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lunes, 9 de julio de 2018

Para vosotros, alérgicos




*Esta entrada se publicó originalmente en el blog de la Asesoría literaria Proscritos de Torrelodones:

https://proscritos.com/para-vosotros-alergicos/


Muchos meses, demasiados creo yo, son los que llevamos soportando una alergia pertinaz de estornudos, toses, lloriqueos y ahogos. A ver si va a resultar que la alergia no es primaveral, sino una reacción defensiva ante los espantos que nos rodean, esos que últimamente son demasiado cotidianos…
Cada mañana, cuando me enfrento a la salva obligatoria de estornudos y angustias, me pregunto si se trata de una reacción provocada por la estupidez generalizada que entra por la ventana, se derrama en las redes sociales, asoma por el televisor o, simplemente, se pasea por la calle.
En efecto, quizás sea una alergia a todo eso, que es como decir que se trata de una alergia a una cosa sola: al ser humano. Porque los seres humanos somos cada vez más gilipollas. O tal vez siempre hayamos sido así, y ahora estemos tan hartos que ya no lo soportamos.
No soy ni un Sartre ni un Camus con la capacidad para refugiarme de nuestra estupidez detrás de un ego salpimentado de filosofías, ni un Dylan Thomas parapetado tras la botella, ni siquiera un influencer de cabeza hueca encastillado en esa novela que alguien le ha escrito para entontecer a sus miles de seguidores.
Por eso, porque no soy ninguno de ellos, creo que el remedio a la terrible alergia existencial que me persigue, que nos persigue a muchos, puede encontrarse en aquella frase de Cesare Pavese sobre entender la literatura “como defensa ante las ofensas de la vida”. Tal vez, hundirnos en la lectura de algún libro reparador sea la fórmula magistral que pueda calmar nuestras alergias provocadas por las oleadas de estupidez humana que nos rodean.
Lo tengo tan claro que creo que deberían recetarse lecturas y libros en las consultas de la Seguridad Social. Nos recibiría nuestro apático médico de cabecera con el desgastado “¿qué le pasa?”, y cuando le hubiéramos contado nuestros males, tiraría de receta y prescribiría una “muerte de Ivan Ilich”, de Tolstoi, para el pesadito que está siempre en el médico, al menor síntoma de resfriado, o el “retrato del artista adolescente”, de Joyce, para el muchacho hiperactivo; incluso, “En busca del tiempo perdido”, de Proust, para todos aquellos que solo sabemos vivir, y mirar obsesionados, la caja de caudales de nuestro pasado ulceroso.
Nos extendería la recetita, y al salir de la consulta se nos ofrecerían diferentes puestos de libros con todo tipo de volúmenes, desde ediciones de lujo hasta libros usados y de segunda mano, en donde poder adquirir nuestras medicinas.
Esa tarde, en casa, leyendo los remedios ordenados por los médicos, muchos encontraríamos calma a las alergias, porque, al fin y al cabo, nuestras alergias no son más que angustias del corazón. Y de eso, de angustias y corazones, la buena literatura, la que es grande de verdad, sabe mucho.

martes, 3 de julio de 2018

Adiós al mundo de ayer: cuatro escritores y sus visiones del mundo



*Esta columna apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/adios-al-mundo-de-ayer-cuatro-escritores-y-sus-visiones-del-mundo/

Este jueves terminé de impartir, por esta temporada (volveremos a mediados de septiembre), mi Taller de Literatura Comparada en la asesoría literaria Proscritos de Torrelodones. Desde el mes de octubre me he empeñado en demostrar que existen otras formas de leer, que es posible otra manera de afrontar y ejercitar la lectura. Ahora, me encuentro preparando un curso para el mes de julio, consistente en la visión que del mundo tienen cuatro autores: Zweig, Sebald, Kadaré y Houellebecq.

