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miércoles, 3 de julio de 2019

Se cumplen dos décadas del disco que salvó a Red Hot Chili Peppers




*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2019/6/19/el-disco-del-mes-californication-de-red-hot-chili-peppers/

Intérprete: Red Hot Chili Peppers
Título: Californication
Discográfica: Warner
Género: Rock alternativo
Duración: 56m; 24seg.
Número de canciones: 15
Fecha de publicación: 8 de junio de 1999

Se cumplen dos décadas del disco que salvó a Red Hot Chili Peppers
Hace bien poco que se han conmemorado 20 años del álbum que rescató a la banda de Los Ángeles, Red Hot Chili Peppers, de una más que segura disolución. Y de paso, se nos regaló uno de esos discos que se ponen una y otra vez, que no cansan jamás, con un espíritu innovador y unas canciones de leyenda. Hoy, en Mi Nueva Edad, nos referimos a Californication.
Pues sí, 20 años, casi nada, aniversario para una obra maestra brotada de la incandescencia de unos músicos que venían del desastre en su anterior trabajo, One Hot Minute, que aunque contenía algunos temas interesantes, como Aeroplane o My Friends, fue recibido con malas críticas y unas ventas significativamente menores que su precedente, aquel Blood Sugar Sex Magik que había encumbrado a la banda.
El problema estaba ahí precisamente; el guitarrista, una pieza fundamental en el grupo, John Frusciante, agobiado por la fama, dejó el grupo tras la gira de 1992. Aunque incorporaron a un nuevo músico en su lugar, Dave Navarro, las cosas no funcionaron. Eso, y que el cantante, Anthony Kiedis, atravesaba por un momento personal muy delicado a causa de las drogas.
El grupo estaba en una especie de hiato, que duró casi cuatro años. La reincorporación de Frusciante y la rehabilitación del cantante, así como la canción que da título al disco, Californication, consiguieron que el trabajo se convirtiera, hasta la fecha, en el más vendido del grupo, con 16 millones de copias.
Y son las canciones, evidentemente, la que hacen que este disco, sobre el que han llovido 20 años de otras músicas y evoluciones sonoras, nos suene tan fabulosamente como el primer día en que lo escuchamos y nos enganchó sin remedio. Ya sus dos canciones de arranque son excepcionales, en particular la segunda, Pararell Universe, con un trabajo de bajo por parte de Flea extraordinario, y una demoledora guitarra acida.
Y tras ese principio, llega la mejor canción en la historia de la banda, sí, la mejor, al menos para mí, por encima de Under The Bridge o de la posterior Snow (Hey Ho). La delicadeza brutal de Scar Tissue es la patente del disco, la muestra del sonido Californication, en donde todo cuadra a la perfección y, de nuevo, aparece esa guitarra de Frusciante, claro.
Pero lejos de acabarse aquí lo bueno, solo acaba de empezar. Otherside es como una magnífica introducción a Californication, para muchos el tema estrella (¿tiene este disco solo un tema estrella?, en absoluto), y la clave que salvó al grupo. Y después, un desfile de temas extraordinarios: Easily, la hipnótica PorcelainThis Velvet Globe (otra vez esa guitarra, de nuevo), y un final digno de un grupo grande, enorme: Road Trippin´.
 Fue hace 20 años, pero nos parece que fue ayer. Esa es la cualidad de los buenos discos, que todos los días lucen como recién salidos del estudio, y diríase que Californication acaba de ponerse a la venta. Tal capacidad tiene para sorprendernos y hacernos disfrutar.

miércoles, 8 de mayo de 2019

El disco en directo que lo cambió todo

*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:
Intérprete: Dire Straits
Título: Alchemy: Dire Straits Live
Discográfica: Vertigo/Warner Bros
Género: Rock
Duración: 1h; 33min; 59 seg
Número de canciones: 11 (2 CD)
Fecha de publicación: 1 de marzo de 1984

