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viernes, 6 de abril de 2018

Taller de Lectura Comparada en Torrelodones: Otra forma de leer es posible



Esta reseña apareció en achtungmag. com:
http://www.achtungmag.com/taller-lectura-comparada-en-torrelodones-otra-forma-de-leer-es-posible/

Nuestro compañero de Achtung!, José Carlos Rodrigo Breto, lleva impartiendo desde el mes de octubre un Taller de Lectura Comparada en colaboración con la Asesoría Literaria Proscritos de Torrelodones. Se trata de una propuesta novedosa y original en el mundo de la literatura, y en especial dentro de las actividades de los conocidos como clubs de lectura. Este mes de abril promete ser muy interesante analizando una de las principales distopías de la historia de la literatura, pero hay mucho más.

En efecto, muchísimo más. La idea del Taller de Lectura Comparada se asienta sobre la máxima indiscutible de que toda la producción literaria, ya sean autores u obras, se encuentra en permanente conversación de unos con otros. Los escritores llevan hablando entre ellos, y sus libros también, en una enriquecedora conexión de siglos. Esta es la base del comparatismo, de la Literatura Comparada.
Tal y como nos dice José CarlosDoctor en Estudios Literarios y Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada:
Solo comparando se puede aprender literatura y, por supuesto, comprenderla. Son tantas y tan ricas las referencias a otros libros, a otros autores, que encontramos en las lecturas, que la interpretación y la comprensión de un libro varía completamente de conocer esos códigos a no conocerlos”.
Por eso, el Taller de Lectura Comparada, impartido en sesiones de dos horas todos los jueves de 19 a 21 horas en las dependencias de Proscritos en Torrelodones, establece una serie de lecturas que se apoyan unas en otras, que son los peldaños de un camino que se puede subir o descender, recorrer en ambas direcciones, porque se retroalimenta de referencias a sí mismo:
En cierto modo, son como las escaleras que pintaba Escher en sus cuadros, sin principio ni final. He llamado así a este método de lectura comparada, Método Escher, dado que estamos analizando y un libro y acudimos a otro que leímos tres escalones más abajo o avanzamos hasta uno que leeremos en las próximas semanas”.

 Este mes de abril, seguirá la progresión de lecturas que han tocado desde la búsqueda de la identidad, la respuesta del hombre ante la crisis espiritual, pasando por el comportamiento de los inocentes frente a los hechos sangrientos de la Historia, hasta el trauma del paso de la adolescencia a la edad adulta, etcétera.

Escaparate durante las pasadas Navidades de la Librería y Asesoría Literaria Proscritos de Torrelodones, en plena Calle Real.

Algunos de los libros que ya se han visto fueron Windows On The World de Frédéric BeigbederEl guardián entre el centeno de SalingerAmpliación del campo de batalla de Michel HouellebecqEl corazón es un cazador solitario de Carson McCullersEl extranjero de CamusEl miedo del portero al penalty de Peter HandkeLa transformación de Kafka, El palacio de los Sueños de Ismaíl KadaréEl baile de Irène NémirovskyMatadero Cinco de Kurt Vonnegut, Austerlitz de Sebald o Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino, entre otras:
Es una lista variada que presenta algunos de los autores más importantes de la literatura universal con una selección de obras fascinantes que casi nunca aparecen en los clubs de lectura convencionales. En cierto modo, esa es una de nuestras señas de identidad, junto con el trabajo comparativo, que los libros propuestos vayan más allá de los estándares comerciales que todo el mundo lee. Por eso hemos visto literatura albanesa, novela experimental o metaliteratura. Estamos abiertos a cualquier novela que impacte en el lector, que le haga pensar al leer, que le exija. Aquí huimos de convencionalismos y buscamos, mediante la comparación, la verdadera raíz de la literatura, esa verdad literaria que esconden las obras grandes de verdad”.




En esa línea, este mes de abril se hará una sesión doble (los jueves 5 y 12) sobre 1984, la novela de George Orwell, así como un repaso por el género distópico y la forma en que las utopías mutan en ucronías, analizando sus recursos narrativos y otras novelas que han influido directamente en la novela de Orwell.

