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martes, 27 de junio de 2017

Feria del Libro de Madrid: los mercaderes en la Feria de las Vanidades


*Esta columna se publicó en e sitio web Achtungmag.com: 

Resulta casi enternecedor ver la inocencia y candidez de los escritores primerizos cuando, en estas fechas, llega la Feria del Libro a Madrid. Anuncian en las redes, una y otra vez, la caseta en donde van a firmar, repletos de ilusión y, por qué no decirlo, de un pequeño ego que luego estallará en algunas fotos con los amigos, más bien pocos, que hayan tenido el valor de acercarse por el recinto del Parque del Retiro. Incluso un poeta, los días anteriores a la Feria, clamaba en Facebook para que alguien le consiguiera un lugar en donde firmar… Sin embargo, las tan ansiadas firmas reflejan una realidad bien diferente, más bien triste y miserable.
Yo también he tenido que sufrir, un par de años, la experiencia frustrante de acudir a una caseta para firmar en la Feria del Libro. Por supuesto, después de aquello me he negado a repetir, y no pienso volver salvo circunstancias de causa mayor. La Feria del Libro es el momento y el lugar en donde menos escritores se concentran, paraíso para diletantes y aficionados, para perpetradores de best sellers, para famosillos y fracasados y, sobre todo, para editores chamarileros que piensan en hacer su agosto.
Siempre, con la llegada de esta ignominiosa feria, aparece una pléyade de libros que se publican para la ocasión. Nunca puede faltar el presentador de televisión que promociona su nueva novela. En primer lugar, tengo muy serias dudas de que hayan sido capaces de juntar todas esas letras ellos solos, pero, realmente, es una circunstancia que al lector de cierto tipo de publicaciones le da igual. Entre famosos, tertulianos, conductores de telediarios, opinadores de profesión, actores, cocineros y músicos de rock, entre todos ellos, están rebajando el mágico suceso de publicar un libro: lo degradan.
Y de esta manera, consiguen que los autores que se dedican a la literatura terminen por hartarse, por no tener ganas de escribir. Taponados por todas esas toneladas de papel, resulta imposible que nuestros libros sean recibidos, mínimamente, por el público. Los críticos del futuro deberán establecer qué nuevo género trabaja esta gente, porque en ningún caso se encuentran al lado de nuestros textos, ni siquiera de la literatura. Están degenerando de tal forma el acto de escribir un libro, emponzoñándolo de tal manera, que muchos autores, entre los que me incluyo, empezamos a plantearnos, de verdad, dejarlo y no volver a escribir una línea nunca jamás. Al fin y al cabo, nadie lo sentiría. Escribir se ha convertido en una batalla que alcanza mucho más allá de enfrentarse a un folio en blanco y convertirlo en una novela de cientos de páginas. Empieza a ser agotador y, entre editores chorizos y pseudo autores de lo que puedo denominar como literaTVra, han conseguido vaciarlo de cualquier sentido. Y las fuerzas se agotan a golpe de desesperanza y de chascos. Me da mucha pena.
Son tiempos extraños estos que corren, en donde casi lo peor que le puede ocurrir a un escritor es firmar en la Feria del Libro. Vivimos una época en la que, si se quiere ser original, incluso elegante, uno debe plantearse no volver a publicar jamás, porque en España la mitad de las personas han escrito —y publicado— un libro, y la otra mitad lo están escribiendo. Realmente no veo a toda esa legión de diletantes como una competencia, en absoluto, porque jugamos en ligas diferentes. Durante una época pensé que nosotros, los autores que batallamos en el barro literario, que nos enfangamos en la creación plagada de problemas y adversidades, pertenecíamos a una división infame de la literatura de este país, y que esos autores consagrados, que gozan del beneplácito de la fama y manipulan sus nombres como una marca comercial de ropa, colonia o zapatos, ocupaban una especie de Champions League del libro. Estaba equivocado, y ahora me doy cuenta: los que realmente militamos en la División de Oro de la cultura somos nosotros, los embarrados, los timados, los apestados, los que nos partimos el pecho a cara descubierta en el vano intento de defender nuestros trabajos, y ellos, los manipuladores de la litera-hartura, integran una autentica División Basura.

