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martes, 21 de febrero de 2017

(Retazos de la) Balada del poeta insomne VI



Agotado, el poeta insomne presencia la aurora como la primerísima de sus derrotas. Igual que los inuits poseen cuarenta palabras distintas para referirse al hielo, el poeta insomne atesora cientos de términos diferentes para mentar a la noche.

lunes, 29 de octubre de 2012

tinta de hielo



bolígrafo a
punta de hielo
emborrona mi dolor

martes, 25 de septiembre de 2012

Lorazepam




En la Puerta del Sol, frente a la estatua del oso y del madroño, una prostituta cansada de esperar saca un bloc y dibuja, con buena mano, la torreta del reloj, en esta soledad de color whisky con hielo.

Esta noche me emborracharé para recordar que fue aquí en donde recibí el sms tuyo con el mensaje “vete pidiendo mesa que llego tarde”, hace más de dos años, en mitad de esta soledad de color whisky con hielo.

En medio de la calle y esas paradas de autobús en donde te abracé una vez para despedirme y sabiendo que no te vería más te pedí un segundo abrazo que tu me negaste con no sé muy bien qué estupidez surgida de tus labios, hace más de dos años, en esta soledad de color whisky con hielo.

Es de noche y la ola de calor y el insomnio y la borrachera sumergen mi cuerpo desnudo en la cama, ahora, en esta soledad de color whisky con hielo y de más de dos años de lorazepam. 

domingo, 12 de agosto de 2012

siberiada


de nuevo la noche marcando récords de calor nunca alcanzados en la ciudad y de nuevo el universo de congelación en mi cuarto universo emanado de mi corazón pero nada de avisar a los bomberos como en otra ocasión quizás ahora sea más sencillo desplazarme por la casa y ordenar los nuevos armarios para cedés así uno al lado del otro bien juntitos mientras brota lo helado desde mi pecho y carámbanos se van formando encima de mi cabeza carámbanos con todas las letras de tu nombre que he pronunciado y ahora se pinta en hielos en el cielo raso puedo arrancar la patita de una de las letras y sorberla como un polo aunque pronto he descubierto que su sabor es amargo y flemoso mocoso y las arcadas hacen que me asome por la ventana para descubrir en el patio las lucecitas de las casitas de los vecinos recalentados en la asfixia del agostillo con el zum zum burrum de los airecitos acondicionados y el ziss ziss de los ventiladores deambulando por el salón azulado de televisores cuando cierro la ventana a la bocanada de tufo tropical y me devuelvo al piso iglú junto al cris cris cris catacrís de mi corazón que punza con sus ruedas dentadas en el pecho al agrupar los cedés en sus armaritos siento los dedos cada vez más congelados entrando en la gangrena como garras y todos los discos y esas canciones que significan ahora tanto en la escarcha porque ya no tienen ningún sentido sin ti y por eso significan tanto y por eso no tienen ningún sentido y significan tanto y sin sentido y en lo alto el letrerito de hielo con tu nombre en cubitos que me he fabricado al pronunciarte y en el corazón de la ciudad sulfurosa un pequeño piso bajo cero y en medio del piso bajo cero ahora es mi corazón sulfuroso que boquea como un herculano y con todo su calor no puede derretir el universo de congelación de mi soledad y de tu nombre y de la ausencia que se abre en la cama en el pasillito y en mi cuarto junto al armarito empotrado como una siberiada y con los dedos manos y labios acristalados de pavor y frío deshilacho lametones a las grietas heladas en el pladur de tu nombre

y saben a sangre

domingo, 1 de julio de 2012

Tú: mi máquina de aire acondicionado



 
La pasada noche:

Madrid marcó un récord:

fue la más calurosa en los últimos cien años. Yo:

en mi casa:

ti-ri-ta-ba.

Todo comenzó cuando descubrí, al acostarme, que una enorme brecha de hielo separaba un lado de mi cama del otro:

del lado:

de ese lado:

del lugar en donde solías acostarte. En el techo, encima de donde ponías la cabeza, unos largos chupones de hielo que se formaron con tus jadeos cuando hicimos el amor. Allí quedaron colgados y, cuando quebré uno con la mano, se liberaron esos grititos guturales y, por un instante, parecieron derretir el frío de la habitación. Pero unos diminutos jadeos no pudieron nada contra la enormidad de la congelación y poco a poco me fui helando:

convertido en estatua de hielo.

¿Y todo esto lo ha producido su corazón?, me preguntó el bombero que finalmente me rescató derribando muros azulados y neveros que bloqueaban las puertas y ventanas. El vaho salía de su boca, el vaho como un humo de combustión dolorida se elevaba desde mi cabeza.

Mucha gente, ahora –dijo mirando por la ventana hacia la ciudad abrasada en la noche ecuatoriana- lo envidiaría. Desearían poseer este poderoso aire acondicionado. Ahora, si todo esto lo ha producido su corazón, creo que debería ir al médico, a mirárselo –me aconsejó el bombero-.

Y mientras con unas mangueras terminaban de alejar los últimos chupones de hielo y despejar el piso, mientras el agua sucia arrastraba esas porciones heladas de mi vida y los cuarenta grados de calor se iban instalando en mis pulmones, le repuse:

No, no fue mi corazón.

Fuiste tú con tu ausencia siberiana:

Tú: mi máquina de aire acondicionado.

lunes, 11 de julio de 2011

Mozartiada


“Si la gente viese en mi corazón me sentiría avergonzado. Para mí todo es frío, frío como el hielo...”.

Wolfgang Amadeus Mozart en una carta del 7 de julio de 1791.