Buena muestra de esta voluntad de lectura original son las dos últimas sesiones de abrilAmras de Thomas Bernhard y Natura Morta de Josef Winkler, dos escritores austriacos complejos, apabullantes en sus novelas, y el último realmente poco conocido por el gran público.




Jose Carlos nos habla un poco de estas dos obras inquietantes:
Natura morta de Winkler es un festival narrativo, una recuperación del goce por narrar, en donde un mercado romano se convierte en el verdadero protagonista y representa esa fina línea que separa la vida de la muerte, de la tragedia. ¿Qué drama se esconde en el fondo de esta novela de contrastes, entre los olores y los colores de los puestos de un mercado a la vez luminoso y lóbrego? Eso lo descubrirán quienes acudan al Taller de Literatura Comparada de Proscritos. Si la vida es un mercado tal vez nosotros seamos las piezas expuestas en los ganchos del carnicero… Y en cuanto a Amras, de Bernhard, dos hermanos que han sobrevivido al suicidio de toda su familia son recluidos por su tío en la torre de Amras mientras la locura se va apoderando de ellos. Esta breve novela de Thomas Bernhard, inquietante, es una reflexión sobre el mal y la enfermedad, en la línea de los profundos análisis que el escritor austriaco realiza de lo más oscuro que se alberga en el ser humano. Uno ya no es el mismo después de leer Amras. Los que deseen comprobarlo, y entender los motivos por los cuales “la esencia de la enfermedad es tan oscura como la de la vida”, serán bien recibidos en el Taller de Lectura Comparada”.
Y para mayo otras cuatro lecturas interesantísimas: El curioso incidente del perro a medianoche de Max HaddonVentajas de viajar en tren de Antonio OrejudoSi esto es un hombre de Primo Levi y Sin destino del húngaro, Premio Nobel, Imre Kertész.
En el mes de junio están previstas Una soledad demasiado ruidosa de Bohumil Hrabal, El pozo de Juan Carlos OnettiSostiene Pereira de Antonio Tabucchi y Seda de Alessandro Baricco, lo que:
Nos muestra el recorrido que hacemos en el Taller por todo tipo de literaturas y registros, desde la húngara a la hispanoamericana, pasando por la checa y la española. Como dije, antes ya habíamos visto y hablado de literatura albanesa, además de francesa, austriaca, italiana y francesa, también norteamericana. En fin, un amplio campo de voces y formas peculiares de narrar que es imposible encontrar en los clubs de lectura convencionales”.
Por último, cabe señalar una circunstancia muy importante. Al ser Proscritos, además, una pequeña librería, los asistentes al Taller pueden adquirir los libros que desean allí mismo, simplificando mucho las cosas para estos lectores exigentes que sacan tiempo de sus rutinas laborales para reunirse cada tarde de jueves y encontrarse con la literatura más importante e impactante que se haya escrito.
Además, José Carlos nos advierte de algo sumamente importante:
En el Taller no entendemos la novela como un recorrido que busca un desenlace. La novela no es un final, sino un principio una vez que se ha leído. Por ello, nuestras lecturas se fijan en el trayecto, en lo delicioso del viaje de la lectura a través del libro, ese universo que se incorpora a nosotros una vez que lo hemos leído y que ya siempre nos acompaña, enriqueciendo las lecturas futuras”.
En el siguiente enlace se puede encontrar toda la información sobre los talleres que se imparten en Proscritos:
Y en particular sobre el Taller de Lectura Comparada:
Además, José carlos Rodrigo Breto es escritor, con varias novelas publicadas, lo que garantiza una forma de aproximarse a las lecturas, además, desde el punto de vista del creador, lo que todavía hace más interesante el Taller. Como referencia, estas son algunas de las obras que ha publicado:





miércoles, 20 de septiembre de 2017

Literatura y género distópico: ¿ficción o realidad?



*Esta columna se publicó originalmente en el sitio achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/literatura-genero-distopico-ficcion-realidad/


Esta semana he terminado de ver la serie Black Mirror, una producción impecable emitida en el formato de compilación, es decir, con episodios que se pueden ver independientemente unos de otros, pero que juntos conforman un todo; un universo particular. Y en este caso, el universo de Black Mirror es una sociedad futura en la cual los avances tecnológicos pretenden hacernos la vida más sencilla. Sin embargo, eso no es así, y al final la utopía de la ciencia se convierte en la esclavitud del hombre. La serie me ha llevado a reflexionar sobre este tipo de universos ficticios en donde el presunto bienestar oculta un grado de opresión y sufrimiento intolerable para el ser humano. Es lo que se ha venido a denominar literatura distópica, y me pregunto: ¿es tan solo una ficción?

