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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Literatura y género distópico: ¿ficción o realidad?



*Esta columna se publicó originalmente en el sitio achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/literatura-genero-distopico-ficcion-realidad/


Esta semana he terminado de ver la serie Black Mirror, una producción impecable emitida en el formato de compilación, es decir, con episodios que se pueden ver independientemente unos de otros, pero que juntos conforman un todo; un universo particular. Y en este caso, el universo de Black Mirror es una sociedad futura en la cual los avances tecnológicos pretenden hacernos la vida más sencilla. Sin embargo, eso no es así, y al final la utopía de la ciencia se convierte en la esclavitud del hombre. La serie me ha llevado a reflexionar sobre este tipo de universos ficticios en donde el presunto bienestar oculta un grado de opresión y sufrimiento intolerable para el ser humano. Es lo que se ha venido a denominar literatura distópica, y me pregunto: ¿es tan solo una ficción?

En Black Mirror todos los personajes se mueven en un universo similar, aunque pertenezcan a diferentes capítulos: un mundo sobre-tecnificado en donde las mejoras cibernéticas que pretendían facilitarnos la vida, precisamente, nos la complican. Aparte de advertirnos del lado siniestro de la ciencia, y de la catástrofe que significa la mala aplicación de la tecnología, en muchos de los escenarios se nos presenta un Estado que, en pos del bienestar de sus ciudadanos, ha implantado medidas que resultan opresivas. Estas tramas nos conducen directamente a la literatura de género distópico, algo a lo que, visto el panorama actual, quizás deberíamos prestar mucha más atención.

La distopía se contrapone, evidentemente, a la utopía. Utopía (Alianza Editorial) fue un libro escrito por Tomás Moro en 1516, con el explicativo subtítulo de Libro del Estado ideal de una República en la nueva isla de Utopía. Utopía será, de esta manera, el Estado político ideal. Y por su propia idealidad, imposible e inexistente. Sin embargo, la proposición de Moro era muy atractiva.

Ahora bien, ¿qué ocurriría en el seno de un Estado perfecto? ¿Sus habitantes serían más felices o más infelices? ¿Mediante qué resortes puede el Estado imponer esa presunta perfección? Dilemas demasiado atractivos como para no dar lugar a algunas de las mejores novelas de la historia de la Literatura, más aún cuando el siglo XX, con el comunismo y el nazismo, pretendió encarnar el gobierno utópico amparado en las dos ideologías más criminales que hayan existido.

Producto de esta inquietud, los escritores han ido poniendo en pie un nuevo género literario, el género distópico. En estas novelas siempre se muestra un sistema político y social que, amparado en el bienestar de los súbditos, esconde un régimen totalitario represivo y sanguinario, en donde se desarrollan las mayores aberraciones con objeto de perpetuarlo: desde eugenesia y sacrificios rituales de la población, pasando por mentiras y manipulaciones de la realidad, hasta torturas, prohibiciones de los derechos fundamentales en aras del beneficio social y, finalmente, opresión, guerras, genocidios y muertes.

Una de estas primeras novelas distópicas fue Los viajes de Gulliver (Alianza Editorial), de 1726. La obra, de Jonathan Swift, está escrita con cierto espíritu satírico para denunciar los Estados europeos, los peligros de los avances científicos…, en una obra que es mucho más que un relato infantil-juvenil. Después, en 1885, H. G. Wells y La máquina del tiempo (Valdemar) se encargaron de viajar a una época en donde la sociedad de los Eloi vive instalada en la despreocupación paradisiaca, pero albergan su reverso en los Morlocks, criaturas salvajes y asesinas que representan esa paradoja de la sociedad perfecta. No puede existir una utopía sin su correspondiente distopía.