Así, para tener una perspectiva rápida del asunto, lo que más aparece en estas cuatro visiones es la idea de la inseguridad, de que el hombre no está ya a salvo de ninguna de las maneras. Si el mundo del ayer era un lugar seguro, el mundo del hoy es un sitio tremendamente peligroso.
La sensación de inseguridad es inherente al hombre moderno. Se nos ha apoderado un miedo pavoroso y no somos capaces de encontrarnos resguardados ni en el seno de nuestro principal refugio: en el hogar. Cualquier amenaza externa puede alcanzarnos, cualquier desastre afectarnos cuando menos lo esperemos.
En principio, esa maldita transición de un mundo seguro a un mundo inseguro, es decir, del mundo del ayer al mundo de hoy, vino de la mano de la quiebra que significó la Gran Guerra, es decir, la Primera Guerra Mundial, y la composición geopolítica resultante del conflicto que alimentó, durante 21 años, el siguiente estallido, la letal Segunda Guerra Mundial de la que el mundo resultante ya nunca fue el mismo de antes.

Primera y Segunda Guerra Mundial: imágenes de un mismo conflicto separado por 21 años
Porque hay que entender las dos guerras mundiales del siglo XX tal vez como una sola contienda separada por esos años de tregua, pero en donde la batalla, política, diplomática, económica, social, continuaba con encono: solo era necesario retomar las armas de nuevo. Y se retomaron.

La idea de mundo perdido, de ese mundo de ayer extraviado que jamás regresará, la encontramos en un libro determinante del primer autor de los cuatro que he mencionado antes: El mundo de ayer, ese ensayo biográfico escrito por Stefan Zweig y publicado por El Acantilado. Con la Primera Guerra Mundial se liquidó el Imperio Austrohúngaro y con él todo lo que se apareja a una especie de Antiguo Régimen monolítico: muchas cosas malas, en efecto, pero algunas buenas también ardieron en las bocas de esos cañones de agosto.
El Antiguo Régimen, el sistema de los Imperios Centrales que entraba en crisis, se había caracterizado por dotar al ciudadano de una sólida idea de seguridad que, en absoluto, era ni precaria ni vaporosa. Un habitante del Imperio Austrohúngaro podía saber a ciencia cierta los años durante los que trabajaría en una empresa, el dinero que ganaría, el momento de su jubilación, en qué podría invertir sus ahorros… Todo estaba calculado. El Imperio Austrohúngaro era el mayor sistema de pesos y medidas del mundo, la exactitud encarnada en el Estado. Y esa exactitud traía consigo una estabilidad que proporcionaba la seguridad automática.
De forma que, cuando el sistema saltó por los aires con la contienda, de repente, se liquidaron algunos constructos de la vieja era que dejaron a los súbditos de la Europa Central con una fría sensación recorriéndoles la espalda, con el escalofrío de alguien a quien le han retirado, súbitamente, el suelo bajo sus pies.
El periodo de entreguerras se encargo de terminar de liquidar cualquier atisbo de retorno al mundo seguro del ayer, hasta que la Segunda Guerra Mundial lo arrasó todo y la civilización que surgió de ella ya nada tenía que ver con la de antes: más indefensa, más desarraigada, completamente perdida la identidad para una Europa fantasma que jamás ha vuelto a recuperarse.
Aquí entra el escritor W. G. Sebald y su obra Austerlitz, publicada por AnagramaSebald nos cuenta el relato de Jacques Austerlitz, un hombre que no sabe quién es, condenado a vagar por las estaciones de ferrocarriles de Europa a la búsqueda de algunos retazos que puedan reconfigurar su identidad.

Tanto Austerlitz como el propio narrador ya viven asentados de forma permanente en el horror que proporciona la absoluta inseguridad que apareja la desaparición del mundo anterior y la completa incomprensión del nuevo que se les muestra, producto de las mayores infamias y brutalidades de las que ha sido capaz el hombre.
De esa forma, en la novela de Sebald nos encontramos con un relato sobre la identidad (o sobre a falta de ella) como una condena que arrastra la humanidad a causa de las guerras del siglo XX, y en concreto de la Segunda, equipaje con el que hemos llegado al cambio de milenio como si nos aproximáramos a un vertedero existencial.
Austerlitz, novela del cambio de siglo, obedece a todos esos estigmas de las literaturas que cabalgan a lomos de tránsitos temporales turbulentos. Igual que De Sobremesa (Cátedra) del colombiano José Asunción Silva nos muestra todo el pavor que se deriva de la inseguridad del salto del XIX al XX, Sebaldnos ofrece una visión traumática del hombre que entrará en el XXI sin haber resuelto los problemas del XX.