Estamos, por tanto, en juegos diferentes, pero eso no evita que ellos signifiquen un monumental atasco para nuestras aspiraciones. Y eso es lo que agota, dado que disfrutan de un manojo de oportunidades que a nosotros se nos niegan sistemáticamente. Y hablo, exclusivamente, de oportunidades a la hora de publicar, no ya de vender, porque un escritor lo que más desea es que puedan leerlo el mayor número de personas posibles, circunstancia que sólo se logra publicando.
Así las cosas, la visita a la Feria del Libro puede resultar letal para un escritor. Es un recinto delirante en donde pueden sucederse las escenas más descabelladas. Por ejemplo, autores que vocean sus libros como chamarileros, instigados por los editores que ejercen de sargentos de hierro en las casetas, hostigando al escritor para que avasalle a todo aquél que se arrime. Porque parece que con haber escrito la novela no basta. También hay que venderla… ¿Pero eso no es trabajo del editor? Pues parece que no. O, de forma rocambolesca, uno consigue vender una decena de ejemplares y asiste a cómo el editor, torticero y trabucaire, se embolsa el dinerito en sus bolsillos. Ese puñado de euros irá, directamente, a llenar el depósito de gasolina de su automóvil, a pagar alguna factura del gas o de la luz o, en el peor de los casos, servirá para que se tome unas gambas en el aperitivo. Después, cuando llegue la triste liquidación de ejemplares a casa del autor, la editorial le asegurará que sólo ha vendido un ejemplar, tal vez dos…escamoteada esa decena que el propio escritor vendió por su propia mano en la caseta. ¿No es esto robar?
También está el asunto de las colas de fanáticos que se agolpan para conseguir el autógrafo de los cocineros metidos a escritores, de los psicólogos, actores, dietistas, presentadores, toreros, deportistas… mientras las casetas donde aguardan los verdaderos autores aparecen tristes y devastadas. Luego, algunos de los diletantes, orgullosos por denominarse escritores, subirán fotografías a Facebook o a Instagram rodeados de palmeros y conmilitones, celebrando lo gozoso de la literatura.

Parte de esta realidad miserable de la literatura en España ha sido denunciada en algunos ensayos que han pasado sin pena ni gloria. Quiero reivindicar, aquí, algunos de esos textos que aportan una visión lúcida y realista de todos estos tejemanejes vergonzantes llevados a cabo por esa nueva modalidad de delincuentes que son algunos editores. Un escritor, que además es un reputado crítico literario y profesor en diferentes Universidades de Europa, Germán Gullón, ha publicado un ensayo tan primoroso como desalentador: Los mercaderes en el templo de la literatura (editorial Caballo de Troya). Otro texto crudo en su realismo y desesperante por su análisis es La gran estafa, Alfaguara, Planeta y la novela basura (Vosa editorial), del crítico Manuel García Viñó.

Sólo nos queda, ante un panorama tan desgraciado, volver a la literatura y encontrar motivos de alegría en afirmaciones como la llevada a cabo por José María de Guelbenzu en un artículo publicado, hace mucho tiempo ya, en El País:
“El becerro de oro de la popularidad ha llegado a confundirla con el éxito de tal modo que al escritor la sociedad ya no le exige autoridad sino popularidad. Ser popular es ser conocido por la mayor cantidad de gente posible, culta o inculta; tener éxito, en cambio, es conseguir lo que uno se propone en la vida y esto, llevado a la buena literatura, significa que es, sobre todo, cumplir con la ambición de excelsitud que cada uno se ha propuesto o morir en el empeño, independientemente del grado de reconocimiento que consiga: lo que en términos de vida se llama cumplir una vocación”.

