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lunes, 29 de agosto de 2011

Y con él somos tres


Resulta que, he descubierto, que ya somos tres los que aborrecemos el cine: Holden Caulfield, Charles Bukowski y yo. Buk, en su novela Hollywood, opina del cine (y no deja de tener retranca el asunto, puesto que en ella narra cómo confecciona el guión y posteriormente se produce y se dirige la película Barfly):

“Era una enfermedad: ese gran interés en un medio que, sin cesar, una y otra vez, no lograba producir nada en absoluto. La gente se había acostumbrado de tal forma a ver mierda en las películas que ya no se daba cuenta de que era mierda”.

Ya coincidimos en algo los tres… lástima que sólo me parezca en eso –sólo en eso- a Holden y Chinaski.

martes, 24 de mayo de 2011

Herida


Siempre pensé que te encontraría en las colas de los cines. Todos estos años -más de veinte- estirando el cuello y fijándome con esperanza y el corazón alborotado cada vez que pasaba por delante de un cine.
Todos estos años.
Siempre pensé que te encontraría en las colas de los cines, pero te encontré en la mesa de un restaurante. Yo, comía sólo y apartado en una esquina, cuando entraste tú, rodeada de tus cinco hijos: Goebbels te habría condecorado.
Te habría condecorado.
Siempre pensé que te encontraría en las colas de los cines, pero apareciste entre la sopa de cebolla y el tártar de salmón. Rodeada de hijos: recia y contundente matrona paleolítica.
Paleolítica.
Después de la charla de aquella sobremesa llegué a una conclusión: tras todos estos años con tu recuerdo prendido de mis solapas, justo al lado del corazón, tú te habías dedicado, afanosamente, amorosamente, a construir.
Yo: me había consagrado a destruir.
Esa era la inmensa magnitud de la herida.