¿Y cómo será el pavoroso siglo XXI? Evidentemente, configurado por el 11-S, que al estilo de la Segunda Guerra Mundial destruye toda la falsa idea de seguridad que podíamos tener guardada como calderilla en los bolsillos y nos convierte, a todos, en aterrorizados conejillos a la espera de ese golpe definitivo que nos desnuque.
Así, como forma de protegerse o de blindarse, la soledad y la incomunicación se convierten en los elementos determinantes del comportamiento social del siglo XXI. Podría decirse que cada cual lleva su propio 11-S interior, que a cada uno se nos caen nuestras propias Torres Gemelas una y otra vez. Un panorama alienante, egoísta, deshumanizado, que refleja muy concretamente Ismaíl Kadaré en su novela El accidente, publicada por Alianza Editorial.

Esta novela es muy importante dentro de la narrativa del escritor albanés porque es una de sus primeras obras ubicadas en la modernidad de una Europa de cambio de siglos, de una Europa que ha dejado de existir como bloque hegemónico y que ha dejado paso a la desintegración de Estados e individuos.
En El accidente se nos presenta una visión europea del desencanto, una geografía continental de la violencia y del aislamiento, de la perturbación y del pavor a la soledad de unos seres que, cada vez que pueden, tienden a encerrarse como medio para encontrar un retazo de su identidad largamente perdida.
Ahora, la sobre modernidad, lo específicamente moderno, ultramoderno, ha conseguido convertir al hombre en una isla sin puentes que le comuniquen con otros hombres y otras islas. El mundo moderno de Kadaré en El accidente es nuestro mundo moderno actual, un mundo en el que todos somos viajeros (externos o internos, poco importa eso), donde siempre estamos de paso, amenazados absolutamente por todo, incluso por lo invisible, atenazados por las posibilidades aterradoras de que nuestra desdicha, además, se multiplique en mundos cuánticos y en millones de posibilidades diferentes y espantosas.




Zweig, Sebald, kadaré y Houellebecq: sus visiones del mundo en su literatura

El bosón de Higgs, de esa forma, no ha venido a clarificar nada, ni nos proporcionará un sendero de retorno al mundo de ayer, ese mundo de la seguridad, sino que ha sembrado otro pánico, el de certificar en nuestro subconsciente que las cosas en las que creemos, o creíamos, ni siquiera son como alcanzábamos a pensar.
Las agresiones llegan de todos lados, la sociedad se desmorona y toma algunas direcciones que, no por anunciadas en algunas de las novelas cruciales de la historia de la literatura, nos resultan menos sorprendentes. Con evidente facilidad el mundo se replica abandonando las páginas de 1984 (editorial Destino) de Orwell y encarnándose con estabilidad en lo cotidiano de nuestro día a día. La manipulación, el borrado de la realidad, la alteración, las mentiras, el mundo virtual, todo ello empieza a parecer una copia exacta de algunas de esas distopías demoledoras, del Nosotros (Akal) de Zamiatin o de La naranja mecánica (Minotauro) de Burgess



La verdad es que en este primer tramo del siglo XXI ya estamos viviendo en una distopía. La distopíanos es tan próxima que está entre nosotros, aunque a veces, manipulados por el propio sistema, no seamos capaces de verla. Entonces, llega la narrativa de Houellebecq y sus distopías próximas, porque lo que nos plantea en La posibilidad de una isla (Alfaguara), Plataforma o Sumisión estas dos últimas en Anagrama), no es un mundo distópico alejado, es el mundo que se encuentra aquí y ahora, cercano.



Leyendo a Houellebecq somos conscientes de esa evolución que hemos experimentado desde los mundos de ayer y de la seguridad de Stefan Zweig, que saltaron por los aires dejándonos la impronta del fracaso, tal y como aparece en Sebald, hasta el siglo XXI de la incomunicación de Kadaré, todo ello sublimado en personajes que son extranjeros de sí mismos, reconectados con la literatura de Camus de mediados del siglo XX porque, en esta distopía en la que nos encontramos actualmente, las cenizas a las que hemos reducido nuestro sistema de valores tienen una correspondencia directa con la deshumanización y el horror pavoroso que resultó de la Segunda Guerra Mundial.
Los sucesos a los que hacemos frente como sociedad durante esta breve tirada de siglo XXI son equivalentes a las peores emanaciones del siglo pasado. Hay una línea directa entre Auschwitz y las Torres Gemelas y Kosovo y el 11-M y la sala Bataclán y la Diagonal de Barcelona. Un agujero de gusano conecta este presente nuestro de sangre en guardabarros y escombreras que ocultan a los muertos con aquel otro de fosas comunes en bosques y camiones fantasma con tubos de escape escupiendo hacia el interior.
Por todo ello, podemos entender la narrativa de Houellebecq como un colofón, dado que su escritura se abandona al comportamiento de un ser humano completamente extraviado y desvalido que será capaz de cualquier cosa con tal de poder sobrevivir, aunque el mero hecho de sobrevivir ya comporte la mayor de las amarguras, el más enorme de los pavores en esta distopía de la inseguridad que consumimos y en la que nos consumimos.