El disco en directo que lo cambió todo
Estamos ante un disco que marcó una época, el momento más dulce del grupo, con cuatro obras maestras a sus espaldas y pletóricos en sus actuaciones en directo. Me estoy refiriendo al inmortal Alchemy: Dire Straits Live, que significará un antes y un después en la historia de la banda y, por qué no decirlo, en la vida musical de muchos de nosotros. Por eso lo traemos hoy a Mi Nueva Edad como el disco recomendado para el mes de marzo.
La grabación en directo fue tomada de dos conciertos realizados en el londinense Hammersmith Odeon, llevados a cabo en las noches del 22 y 23 de julio de 1983. El grupo andaba metido en la gira de su último disco en estudio por entonces, el extraordinario Love Over Gold, que presentaba una mayor complejidad compositiva en sus canciones que, a diferencia de los álbumes anteriores, aparecían teñidas de una atmósfera peculiar, en donde mandaban los largos pasajes instrumentales.
Esta idea conceptual fue llevada a la práctica en el concierto que conforma el disco Alchemy. Así, se interpreta de forma exacta y emocionante, en sus casi 14 minutos, Telegraph Road, una suite del disco Love Over Gold que quizás sea la mayor proeza compositiva en la historia del grupo. Sin embargo, otros temas y grandes éxitos anteriores resultaban más cortos en sus versiones originales, por lo que se decidió ampliarlos para la ejecución en directo. De esa forma, los 5 minutos de Once Upon A Time On The West del álbum Communiqué, se convierten en una obertura del concierto extraordinaria que alcanza los 13 minutos.
Casi todos los temas del Alchemy siguen esta evolución; de esa forma cristalizan una interpretación mucho más que mágica o legendaria del tema Sultans Of Swing, que para siempre perseguirá a la banda en directo. La versión original, de 5 minutos, se convierte durante casi 11 minutos en un prodigio de virtuosismo de Mark Knopfler a la guitarra, incluido el punteo, uno de los más célebres de la historia del rock.
Todas las canciones son magníficas, como marcadas por una inspirada vitalidad eléctrica que convierten al disco en una experiencia inigualable. Tunnel Of LovePrivate Investigations o Romeo And Juliet se metamorfosean en grandiosas composiciones. La banda, con un Mark Knopfler desatado como nunca, se complementa con el eterno John Illsley al bajo, Hal Lindes a la guitarra, Mel Collins al saxofón (toda una leyenda), Alan Clark a los teclados y el batería Terry Williams en un extraordinario ejercicio de percusión repleto de potencia y ritmo.
Los músicos encargados de poner en escena el nuevo concepto musical de la banda son más que sobresalientes, lo que se traduce en la solidez de una toma de sonido directo demoledor y, a la par, delicado. Esto es producto de los largos solos de guitarra, de los valles melódicos, y de los cambios de ritmos que presentan los arreglos de estas canciones en directo, elevando así los temas más clásicos del grupo a la categoría de leyendas.
Alchemy, junto con el siguiente álbum de estudio, el superventas Brothers In Arms, fueron los catalizadores para que el grupo experimentara un éxito masivo, también en los Estados Unidos. Aún eran capaces de hacer y firmar buenas canciones, pero después empezaron a languidecer. Por eso, Alchemy marca el momento decisivo en la historia de la banda, el instante brillante, repleto de energía e inspiración, que llevó a los de Mark Knopfler a ocupar un puesto en el olimpo musical y a nosotros nos hizo comprender que otro tipo de música, de gran calidad, podía ser vendida masivamente sin que por ello pudiera resentirse. Con Alchemy lograron ese milagro.

viernes, 28 de septiembre de 2018

En la cumbre del rock moderno



*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:

https://www.minuevaedad.com/actualidad/2018/9/17/el-disco-del-mes-achtung-baby-de-u2/


Intérprete: U2
Título: Achtung Baby
Discográfica: Island/Universal/Polygram
Género: Rock
Duración: 55min; 27seg.
Número de canciones: 12
Fecha de publicación: 19 de noviembre de1991