En Black Mirror todos los personajes se mueven en un universo similar, aunque pertenezcan a diferentes capítulos: un mundo sobre-tecnificado en donde las mejoras cibernéticas que pretendían facilitarnos la vida, precisamente, nos la complican. Aparte de advertirnos del lado siniestro de la ciencia, y de la catástrofe que significa la mala aplicación de la tecnología, en muchos de los escenarios se nos presenta un Estado que, en pos del bienestar de sus ciudadanos, ha implantado medidas que resultan opresivas. Estas tramas nos conducen directamente a la literatura de género distópico, algo a lo que, visto el panorama actual, quizás deberíamos prestar mucha más atención.

La distopía se contrapone, evidentemente, a la utopía. Utopía (Alianza Editorial) fue un libro escrito por Tomás Moro en 1516, con el explicativo subtítulo de Libro del Estado ideal de una República en la nueva isla de Utopía. Utopía será, de esta manera, el Estado político ideal. Y por su propia idealidad, imposible e inexistente. Sin embargo, la proposición de Moro era muy atractiva.

Ahora bien, ¿qué ocurriría en el seno de un Estado perfecto? ¿Sus habitantes serían más felices o más infelices? ¿Mediante qué resortes puede el Estado imponer esa presunta perfección? Dilemas demasiado atractivos como para no dar lugar a algunas de las mejores novelas de la historia de la Literatura, más aún cuando el siglo XX, con el comunismo y el nazismo, pretendió encarnar el gobierno utópico amparado en las dos ideologías más criminales que hayan existido.

Producto de esta inquietud, los escritores han ido poniendo en pie un nuevo género literario, el género distópico. En estas novelas siempre se muestra un sistema político y social que, amparado en el bienestar de los súbditos, esconde un régimen totalitario represivo y sanguinario, en donde se desarrollan las mayores aberraciones con objeto de perpetuarlo: desde eugenesia y sacrificios rituales de la población, pasando por mentiras y manipulaciones de la realidad, hasta torturas, prohibiciones de los derechos fundamentales en aras del beneficio social y, finalmente, opresión, guerras, genocidios y muertes.

Una de estas primeras novelas distópicas fue Los viajes de Gulliver (Alianza Editorial), de 1726. La obra, de Jonathan Swift, está escrita con cierto espíritu satírico para denunciar los Estados europeos, los peligros de los avances científicos…, en una obra que es mucho más que un relato infantil-juvenil. Después, en 1885, H. G. Wells y La máquina del tiempo (Valdemar) se encargaron de viajar a una época en donde la sociedad de los Eloi vive instalada en la despreocupación paradisiaca, pero albergan su reverso en los Morlocks, criaturas salvajes y asesinas que representan esa paradoja de la sociedad perfecta. No puede existir una utopía sin su correspondiente distopía.

Mucho más interesante me resulta Nosotros (Akal) del ruso Evgueni Zamiátin, que escribió esta novela en 1924 y, al amparo de los regímenes totalitarios del siglo XX, se convirtió en la obra fundamental sobre la que se han ido apoyando el resto de novelas distópicas posteriores. Esta novela surge como un rechazo a la Revolución Rusa, denunciando algunos de esos pilares fundamentales que buscaban imponer la hermandad y la fraternidad universales: el sacrificio de vidas humanas en pos de los ideales, la figura de un líder de naturaleza casi divina —el Benefactor— y los resortes de violencia que hacen posible que un régimen así cristalice. Una buena novela para recomendar a todos aquellos que todavía defienden que, a diferencia del nazismo y para marcar una estúpida zanja que separe a ambas ideologías asesinas, las ideas comunistas eran unos bellos ideales que se llevaron mal a la práctica.