viernes, 6 de abril de 2018

Taller de Lectura Comparada en Torrelodones: Otra forma de leer es posible



Esta reseña apareció en achtungmag. com:
http://www.achtungmag.com/taller-lectura-comparada-en-torrelodones-otra-forma-de-leer-es-posible/

Nuestro compañero de Achtung!, José Carlos Rodrigo Breto, lleva impartiendo desde el mes de octubre un Taller de Lectura Comparada en colaboración con la Asesoría Literaria Proscritos de Torrelodones. Se trata de una propuesta novedosa y original en el mundo de la literatura, y en especial dentro de las actividades de los conocidos como clubs de lectura. Este mes de abril promete ser muy interesante analizando una de las principales distopías de la historia de la literatura, pero hay mucho más.

En efecto, muchísimo más. La idea del Taller de Lectura Comparada se asienta sobre la máxima indiscutible de que toda la producción literaria, ya sean autores u obras, se encuentra en permanente conversación de unos con otros. Los escritores llevan hablando entre ellos, y sus libros también, en una enriquecedora conexión de siglos. Esta es la base del comparatismo, de la Literatura Comparada.
Tal y como nos dice José CarlosDoctor en Estudios Literarios y Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada:
Solo comparando se puede aprender literatura y, por supuesto, comprenderla. Son tantas y tan ricas las referencias a otros libros, a otros autores, que encontramos en las lecturas, que la interpretación y la comprensión de un libro varía completamente de conocer esos códigos a no conocerlos”.
Por eso, el Taller de Lectura Comparada, impartido en sesiones de dos horas todos los jueves de 19 a 21 horas en las dependencias de Proscritos en Torrelodones, establece una serie de lecturas que se apoyan unas en otras, que son los peldaños de un camino que se puede subir o descender, recorrer en ambas direcciones, porque se retroalimenta de referencias a sí mismo:
En cierto modo, son como las escaleras que pintaba Escher en sus cuadros, sin principio ni final. He llamado así a este método de lectura comparada, Método Escher, dado que estamos analizando y un libro y acudimos a otro que leímos tres escalones más abajo o avanzamos hasta uno que leeremos en las próximas semanas”.

 Este mes de abril, seguirá la progresión de lecturas que han tocado desde la búsqueda de la identidad, la respuesta del hombre ante la crisis espiritual, pasando por el comportamiento de los inocentes frente a los hechos sangrientos de la Historia, hasta el trauma del paso de la adolescencia a la edad adulta, etcétera.

Escaparate durante las pasadas Navidades de la Librería y Asesoría Literaria Proscritos de Torrelodones, en plena Calle Real.

Algunos de los libros que ya se han visto fueron Windows On The World de Frédéric BeigbederEl guardián entre el centeno de SalingerAmpliación del campo de batalla de Michel HouellebecqEl corazón es un cazador solitario de Carson McCullersEl extranjero de CamusEl miedo del portero al penalty de Peter HandkeLa transformación de Kafka, El palacio de los Sueños de Ismaíl KadaréEl baile de Irène NémirovskyMatadero Cinco de Kurt Vonnegut, Austerlitz de Sebald o Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino, entre otras:
Es una lista variada que presenta algunos de los autores más importantes de la literatura universal con una selección de obras fascinantes que casi nunca aparecen en los clubs de lectura convencionales. En cierto modo, esa es una de nuestras señas de identidad, junto con el trabajo comparativo, que los libros propuestos vayan más allá de los estándares comerciales que todo el mundo lee. Por eso hemos visto literatura albanesa, novela experimental o metaliteratura. Estamos abiertos a cualquier novela que impacte en el lector, que le haga pensar al leer, que le exija. Aquí huimos de convencionalismos y buscamos, mediante la comparación, la verdadera raíz de la literatura, esa verdad literaria que esconden las obras grandes de verdad”.