En la cumbre del rock moderno
El jueves y el viernes de la semana que viene la banda irlandesa U2ofrecerá dos conciertos en Madrid, con motivo de la gira de promoción de su último disco, Songs Of Experience. He sido uno de los mayores fanáticos de esta banda en España, por eso, no acudiré a verlos en esta ocasión. La verdad es que hace mucho tiempo que me aparté de U2. El grupo que en unos días actuará en Madrid ni tan siquiera es una sombra del grupo que firmó discos como BoyWarThe Unforgettable Fire o The Joshua Tree.
Tuve la suerte de ver a U2 en el legendario concierto del Santiago Bernabéu de 1987, y tiempo después en el Vicente Caderón en 1993, con motivo de la gira Zoo TV. Hasta ese instante, eran uno de los grupos de rock más grandes de la historia, en la cima de la creatividad, pero después vino el derrumbe: Con el disco Zooropa (1993) ya heridos de muerte, todavía mantuvieron latigazos de genialidad, pero en la siguiente entrega, Pop (1997), se certificó la defunción. Desde entonces, nos han entregado una retahíla de discos insulsos —cuando no, simplemente, malos— con alguna que otra canción salvable gracias a ese latido creativo que siempre albergan en su interior los músicos superlativos.
La distancia de tiempo entre la publicación de Zooropa y Pop señala que la banda había entrado en una vía muerta: casi cuatro años en blanco. El motivo estaba claro. Los cuatro primero discos del grupo fueron cuajando un sonido propio extraordinario que explotó en la consagración de The Joshua Tree (1987). Entonces, la banda se lo tomó muy en serio, y en 1991 dieron un giro completo, un vuelco a su identidad, firmando la obra maestra de su carrera: Achtung Baby (1991).
U2, desde Achtung Baby, ha sido un grupo que ha intentado reinventarse de nuevo en varias ocasiones, pero sin conseguirlo, de ahí que al fracasar en esas tentativas haya ido declinando hasta acomodarse. El propio cantante, Bono, en una entrevista de no hace mucho, declaró que después de Achtung Baby no habían grabado ningún disco que mereciera la pena. Achtung Baby fue su techo, pero realmente fue mucho más que eso.
Por entonces, cuando se lanzó el álbum, yo andaba de Interrail por Europa, y me sorprendió en Berlín la explosión mediática del disco. Grandes vallas publicitarias situadas al lado de la estación de Zooanunciaban el nacimiento de la obra maestra (no en vano, la primera canción del disco es Zoo Station).
Y es que desde esa primera canción, ya encontramos a los nuevos U2, esos que han sabido virar su antiguo sonido convirtiéndolo en una cascada innovadora. Tal vez por eso, uno de los atributos más reconocibles de la banda, la voz de Bono, arranca en Zoo Station completamente distorsionada y sintetizada. El disco presenta un trabajo de baterías eléctricas, de teclados industriales y de guitarras innovadoras, que además se completa con algunas de las mejores canciones que hayan compuesto en toda su carrera.
El disco es oscuro y sensible, crudo y delicado, con la marcada influencia berlinesa dado que gran parte se grabó en los estudios Hansa. La ciudad de Berlín ha sido foco de inspiración para la creación de algunos de los mejores discos del rock, como por ejemplo los de la llamada Trilogía de Berlín de David Bowie.
Después del arranque, históricas para la música rock son las líneas de batería y bajo de Zoo Station, la furibunda Even Better Than The Real Thing deja paso a la archiconocida balada One, que funciona como una pequeña tregua ante lo que va a desencadenarse a continuación: primero, Until The End Of The World, y después la épica Who´s Gonna Ride Your Wild Horses.
Un nuevo intervalo doloroso y oscuro con el tema So Cruel nos abre la puerta de par en par para permitir la entrada de una de las canciones más salvajes que la banda haya grabado nunca, The Fly, donde la guitarra de The Edge alcanza un nirvana que jamás ha vuelto a conocer, y que hasta la fecha sólo se recordaba de la sempiterna Where The Streets Have No Name del álbum The Joshua Tree.
The Fly define el disco, las intenciones y el espíritu de U2 con Achtung Baby, un nuevo sonido para una nueva banda remozada, modernizada, con un registro menos arrogante y más intimista, pero plagado de innovaciones tecnológicas. El resto de las canciones que completan el trabajo se deslizan por esa idea, un binomio compuesto por introspección y furia electrónica, para crear el mejor tema en la historia del grupo —y eso es mucho decir cuando hablamos de una banda que ha compuesto piezas como A Sort Of Homecoming o Bad—: Ultraviolet (Light My Way).
En Ultraviolet nos encontramos el zumo, la nuez, el extracto, el destilado de Achtung Baby. Es una canción demoledora, que te destroza, que te emociona, que demuestra hasta dónde fueron capaces de elevar el nivel compositivo. Achtung Baby termina con dos canciones aterciopeladas, pero que pueden dar calambre, la inquietante Acrobat y la intimista Love Is Blindness, colofón, guinda triste y sensible a un disco desencadenado.
Con Achtung Baby el grupo había tocado cumbre. Nunca las cosas serían igual. Retorcieron el sonido que los encumbró en The Joshua Tree para protagonizar un disco adelantado a su época.
Quizás, por eso, después se abrieron los abismos sobre ellos, pero no sin antes habernos hecho inmensamente felices con una de las mayores obras que haya visto la historia del rock moderno.

lunes, 16 de abril de 2018

La virtuosa dulzura del Guitar Hero


*Esta crítica apareció en Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2018/4/16/el-disco-del-mes-surfing-alien-de-joe-satriani/

            Intérprete: Joe Satriani
            Título: Surfing with the Alien
            Discográfica: Relativity/Epic
            Género: Rock instrumental
            Duración: 36m; 33s.
            Número canciones: 10
            Fecha de publicación: 1987

