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lunes, 24 de diciembre de 2012
laura
es agradable muy agradable
dante pensó
sobre
beatriz
es placentero muy placentero
boccaccio dijo
de
fiammetta
es una maravilla exclamó
petrarca recordando
a su
laura
si
una maravilla será
acostarse
con una mujer
que no necesite
emborracharse
para
yacer
contigo
(y luego
llegó la peste
con sus ataúdes
de plomo)
martes, 26 de junio de 2012
Oliveira
no
no quiero ser oliveira
enamorado de la maga
no
no quiero ser el magistral
sufriendo por anita
no
no quiero ser petrarca
enfermo de laura
no
no quiero ser dante
enfebrecido por beatriz
quiero
ser
yo
inficionado
de
ti
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Rayuela
martes, 13 de diciembre de 2011
La falacia Petrarca

Me llamo Francesco Petrarca, nací en el año del señor de 1304 y voy a morir hoy, justo un día antes de mi setenta cumpleaños, para así redondear mi biografía, convertirla en un mito literario: hacer de mi vida la mejor y más perfecta de mis obras; en cuanto termine de redactar esta confesión, me envenenaré, no dejaré rastro, y seré hallado, desvanecido, sobre uno de mis adorados volúmenes de mi biblioteca. He compuesto el cuadro del golpe de efecto final.
Sin embargo, antes de morir debo confesar algo, siento esa necesidad. Si lo hiciera público resquebrajaría el mito que sobre mí he construido, pero lo haré en esta confesión privada que luego archivaré en un lugar remoto y prácticamente imposible de localizar. Sólo la casualidad literaria, el oportunismo de un investigador avezado, hará, entrados ya los siglos, que quizás mi vergüenza se descubra, se reconozca.
Yo, Francesco Petrarca, que fui laureado poeta, coronado en ceremonia pública, que escribí los Triunfos, y de todos ellos el más grande, el Triunfo del Amor, yo, debo confesar una verdad lamentable: nunca, jamás, conocí el amor en ninguna de sus clases. Yo, Francesco Petrarca, el poeta ilustrísimo, excelso, nunca fui amado por ninguna mujer. Jamás. Y por ello, mi Laura, mi grande e inmortal Laura, no es más que una mera invención literaria, una triste falacia, copiada a imagen y semejanza de la Beatriz de Dante, devorado por los celos de su creación, enfermo de envidia y desamor…
Es cierto: ese seis de abril, ese viernes santo, en la iglesia de Santa Clara de Aviñón, nunca se me apareció ese ángel. Delante, las frías y húmedas baldosas, resbaladizas de soledad. No, no se produjo el reconocimiento, y en toda mi vida he sido reconocido con el amor de ninguna mujer, y frente al altar de Santa Clara, herido y traspasado de tristeza, abandonado, imaginé a mi Laura. Luego -es decepcionante, lo sé-, cuando la idea se hizo insoportable, la maté otro viernes santo. Lo demás, el resto, todo, es la falacia, es literatura, es un mundo dañino y circular que se alimenta de su propia vergüenza.
Lo reconozco, me obsesionan los ciclos, me torturaba el talento y el amor de Dante por Beatriz, incluso el de Boccaccio por la Fiammetta, no podía soportarlo. Inventé a mi Laura, me alimenté de ella, la adoré como a una diosa, la veneré como a un milagro y la dejé morir como un invierno cuando ni los sueños podían ya calentar el corazón de un viejo y, ahora, acabo de disolver el papelillo con el veneno en agua y lo he bebido. Estas son las últimas líneas de Francesco Petrarca, el poeta laureado…
¡Un momento! ¿Quién es esa dama que asoma por el huertecillo? ¡Con esos cabellos al aire! ¡Un momento, un momento! ¡Veneno, detente al instante! Ella me ha sonreído y se dirige hacia acá… ¡corazón, maldito, no te pares!... ¡es es ella, es ella! ¡Acabo de reconocerla! ¡Es mi verdadera Laura, la que se acerca! ¡Acabo de encontrarla ahora! Si pudiera moverme, mover un dedo al menos, indicarle que estoy envenenado… tal vez un beso suyo podría resucitarme… un beso para vencer al tósigo…
tal vez…
sus cabellos…
acariciando mi rostro, mis ojos...
y mis ojos
ahogados
en
sus
ojos
jueves, 8 de diciembre de 2011
Gritándote Milena

Y al fin: te leí.
Leí cada frase, cada palabra y cada silencio, cada verbo que no decías y cada poema arrastrado por el dolor y arrasado de dolor.
Leí: las páginas en blanco de tus muslos, por las que subí.
Leí: conocí un nuevo lenguaje articulado por lenguas y besos, por sonidos y manos.
Leí: en todos los tomos, uno a uno, de tus bibliotecas: en el interior de tus ojos, que almacenaban un nido de páginas de Dante y Petrarca.
Leí tu nombre: y se pronunciaba como Laura, se articulaba como Beatriz.
Leí en ti: te aprendí de memoria para poder convocarte en la medianoche: gritándote Milena.
Te apareciste, sabiéndote Dora, y entendí, entonces, lo bien que te había leído.
jueves, 5 de mayo de 2011
Pensando en ella

