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viernes, 7 de septiembre de 2018

Las muchas vidas literarias de Heberto de Sysmo: de haijin cuántico a poeta del lenguaje



*Esta entrevista se publicó en el blog de pensamiento poético Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/08/24/las-muchas-vidas-literarias-de-heberto-de-sysmo-de-haijin-cuantico-a-poeta-del-lenguaje/

Detrás de Heberto de Sysmo, emboscado, se esconde Jose Antonio Olmedo López-Amor, un poeta prolífico y a veces cuántico, aunque en su último poemario haya intentado descifrar el inmenso enigma del significado del lenguaje. También codirige la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea y, en esa tarea de crítico, acaba de publicar Polifonía de lo inmanente (Lastura/Ediciones Juglar). Hace poco firmó, además, un precioso libro de haikus en compañía de su gemelo literario, el poeta Gregorio Muelas.Heberto de Sysmo tiene un currículo impresionante, repleto de menciones, premios, y publicaciones. Entre su obra destaca el poemario Testamento de la Rosa, que resultó finalista del VI Certamen Nacional de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador 2014”, el ya mencionado libro de haikus La soledad encendida (Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, 2015) en compañía de Gregorio Muelas, y el poemario de 2016 titulado La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada (Lastura Ediciones), con el que fue finalista de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana 2017. Su último libro es Maldito y bienamado bibelot (Baile del Sol), primer premio de poesía Certamen Nacional de las Letras Isabel Agüera Ciudad Villa del Río.
En Verde Luna nos hemos preocupado por su obra, que ahora os enlazamos como prólogo a esta entrevista. Sobre su nuevo poemario, Maldito y bienamado bibelot, esta es la crítica que le hicimos:
La crítica del poemario La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada, aquí:
Crítica de La soledad encendida, haikus en compañía de Gregorio Muelas:
Sobre Polifonía de lo inmanente, libro de crítica poética junto a Gregorio Muelas:
Reseñas de algunos números de la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea que codirige:

1-Empezaremos hablando de tu nuevo poemario, ¿qué podemos encontrar en Maldito y bienamado bibelot?
Es un ensayo poético sobre el lenguaje entendido como un ente propio, no como una herramienta o un abecedario que podemos emplear a nuestro antojo, ni como una capacidad gnóstica. Me puse a reflexionar un día tras la lectura de un ensayo de Enrique Sesna que se titula Genealogía de la soberbia intelectual, publicado por Taurus, en donde nos cuenta la manipulación histórica que había sufrido la cultura durante generaciones y la importancia del lenguaje en la cultura no solamente literaria, sino humana. Si cuando nacemos no nos instruyen en la lengua seríamos seres ferales, Mowglis en la jungla. Es algo científico.
2-¿Cómo estructuras un poemario que nace de unos conceptos tan complejos?
El poemario tiene cuatro partes: la segunda, tercera y cuarta se refieren a las potencias de la literatura según Roland Barthes: Mathesis, Mímesis y Semiosis, mientras que la primera parte del poema se basa en la Physis, que la añado yo como aludiendo a esa parte humana. Además, le he dado mucha importancia a los títulos de los poemas con un valor catafórico muy importante. Son poemas muy breves y ocurre un poco como con los micro relatos, que el título forma parte del cuerpo del texto. En ese caso, hay que atender muy bien a lo que se quiere decir en el título porque es como un verso más. Y muchos de estos poemas se pueden leer de abajo para arriba, al revés, por esa direccionalidad del ser al lenguaje y del lenguaje al ser, algo que intenté representar en los poemas de esta manera.
3-¿Entonces el lenguaje es el absoluto protagonista de Maldito y bienamado bibelot?
En el poemario aparecen muchas referencias a Stefan Mallarmé, hermético de la poesía, que tenía un soneto acabado en –ix y le faltaba un rima pare terminarlo, así que inventó la palabra petix y la llenó del sentido que él quiso darle. Maldito y bienamado bibelot atiende a eso precisamente, al llenado de sentido de la palabra, a ese forzar el lenguaje, a ese quebrar una convención que es una palabra y dotarla de un significado. Sobre esos aspectos gira el poemario. El bibelot al que me refiero en el título he querido representarlo con caballo hueco, un caballo de Troya. El lenguaje como tal, que no sabemos qué es, utiliza la escritura y la literatura como caballo de Troya para entrar en nosotros. Pero también esto puede darse al revés porque, al final de todo, el hombre es el Dios. Somos tan capaces de crear, incluso la Inteligencia Artificial, que llegará un momento en el que sobraremos. Y lo que hayamos hecho nosotros será lo que perdurará.
4-Se nota que este es un poemario muy especial y significativo para ti…
Desde luego, y no puedo sino agradecer a la editorial Baile del Sol que hayan querido mi poemario desde el primer día y hayan hecho una edición muy buena que además cuenta con el prólogo de José Luis Rey, poeta al que admiro. Y después tuve la suerte de que Maldito y bienamado bibelot se llevó el Premio Nacional “Isabel Agüera” Ciudad de Villa del Río, y pude incluir en la publicación unas palabras muy hermosas de uno de los miembros del jurado.
5- ¿Una de tus influencias reconocidas son los novísimos, verdad?
Yo casi diría que la segunda oleada de novísimos, aquellos que Castellet se dejó fuera, pero la verdad es que no son ni ellos ni sus obras lo que me interesa, lo que me parece modélico es la manera en que rompieron con la poesía social y aportaron una forma nueva basada en la cultura. No me interesa ni lo camp ni lo pop, ni la escritura mecánica y automática que ellos propugnaban, pero sí ese punto de quebrantar una poesía social tradicionalista, popular y enquistada, gastada ante la que afloraron estas nuevas vertientes de crear. Gimferrer con su poemario Arde el mar, publicado con tan solo 18 años, es impresionante en su complejidad, una forma de versar que cambió el punto de vista, rompió las cosas y abrió nuevas vías.
6-¿Y en este momento hay alguien que este abriendo nuevas vías poéticas?
En este momento de divergencia creativa hay creadores que no son conscientes de que están marcando pautas y creando caminos. Ellos serán la nueva Generación poética que aparecerá algún día, ahora sólo están en periodo de formación. Son inetiquetables, y esto es a causa de la crisis de valores. La poesía se hace a título particular, nadie busca unirse a ninguna causa o movimiento. Ahora mismo convive una Generación inconsciente de que lo es. El poeta a título individual es fácil de identificar con los denominadores comunes ya establecidos, pero ahora nos ocurrirá a la inversa con esta Generación inconsciente, siendo identificables por las diferencias de sus libros, porque cada libro es distinto al otro. Esta polivalencia de temática y estilo define a la posible futura Generación ecléctica.
7-¿Esta futura Generación vive y se alimenta de las Redes Sociales, de Internet?
La posibilidad de escribir un poema y que aparezca en Google y publicarlo a los cuatro vientos tiene su parte buena y su parte mala. La divulgación, el que llegue a tanta gente, debería ser bueno, pero el que no sepa lo que está leyendo podrá tomar un mal trabajo poético como le apetezca y eso será algo peligroso porque se visibiliza lo que no merece la pena; por otra parte, el autor puede llegar a gente que de otra forma ni se propondría alcanzar. Como autores cruzamos océanos a golpe de clic y eso es indudablemente bueno.
8: ¿Qué te parece el que hayamos considerado en el blog de pensamiento poético Verde Luna a tu poemario anterior, La flor de la vida, como un texto de referencia de la poesía cuántica?
Estoy encantado. Y asombrado, No pensaba que mi poemario pudiera llegar tan lejos, ni mucho menos, lleno de agradecimiento. Es un libro de muchas alegrías, incluso ha sido finalista de los Premios de la Crítica Literaria de Valencia. Y efectivamente, es cuántico, porque allí se habla de asuntos geométricos y fractales. Desde luego. Que me adscribas a la corriente cuántica, que hables del libro en diferentes conferencias o que lo nominen a premios, son regalos inesperados que recibo con los brazos abiertos y que además conllevan una divulgación. La divulgación es vital para la poesía, en donde somos una minoría.
9-¿Qué opinas del Blog de pensamiento poético Verde Luna?
Pues tengo que felicitaros a todos lo que hacéis el Blog. Es algo muy necesario. Cuantos más foros de poesía haya, mejor, y acercar la crítica poética al lector es acercar la poesía. En Verde Luna he podido constatar el rigor de tu trabajo, por ejemplo, y la enorme vocación que se encuentra detrás de las reseñas, y eso no se ofrece en todos los blogs que se publican en las Redes. No suele verse muy a menudo el compromiso que tienes, y eso se percibe en Verde Luna, que debajo de las publicaciones hay una persona que lo vive y comulga con lo que hace. Y mira que hay blogs… Muchos hacen reseñas meramente testimoniales, de copiar la contraportada y poco más. Es importante que te digan que estás haciendo las cosas bien y en Verde Luna es así con esas críticas que subís.
10-Despídete con un pensamiento poético.
Ezra Pound decía que el poeta no sólo tenía el compromiso de crear, sino el de ser un modelo para la sociedad para la que escribe. Me quedo con esa reflexión, no solo creativa, sino también moral del poeta.