La virtuosa dulzura del guitar hero

Hace bien pocos días que Joe Satriani ha visitado España comandando su proyecto G3, esa reunión de guitarristas virtuosos que va sumando formaciones distintas, pero en donde él siempre se mantiene al frente como fundador. Por ello, este mes queremos recomendar en Mi Nueva Edad el que fuera el segundo disco del guitarrista neoyorquino, Surfing With The Alien.
Lo que primero llama la atención del disco es que, a pesar de haber visto la luz en el año 1987, se aprecia una innovación y una frescura en las piezas que en absoluto han quedado pasadas de moda y, además, conserva todo lo bueno del espíritu de aquella década. Encontramos poderosos instrumentales, frases rítmicas y guitarreos poderosos, junto a momentos de gran delicadeza, casi de lirismo rock, para un disco que ha pasado a los anales de la historia de la música como la consagración de Joe Satriani. Después, vendrían otros 14 discos más (para un total de 16) que ya forman parte de la historia de uno de los guitarristas más geniales y versátiles del mundo del rock.
Surfing With The Alien se abre con el tema que da título al disco, un complejo y nervioso tiempo en donde los punteos crean un magnífico soliloquio de guitarra. Satriani ya despliega aquí gran parte de lo que será su sonido futuro más característico. La canción se refiere al personaje de los comics de Marvel, ese extraño Silver Surfer que aparece, además, en la portada del disco, huyendo sobre su tabla de surf de la garras de su enemigo Galactus.
Después, Satriani rinde en Ice 9 un homenaje a la novela de ciencia ficción apocalíptica del escritor norteamericano Kurt Vonnegut, publicada en 1963 y titulada Cuna de gato. Sobre un ritmo pesado de bajo y batería aparece un estribillo fácilmente reconocible que culmina con un punteo de gran dificultad técnica.
Tras la poderosa Crushing Day llega uno de los mejores momentos del disco con Always Me, Always You, donde el álbum afronta sus primeros y escasos momentos de calma. Satriani muestra su aspecto más melódico con un tema delicado que se aproxima a la balada y en donde el guitarrista doma a su guitarra para hacerla lo más lírica posible.
Sin duda, una de las canciones más celebres del álbum es Satch Boogie, (Satch es el mote por el que se conoce al músico). Una composición de las más famosas y celebradas del artista y por la que Satriani es habitualmente identificado. Desde la introducción del chaston de la batería con sus componentes de jazz fusión se terminará desencadenando un tremendo fraseo eléctrico sobre un ritmo furibundo. Esta es la tónica de los instrumentales del disco, veloces, sin dejar el menor lugar al aburrimiento, con una dificultad técnica deslumbrante y pasmosa.
Porque ninguna técnica, ni forma de interpretar, por complicada que resulte, le es ajena a Satriani en este catálogo de las múltiples formas de cómo tocar una guitarra, incluyendo el tapping con las dos manos en el tema Midnight, que deja unos agradables regustos a maderas flamencas y españolas, para firmar así un disco efervescente que desemboca en un tema final chispeante, Echo.
El trabajo de Satriani guarda toda la esencia de los años 80, cuando los guitar hero dieron un paso adelante y añadieron al estilo de pirotecnia majestuosa de sus ídolos —Hendrix o Santana— toda la innovación tecnológica de finales del siglo.
Por ello, este Surfing With The Alien suena tan rabiosamente bien, es tan ameno, contagioso, y nos golpea los oídos con una dulzura furiosa que recuerda a esos días pasados en donde un músico, pegado a una guitarra, todavía creía que podía alterar el mundo a través del sonido atronador de un amplificador.

viernes, 16 de marzo de 2018

El imparable deseo de ser Tom Petty


*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:


Intérprete: Tom Petty & the Heartbreakers
Título: Greatest Hits
 Discográfica: MCA/Geffen
Género: Rock
Duración: 65 m; 17 s.
Número canciones: 19
Fecha de publicación: 1993.

