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lunes, 4 de julio de 2011

Gagarin


¿Qué se siente cuando se está, durante tantos años, por encima del bien y del mal?, le preguntaron.

Asco, pensó. Y a su cabeza acudió, mientras abría la boca para pronunciar asco, Gagarin, colgado del espacio, allí en lo alto, sobre el bien y el mal, dando vueltas y mareado, sintiendo cada vez menos su propio cuerpo, en órbita, sintiendo asco.

Asco, dijo. Se siente mucho asco.

jueves, 30 de junio de 2011

Mi mente en las cloacas


Es doloroso arrastrarse, cada noche, por el asco del recuerdo. Es doloroso, cada noche, ser yo, y mantener la certeza de que la cabeza, la mente, se emponzoña con su baño ritual en tus cloacas.

domingo, 25 de abril de 2010

El asco


El asco es más que una palabra: es presentarte ante el espejo y preguntarse como has podido llegar a esto. El asco es como un choque de trenes en las venas, es como una rata patinando en el vómito, es como llenar las tripas de vino caliente y seguir sintiendo el mismo frío inconsolable.
El asco es tener que recordar, recordar y maldecir y estar condenado a ello. El asco es irse a dormir solo y levantarse acompañado de terrores, el asco es escribir hasta las tantas de la madrugada como un imbécil sobre el odio y el asco y no saber lo que son ni el odio ni el asco ni la sombra que proyecto ni la imagen que reflejo.
El asco es que todos os vayáis a dormir y yo continúe tan despierto y tan solo.
El asco es decir: ahora hablaré de mi. Y hablar del odio.
El asco es sentir nauseas matinales al imaginar una vida mejor, el asco es aspirar a una vida mejor, a una vida que no haya que arrojar, inevitablemente, al fondo del fregadero pringado de grasa.
El asco es el recuerdo de un número de teléfono y de una dirección, de un desengaño -de otro desengaño-, de una muerte -de otra muerte- y descubrir que eso forma parte de mi, parte de mi vida, parte de mi propio asco.