El índice de deshumanización es tal en la sociedad distópica de Nosotros que los ciudadanos poseen nombres-matrícula. Y cuando es necesario, son lobotomizados para que no creen problemas. La obra de Zamiatin, capital en el gènero distópico, lo llevó a tener que exiliarse de la recién nacida Unión Soviética. Nosotros, es una de las tres grandes novelas distópicas del siglo XX. Las otras dos son: ¿Un mundo feliz? (Debolsillo) de Aldous Huxley y 1984 (Austral) de George Orwell, y ambos autores han reconocido la deuda que poseen con el ruso.

La novela de Huxley, de 1937, nos coloca en un Londres futuro en donde una sociedad ultra tecnológica controla las emociones de los súbditos inhibiéndolas mediante una droga llamada Soma, que los convierte en una especie de esclavos del sistema. Por su parte, 1984 es una obra mucho más conocida, por su acertada adaptación cinematográfica, y a que la mayoría de sus vaticinios sobre nuestro futuro se han ido cumpliendo de forma aterradora.

En 1984 existe un Ministerio de la Verdad que se dedica a manipular la Historia, eliminando grandes partes de ella y supliéndolas por mentiras; hay una Policía del Pensamiento y un Partido único regido por el Gran Hermano que alimenta un continuo estado de guerra contra un archienemigo ficticio, para alienar así a los ciudadanos, que se comportan como maniquíes al servicio del sistema. La similitud con ciertos aspectos de nuestra realidad es pasmosa, diríase que aterradora.

Aquí os dejo la secuencia inicial de la adaptación al cine, que refleja lo que se denominan como “los dos minutos de odio”:


A estas obras capitales se pueden añadir algunas otras bien interesantes que tocan el género distópico de forma tangencial, o desde otras perspectivas: Rebelión en la granja (Destino) del propio Orwell, Fahrenheit 451 (Minotauro) de Ray Bradbury, La naranja mecánica (Booket) de Anthony Burguess —con su espectacular adaptación cinematográfica por mano de Stanley Kubrick— o El palacio de los sueños (Cátedra) del albanes Ismaíl Kadaré, en donde todo un Estado pretende conocer el contenido de los sueños de sus súbditos como una forma de adelantarse a las posibles conspiraciones.



Aquí os enlazo a un par de reseñas críticas sobre la novela de Ismaíl Kadaré, que pueden resultar útiles para ampliar información:


Me he referido en esta columna, de una forma fugaz, a este tipo de literatura únicamente mencionando algunas de las obras y de los escritores más notables del género distópico. Por supuesto, y no es este lugar para ello, sus tramas y estructuras son riquísimas, presentando, además, toda una serie de similitudes entre ellas, especialmente a la hora de retratar a los personajes protagonistas que intentan sublevarse al rodillo totalitario del bienestar impuesto, sin conseguirlo.

Dejando a un lado esas consideraciones que darían para una amplia clase de literatura, no puedo dejar de pensar en que la percha de ciencia ficción sobre la que se afirma el género distópico, quizás, no sea tan ficticia, y que los avances tecnológicos que aparecen en estas novelas, o en la serie de Black Mirror, si no han llegado ya se encuentran a la vuelta de la esquina.

Quiero decir con esto que, tal vez, nuestra tan cacareada democracia occidental, nuestra sociedad de consumo, nuestro Estado del bienestar, cada vez esté derivando más hacia un totalitarismo que impone el pensamiento único, sanciona lo políticamente incorrecto, castiga la capacidad de pensar de forma individual y trata de mantenernos la mayor del tiempo alienados en el consumo del ocio y en estado de pánico gracias a una milimétrica desinformación cuyo objeto es que no seamos capaces de pensar por nosotros mismos y formularnos algunas preguntas que, de hacerlo, podrían terminar con el sistema que, tan vanidosamente, ser jacta de ser la mejor forma de gobierno para los hombres.

¿Lo es? ¿Somos hombres o ya somos otra cosa, una especie acogotada, aplastada y reprimida que juguetea con la tecnología, los móviles, las películas en 3D, los ordenadores de última generación, y nos creemos que lo controlamos y que lo sabemos todo cuando, en realidad, es completamente al revés, que estamos esclavizados por un sistema falsamente liberal que nos ahoga?

¿No estaremos viviendo la mayor de las distopías sin ser capaces de entenderla? Tal vez en las lecturas de estas novelas, o en la serie Black Mirror podamos encontrar un espejo que refleje alguna respuesta que consiga despertarnos de la estupidez.
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