El imparable deseo de ser Tom Petty

El 2 de octubre del año pasado, de una forma completamente sorpresiva, fallecía Tom Petty a los 66 años, uno de los mitos del rock. El motivo, un infarto producto de la fuerte medicación con la que trataba de paliar los dolores de una cadera rota con la que había estado de gira por Estados Unidos; 53 conciertos para celebrar el 40 aniversario de su banda, los Heartbreakers. Un cóctel de siete medicamentos para seguir en pie, entre los que estaban el fentanilo, el Xanax, la oxicodona, junto a otros somníferos y antidepresivos, que dictaron el triste veredicto forense de “muerte por sobredosis accidental”, y el músico ingresó, por derecho propio, en los altares del rock. Hasta aquí su vida.
Ahora su música: Se puede bucear en su discografía, tan extensa como talentosa, a la búsqueda de ese disco que lo define como guitarrista inspirado y grandísimo compositor de canciones con raíces en el folk y en el country, todo ello junto a su tono característico de voz y a los estribillos pegadizos. En esa investigación gozosa destacan álbumes como Damn The Torpedoes (1979), Long After Dark (1982), Full Moon Fever (1989) Into TheGreat Wide Open (1991) o Mojo (2010).
Sin embargo, en esta ocasión es muy recomendable el Greatest Hits del año 1993, porque es un disco completo que se ha convertido ya en un clásico. No puede resultar mejor la selección de temas: un recorrido por lo más granado de sus ocho discos más emblemáticos, además de un par de canciones inéditas notables, en especial Mary Jane´s Last Dance.
Así, el poco avezado en Tom Petty, o también el experto, pueden tener a mano y en un solo disco desde sus inmortales éxitos primerizos —aquella emocionante American Girl, casi un himno generacional, junto a BreakdownListen to Her Heart o la pegadiza Don´t Do It Like That—, pasado por los temas inmortales —The WaitingEven The Losers— y llegando a los súper éxitos —I Won´t Back DownLearning To Fly y, como no, Free Falling—.
Además, el disco permite dar un repaso al elenco de superestrellas que en una u otra ocasión han colaborado con Tom Petty: Jeff Lyne, el líder de la Electric Light Orchestra, George Harrison, el batería Jim Keltner o la otra parte del dúo Eurythmics, el guitarrista David Stewart.
Estos Greatest Hits abarcan y resumen toda una época de rock americano, de rock del bueno, de rock con sentimiento, de amor por los riffs de guitarra, toda una declaración eléctrica y amplificada de lo que debe ser la música directa y sin complejidades, esa que hunde sus raíces en la música más tradicional, en el blues, en el jambalaya y en la Creedence Clearwater Revivial de los hermanos Fogerty, pero que también toma elementos prestados de los Eagles, Bob Dylan, Fleetwood Mac o Johnny Cash.
Esta es la herencia musical de la que se alimentó Tom Petty, un músico excepcional, con una sensibilidad especial a la hora de componer canciones, y esta es una parte de la herencia musical que nos deja con su desaparición, demasiado temprana y en plena madurez creativa.
Este legado se resume muy bien en este disco de Greatest Hits. Cuando lo escuchamos se nos mueven las piernas al ritmo del rock, y si vamos en coche no podemos evitar la necesidad de bajar las ventanillas y corear a pleno pulmón ese Free Falling ya inmortal que parece resucitarnos. Esta es la verdadera aportación de Tom Petty a la historia de la música: el imparable deseo que tenemos de formar parte de sus canciones cuando las escuchamos.

domingo, 18 de febrero de 2018

Uno de los discos de nuestras vidas


*Esta crítica apareció en el sitio Mi Nueva Edad:

https://www.minuevaedad.com/actualidad/2018/2/15/el-disco-del-mes-graceland-de-paul-simon/

Discográfica: Warner
Género: Rock/Pop/Folk/World Music
Duración: 43 m; 18 s.
Número canciones: 11
Fecha de publicación: 1986.

Uno de los discos de nuestras vidas

Paul Simon anunció la semana pasada que se retiraba de los escenarios, que a sus 76 años ya no piensa embarcarse en más giras. Afortunadamente, para comprobar una vez más su buen estado de forma y su genialidad, algunos aún pudimos verlo en otoño de 2016 sobre las tablas de Wizink Center de Madrid.
Por eso, porque suena a despedida de uno de los mayores músicos populares que haya dado el siglo XX, junto a Elvis Presley o David Bowie, por ejemplo, traemos hoy una de sus obras maestras. Bueno, realmente su gran obra maestra (y eso que junto a su compañero vocal Art Garfunkelya había firmado algunas de las canciones más redondas y rotundas de la Historia), lo que tratándose de Paul Simon es mucho decir.
En efecto, Graceland, del año 1986, instaló de una forma definitiva a Paul Simon en el olimpo de esos músicos inolvidables e imprescindibles que han ofrecido una obra inmortal a la humanidad. Graceland, quizás ni él mismo podía imaginarlo, lo consagró como solista —a pesar de que ya llevaba muchos años siéndolo con algunos discos emocionantes como Hearts and Bones, por ejemplo— y demostró que existía un Paul Simon legendario junto a Garfunkel y otro Simon que era una leyenda en solitario.
Leyenda por partida doble, en Graceland creó el mejor puñado de canciones juntas que se le recuerdan. Después, a pesar de que ha continuado creando extraordinarias obras como The Rythm Of The Saints o Stranger To Stranger, ya nada ha vuelto a ser lo mismo. Graceland ocupa ese lugar en la santidad de la música, como Thriller de Michael Jackson, Hotel California de Eagles o The Josuah Tree de U2, trabajos que, independientemente de los gustos musicales de cada cual, y por extraños motivos, prácticamente no faltan en ninguna casa. Se pueden encontrar ejemplares de esos discos en la colección de casi cualquiera. Conseguir esa asimilación de icono de la cultura popular significa entrar en la categoría de mito.
¿Qué posee Graceland para ocupar semejante puesto de privilegio? En primer lugar por aunar el reconocimiento de público y ventas, porque fue número uno en prácticamente medio mundo, vendiendo más de 16 millones de copias. En segundo lugar, la propuesta musical que alberga en sus composiciones, con piezas de música africana, a capella, furiosas interpretaciones de rock y baladas inolvidables, bebiendo de las raíces negras y apoyado por un conjunto estelar de virtuosos, desde el guitarrista de King CrimsonAdrian Belew, hasta los músicos populares sudafricanos de percusiones, acordeones autóctonos e, incluso, tablas de lavar.
Este plantel de astros grabó uno de los repertorios más sobresalientes de la historia de la música, en donde resulta casi imposible destacar una canción por encima de las demás. Descomunales éxitos fueron You Can Call Me AlDiamonds On The Soles Of Her Shoes, Graceland The Boy In The Bubble. Como emocionantes resultan Under African Skies Homeless(con las voces del grupo Lady Smith Black Mambazo). Todo ello convenientemente mezclado para culminar un disco soberbiamente producido, consiguiendo un sonido muy propio de Paul Simon, pero también muy africano.
Y además, de forma inolvidable ahora que el genio se despide las giras y los escenarios, Graceland se acompañó de un tour mundial extraordinario. Los que tuvimos la suerte de poder asistir a uno de los conciertos de aquella gira somos conscientes de haber presenciado un momento histórico en la música, a la altura de los Beatles sobre el tejadillo de los Apple Corps de Londres, o del propio Simon, acompañado por Garfunkel, en aquel dia febrero de 1982 en Hyde Park, ante medio millón de personas.
Graceland, el espíritu que emana Graceland, nos conecta de inmediato con todo esto y lo convierte en uno de los discos de nuestras vidas.

