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jueves, 17 de agosto de 2017

Un crosssover maestro



*Esta reseña se publicó, originalmente, en el sitio minuevaedad.com:

https://www.minuevaedad.com/actualidad/2017/4/19/el-disco-del-mes-new-dawn-de-izzy-cooper/

            Interprete: Izzy Cooper
            Título: New Dawn
            Discográfica: Virgin Records
            Género: Ópera, Crossover clásico
            Duración: 62m; 27 seg.
            Número canciones: 16 (Bonus Edition)
            Fecha de publicación: 9 de septiembre de 2002
           
            Izzy Cooper, o si se prefiere, Isobel Cooper, es una soprano inglesa que ha utilizado algunos de los resortes de la industria musical del rock y del pop para aproximar la música clásica al gran público. En ese sentido, ha seguido la estela que, en su día, marcó la última parte de la carrera de Luciano Pavarotti. Una inercia que también ha convertido a cantantes de la llamada música culta en intérpretes de masas, como Andrea Bocceli, Lara Fabian, Sarah Brightman o Charlotte Church, entre otros. Esta forma popular de acercarse a la ópera se denomina crossover clásico, ya que los artistas fusionan la técnica de la lírica con un enfoque de rockstars, dulcificando su repertorio para que sea apto para todos los públicos.
            Y New Dawn, tercer trabajo de Izzy, está repleto de dulzura, y también rebosa talento. Los cuatro autores elegidos por la cantante para comenzar el disco, los temas eternos de Handel, Mozart, Faure y Puccini, son toda una declaración de intenciones de la soprano, que quiere colocar a los grandes compositores en el salón de casa del oyente. Después, en perfecto equilibrio, se desgrana un cuidado repertorio que bebe de las fuentes de la canción tradicional y del folk americano, inglés, francés, irlandés y galés.
            Izzy Cooper posee una voz extraordinaria, a la que suma el acierto de las canciones elegidas para el disco. Desde el estremecedor principio, con la notabilísima interpretación de Lascia Ch´io Pianga de Handel, seguida de una delicada Sull´Aria —de Las bodas de Fígaro mozartianas, la Pavana de Faure y un aria de Puccini —en este caso de su ópera Madama Butterfly—, hasta las transiciones melódicas que consigue con piezas tomadas del folclore popular, como la galesa Suo Gân o la inglesa Greensleeves, ejecutadas con una delicadeza y una contención estremecedoras.
            Mención aparte merecen Le Temps Des Cerises —canción francesa tradicional popularizada por Yves Montand—, The Water Is Wide —del folclore escocés—, y Steal Away, un góspel americano en donde Izzy parece sentirse especialmente cómoda y alcanza las mayores cotas de un virtuosismo vocal cristalino. Los arreglos musicales, mantenidos en un segundo plano, envuelven la voz de la cantante, y los registros de Izzy dialogan con la orquesta en una pacífica armonía que arropa al oyente.
            Izzy Cooper nos regala, de esta forma, una delicada joya del crossover operístico. Como la propia intérprete asegura en las notas que acompañan al disco, esta música eleva el espíritu y toca el alma. Aunque estas palabras puedan sonar algo gastadas, nunca fueron más ciertas en este New Dawn porque, tras su escucha, sentiremos que acabamos de dar un paseo angelical por la lírica y que, impregnados de ella, nunca la abandonaremos.

domingo, 14 de abril de 2013

¿Qué adaptamos?

Parece ser que una oleada de fiebre adaptativa recorre la cartelera del teatro madrileño. En pocas semanas, he podido asistir a una ópera –y ya se anunciaba otra con idénticos mimbres que fue notablemente abucheada- y a una obra de teatro que, además de presentar montajes que podría calificar de “osados”, muestran un auténtico afán por “modernizar” la puesta en escena de las obras.

Parece lógico –y en ocasiones será hasta obligado– que se alteren, cambien o supriman líneas de texto, párrafos o escenas, en beneficio de un espectador quizás no tan ducho en el teatro clásico, porque le resulten morosas, farragosas o porque, simplemente, sean prescindibles. Ésta práctica, vista desde la buena intención como espectador, puede tener cierto sentido cuando sea para ayudar o favorecer al espectáculo por demasiado dificultoso. Ahora bien, el estupor aparece cuando se modernizan y actualizan algunos aspectos, pero respetándose otros, o cuando se añaden “solapas” o pastiches –recuerdo aquí el desgraciado cierre con villancico de la, hasta el momento, una extraordinaria puesta en escena de Larga cena de navidad de Thornthon Wilder, o el desatino del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte con un Valle-Inclán a ratos motero de los Ángeles del Infierno y a ratos sumido en el despiadado karaoke más casposo-.

Es el caso de la desconcertante escenografía del Cosí fan tutte, botellas de Jack Daniel´s incluídas, en el arriesgado montaje del reputado Haneke, y de El lindo don Diego, funciones que cohabitaban en el escenario madrileño hasta hace bien poco. En ambas, pero centrándonos en la obra de Moreto, hay una clara voluntad de modernizar para aproximar el texto, o en realidad de lo que se trata es de validar la historia al momento de hoy, al público actual. La pregunta es si la obra necesita de esa maniobra. Esa voluntad es caprichosa y, si bien acierta en algunos casos, con algunas brillantes puestas en escena (como en el caso del juego de los espejos), ciertos elementos no actualizados dejan una sensación como de desidia. Que unos personajes vistan de traje y corbata con cierto corte de principios de siglo XX, y otros lleven capa y espada, que unos aparezcan con calzas y jubón mientras otros se pasen la representación embutidos en trajes de noche, aunado todo ello a la intención de mantener largos pasajes del texto enmarañado (original y divertido, desde luego), crean una sensación de anacronismo e insatisfacción en el espectador, que asiste a una especie de ceremonia de la confusión, a pesar del buen hacer de casi la totalidad de los actores.

Vestir de época a unos actores y a otros no, mantener ciertos soliloquios junto a ciertas “morcillas” de actualidad en el diálogo, todo ello escenificado a veces con demasiado gusto por los pasillos, las salidas y entradas laterales y por un acusado espíritu vocinglero, son situaciones contradictorias que no realzan los aspectos positivos de la obra, que son muchos, sino que los sume, a todos, en una grisácea mediocridad.


lunes, 11 de julio de 2011

Mozartiada


“Si la gente viese en mi corazón me sentiría avergonzado. Para mí todo es frío, frío como el hielo...”.

Wolfgang Amadeus Mozart en una carta del 7 de julio de 1791.

miércoles, 1 de junio de 2011

Música enferma


Esta tarde, con el pantano abierto entre el tajo de los montes, parece que la voz de Van Morrison está enferma. And in evenining in june it can get so sentimental... Todo puede ocurrir en un anochecer de junio... Todo no. Tú no, tú no puedes ocurrir en un anochecer de junio, al menos parece que no.
Ahora, cuando escucho Un´aura amorosa de Cosí fan tutte, entiendo que no es la música la que está enferma: el enfermo soy yo. Como Morholt, eternamente, y para siempre, vencido.

martes, 22 de febrero de 2011

Viena


Hay diferentes Vienas, muy distintas en función de los tristes personajes que arrostraron sus calles: la Viena de Mozart, la de Bernhard. la de Freud, la de Francisco José... hundido en la Cripta de los Capuchinos, en la marea movediza de la Viena de Joseph Roth, frente al féretro del archiduque: me pregunto dónde está mi Viena; nuestra Viena. Asfixiada bajo una tonelada de pasteles, de porciones Sacher y apfelstrudel, aplastada bajo una escombrera de dolores.