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viernes, 16 de noviembre de 2012

tristura


tristura
consignó asustado
y doliente
el príncipe de viana
en su lamentación
por la muerte de
alfonso el rey de aragón

tristura
inventó sinuosos
y agrios trazos
de pergamino
en 1458

y su palabra
para definir el dolor
se conectó al voltaje
de mi pecho
desde el pecho de su
manuscrito

tristura
tabanazo
desde su letra
a la mía

tristura
como maldición ideada
para mí

una palabra creada
a martillazos en una
fragua
a medida
del ataúd
de mi lástima

como
cuando garcilaso
compuso el poema
a la muerte de su hermano fernando
y con la pluma trepanó
el agujero
que nos comunica
en el dolor de los siglos
hirvientes y despellejados
como mi propia
tristura

y como garcilaso
yo también
soy
herido de muerte

domingo, 11 de noviembre de 2012

dónde

dónde estaréis ocultos
en los buenos tiempos

dónde refugiados de mí

porque en los malos momentos
de verdad que no sé
en dónde os cobijabais
de mis terrores

hace ya más de siete años
que murió mi hermano
y no he recibido
ni un abrazo por ello
aún

es difícil de creer
pero es la verdad

dónde están parapetados
los que me recomiendan tomarme las cosas
de otra forma

dónde están emboscados
en mis madrugadas de
lágrimas e insomnio
cuando lloro de soledad
al escuchar una canción
de los clash

dónde se camufla
la voz
en mis eternas jornadas laborales
de rabia y silencios

por qué no suena
el teléfono
cuando yo transito hacia
el suicidio

dónde respiráis
cuando me siento humillado
y apenas os alcanza para ser
fogonazo de correo electrónico
o las raspas de un sms
cuando llega la tarde del viernes
y se puede derramar mi sangre
pero no las copas

dónde
mientras grito
que nada
nada
ha merecido la pena
frente a la tumba de
k

dónde
cuando
en el dolor
me hago eterno

donde os iréis
tan lejanos
cuando mis cenizas se anuncien
sobre un columbario
y entonces ya sea
demasiado tarde
para estar en ningún sitio
y menos aún para ocupar
espacio
en vuestras memorias

joder
cuanto os he querido
y de qué poco
me ha valido

qué escaso
lo que he recibido
a cambio

y con qué
poco
me hubiera
contentado
hasta alcanzar
una inflamada
y mórbida felicidad
desahuciada