No desesperemos: los que nos dedicamos a escribir, simplemente a eso, por encima de adversidades y delincuentes culturales, somos los verdaderos escritores de éxito. Y creo que no necesitamos ferias de vanidades.

jueves, 13 de febrero de 2014

hitler de carnestolendas



de aquella época recuerdo el frío, el frío de tu casa, eso por encima de todo, y también las ganas de escribir, las ganas que tenía de escribir y de cómo me atrincheraba en tu pisito, pequeño y sin calefacción en un ático cochambroso de alonso martínez y, en efecto, yo quería ser escritor y tú ni tan siquiera te planteabas eso, salías de casa todas las mañanas camino del trabajo en la empresa de tele-marketing y me dejabas allá, en la soledad helada que habíamos intentado calentar durante el desayuno utilizando la vetusta chimenea, quemando unos tocones de papel prensado barato y cutres que apenas daban calor

de aquella época recuerdo eso, mis intentos por escribir, entonces una novela que acabó en el fondo de un cajón y junto a otras tantas aspiraciones de mis fracasos y recuerdo también que en aquella época, por entonces, no había ni facebook ni twiter ni redes sociales ni nada de eso, y que me dedicaba a escribir todo el día mientras tú llamabas y llamabas en tu tele-marketing intentado colocar unidades y unidades de objetos inútiles, cuchillos de cocina, colecciones de discos o aparatos de gimnasia, y yo en la congelación de la literatura escribía en la buhardilla muerto de frío

recuerdo que una mañana de aquella época en la que yo quería ser escritor y tú ni te imaginabas que serías escritor decidimos terminar con el frío quemando en la chimenea libros, si libros de la biblioteca, libros de los que durante un tiempo atrás, asesorado por dios sabe que cuadrilla de imbéciles, habías ido comprando, la mayoría de segunda mano y baratos, aunque también ardió, y con chisporroteos de placer, alguna que otra edición de lujo del best seller del momento

y recuerdo que arrojamos, con deleite incluso mucho más allá de las expectativas de calor que podrían proporcionarnos, ejemplares de novelas de edgardo merendoza, mudaina grandezas, mémez verte, sanchís dragontea y, cómo no, aquellos espantos de saray auriga, el peor de todos ellos, en particular su novela entokiados, por ejemplo, que daba ganas de vomitar, y recuerdo tu sonrisa de medio lado plena de odio y aborrecimiento literario cuando como si fueras un nazi ante la pila erigida y exigida por el mismísimo führer entregaras al sacrificio del fuego purificador el entokiados de saray auriga, con gran merecimiento de que una mierda así se calcinara y al menos nos calentara un poco

recuerdo que no conseguí publicar nunca nada y que dejamos de vernos, que nos perdimos la pista y que los tiempos en los que no había twitter ni facebook se extinguieron y dieron paso a los tiempos en los que si hay twitter y facebook y entonces me topé de nuevo contigo, bueno más que contigo con lo que parece ser tu reencarnación mediática y oportunista de escritor maleable vendido al ideal de unas gafas de pasta y una cuadrilla de colegas aduladores

entonces he sentido ganas de vomitar, hoy he leído un tweet tuyo, un tweet emético que elogiaba la nueva novela de saray auriga, que tanto estabas disfrutando con su lectura

disfrutando de la nueva novela de saray auriga felicidades amigo

y la vergüenza al recordar como ardía entokiados en la chimenea de la buhardilla de alonso martínez y te cagabas en la madre que parió a saray auriga que no parecía ser entonces nada amigo y te enciscabas en toda su obra y regodeabas en la pira de fuego como un pequeño hitler de carnestolendas y cuchufleta y ahora que pareces tan amigo

porque unos a otros os acaricias el lomo unos a otros vendidos a los premios unos a otros y al marketing que ya ni siquiera es tele-marketing que es marketing directo

y unos a otros

y entonces entendí que te hiciste un escritor consagrado de los que son líderes de opinión en 140 caracteres de esos a los que a la gente les interesa tanto cuando avisan que van a cagar o han pillado purgaciones y no pude ya indignarme mucho más porque entonces comprendí

comprendí que tú y todos los tuyos, aquellos de quienes quemábamos las novelas en la chimenea, averiguasteis hace mucho tiempo la clave en esto de la literatura moderna, que se reduce a una cuestión de chuparse las pollas

