
Arlt, De los Siete Locos:
Reflexiones de una mente enferma sobre el mal de la escritura

1-Toda escritura es catártica, toda escritura es catarsis en cuanto a que el escritor, cuando escribe, siempre que escribe, ventila, airea sus demonios interiores, da luz a sus males y preocupaciones. En caso contrario, si no exorciza sus males, esta escribiendo la Catedral de Mar o es Ken Follet. 2-En tanto que un escritor siempre repite hasta la exasperación el mismo o los mismos temas, en tanto a eso, no hace sino trabajar en una depuración maniática y neurótica, en una lucha de desgaste con eso que lo atormenta con la vana idea de poder lograr descanso. Si no es así, es porque ya tiene descanso en una de sus lujosas casas, es porque se llama Vargas Llosa, o se llama Javier Marías, y casi podría decirse que no es escritor, y si en algún momento lo fue, acabó por extraviar la inspiración (que es el deseo intenso de catarsis) en algún lugar entre el camino que une la mansión y el banco.
Para MT, que con un comentario suyo me inspiró la historia...
Ciudad Límite-Fremarcio 2096.
En el Vate-Bar se agolpaban borrachos, desarrapados, perdedores: ansiosos por engullir una monodosis más de Gin-Ebria. Los tragos en equilibrio sobre el alambre de las reyertas, las ofensas de boca torcida, gargajo y mirada bizca: resueltas a navajazos. Y en una esquina el Aedo-Matic, que por unas monedas te canta la epopeya que elijas de una larga lista:
Vida y muerte de Sancho Panza. El asesinato del último poeta. La truculenta historia de los amoríos desgraciados entre Emma Bovary y Lara Croft.
El obrero manual especializado Manuel Especialista tenía un mal día. Tras mucho picar el hielo, esta vez no había conseguido alcanzar la Norma Individual. Eso ya sabía bien lo que significaba: el despido fulminante. En cuanto el MacroSupervisor lo comprobase estaría en la calle. Perdido. Le quedaban unas monedas justas para una última monodosis de Gin-Ebria y para seleccionar su balada favorita: la del Power Ranger (Rojo).
Se aproximó al Aedo-Matic (máquina propiedad de Industrias El Aedo de Orión, todos los derechos Interestelares registrados, prohibida la copia o reproducción sin permiso de cualquiera de sus cantos en este o en cualquiera de los otros mundos conocidos). Introdujo el dinero. El Aedo-Matic iluminó sus ojos de un rojo vivo y con una voz metálica y angustiosa empezó a recitar.
Fueron tiempos buenos y brillantes para el Power Ranger (Rojo), el Gran Quasar (por siempre vigilante de nosotros) así lo permitía, Tenia éxito, fama, dinero, y no dejaba de aparecer en la Hiperpantalla abarrotando aquellos lugares a los que acudía. El Power Ranger (Rojo) era amado y admirado por todos, y sus heroicidades cantadas y loadas: cuando derrotó al Endriago de mefítico aliento, cuando devolvió la Manzana al Árbol del Paraíso… Sus modélicas acciones agradaban mucho al Gran Quasar (siempre ocupado de nosotros), y por ello el Power Ranger (Rojo) disfrutaba de una vida de riquezas, doncellas y comodidades.
Sin embargo, porque el mal también está en la naturaleza de los héroes, el Power Ranger (Rojo) no fue inmune a abrazar una vida de infamia, perdición, de corrupción y perversiones vergonzosas. Bajo su coraza metálica latía una pila de litio carbonosa, lo que no agradó en nada al Gran Quasar (siempre anhelando sabernos). Para rellenar los huecos de carencias que, como en un Puzzletron, faltaban en su vida de Power Ranger, lo primero que hizo fue darse a la MegaMeta, de la que consumía toneladas y toneladas. Eso lo llevó a comprar sin tiento ni prudencia obras y obras de Teoría y de Crítica Literaria -desde eones prohibidas por el Gran Quasar (siempre ocupado en ocuparse de nuestras ocupaciones)-. Y lo malo no era que comprase esas obras infecciosas, no, lo peor era que copulaba con ellas.
