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martes, 5 de diciembre de 2017

The Waterboys en Madrid o el bello arte de mantenerse a flote


*Esta crónica apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/the-waterboys-madrid-bello-arte-mantenerse-flote/


Fue allá por 1986, creo, cuando el programa Metrópolis de la segunda cadena de la televisión iniciaba su andadura (recientemente ha conmemorado 30 años de emisiones). Sí, fue allá por 1986, cuando aparecieron en aquella Telefunken que habíamos comprado apenas cuatro años antes —para ver a Naranjito, los fastos del Mundial 82 y el fracaso vergonzoso de los Juanito, Satrústegui y compañía—. Fue en 1986 cuando, una madrugada de aburrimiento de viernes junto a mi hermano, de repente, se convirtió en una madrugada de ojos como platos, desmesurada apertura de bocas y fascinación ante el videoclip que se derramaba desde la pantalla azulada. Eran The Waterboys, y su tercer disco, This Is The Sea, daba sus primeros balbuceos. Y aquella canción, Don´t Bang The Drum, nos hipnotizó. Al día siguiente ya nos habíamos comprado ese álbum… Y claro, en él estaba incluida The Whole Of The Moon. Ahora, han pasado algo más de tres décadas desde aquello y Mike Scott se asoma al escenario del Nuevo teatro Alcalá; hace una promesa: “Hoy sonarán canciones de amor”.

Amor y agua, agua y amor. El componente acuático siempre ha sido una de las señas de identidad de The Waterboys, o sería mejor decir de Mike Scott, único integrante original y permanente que persiste desde los inicios de la banda. El violinista Steve Wickham es otro de los veteranos, pero él entró en el grupo ya en el tercer disco, después abandonó la banda en 1990 y regresó en el año 2000.

Así que amor y agua, para un Mike Scott que estudió la carrera de Literatura en la Universidad de Edimburgo, y que no ha dudado en cuajar de referencias literarias las letras de sus canciones e, incluso, musicalizar poemas de Yeats o Robert Burns. Entonces, si hablamos de amor y de agua…, tendremos que hablar de la romántica y dramática historia de Hero y Leandro. Y ahora más que nunca, porque Scott acaba de publicar el 12º trabajo de la banda, y en él ha introducido unos cambios significativos, que lo convierten en un Leandro de la música actual.

Un momento, un momento, me diréis muchos, ¿quién es Hero? ¿Un comercial de mermeladas? Y Leandro… ¿El último fichaje brasileño del Barcelona? No, la repuesta a las identidades de Hero y Leandro se encuentra un poco más lejos del Nou Camp. Concretamente, en la mitología griega, tratado en la literatura clásica romana por autores como Ovidio, por ejemplo, o por nuestro renacentista Garcilaso de la Vega.

La historia narra la desventura de Hero, una sacerdotisa que habitaba una torre en un extremo del estrecho del Helesponto. Leandro, que vivía en el otro lado, se enamoró de ella. Cada noche, cruzaba el mar a nado para acudir a la cita. Hero encendía una fogata en la torre con cuya luz guiaba al esforzado amante. Sin embargo, una noche de tormenta, un vendaval apagó la hoguera y, extraviado, Leandro se ahogó.

Mike Scott es un Leandro musical, que al contrario del personaje legendario ha sabido mantenerse a flote. Y lo ha hecho con tanta clase y estilo que ha convertido la supervivencia en un mar de turbulencias en un ejercicio de fino y bello arte. Tal y como se afirmaba en el título de aquél disco de The Boomtown Rats: The Fine Art Of Surfacing.

Pero es que Mike Scott, además, es un Leandro redivivo a causa del motor compositivo que ha guiado su último trabajo en estudio como The Waterboys, el disco Out Of All This Blue: la artista japonesa Megume Igarashi, también conocida como Rokudenashiko. Mike Scott se casó con ella en 2016, confirmando así una relación con una diferencia de edad de casi 14 años que, para algunos estrechos de mente, roza lo escandaloso.