y si acaso después a un buen enjuague bucal

y bueno

que recuerdo todo eso

martes, 27 de agosto de 2013

Metaliterhartura






Y una mañana lluviosa, en el interior de un reputado cafetín en donde los sesudos académicos, los escritores de pro y los autores posmodernos que salían en los programas culturales de la televisión y copaban las reflexiones en las tertulias de las radios con manifestaciones geniales en las cuentas de Twitter, esa mañana de café sólo y cigarrillos, patillas de hacha y sonrisas envidiosas y melladas, esa mañana de ocurrencias en Facebook hasta la nausea (poco sartriana) y notables hashtag repulsivos, esa matiné, la propia novela, harta de que manosearan su nombre, de que la mentaran en vano, esa mañana, entre las tazas con cercos de bocas plagiarias, entre citas de Bordieu y Paul de Man, con las cañas de cerveza desgasadas, los pepinillos con relleno de anchoa, esa mañana, la propia novela en un acto de valentía (o de desesperación, vaya usted a saber) se propuso a sí misma como motivo novelesco, visto el agotamiento que en los cerebritos de esos autores tan sesudos había provocado durante las últimas décadas.

Y tras alguna mirada de soslayo, alguna que otra sonrisilla mellada de fracaso y unos eructillos disimulados por lo bajinis mientras se lo pensaban, todos aquellos fracasados encaramados a sus podios de ego le hicieron caso, les pareció una gran idea, y la propia novela, que se propuso como motivo novelesco, fue, desde entonces, un motivo novelesco.

Y nació la metaliterhartura, que tan pronto desvirtuaron aquellos maestros de palabras grasas y párrafos enfangados.

Y los escritores tan contentos, porque, con ella, con la metaliterhartura, no hacían sino masturbarse las conciencias de autores con gran placer y se hacían ilusiones de genios.

Y, además, algunos, hasta llegaron a cobrar por eso.

jueves, 22 de noviembre de 2012

teorizando sobre la propiedad privada

prmero fuste
sms
rspa desdntda
de las plabrs

después fuiste twitter
skype         facebook
incluso tuenti
y hasta
messenger

y aún siendo todo eso

nunca
has sido
mía

lunes, 19 de noviembre de 2012

monastir


monastir
fue en monastir

donde los turcos
invitaron a los beyes
albaneses
con promesa de falsa
amistad
y los masacraron

igual
en mi pc
tú has sido mi
monastir

monastir
primero
con gélidas
propuestas por ese messenger
pringado ya de sangres

monastir
después
hurgando en mis pasadas
heridas
vertidas en el cáliz
que fue demanda
de santo grial

monastir
cuando decidiste
que sobraba y
te convertiste en mi
mehmed pasha

fui masacrado
sin que dedicaras
un instante
a pensar en mi dolor
excepto cuando mis vísceras
se te enredaban en los
tacones

soy
todo
arslan bey
ejecutado
con un simple movimiento
de tus dedos
que con el clic
me borran de tus contactos
en el
facebook

para que se inicie la
degollina

jueves, 1 de noviembre de 2012

ni de lejos



ni de lejos
te imaginas
lo que podría hacer por ti
hasta ser globo de helio
gasolina diesel
cóctel molotov
incineradora de cartones
muertito en su ataúd

ni de lejos
te imaginas
lo mucho que sería tijeras y cuchillas
lejías y veneno
abismos y barrancos
lápidas y fosas
barro y gusanitos

ni de lejos
te imaginas
la desesperación de no estar contigo
por no ser pegote de sangre
orina entre dos coches
carmín en los dientes
encías enfermas
naricillas de cocaína
suave lluvia de whisky
en el alba

ni de lejos
puedes
estar conmigo
cuando te disfrazas de mujer
con esa máscara de ternura
y la preocupación de sms
prendida en tu galería fotográfica
de facebook
o acuartelada
en la mediocre entradilla
del macilento blog

así lejos
puedo continuar
creyendo que te amo
creyendo en ritos purificadores
creyendo en ascos
y gomosos pedazos de amor
en el fondo del retrete

creyendo que te amo
aunque te disfraces de una mujer
que me odia