sábado, 10 de febrero de 2018

Music Has No Limits: Puccini se calza las Dr. Martens



*Esta crónica apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/music-no-limits-madrid-puccini-dr-martens/

El arte, la creación, la música y la literatura, se han dado cuenta, como disciplinas integradoras que son del saber humano, de que afrontan tiempos nuevos. Unos tiempos nuevos en donde el mundo es una mezcla enriquecedora de corrientes y culturas, de saberes y conocimientos que aportan sus virtudes unos a otros, que suman, y que en ninguno de los casos se restan o se anulan. Estos momentos de hibridismo cultural, porque de hibridismo se trata, de mezclar los aportes inteligentes, son una característica determinante de nuestra época. Y por mucho que algunos pretendan aislarse, excluirse o excluirnos, lo cierto es que la fusión es un síntoma del florecimiento de saberes. El espectáculo de Music Has No Limits que pudimos presenciar en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía es un ejemplo deslumbrante de todo esto: al igual que ocurre en la literatura, hay que entender la música como una conversación descomunal entre autores y partituras, entre canciones y composiciones. Solo de esa forma podemos asistir al asombro de ver mezclado de una manera impactante, y plena de calidad, un aria de Puccini con una canción de Guns N´ Roses, y comprenderlo perfectamente. Porque el hibridismo es la voluntad de comprensión del otro, integración y riqueza cultural. Y de eso, de comprensión, de integración, también de asombro y de espectáculo, los diez músicos sobre el escenario de Music Has No Limits saben mucho. Muchísimo.

No sería descabellado pensar que, al menos en espíritu, las presencias de PucciniMozartBeethoven o Bach, muy bien podrían haberse encontrado sentadas en las butacas de una maravillosa fila ceromusical del teatro: Puccini por el aria introductoria del espectáculo, esa máquina de poner el vello de punta que es O mio bambino caroMozart por la sólida presencia del violín eléctrico como un corazón que bombea notas al resto del show; Beethoven por la calidez del piano insistente y alegre; Bach por ese violoncelo eléctrico y futurista que derramaba dulzura.

Pero un momento… En esa fila cero también se codean, con esos genios clásicos, músicos de la talla de Angus Young y Slash —por la telúrica guitarra de fuego sobre el escenario—, Flea —por ese bajista potente—, Phil Collins —por ese batería voluntarioso y contundente— y Coltrane o Stan Getz —por el saxo inquieto, juguetón e imparable en sus cascadas de sonidos—. Y aún queda sitio para acomodar a Maria CallasAlicia Keys Anastacia, por las tres mujeres cantantes que sobre las tablas sostienen nuestro asombro colgado de sus privilegiadas gargantas.
Diez artistas para un recorrido que atraviesa conceptos musicales, que los mezcla y los reformula. Un crossover que aglutina riffs de rock duro, música disco e incluso house, tonalidades funk y maderas clásicas. Una propuesta de alta coctelería, compuesta de la potencia de las cuerdas, de la dulzura de las voces, y el punch final de la música rock. Un bebedizo que fue servido hirviendo, burbujeante y espumoso, para enaltecer la sangre de los presentes, entusiasmados con los efectos secundarios de la pócima.
Ya desde el comienzo, con ese Puccini mezclado (que no agitado) con el Sweet Child Of Mine de Guns N´ Roses, se marcaba la dirección del espectáculo. Después, otra emulsión de elevada graduación, Smeels Like Teen Spirt de Nirvana emboscada en las teclas del piano, o el Smooth Criminal de Michael Jackson en su reencarnación más poderosa y rockera.