Mucho más interesante me resulta Nosotros (Akal) del ruso Evgueni Zamiátin, que escribió esta novela en 1924 y, al amparo de los regímenes totalitarios del siglo XX, se convirtió en la obra fundamental sobre la que se han ido apoyando el resto de novelas distópicas posteriores. Esta novela surge como un rechazo a la Revolución Rusa, denunciando algunos de esos pilares fundamentales que buscaban imponer la hermandad y la fraternidad universales: el sacrificio de vidas humanas en pos de los ideales, la figura de un líder de naturaleza casi divina —el Benefactor— y los resortes de violencia que hacen posible que un régimen así cristalice. Una buena novela para recomendar a todos aquellos que todavía defienden que, a diferencia del nazismo y para marcar una estúpida zanja que separe a ambas ideologías asesinas, las ideas comunistas eran unos bellos ideales que se llevaron mal a la práctica.

El índice de deshumanización es tal en la sociedad distópica de Nosotros que los ciudadanos poseen nombres-matrícula. Y cuando es necesario, son lobotomizados para que no creen problemas. La obra de Zamiatin, capital en el gènero distópico, lo llevó a tener que exiliarse de la recién nacida Unión Soviética. Nosotros, es una de las tres grandes novelas distópicas del siglo XX. Las otras dos son: ¿Un mundo feliz? (Debolsillo) de Aldous Huxley y 1984 (Austral) de George Orwell, y ambos autores han reconocido la deuda que poseen con el ruso.

La novela de Huxley, de 1937, nos coloca en un Londres futuro en donde una sociedad ultra tecnológica controla las emociones de los súbditos inhibiéndolas mediante una droga llamada Soma, que los convierte en una especie de esclavos del sistema. Por su parte, 1984 es una obra mucho más conocida, por su acertada adaptación cinematográfica, y a que la mayoría de sus vaticinios sobre nuestro futuro se han ido cumpliendo de forma aterradora.

En 1984 existe un Ministerio de la Verdad que se dedica a manipular la Historia, eliminando grandes partes de ella y supliéndolas por mentiras; hay una Policía del Pensamiento y un Partido único regido por el Gran Hermano que alimenta un continuo estado de guerra contra un archienemigo ficticio, para alienar así a los ciudadanos, que se comportan como maniquíes al servicio del sistema. La similitud con ciertos aspectos de nuestra realidad es pasmosa, diríase que aterradora.

Aquí os dejo la secuencia inicial de la adaptación al cine, que refleja lo que se denominan como “los dos minutos de odio”:


A estas obras capitales se pueden añadir algunas otras bien interesantes que tocan el género distópico de forma tangencial, o desde otras perspectivas: Rebelión en la granja (Destino) del propio Orwell, Fahrenheit 451 (Minotauro) de Ray Bradbury, La naranja mecánica (Booket) de Anthony Burguess —con su espectacular adaptación cinematográfica por mano de Stanley Kubrick— o El palacio de los sueños (Cátedra) del albanes Ismaíl Kadaré, en donde todo un Estado pretende conocer el contenido de los sueños de sus súbditos como una forma de adelantarse a las posibles conspiraciones.



Aquí os enlazo a un par de reseñas críticas sobre la novela de Ismaíl Kadaré, que pueden resultar útiles para ampliar información:


Me he referido en esta columna, de una forma fugaz, a este tipo de literatura únicamente mencionando algunas de las obras y de los escritores más notables del género distópico. Por supuesto, y no es este lugar para ello, sus tramas y estructuras son riquísimas, presentando, además, toda una serie de similitudes entre ellas, especialmente a la hora de retratar a los personajes protagonistas que intentan sublevarse al rodillo totalitario del bienestar impuesto, sin conseguirlo.

Dejando a un lado esas consideraciones que darían para una amplia clase de literatura, no puedo dejar de pensar en que la percha de ciencia ficción sobre la que se afirma el género distópico, quizás, no sea tan ficticia, y que los avances tecnológicos que aparecen en estas novelas, o en la serie de Black Mirror, si no han llegado ya se encuentran a la vuelta de la esquina.