El escándalo llegó cuado fue sorprendido con su sacacorchos mecánico-retráctil introducido en un volumen de Lector in Fabula. Las fotos tomadas por centenares de Boboviles saturaron, atascaron y asquearon la GúgolRed en cuestión de nanosegundos, y achicharraron su reputación. En una pinza manual: la botella de Gin-Ebria estatalizada. En la otra pinza manual: una tableta de MegaMeta que chupaba de hito en hito. Entre las piernas hidráulicas: Lector in Fabula. ¡Vaya escándalo! Y en los Bobopics tomados por los Boboviles se apreciaba ese sacacorchos repulsivo, chorreando aceites y grasas robóticas, con la repugnante punta retorcida y estriada. El Gran Quasar (que cuando se enfada y llora provoca agujeros negros) estaba muy disgustado, contemplaba la escena desde lo alto y ponía en marcha sus cálculos micromillonésimos para arrancar su análisis particular de la situación y ejecutar un castigo.
Ajeno a su amargo final, el Power Ranger (Rojo) continuaba humillándose copulando con obras prohibidas de la extinta tradición de la Crítica Literaria. Ahora le tocó el turno al Canon de Bloom, después se mancilló con textos de Propp y Barthes. Sin embargo, donde de verdad se la jugó, fue al acoplarse a un volumen de Mimesis, de Auerbach. Ese era el autor más aborrecido por el Gran Quasar (que cuando aborrece desaparecen civilizaciones milenarias). La primera decisión tras el advenimiento al absoluto poder cósmico del Gran Quasar (que cuando decide se secan océanos y se enfrían soles) había sido eliminar todos los registros de Auerbach existentes para que jamás hubiera existido. Después se cernió la oscuridad de la inexistencia sobre todos aquellos que hubieran practicado alguna vez la infamante práctica de la Teoría y de la Crítica Literaria, pero hubo, por un tiempo, un microcosmos que se opuso resistente: en el CosmoDerrida se construyó toda la sociedad sobre los teoremas de la deconstrucción de Derrida: allí eran obligatorias las bebidas deconstruidas, el combinado de Gin-Ebria deconstruido, la fabada asturiana deconstruida, el besugo a la espalda deconstruido… Eso duró lo que el Gran Quasar (que cuando sueña arden los meteoritos) quiso. Y con un soplo, con una intención tan sólo, destruyo a los resistentes.
Y cuando se hartó, fulminó al Power Ranger (Rojo), pero no lo redujo a cenizas. No lo incineró, sino que lo sometió a humillación pública, le obligó a reconocer su iniquidad, le arrancó una a una sus corazas de plutonio y terminó por emascular ese infame sacacorchos retráctil que había quedado en la memoria de todos…
Un borracho de Gin-Ebria golpeó la Aedo-Matic con furia. Al parecer esa balada le desagradaba, y el obrero especializado Manuel Especialista se ahondó en una reyerta que, como en alguna ocasión, en alguna otra ocasión, otro aedo había escrito: acaso no sabría manejar…
Cuando era degollado, el obrero especializado Manuel Especialista recordó, no sabía bien el motivo, unas líneas de otro aedo tan anónimo como el anterior: ¡Como un perro!, se dijo…pero no tuvo tiempo de que el resto de las palabras pudieran sobrevivirle.

Para N.
Poema 12 de Oliverio Girondo.
De su obra maestra Espantapájaros:
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangunlan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

1-Estampa navideña con jamón de fondo.
Colgado de un garfio en una pastelería de renombre, junto a otros jamones con denominación de origen. Tras un largo periodo de cura, en los secaderos de la sierra de Bejar, cerca de Guijuelo, ahora era un aromático regalo, objeto de deseo entre vinos y quesos. Entre pasteles y merengues. Entre clientes y dependientes.
Llegó la Navidad. Con turrones, frutas escarchadas y en almíbar, botellas de licor y peladillas. Fui jamón-regalo de empresa. Colofón a una cesta de tres pisos, coronada con el estupendo jamón en cuyas moléculas me encontraba. Me sentía orgulloso como regalo de la Universidad Complutense a una profesora que acababa de convertirse en catedrática. Una mujer feliz y casada. Con dos hijos ya.
Me recibieron con alegría. Abrió la puerta uno de los niños y llamó a gritos a su madre. Ella apareció emocionada. Al verla, mis moléculas reventaron de odio. Era ELLA DE NUEVO.
Cortado con mimo por sus manos para la cena de Nochebuena. Manos que antes, muchísimo antes, me acariciaron con el mismo mimo. ¿Con el mismo? Loncha a loncha, gramo a gramo de mi ser. Colocado sobre un plato, dibujando artísticas formas en el ambiente familiar y navideño. Su marido, el Cuto auténtico de mi vida, la besaba frente al jamón.
LO PEOR DE TODO ES QUE ERAN FELICES.