La verdad, es que todo lo que tiene que ver con Rokudenashiko resulta escandaloso en Japón. Porque esta artista, escultora entre otras virtudes creativas, ha tratado un tema prohibido en la cultura secular nipona: la vagina. Ha plasmado esa parte femenina en fundas para el móvil, collares, abalorios, pequeños juguetes, e incluso se construyó una canoa con la forma de su vulva, que había escaneado previamente, desencadenando un monumental escándalo que terminó por llevarla durante una semana a la cárcel.

Con estos mimbres, no es de extrañar que Mike Scott se haya sentido rejuvenecido y enamoradísimo de una mujer que no parece nada convencional. Por ello, ha consagrado casi todo el disco Out Of All This Blue a celebrar ese amor por la japonesa. Y me detengo tanto en este disco para hablar del concierto ofrecido en Madrid porque de las 23 canciones que interpretó, 13 pertenecían a este disco. Son muchas canciones nuevas.

Tal vez demasiadas, al menos para un segmento del público y de seguidores que no han encajado muy bien estas nuevas coordenadas compositivas de un Mike Scott que busca hacer bailar al personal porque se siente pletórico. El inicio del concierto fue trepidante, y eso que de una tacada arrancó con cinco canciones del disco nuevo. ¡Pero qué forma de sonar, qué tremendo poderío de la banda, qué grupo de músicos!

Músicos, en efecto: ya he mencionado al violinista Steve Wickham, toda una institución sobre las tablas, acompañado de Bart Walker a la guitarra, muy culpable de que The Waterboys ahora oscilen entre el trago de scotch y el sorbo de burbon sureño. Al lado, dos baterías, Ralph Salmins y John Green, muy culpables de la contundencia sonora que despliega esta banda en directo, con el bajista Aongus Ralston y las voces en los coros de Jes Kav y Zennie Summers. Todo ello culminado por ese Angus Young de los teclados que es el efervescente Brother Paul Brown. Con Mike Scott, nueve miembros sobre la tarima del Nuevo Teatro Alcalá.

Así que a las raíces folk y celtas-escocesas e irlandesas de The Waterboys, se les suman los hervores sanguíneos de músicos de Menphis y Nashville. De esa forma, el sonido que persigue Mike Scott deriva hacia un rock negro y sureño de blues con toques country absolutamente delicioso…, para desesperación de algunos de sus fans más recalcitrantes. Pero un placer para los amantes de la música con mayúsculas, esa Big Music que The Waterboys conocen tan bien —y que es la forma en la que ellos mismos denominaron al sonido desplegado en sus primeros discos—.

Entiendo que todo esto sean demasiados inconvenientes para que el fanático del sonido sucio del trío mágico conformado por Scott, Thistlethwaite y Wallinger, entre el 83 y el 88, pueda disfrutar del concierto. Pero lo cierto es que los dos últimos componentes, geniales desde luego, hace casi 30 años que abandonaron el grupo, y que Mike Scott ha peregrinado, como ese Leandro nadador, por un erizado mar del folk-rock tradicional, luego ha derivado hacia sonidos mucho más duros, pasando antes por las baladas, hasta desembocar en la gran recombinación que aparece en el último disco: desde ritmos de hip-hop hasta golpetazos country & western, desde contundentes guitarras de blues hasta estridentes piezas de rock. Todo eso se pone en escena. Y se añade a un líder profundamente enamorado y con ganas de bailar.

El resultado es un concierto magnífico, pero repleto de canciones nuevas, tal y como el espíritu juvenil de Scott demanda. Por ello, no será hasta la sexta canción cuando aparezca un gran clásico de otros tiempos, A Girl Called Johnny —segundo tema de su disco debut, de 1983— celebrado con igual algarabía por el nostálgico y por el fan recalcitrante. De las primeras cinco canciones nuevas, Santa Fe y Love Walks In han sido tremendamente efectivas, lo que me hace pensar que este último trabajo de Mike Scott, por otra parte soberbio a pesar de las muchas malas críticas que haya cosechado, todavía mejora mucho más al ser atacado en directo. Algo que se confirmará en las excepcionales versiones de The Hammerhead Bar o Morning Came Too Soon.

