el complejo mundo de relaciones humanas y personales que se han quebrado desde ese momento. Da la impresión de que se puede volver a levantar un complejo como el World Trade Center en el mismo lugar de antes…, ¿pero no se pueden reconstruir las vidas después del trauma? Entonces, ese será el verdadero triunfo de los terroristas.

Los personajes de DeLillo vagan como autómatas alimentados por su desesperación, y repiten, como un calco, la desorientación angustiosa de los personajes de las novelas escritas tras la Segunda Guerra Mundial. Absolutamente desamparado, el protagonista de El hombre del salto acude a la casa de su ex mujer tras el ataque, porque es el único lugar en donde pude sentirse a salvo, al retomar y recordar la identidad perdida tras el drama. Sin embargo, su matrimonio, su familia, ya no existían antes de lo del WTC, y tampoco va a recuperarlos ahora, cuando en todos se ha instalado esa forma de deambular desarraigados.

Este desarraigo conecta a Keith Neudecker, a su mujer y a su hijo, con personajes literarios paradigmáticos en cuanto al extravío y la pérdida de identidad, tales como Mersault en El extranjero de Camus (Alianza Editorial), Jacques Austerlitz en el Austerlitz de Sebald (Anagrama) o el portero de fútbol Bloch de El miedo del portero al penalti de Handke (Alianza Editorial). Ya he hablado de estos libros y personajes en diferentes ocasiones, pero me resulta muy significativo que los comportamientos en las obras de ficción tras el 11-S repitan los movimientos de los protagonistas de las novelas escritas tras la Segunda Guerra Mundial. Al final, se trata del mismo trauma destructivo, de similares pérdidas de identidad que ya, jamás, volverán a ser recuperadas.

Puedes completar la lectura de esta columna consultando mis críticas aquí:


Sin embargo, hay algo fallido en esta novela, al igual que en Terrorista (Tusquets), obra de otro peso pesado de la literatura americana: John Updike. El libro, de 2006, pero que me llegó más tarde que la de Don DeLillo —en España siempre hemos tenido cierto retraso con las traducciones de Updike— resultó muy polémico en el momento de su publicación, fundamentalmente porque pone un especial interés en las figuras de los radicalizados islámicos, en oposición a todo un país, los Estados Unidos.

Updike proyecta una imagen de opresión norteamericana que casi legitima un ataque terrorista.  Evidentemente, la obra no fue bien comprendida por la crítica, que la maltrató por estos aspectos ideológicos, cuando podrían haberlo hecho por motivos meramente literarios. No es la mejor novela de Updike, y es una lástima que un autor mayúsculo pusiera el cierre a su más que notable producción con una obra que no está a la altura. Updike falleció en 2009.

El escritor comete la imprudencia, para la sociedad americana del momento, de ponerse demasiado en la piel de los otros, siendo esos otros los terroristas; no muestra la misma empatía con los personajes americanos. Lo que Updike intenta, sin éxito a la vista de las críticas cosechadas, es mostrar los errores cometidos por la sociedad americana, esos errores que los han llevado hasta un 11-S. Sin embargo, esa visión descarnada de auto culpabilidad, no apareció en el momento oportuno o, tal vez, no se construyó con los resortes narrativos más acertados.

En efecto, tanto a la novela de DeLillo como a la de Updike, les falla algo, no son obras a la altura de sus autores. Esto puede deberse a cierta imposición obligatoria a la hora de abordar el asunto, también con algunas prisas, lo que desemboca en narraciones que no están bien remachadas y que, además, son producto de un compromiso de denuncia que pocas veces se lleva bien con la literatura.
La novela comprometida suele resultar un producto creado por obligación, forzado y poco sincero, lo que termina destruyendo sus recursos narrativos. Entre la novela y el panfleto existe una fina línea que suele quebrantar la novela comprometida, y en el caso de estos dos escritores norteamericanos, precisamente por el miedo de caer en lo panfletario, han cometido los demás errores para tratar de evitarlo. Un exceso de elipse y de lenguaje críptico en DeLillo, y ese punto de vista desde la mirada del otro, —y el otro es un terrorista— en Updike, han preservado a las novelas de caer en algo propagandístico o heroico que ensalce el americanismo, pero lastra las narraciones. Sin duda, la gran novela americana sobre el 11-S está aún por escribirse.