Así, los músicos de Music Has No Limits iban pespunteando el concierto, sumando temas a una especie de partitura infinita tan entretenida como fogosa: allí apareció el Sweet Dreams de Eurythmics en su versión de Marilyn Manson, el Bohemian Rhapsody de Queen, los golpetazos discotequeros de David Guetta y Martin Garrix… Recopilar todas las canciones que aparecen en las dos horas de espectáculoes casi imposible. Y son de una variedad impactante.
Entre las melodías que se pueden distinguir, o recordar de este cuadro picassiano musical, pleno de colores y tonalidades, encontramos a Robbie Williams y Bruno Mars, a U2 y Linkin Park, incluso a Boney M, junto a canciones como Eye Of The Tiger de Survivor Hymn de Ultravox. Y más: Bad Romance de Lady Gaga, un recuerdo a 007, la Conga de Miami Sound MachineWoman del Callao de Juan Luis Guera y 4.40… O canciones discotequeras revienta pistas que por unos momentos convirtieron el teatro en una rave de láseres y neón.

Supongo a esos integrantes de la fila cero prorrumpiendo en aplausos, como el resto del público, producto del entusiasmo que se desencadena ante el pasmo. El corazón se emociona y remansa con las arias de ópera, para después acelerarse con las piezas rápidas de rock y, un poco más adelante, agitarse al ritmo de la música de baile. El show va rindiendo sus propios tributos a todos los géneros, destinando una puesta en escena creada para cada registro. Se conforma así esa gigantesca playlist de temas eternos, en donde se guarda respeto y admiración por sus autores e intérpretes, a la par que se reelaboran para servirlas en nuevas encarnaciones.

Es un homenaje a la música, o a las músicas, en plural, que han conformado y conforman nuestras vidas. Es un guiño al pinchadiscos convertido ahora en disk jockey o Dj, a la radio fórmula transformada en podcast, al vinilo avasallado por el mp3, al giradiscos devorado por el ipod y a las selecciones musicales grabadas en casete que dejaron su lugar a las playlist del Spotify.
La montaña rusa, o carrusel, o cualquier efecto vaivén que se desee, se afirma fuertemente en la imponente presencia de las tres voces femeninas, que se reparten y tienen muy bien diferenciados sus cometidos: lírico, rock y funk-soul. Desde ellas, las combinaciones son tantas como infinitas: voz lírica con guitarra española, voz funk-soul con violines, voz rockera con house…, o las tres a la vez, unas junto a otras, para el cierre espectacular del evento.
Como en aquellos míticos conciertos de los Ramones, aquí tampoco hay mucho tiempo para el reposo y las canciones, o más bien podría asegurar que las performances, se suceden a un ritmo frenético. En efecto, contemplados con un estilismo futurista, cada pieza es una performance que posee su coreografía propia, su discurso individual y su forma de ser acometida. Está cuidado hasta el más mínimo detalle, pero eso no resta calidez ni humanidad a las interpretaciones.

Humanidad que se desborda cuando los músicos, desbocados, deciden pasearse por el pasillo de butacas mientras tocan sus instrumentos. Escenifican, así, lo que han venido realizando durante el par de horas de espectáculo: traer la música al público, acercarla a la gente, hurgar en los lugares más recónditos de sus memorias para desencadenar recuerdos, resucitar alegrías, emocionar sentimientos, desenterrar anhelos, retornar al pasado, sentirse felices.
Por ese pasillo de butaca irrumpió, casi al principio, el saxofonista, portando la música como un torrente. Ahora, todo el grupo, completa ese cierre circular mezclándose con el público, ofreciendo su talento. Diciendo un “tomad, es vuestro”, derramando esos sonidos desde las cornucopias de sus instrumentos, que nosotros recogemos entre las manos.
Habrá más noches de Music Has No Limts en Madrid, y luego se expandirá por el resto de España. Su mensaje de fusión integradora es un mensaje de futuro, de optimismo y de alegría. Ellos entienden que recordar es amar, que rememorar es honrar, que combinar las diferentes músicas es exactamente lo que necesitan estos tiempos tan faltos, a veces, de melodías que ayuden a la conciliación.