No será hasta mucho después, al aparecer When Ye Go Away —de 1988— y All The Things She Gave Me —de 1984—, cuando el fanático disfrute de nuevo, mientras que el nostálgico se felicite por recuperar estos temas, pero hace rato que ha comprendido la evolución lógica y normal del músico y de sus músicas, y hasta se está planteando el comprarse ese nuevo disco cuyos temas han sonado tan maravillosamente bien.

Mike Scott continúa surcando los mares con las brazadas de su nueva música consagrada a su joven mujer, haciendo alguna pausa para enseñar un caramelo a los fundamentalistas del pasado, y que así se mantengan tranquilos. La gollería llega, en este caso, con Medicine Bow, de su obra maestra This Is The Sea, y entonces vuelvo a recordar aquella noche frente al Telefunken. Con mi hermano y con tanta música por descubrir.

Y claro, The Whole Of The Moon. Que cierra el concierto y da paso a los bises creando un momento de adoración colectiva a Mike Scott que, desde su teclado, repite una y otra vez el inmortal estribillo del himno. Es el momento por el que todos han pagado su entrada. Y nos lo ha ofrecido como una forma de reconocer que, aquello que le permite hacer una música como la de ahora, son las composiciones de éxito de antes.

Por eso, tras un doble bis con la delicada How Lon I Will Love You?, notablemente endurecida, y un cierre sorprendente con la pieza This Is The Sea, acelerada y exuberante, al fan le sorprende hasta casi la indignación que se hayan obviado temas como Fisherman´s Blues o The Pan Within, por ejemplo, dando prioridad a las nuevas composiciones.

Pero esta se trata de una sorpresa que tan sólo anida en quienes, completamente equivocados, acudieron al Nuevo Teatro Alcalá con la convicción de presenciar un ejercicio de pasado, y se toparon con un monumento de futuro musical, pleno y fresco, que echó por tierra sus expectativas de revival. Mike Scott nada y bracea para reunirse, con sus canciones, cada noche junto a su Hero japonesa. No piensan permitir que se les apague la fogata que alumbra el punto de encuentro de su amor, y mientras, The Waterboys seguirán demostrando que sobre el escenario, nadando incluso contra corriente, es en donde mejor despliegan sus habilidades, convirtiéndolas en un arte delicado, como de filigrana nipona.

domingo, 16 de marzo de 2014

sex on the beach



jake removía ese cóctel ahora tan de moda aquí en frisco, el sex on the beach, y con la bebida rojiza en las manos componía muecas de estupidez y estupefacción cuando yo trataba por encima de la atronadora música de juan luis guerra que en ese instante sonaba en el local discoteca la metamorfosis, cuando yo trataba de imponer mi razonamiento sobre los motivos por los que augusto monterroso el escritor, sí, ese mismo, el del cuento del dinosaurio, bueno el del microcuento, ese mismo, augusto monterroso, pues que no era un clásico de la literatura o al menos no lo era aún o no todavía y para eso trataba de compararlo con personajes de ovidio y de virgilio y de homero y entiendo que no es un tema de conversación no es un buen tema de conversación que se pueda mantener en un lugar como la discoteca la metamorfosis enorme y repleta de cubanos y chicanos y latinos que movían las caderas y bailoteaban mientras la voz nasal de juan luís guerra insistía en las lluvias de café en el campo pero todo tiene una explicación y la nuestra, la de ambos, la de jake y la mía, era una explicación bien sencilla, éramos filólogos y teóricos de la literatura y profesores adjuntos de un departamento de español en una universidad de frisco y sí eso éramos y todo lo que éramos

así que allí estábamos jake y yo que habíamos salido a disfrutar de nuestro sábado noche por encima de nuestras literaturas y nuestras filologías y nuestro enclenque alumnado cada vez mas desmotivado y cada día más desinteresado y obsesionado con el pelotazo rápido de la novela que los hiciera millonarios como a tom clancy o a stephen king y por ello únicamente bien dispuestos a las clases de escritura creativa pero a nada que ver con esquilo ni con apuleyo y solo obsesionados con zombis y con batallas de galaxias que daban dinero y jake y yo apoyados en la barra contemplábamos a la gente divertirse con la música de gloria estefan y entre trago y trago de sex on the beach sosteníamos la inmortalidad de homero o la de monterroso, que en eso jake era muy obstinado y yo podía ponerme muy insistente argumentando lo contrario que monterroso no había donado ningún personaje inmortal a la historia literaria y jake que sí y que venga con el dinosaurio y yo que no y así pasaba la noche de sábado en ese lugar de frisco