Ha tenido que ser un autor francés, Frédéric Beigbeder, quien se haya aproximado de la forma más exitosa, auténtica y conmovedora, al atentado del WTC. Y quizás eso se deba a que se aleja del intento de montaje de una ficción pura, y elabora, en Windows on the World (Anagrama), una obra de autoficción.

La novela es de 2003, escrita poco tiempo después del atentado, lo que resulta significativo en cuanto a la facilidad de tomar distancia y reaccionar en poco tiempo por parte de un escritor extranjero, dado que en principio no se encuentra implicado tan emocionalmente con el asunto. Si bien, el acierto de la autoficción, que incluye al propio Beigbeder en la narración —aparece preparando la novela, reflexionando sobre el crimen y los resortes del mal—, hace que el autor acabe por identificarse plenamente con el suceso y, por extensión, el lector de Windows on the world se estremece de una forma espeluznante.

No recuerdo otra novela que me haya impactado de una forma similar a la que me impactó esta obra de Beigbeder. Es una de sus virtudes más notables: el estado pavoroso que genera en el lector. De este texto ya he realizado alguna reseña en otros medios como, por ejemplo, esta:


La historia de un padre y sus dos hijos, que desayunan en la cafetería del WTC, y se ven inmersos en el corazón del atentado, se narra minuto a minuto, con un sentido de la acción prodigioso y, tal vez, sea de lo mejor que se haya escrito sobre el tema. Y ha tenido que ser otro francés, y además muy amigo del propio Beigbeder, quien haya novelizado la problemática del Islam y su implantación en la sociedad occidental desde un estilo narrativo a la europea y una perspectiva ideológica que, difícilmente, podrán comprender actualmente en los Estados Unidos. Estoy hablando de Michel Houellebecq y su novela Sumisión (Anagrama), publicada en 2015.

La polémica siempre ha acompañado a Houellebecq, y con Sumisión no iba a ocurrir algo diferente. El principal aspecto conflictivo radica en la visión del futuro que presenta el autor. En una Francia del año 2022, los partidos musulmanes han vencido las elecciones y controlan el país. Todo se está islamizando y, por supuesto, la Universidad no es una excepción. El protagonista, un profesor de literatura en completa crisis vital, verá cómo puede rehacer satisfactoriamente su vida si abraza el Islam. La Universidad se ha convertido en un centro de enseñanza islámico, y ahora se permite la poligamia.

El protagonista, ante la perspectiva de una notable mejora laboral gracias a un mejor sueldo, y a la posibilidad de poder tener a varias mujeres sin problemas, decide convertirse. El mensaje de Sumisión, novela exquisita y compleja, resulta demoledor: por encima de las bombas y de los atentados, la colonización cultural del Islam se ha impuesto en un país de Europa gracias a dos promesas: dinero y sexo, y no en ese orden necesariamente. Nadie cree, realmente, en la religión, simplemente creen en ellos mismos y en sus oportunidades de mejora. Y eso es lo que les ofrece el Islam en ese momento.

Puede llamar la atención que no se haya escrito una novela verdaderamente importante sobre el 11-M madrileño. Realmente, los intentos han sido escasos, aunque alguno hay con más esfuerzo y buena voluntad que éxito. Y ciertamente, que ocurra esto no es extraño: porque en un país literario agonizante, fundamentalmente acogotado por la acción de las editoriales, es lógico que sea así.

El novelista español, tradicionalmente, prefiere acomodarse en el confort de los temas que funcionan con facilidad: el ejemplo es la tan manoseada Guerra Civil o la agotadora Transición democrática. El asunto del 11-M es todavía confuso, hiriente y peligroso, tal vez porque ni tan siquiera sabemos con claridad lo que aconteció allí de verdad —y la única certeza que poseemos es el número de víctimas: 192 personas de 17 nacionalidades diferentes; este post va, sobre todo, por ellos y por los muertos de Barcelona—.