Quiero decir con esto que, tal vez, nuestra tan cacareada democracia occidental, nuestra sociedad de consumo, nuestro Estado del bienestar, cada vez esté derivando más hacia un totalitarismo que impone el pensamiento único, sanciona lo políticamente incorrecto, castiga la capacidad de pensar de forma individual y trata de mantenernos la mayor del tiempo alienados en el consumo del ocio y en estado de pánico gracias a una milimétrica desinformación cuyo objeto es que no seamos capaces de pensar por nosotros mismos y formularnos algunas preguntas que, de hacerlo, podrían terminar con el sistema que, tan vanidosamente, ser jacta de ser la mejor forma de gobierno para los hombres.

¿Lo es? ¿Somos hombres o ya somos otra cosa, una especie acogotada, aplastada y reprimida que juguetea con la tecnología, los móviles, las películas en 3D, los ordenadores de última generación, y nos creemos que lo controlamos y que lo sabemos todo cuando, en realidad, es completamente al revés, que estamos esclavizados por un sistema falsamente liberal que nos ahoga?

¿No estaremos viviendo la mayor de las distopías sin ser capaces de entenderla? Tal vez en las lecturas de estas novelas, o en la serie Black Mirror podamos encontrar un espejo que refleje alguna respuesta que consiga despertarnos de la estupidez.
.

viernes, 4 de mayo de 2012

Légamo

He intentado lavar
el tú y el yo:
el nosotros,
enjuagarlo
en el légamo
de mis textos:
un esfuerzo
inútil:
emborronado
manchón de
Verónica
en forma de
ameba.

viernes, 29 de julio de 2011

Última Zamiatina (cruz sobre las tumbas)


Durante unas cuantas entradas, Evgueni Ivánovich Zamiátin ha enriquecido este blog con aportaciones espigadas de su novela Nosotros. Lamentablemente, esta es la última Zamiatina:

"Quería poner punto final del mismo modo que los antiguos ponían una cruz sobre las tumbas donde depositaban a los muertos, pero, de pronto, el lápiz comenzó a temblar entre mis dedos y se me cayó al suelo...".

jueves, 28 de julio de 2011

Zamiatina#17 (sonrisa)


En Nosotros:
"Sonreí con ganas. Tuve la sensación de que se me agrietaba el rostro. Sonrío y los extremos de esa grieta crecen más y más. Y experimento un dolor cada vez más agudo..."
.

Zamiatina#16 (imaginando la muerte)


Zamiátin, en Nosotros:
¿Pueden creerse ustedes que moriremos algún día? Pues sí, el hombre es mortal y soy un hombre. En consecuencia... Pero esto ya lo saben. Yo les pregunto: ?se lo han imaginado alguna vez a fondo? Es decir; no sólo con la razón, sino también con el cuerpo, sentir que los dedos que una vez sostuvieron esta misma página llegarán a ponerse amarillos y fríos como el hielo...

No, por supuesto que no se lo imaginan. Ése es el motivo por el que hasta ahora no se han arrojado al vacío desde un décimo piso y aún siguen comiendo, pasando las páginas, afeitándose, sonriendo y escribiendo...

Zamiatina#15 (corazón)


Zamiátin, en Nosotros:
"El corazón no es otra cosa que una bomba, un compresor ideal. La compresión y la contracción no pueden provocar la absorción de un líquido: esto es absurdo desde un punto de vista técnico. De lo cual se deduce claramente cuán absurdos, perversos y enfermizos son el "amor", la "compasión" y otros estados que provocan una compresión semejante".

Zamiatina#14 (novela)


De Zamiátin, en Nosotros:
"El hombre es como una novela: hasta que no llegas a la última página, no sabes cómo acabará. De lo contrario, no valdría la pena leerla...".

martes, 26 de julio de 2011

Zamiatina#13 (hojalata)


Ziamiátin:

"Sin ella, mañana el sol no será más que un pequeño círculo de hojalata, y el cielo, un trozo de lata pintado de azul. Y yo mismo...

Zamiatina#12 (función de muerte)


En Nosotros:

"Porque la muerte es precisamente la disolución más absoluta del Yo en el Universo. De aquí se infiere que si A es el amor y M la muerte, A=f(M). Es decir, el amor es función de muerte.

