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sábado, 23 de junio de 2012

Esto no es una salida

te dispones a salir
de mi vida
como

cuando yo sea detergente/convulsiones
e intente expulsarlo por un –estúpido-
instinto de supervivencia
(inútil)

como
cuando apareció ese sol de infamia
en la madrugada de adolf eichmann/sol de cuerda y patíbulo

como
cuando a polvorazos
se abrió paso la luz de inmundicia
entre las nubes de tormenta
en el medio día de sanguina
y ladrillos de nicolae ceaucescu

como
cuando la sangría
de lanceta y sanguijuelas
abría borbotones de vida pulmonar
en kafka y heine

te dispones a salir
de mi vida
como
estallan en
fumarolas, bombas y lapillis
textos como este

textos
que escribo
convencido
de que esto
no es
una
salida

miércoles, 30 de mayo de 2012

Cuerda de ahorcados-Agesialo Degli Incerti


Poco, muy poco sabemos de Agesilao Degli Incerti. Por una referencia casi críptica, oculta en su Cuestión del Agua  y de la Tierra, de Dante, creemos que, en algún momento, fue coetáneo del poeta cuando este todavía se encontraba en Florencia, o bien en los instantes previos a que tuviera que exiliarse. Y no es una cuestión baladí: en su Cuerda de presos, Agesilao Degli Incerti se inspira en las brutales represalias y linchamientos que sucedieron en la enconada rivalidad entre güelfos y gibelinos florentinos, esas mismas rivalidades que empujaron a Dante al exilio de su Florencia para siempre.

Cuerda de presos es un tratadito de apenas cincuenta páginas, en su deliciosa y cuidada edición de In Edad Media Res (Ratisbona, 2010), y que pretende mostrar las maneras más oportunas, los mejores materiales y los peores, los procedimientos de dar sogas a cuellos y ahogo a los cuerpos (p.3). Una primera parte del tratadillo se ocupa de los cadalsos, construcción y formas, desde un simple poste, un árbol, hasta las construcciones más complejas; en la segunda parte atiende a las sogas, el cáñamo, el esparto, las que son buenas para soportar el peso y las que no, las que podrían romperse, las más indicadas para dejar durante días y como forma de castigo ejemplar el cadáver al oreo (p.36), y los nudos y la correcta realización de los corredizos. Por último, se compendian los ahorcamientos, clasificados según la utilización de trampillas, desde un caballo e, incluso, subiéndose a horcajadas en los hombros del condenado (p.41). En conclusión, un resumen de una de las maneras de ejecutar más tradicionales desde que el mundo es mundo y desde que el hombre es hombre (p.2). Todo un arte que debe realizarse a la perfección, pues Agesilao nos relata, de forma muy ilustrativa, el caso de un veneciano, un tal Pablo Palacio, que fue mal ahorcado e incluso tuvo tiempo de dictar toda una contrición (p.44) durante los días en que permanecía colgado de la soga, y cuyo texto se nos cita como la Vida del ahorcado, que, o bien se extravió, o no llegó a existir nunca, y lo que Agesilao Degli Incerti pretende al relatarnos esta anécdota, es mostrarnos la evidente utilidad de su tratado.

Y si poco es lo que sabemos de su autor, aún conocemos un dato último: Agesilao Degli Incerti fue acusado de ser untari, es decir, que por medios de ungüentos propagaba la peste negra y por ello fue ahorcado, qué paradoja esta, en la Piazza del Duomo en el año de 1348, junto a otros tres anónimos condenados que no tuvieron tanta suerte de pasar a la historia. Agesilao Degli Incerti fue condenado, posiblemente, bajo una acusación mentirosa, víctima de esa inquina entre güelfos y gibelinos, de la que fue una víctima más, tal y como consta en el libro capitular de la Catedral de Florencia y en un estadillo en el libro del ayuntamiento de Florencia, tomo CXII, infolio LXV.

domingo, 21 de agosto de 2011

Aviso en clave de cuerda


Porque nuestras vidas son los extremos de una cuerda, condenados, al fin, a anudarse.