Simplemente, a las editoriales tampoco es que les apetezca mucho acometer semejante empresa. El novelista español, en su gran mayoría, prefiere seguir escribiendo sobre sus temas habituales. Y las editoriales aplauden este comportamiento que las aleja de polémicas indeseables y las mantiene por el camino de las ventas y el negocio. Sólo así se explica que se hayan escrito más novelas sobre los llamados indignados, que sobre el 11-M.

Por eso, es muy complejo que aparezca una novela de calidad sobre los atentados yihadistas que estamos sufriendo en nuestro país. Quizás, algún día, entre las anónimas obras de un autor desconocido y triturado por las editoriales, encontremos una joya que haga justicia con las víctimas y su padecimiento.

Mientras tanto, sólo podemos llorar por Barcelona, como antes lo hicimos por Madrid, y buscar algunas respuestas en los autores extranjeros, mucho más lúcidos, por ahora, en el asunto de utilizar la literatura como una forma de reparación y no de odio: ellos saben que los resortes de las narraciones son mapas para encontrar esas respuestas que, de otra forma, se nos quedarían en blanco, con la grieta del dolor abierta para siempre.


domingo, 17 de junio de 2012

The Guns of Brixton


Has dejado toda la ciudad, entera, con la aspereza de su asfalto y la inhumanidad de esos semáforos, la has dejado para mi soledad. Una porción de ladrillos amargos y un cubo de lágrimas con las que fraguar las zanjas. Has dejado toda la ciudad a mi cargo, ese peso me quiebra el pecho con los crujidos del aire acondicionado que ya no te refrigera, que ya no refresca nuestros vasos y nuestra circulación sanguínea. Aquí arriba, en la terracilla, y los edificios de la Gran Vía: al fondo puedo ver el Calderón. La terracilla de nuestros momentos sobre-bajo. Sobre la terracilla, abrazados y derramada la manta y bajo el cielo de enero esperando a que el frío nos traspasara los huesos y la estación espacial internacional. El rugido de la refrigeración es como un guitarreo de Mick Jones y ya sabes: Clash, Clash City Rockers!!! Entonces, me mirabas a los ojos y me tarareabas un poquito de Spanish Bombs… In Andalucía, Federico Lorca is dead and gone y eso de yo te quiero infinito yo te quiero mi corazón y eso de los blacks cars of the Guardia Civil, ahora son dos sonidos los que confluyen en mi cabeza, el refrigerador ejecutando su solo de guitarra como en I´m not down, pero yo si estoy down como la Woman del Callao que tiene mucho down y el otro sonido es tu susurro y es tu voz en mi cabeza que me tararea Spanish Bombs y eso de yo te quiero infinito que sonaba mejor diluido en tus labios que en la garganta herida de alcohol de Joe Strummer y si, ya sé que se nos murió el Strummer igual que se nos murió Joey Ramone o se nos murió Dee Dee y ahora tú añadirías y se nos murió Updike y Salinger, siempre mencionando a esos escritores de la mierda y los tejadillos a mi alrededor de una ciudad que me has regalado en toda la monumentalidad de su desidia, en la enorme monstruosidad de tu ausencia y al ritmo de Guns of Brixton y del bajo de Paul Simonon bum bum bum bum bum bum bum doy pasitos con el daiquiri de brik en la mano y trato de componer una figura sofisticada como esa poeta que tanto te gustaba y que se atiborró a daiquiris antes de gasearse (era Anne Sexton, corazón, me reprocharías mientras yo aumentaba odiándote a ti y a tus libros), bueno pues como esa tía yo ahora intento componer un gesto sofisticado mientras al ritmo del bajo de Guns of Brixton me acerco a pasitos a la gárgola estúpida e hija de puta de la esquina, su cemento cuarteado por el sol y abajo el asfalto derretido por los centígrados como enormes gotillones de una mierda negra que me rezumara del corazón, yo que soy tu corazón, y lo primero en caer es un zapato y luego mi daiquiri de brik y luego el brik entero y detrás de ellos mientras suena en la cabeza Spanish Bombs y todo da vueltas y es como esas mierdas de dibujos empastados que enseñan los psiquiatras una mancha de tinta explosiona explota hacia los lados del folio de la hoja en blanco que es la acera caliente por el cansancio y ooooh the guns of Brixton