Estos diez músicos no nos han traído un mensaje de futuro, ni de pasado, ni de actualidad, porque lo que nos han dejado es una inspiración, el convencimiento de una declaración tan atemporal como universal y que hacen que sea muy merecido su nombre: la música no tiene límites.
Porque no hay límites para soñar, experimentar nuevas propuestas, alimentarse de la riqueza cultural ofrecida por los demás y descubrir, detrás de todo eso, que las dos horas de felicidad del show de Music Has no Limits pueden prolongarse mucho más allá en nuestras vidas, justo cuando ya nos recibe la Gran Vía y la ingrata ciudad, en una noche de extrañas tonalidades arco iris que son producto de esa cajita de música que acaba de abrirse en nuestros corazones.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Unos filósofos musicales muy despiertos


*Esta reseña apareció en minuevaedad.com:


Interprete: The Sleeping Philosophers
            Título: Zenda
            Género: Rock
            Duración: 40m; 52s
            Número canciones: 9
            Fecha de publicación: 11 de octubre, 2017

Unos filósofos musicales muy despiertos

                El panorama musical español languidece, muchas veces, por culpa de un mercado que tiraniza con una política de rabiosas novedades y ventas, dando prioridad al producto inmediato y a la radio fórmula. Increiblemente, porque resulta increíble vistas las dificultades que este sistema impone a los grupos que intentan descollar, aún así, aparecen discos memorables.
            Este es el caso del disco que recomendamos hoy en Mi Nueva Edad. Un disco que se aleja de los trillados caminos de lo convencional, de lo manido, y explora nuevos ritmos y sonidos con un resultado sorprendente, agradable, que al final resulta magnífico. Se trata de Zenda, el tercer trabajo del proyecto The Sleeping Philosophers.
            Realmente, detrás de ese nombre se oculta Álvaro Espinosa, un prolífico e inteligente músico, descomunal guitarrista, que nos regala un repertorio atractivo y repleto de muy buenas canciones. Álvaro Espinosa, además, demuestra su virtuosismo a la guitarra cuando se sube sobre los escenarios para comandar a la banda Pink Tones, que interpreta piezas de los reyes del rock sinfónico-progresivo-psicodélico, Pink Floyd. Y eso, claro, son palabras mayores.
            ¿Qué nos encontramos en Zenda que hace tan atractivo este disco? En primer lugar, una fuerte influencia de las músicas balcánicas, con ritmos cambiantes que ofrecen un viaje excitante en cada canción. El disco es ecléctico, tanto que la sorpresa se dispara con cada corte. Desde la primera canción, Story, que nos recuerda en las armonías vocales un poquito a los Beatles y otro poquito a los aires armenios de la banda de metal progresivo System Of A Down, pero sin la dureza en las guitarras que utilizan los californianos.
            El nivel de The Sleeping Philosophers en sobresaliente, especialmente en los arreglos (algo bastante descuidado en nuestra historia de rock patrio). Y claro, llega Carousel, y escuchar a Álvaro cantando en italiano, como homenaje a una de sus grandes influencias, Adriano Celentano, encandila. Es uno de los grandes temas del disco. Además, por la magnífica guitarra protagonista.
            Un proyecto que no le hace ascos a nada, que no pone reparos a la apertura a nuevos campos de exploración: que se atreve con todo. Durante un rato son zíngaros, después, con Insomnia, otro de los momentos cumbres del álbum, nos recuerdan a Porcupine Tree de Steven Wilson. Y creo que es un tema que podrían haber firmado los mismísimos Marillion, por ejemplo, con una segunda parte de la canción memorable.
Pero el asunto no termina aquí: para demostrar que este es uno de los mejores discos que, lamentablemente casi nadie conocerá —ya me gustaría equivocarme—, The Sleeping Philosophers nos invitan a un camino por Zenda que nos ofrece música jazzística que a veces puede recordar a una Big Band algo cabaretera, mezclada con aires del Magreb, o incluso nos trae el sabor de aquellas grabaciones de un genio como Django Rehinhardt, con sus toques romanís.
Y he dejado para el final las dos versiones que se realizan en este Zenda, que son como un regalo para el oyente. Un tema de Pink Floyd muy poco conocido, de hecho pertenece al disco de rarezas Relics del año 1971, y una súper versión de Soundgarden, Mind Riot, del disco Badmotorfinger de 1991, ciertamente dulcificada.
The Sleeping Philosophers, o Álvaro Espinosa, que para el caso es lo mismo, proponen un ejercicio de inteligencia musical, un nuevo paradigma para aquellos que estamos cansados de soportar mediocridades. Y lo hacen con éxito, y con toneladas de buen gusto avant-garde, es decir: tomando el riesgo que únicamente permite el talento desbordante.
Zenda, y el resto de los discos de The Sleeping Philosophers pueden escucharse sin problemas en Spotify, a la espera de que podamos adquirirlo por algún canal de ventas. ¡Disfrutadlo!