busco a leandro nos dijo una mujer con el rictus de la angustia en la cara y el iphone en alto encendido en modo linterna para proyectar un foco que alumbrara las tinieblas del local y reconocer a su amado que hacía un rato había ido a la barra a por unos cócteles cruzando toda la sala de baile y no había sido capaz de retornar con ella, jake y yo nos miramos atónitos mientras nos protegíamos la vista deslumbrada por el haz de luz, asombrados porque allá teníamos un ejemplo claro de la inmortalidad literaria a la que me refería tan solo un instante antes, esa mujer era el vivo ejemplo de la historia de hero y leandro, literatura inmortalizada en la pista de baile de un antro de copas en frisco, y con la cabeza negamos saber el paradero del tal leandro pero si atendíamos a la historia literaria jamás volvería a encontrarlo, o lo hallaría ahogado en su vano esfuerzo de alcanzar la orilla de su amor

dónde está mi eurídice nos grito a poco rato un mulato nervioso que no cejaba de mirar en todas direcciones porfiando por reencontrarse con su pareja hacía unos minutos detrás de él y cuando se volvió a mirar si lo seguía ella por la pista de baile, ella había desaparecido, jake y yo empezábamos a creer que la culpa de aquel delirio literario encarnado en esa gente era del sex on the beach quizás elaborado con alcoholes de mala calidad porque ese ejemplo meridiano de la fábula de orfeo ante nosotros era para quedarnos aturdidos si en ese instante no hubiera aparecido deyanira para terminar de volvernos locos

deyanira con marc anthony de música de fondo y deyanira con un pullover en las manos y deyanira con una historia de enfados y celos porque al parecer ese pullover no era de su novio hércules sino de un playboy local llamado neso y por culpa de la prenda deyanira había discutido con su novio hércules que para ahogar sus penas había pedido un cóctel de flambeado y el líquido ardiente le había saltado a hércules provocándole unas quemaduras leves que no eran nada comparadas con las quemaduras de los celos en su corazón o una historia parecida nos contaba deyanira mientras la música de chayanne atronaba en nuestros oídos y hacía que jake y yo no entendiéramos nada sumidos en el aturdimiento y entonces

entonces le dije a jake ya ves esto es hacerse inmortal en la literatura no como monterroso tu monterroso y entonces jake iba a decir algo y entonces

entonces el berrido entonces el barrito monstruoso y aterrador de la bestia y lo que entendí como un terremoto al derrumbarse parte del local y perdí el conocimiento y entonces

entonces, había pasado un buen rato, cuando volví en mí, estaba colocado en la hilera de cadáveres pero yo no estaba muerto, recuperado de mi desmayo desperté y vi en la hilera de muertos con el cuerpo reventado a jake y no muy lejos de allí el dinosaurio que había causado la desgracia, que había atacado frisco como un nuevo godzilla, abatido por los disparos de la policía y pude constatar así que

cuando desperté el dinosaurio abatido a balazos por la policía de frisco junto al cadáver desgarrado de jake 

el dinosaurio ya frío y de boca abierta espumada

todavía seguía allí

junto a las ruinas de la disco y el cuerpo de las víctimas y las tripas de mi colega jake y unos agujeros de balazos maduros como sandias de negras pepitas en el corpachón del dinosaurio que todavía seguía allí mirándolo todo con esos ojos tan abiertos y sin vida de quién trajo la muerte sin entender todavía cómo

domingo, 11 de noviembre de 2012

farol de hero



tú podrías haber sido
linterna                  luz
luminaria
en estos momentos
tan oscuros

pero te has decidido
por faro                     en rompientes
bajo el
                         orvallo

para otros

para mí
serás
ese fanal
de hero

agitado               angustia
titilando
al otro extremo
del canal
que cruzo
a tientas
y a dudas

en las que me
sumerjo                   ahogo