Uno de los niños preguntó acerca de aquellos puntitos blancos insertados en el jamón. Obtuvo una tranquilizadora respuesta del padre sabelotodo sobre la certificación y la calidad, sobre la denominación de origen. Era Pata Negra. Y tan negra. Tan negra como la mortaja de la muerte. Como el embozo de su capa, como el mango de la guadaña. Mi pata iba a ser mala pata.
Me sentía orgulloso de que se me considerara tan excepcional. En este caso, lo blanco del jamón eran mis partículas. Con tanto odio se convertían en veneno. VENENO. Excepcional veneno, pero veneno, al fin y al cabo.
Saboreado por toda la familia reposé en el fondo de los estómagos. ELLA me destrozó con delicadeza entre sus labios y con sus dientes me desgarró con fuerza pero con precisión. Su lengua me volteó en el paladar, en el interior de su boca. Su saliva me ablandó de nuevo, como antes, mucho tiempo antes, me derritieron sus besos. Me tragaba de nuevo dentro de su ser. Siempre quise estar dentro de ELLA, pero nunca pensé que la invadiría como quimo, como bolo alimenticio.
Desde el estómago, mi veneno alcanzó por reabsorción el torrente sanguíneo. Ya no existía remedio. Bombeado por el corazón emponzoñé con mi venganza todo el organismo. Alcancé su dañino cerebro y produje el shock, la parálisis. La muerte.
Todos murieron: ELLA desperdigó su pelo por encima de la mesa de Nochebuena. Entremeses de caviar y cabellos... ¡puaf! El padre tuvo un par de vómitos de sangre (temí que no muriera, era el único al que deseaba matar de verdad), pero al final se desplomó sobre el suelo. ¡Qué Pata Negra más mala! Quiero decir... ¡qué mala Pata Negra!
El salón en silencio. El cordero se quemaba en el horno. La televisión desgranaba con aburrimiento su programación navideña con unos villancicos. Todo tan típico y la muerte allí: el aparato ignoraba que la escena del otro lado de la pantalla pasaría, al día siguiente, a ser noticia en el interior del tubo catódico, incidencia del noticiario de sobremesa, sobrecogedor y estremecido. Una familia de protagonistas del telediario amenazante e hiriente... amenazante e hiriente, así fue mi vida. Amenazante e hiriente COMO MI VIDA. SIEMPRE COMO MI VIDA. Todos estaban muertos en aquella habitación presidida por un jamón a medio cortar.
ESO ME HIZO SENTIRME ORGULLOSO.
2.Epílogo.
Con mi venganza me destruía por completo. Ya era imposible mi permanencia en otros cuerpos. Desaparecía definitivamente. Estaba borrado. Ni tan siquiera poseía una tumba a donde los aburridos pudieran acudir para matar el rato en las plúmbeas tardes dominicales. En nada me parecía a ELLA, enterrada en una fosa junto a sus dos hijos y su maridito. En sus estómagos se pudrían mis partículas venenosas. Se expandía mi esencia al absoluto, a la nada, y alcanzaba el abismo negro y vacío.
Por eso, el concepto de tiempo carece de significado para mí. Ni siquiera se donde estoy y desde donde narro los acontecimientos que culminaron con mi venganza gástrica y estomacal, alimenticia.
Ignoro si una vez estuve realmente vivo o si soy el proyecto de una vida. Si soy ese proyecto, y si esto es lo que me va a suceder, ME DECLARO EN RUINAS. Si soy, tan sólo, un sueño o algo ficticio, o tal vez el alma de algo real, declaro ese alma INSEGURA.
Todo es negro para mí. ELLA puede estar junto a su marido o al lado mío y yo no saberlo. Estoy tan solo ahora como en mi encarnación humana. Tan solo como Cuto, que elevaba su cabeza en la pradera y olfateaba los olores que venían más allá de las montañas y de las mesetas.
Tal vez esté rodeado de estrellas y planetas, en otra dimensión, en otro mundo y en otro lugar. Puede que nada haya sucedido o que me imagine todo esto segundos antes de pegar el salto desde el puente. Y aguardo a que de nuevo llegue ELLA para evitarlo y descubro con la mirada anegada que todo es falso. QUE JAMAS ME SALVARÁ.
Verdad o mentira, sueño o realidad, ficción o mero suceso, casualidad o premeditación, día o noche, cierto o no, únicamente una emoción perdura por encima de todo el delirio. Una emoción cierta. Una emoción veraz. La emoción del DOLOR. Eso es lo auténtico. El dolor de la desesperación. Mi dolor.
MI PROPIO DOLOR SIEMPRE PERDURA.