Zamiatina#11 (máquina)


De nuevo, en Nosotros:

"Soy como una máquina obligada a un número demasiado grande de revoluciones. Los rodamientos se han puesto al rojo vivo: en un momento, el metal fundido empezará a gotear y todo quedará derretido, reducido a la nada. ¡Deprisa, agua fría, lógica! Vierto agua fría a cántaros, pero la lógica chirría en los rodamientos recalentados y se esfuma en el aire como inasequible vapor blanco".

Zamiatina#10 (crueldad)


En Nosotros:

"El amor más difícil y sublime es la crueldad".

Zamiatina#9 (blanco desierto rectangular)


De nuevo, Zamiatín, en Nosotros:
"¿Y a qué viene esa extraña manera de considerarme únicamente como la sombra de alguien? Tal vez ustedes mismos, los de la casa, sean mi sombra. ¿Acaso no he poblado con su presencia estas páginas, las cuales hasta hace muy poco no eran sino blancos desiertos rectangulares? ¿O es que sin mí les habrían podido ver todas las personas que se conducen por los estrechos caminos de estas líneas?

Zamiatina#8 (rompehielos)


En Nosotros:
"Pero pasan los minutos y el hielo sigue firme; es más, el que se dilata es uno mismo, y el corazón late de manera cada vez más desasosegada, cada vez más rápido. (Por otra parte, ¿por qué estoy escribiendo sobre estas cosas? ¿Y de dónde me vienen estas sensaciones tan extrañas? Puede que porque no haya ningún rompehielos capaz de partir el transparente y solidísimo vidrio de nuestra existencia...)".

viernes, 22 de julio de 2011

Zamiatina#7 (interrogación)


En Nosotros:

Lo desconocido le resulta al hombre orgánicamente hostil; el homo sapiens sólo será humano en el sentido amplio de la palabra cuando en su gramática no exista signo interrogativo alguno, sino apenas unos cuantos signos de exclamación, unas comas y unos pocos puntos...

Zamiatina#6 (descarga)


En Nosotros, de Zamiátin:

Una descarga. Ésa es la definición más apropiada. Ahora veo que esto se trataba precisamente de eso, de una descarga eléctrica. Durante los últimos días mi pulso se ha ido haciendo cada vez más rápido y tenso. Los polos se iban aproximando el uno al otro paulatinamente... hasta que sonó un crujido seco... Aún faltaba un milímetro. Hubo una explosión y, luego, el silencio.

En mi interior ahora reina la quietud y el vacío, como en una casa de la que se han marchado todos y uno se queda solo, enfermo en cama y escuchando con claridad el metálico martilleo de las ideas.

Tal vez esa "descarga" me haya curado por fin de mi martirizada "alma" y ahora vuelva a se como todos los demás.

jueves, 21 de julio de 2011

Zamiatina#5 (otros labios)


De Nosotros:
"En la esquina, unos labios afilados como cuchillos cortaron la niebla, que era como sangre blanquecina".

miércoles, 20 de julio de 2011

Zamiatina#4 (imán)


En Nosotros, de Zamiátin:
"Es probable que a un trozo de hierro también le cause alegría resignarse a la inevitable y exacta ley que le hace ser atraído por un imán. Una piedra lanzada hacia arriba se detendrá titubeante por un instante y, luego, caerá rápidamente a tierra. Y una persona, tras agonizar, finalmente expirará y morirá".

martes, 19 de julio de 2011

Zamiatina#3 (labios)


De Nosotros, Zamiátin:
"Contemplé sus labios en silencio. Todas las mujeres son labios, tan sólo unos labios. Algunos son sonrosados, tersos y redondos, como un círculo: una delicada verja frente a todo el mundo. Pero aquellos labios no estaban presentes hacía un segundo, y justo ahora aparecían cual cuchillo del que aún gotea la sangre dulce".

Zamiatina #2 (surtidor)


En Nosotros de Zamiátin:

"Los "poetas" son un surtidor".

Zamiatina #1 (epilepsia)


En Nosotros de Evgueni Zamiátin:

"Sólo podían crear mediante arranques de "inspiración"; una desconocida forma de epilepsia".