En esa línea, este mes de abril se hará una sesión doble (los jueves 5 y 12) sobre 1984, la novela de George Orwell, así como un repaso por el género distópico y la forma en que las utopías mutan en ucronías, analizando sus recursos narrativos y otras novelas que han influido directamente en la novela de Orwell.

Buena muestra de esta voluntad de lectura original son las dos últimas sesiones de abrilAmras de Thomas Bernhard y Natura Morta de Josef Winkler, dos escritores austriacos complejos, apabullantes en sus novelas, y el último realmente poco conocido por el gran público.




Jose Carlos nos habla un poco de estas dos obras inquietantes:
Natura morta de Winkler es un festival narrativo, una recuperación del goce por narrar, en donde un mercado romano se convierte en el verdadero protagonista y representa esa fina línea que separa la vida de la muerte, de la tragedia. ¿Qué drama se esconde en el fondo de esta novela de contrastes, entre los olores y los colores de los puestos de un mercado a la vez luminoso y lóbrego? Eso lo descubrirán quienes acudan al Taller de Literatura Comparada de Proscritos. Si la vida es un mercado tal vez nosotros seamos las piezas expuestas en los ganchos del carnicero… Y en cuanto a Amras, de Bernhard, dos hermanos que han sobrevivido al suicidio de toda su familia son recluidos por su tío en la torre de Amras mientras la locura se va apoderando de ellos. Esta breve novela de Thomas Bernhard, inquietante, es una reflexión sobre el mal y la enfermedad, en la línea de los profundos análisis que el escritor austriaco realiza de lo más oscuro que se alberga en el ser humano. Uno ya no es el mismo después de leer Amras. Los que deseen comprobarlo, y entender los motivos por los cuales “la esencia de la enfermedad es tan oscura como la de la vida”, serán bien recibidos en el Taller de Lectura Comparada”.
Y para mayo otras cuatro lecturas interesantísimas: El curioso incidente del perro a medianoche de Max HaddonVentajas de viajar en tren de Antonio OrejudoSi esto es un hombre de Primo Levi y Sin destino del húngaro, Premio Nobel, Imre Kertész.
En el mes de junio están previstas Una soledad demasiado ruidosa de Bohumil Hrabal, El pozo de Juan Carlos OnettiSostiene Pereira de Antonio Tabucchi y Seda de Alessandro Baricco, lo que:
Nos muestra el recorrido que hacemos en el Taller por todo tipo de literaturas y registros, desde la húngara a la hispanoamericana, pasando por la checa y la española. Como dije, antes ya habíamos visto y hablado de literatura albanesa, además de francesa, austriaca, italiana y francesa, también norteamericana. En fin, un amplio campo de voces y formas peculiares de narrar que es imposible encontrar en los clubs de lectura convencionales”.
Por último, cabe señalar una circunstancia muy importante. Al ser Proscritos, además, una pequeña librería, los asistentes al Taller pueden adquirir los libros que desean allí mismo, simplificando mucho las cosas para estos lectores exigentes que sacan tiempo de sus rutinas laborales para reunirse cada tarde de jueves y encontrarse con la literatura más importante e impactante que se haya escrito.
Además, José Carlos nos advierte de algo sumamente importante:
En el Taller no entendemos la novela como un recorrido que busca un desenlace. La novela no es un final, sino un principio una vez que se ha leído. Por ello, nuestras lecturas se fijan en el trayecto, en lo delicioso del viaje de la lectura a través del libro, ese universo que se incorpora a nosotros una vez que lo hemos leído y que ya siempre nos acompaña, enriqueciendo las lecturas futuras”.
En el siguiente enlace se puede encontrar toda la información sobre los talleres que se imparten en Proscritos:
Y en particular sobre el Taller de Lectura Comparada:
Además, José carlos Rodrigo Breto es escritor, con varias novelas publicadas, lo que garantiza una forma de aproximarse a las lecturas, además, desde el punto de vista del creador, lo que todavía hace más interesante el Taller. Como referencia, estas son algunas de las obras que ha publicado: