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viernes, 9 de noviembre de 2012

novísimo parnaso de horrores


agonizar en casa
aplastado por el ataúd
del pasillo

ir por la calle
como un autómata
guiado por tu recuerdo
con las babas colgando
de imbecilidad

beber whisky a solas
reflejado en los espejos del bar
donde tú ya no eres vampira

acomodarse en los bancos del parque
aterido de miedo
y con el pavor a
repetir las sílabas de
tu nombre

sentarse en el retrete
y licuarse en la
vida propia
desaguada

ser muñeco de vudú
acuchillado
por los alfilerazos
de tu vida

jueves, 1 de noviembre de 2012

ni de lejos



ni de lejos
te imaginas
lo que podría hacer por ti
hasta ser globo de helio
gasolina diesel
cóctel molotov
incineradora de cartones
muertito en su ataúd

ni de lejos
te imaginas
lo mucho que sería tijeras y cuchillas
lejías y veneno
abismos y barrancos
lápidas y fosas
barro y gusanitos

ni de lejos
te imaginas
la desesperación de no estar contigo
por no ser pegote de sangre
orina entre dos coches
carmín en los dientes
encías enfermas
naricillas de cocaína
suave lluvia de whisky
en el alba

ni de lejos
puedes
estar conmigo
cuando te disfrazas de mujer
con esa máscara de ternura
y la preocupación de sms
prendida en tu galería fotográfica
de facebook
o acuartelada
en la mediocre entradilla
del macilento blog

así lejos
puedo continuar
creyendo que te amo
creyendo en ritos purificadores
creyendo en ascos
y gomosos pedazos de amor
en el fondo del retrete

creyendo que te amo
aunque te disfraces de una mujer
que me odia

lunes, 22 de octubre de 2012

el envío


si compusiera sextinas
como arnaut daniel
como dante o petrarca
llegaría el momento
de la estrofa
del envío del poema
pero no lo mandaría
a dar noticias
a mi amada
de que pienso en ella

mandaría el poema a la calle
a la búsqueda
de dos paquetes de cirgarrillos
una botella de jack daniel´s
y seis latas de cerveza

sí 
lo sé
es demasiado envío
para un poema
que ni siquiera tiene
carnet de conducir
ni alcanza
la mayoría de edad

y ahora
poema mío
ve
a un seven eleven
y tráeme
cigarrillos
whisky
cervezas

o muérete
en el intento

miércoles, 18 de julio de 2012

Velociraptor


desde la barra acolchada del bar
color vino tinto
te giraste y me clavaste tus ojos
y tu sonrisa
y tu gran uña de velociraptor
me sajó el vientre
junto a la mullida barra del bar
amarillo vómito

brotaron los intestinos
cuerdas de mi desgracia
el estómago
donde aún te digiero
y el hígado
que inventó toda una farmacopea por ti
y los riñones (esos que filtran para ti)

junto a la barra acolchada del bar
junto a la barra de bilis
con tu uña de velociraptor extrajiste
de la media luna de mi sangre
los crujientes de mi vida

la montonera de vísceras
quedó atrás mientras te alejabas
entre el nauseabundo vaho
del matadero
-de nuevo un matadero-
y de la uña
-una uña como la de un escorpión-
prendidos jirones de carne
sangrientos pedazos de música encrudecida

tú mi dinosaurio de whisky
yo tu pajarillo de agua tónica
que a manos llenas recuperaba los despojos
en el interior de mi herida de sandía

y se supone que yo tenía que sonreírte
después
de todo aquello

conténtate con que hoy
he soñado
de nuevo
con un dinosaurio de plumas
con un velociraptor de ron
y con unos cubitos de hielo
ensangrentados
entre los amarillos cascajos
del limón
de mis recuerdos

martes, 10 de julio de 2012

Todo un récord


Dicen los mitómanos que Dylan Thomas pronunció estas, las que parece ser fueron sus últimas palabras, antes de quedar fulminado en el hospital de St. Vincent de Nueva York:

“He bebido 18 vasos de whisky, creo que es todo un récord”.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mi prerrogativa


Sentado, solo, a cualquier hora de la madrugada en cualquier lugar, acodado en la barra de cualquier bar en cualquier noche, bebiendo cualquier whisky, el otro día, alcancé una conclusión: realmente he querido de verdad a tres mujeres en mi vida. Una no sé donde está, no sé de ella desde hace años. De la segunda, después de muchísimo tiempo, tuve noticias hace poco y, la tercera, simplemente, a veces, podría verla con recorrer la distancia de veinte o treinta metros que me separan de ella, pero el dolor intenso de su desamor me lo impide.

En ese bar, solo, solo, a cualquier hora de la madrugada en cualquier lugar, acodado en la barra de cualquier bar en cualquier noche, bebiendo cualquier whisky, el otro día, alcancé otra conclusión: cuando se ha querido a alguien tanto como yo os he querido a vosotras, una parte de mí ya queda dentro, viaja siempre allí donde vayáis, estará siempre acompañándoos. En cierto modo, vuestro éxito en la vida es el mío y vuestro fracaso es una pequeña porción de mi derrota. Así que, donde quiera que hayas estado, yo he estado allí, y tú, mientras te casabas, yo estaba allí, y mientras parías a tus hijos, también estaba allí. Y tú, sí tú, mientras viajas en autobús, o comes, o ríes, o lloras o follas, yo estoy allí. De hecho, ahora, que puede que estés durmiendo o borracha, ahora mismo, sí ahora, también estoy allí, contigo.

Y esto es algo que ni todo el odio, la indiferencia o el desprecio podrán evitar. Es mi prerrogativa. Y a esa conclusión llegué el otro día: solo, a cualquier hora de la madrugada en cualquier lugar, acodado en la barra de cualquier bar en cualquier noche, bebiendo cualquier whisky.

viernes, 12 de agosto de 2011

La cura universal de Miguel Servet




Dice Antonio Orejudo, en su novela Reconstrucción:

"No hay nada más injusto que hacernos responsables de nuestras acciones pasadas".

Y como Servet descubrió la circulación de la sangre, que todo fluye, pues ahora añado yo: que todo fluya: y que todo este dolor solo es paliable, que nunca solucionable o soportable, convenientemente anegado, ahogado, anestesiado en whisky.