Uno no puede pasarse la vida pensando en ella: construyendo lo cotidiano en derredor de su recuerdo: imaginando existencias: planeando idioteces: soñando memeces.
No, uno no puede realizar una exégesis de la vida de ella al acostarse: ni plantearse nuevas hermenéuticas sobre su nombre al levantarse.
Uno no puede generar un sistema heliocéntrico-literario para ella, un tractatus por ella.
No, uno no pude, no.
Pero Dante lo hizo con Beatriz. Boccaccio con Fiammetta. Petrarca con Laura. Goethe con Charlotte. Von Kleist con Adolfine-Henriette. Larra con Dolores. Kafka con Milena.
Entonces... ¿por qué cojones no voy a poder hacerlo yo?
miércoles, 6 de abril de 2011
Las Tres Gracias

En una barra americana: de un lado: Beatriz, Laura y Fiammetta. Del otro lado: yo: con mi Moleskine: escribo, o lo intento, un poema: "te estoy recordando en silencio ahogado". Beatriz: derrama cerveza sobre el poema. Laura: me arrebata la libreta. Fiammetta, al fondo, en la esquina de la barra: llora: sus lágrimas golpean los cubitos de hielo de su whisky: se derriten en el fondo del vaso del llanto.
Y bebo el vaso como un rápido veneno.
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tres gracias
sábado, 8 de mayo de 2010
Hoy lo he descubierto

Extravié mis días fiándolos a la literatura. Nunca pensé que podría doler tanto. Pero lo que no puede ser, no puede ser. Hoy lo he descubierto: son llagas, son heridas que escuecen en la piel, en el corazón. Vacié mi vida empeñado en una estupidez, en rememorar la ficción, en contar otras vidas de mentira mientras no reparaba en las falsedades de la mía. Narré ficciones y alimentaba mi propia ficción, he sido un Petrarca con su Laura, un Dante con su Beatriz, todas ellas miserables; he sido un fiasco que escribe de madrugada cuando el daño es tan insoportable que no restan ya ni las ganas de llorar. Soy el cadáver de una mentira, el muerto andante de una intención, el escorzo de la realidad.
Me late el corazón, es cierto, pero mi ritmo no es el de Calvacanti, ni el de Silva: el ritmo de mis latidos apenas alimenta ya una decepción, casi no puede ni admitir tantas toneladas de fracaso. Arnaut Daniel escupirá sobre mi tumba y Kafka maldecirá que, como una sombra o un triste remedo, haya intentado profanar su oficio.
A lo lejos, la pequeña recompensa de unas lágrimas, tan, tan valiosas, que tanto significan, que destrozan y desarman, que alimentan, que dan que pensar en cómo extravié mis días fiándolos a la literatura. Y duele tanto...
Nunca pensé que podría doler tanto. Hoy lo he descubierto. Y, además, lo que no puede ser, no puede ser... ¡mierda, ya estoy llorando otra vez!
Me late el corazón, es cierto, pero mi ritmo no es el de Calvacanti, ni el de Silva: el ritmo de mis latidos apenas alimenta ya una decepción, casi no puede ni admitir tantas toneladas de fracaso. Arnaut Daniel escupirá sobre mi tumba y Kafka maldecirá que, como una sombra o un triste remedo, haya intentado profanar su oficio.
A lo lejos, la pequeña recompensa de unas lágrimas, tan, tan valiosas, que tanto significan, que destrozan y desarman, que alimentan, que dan que pensar en cómo extravié mis días fiándolos a la literatura. Y duele tanto...
Nunca pensé que podría doler tanto. Hoy lo he descubierto. Y, además, lo que no puede ser, no puede ser... ¡mierda, ya estoy llorando otra vez!
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domingo, 18 de abril de 2010
Rumi

La vida en el ágape/mi vida en el ágape: esto es una mierda esto es una mierda esto es una mierda esto es una mierda esto es una mierda esto es una mierda esto es una mierda mierda mierda mierda, mierda mierda mierda mierda
¿Y si me suicido? No dejaré aquí nada que no pueda continuar sin mí.
Laura, Beatriz, iros a la mierda. Iros todos a la mierda.
Él ha visto a Dios. ¿A quién he visto yo? Yo no he visto a nadie.
Soy como Glauco. Soy un gilipollas.
No ocupamos un mismo espacio. No ocupamos nada.
Esto es un asco.
La esencia en el mensaje: cómo comunicarnos con Dios. Viejos profetas, viejos gilipollas.
La unidad: somos uno. No somos uno.
No soy nada.
El silencio es la memoria de Dios: estoy condenado al silencio.
Estoy condenado a ser recordado por Dios.
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