sábado, 24 de marzo de 2018

Gregorio Muelas: haijin urbano, poeta sonámbulo y crítico solidario


*Esta entrevista apareció en el blog de pensamiento poético Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/23/gregorio-muelas-haijin-urbano-poeta-sonambulo-y-critico-solidario/


Gregorio Muelas es un estajanovista del trabajo poético. Arranca horas al sueño, a la noche y al descanso para poner en pie una obra enorme, no solamente dedicada a la forma lírica, sino que también codirige la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea. Como crítico, acaba de publicar Polifonía de lo inmanente(Lastura/Ediciones Juglar) y hace poco que firmó un precioso libro de haikus en compañía de su gemelo literario, el poeta Heberto de Sysmo.
Gregorio Muelas ha ganado el Poetry Slam del I Festival de Poesía de Valencia “Vociferio” 2011. Ha publicado los poemarios Aunque me borre el tiempo (Círculo Rojo, 2010) y Un fragmento de eternidad (Germanía, 2014), y el libro de guiones de cine Cuando la aurora le hable al tiempo (Círculo Rojo, 2011), además de prólogos y poemas en varias antologías de asociaciones literarias y culturales. Algunos de sus poemas han sido traducidos al japonés, al ruso y al rumano.
1-Uno de tus últimos libros es La soledad encendida (Ultramarina Cartonera), un libro de haikus escritos en compañía de Heberto de Sysmo, seudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor. ¿Por qué el haiku? ¿A qué se debe que hayas elegido esa forma para expresarte poéticamente?
El haiku siempre ha sido un reto. Siempre se me ha colocado en una corriente poética que se nutre del culturalismo y de los novísimos, definiéndome como poeta torrencial. Por eso para mí era un reto, realmente, tratar de ceñir mi poética, mis versos, a un formato tan reducido. Era y es un reto apasionante, sobre todo por el hechizo y el encanto que posee el haiku, y por la corriente de espiritualidad que transmite.
2-: ¿Qué dificultades presenta el haiku para un autor occidental?
Con el tiempo me he ido dando cuenta de que es un mundo casi inabarcable, con un sinfín de subgéneros. Detrás de la aparente sencillez del haiku hay una gran complejidad. La inmensa mayoría de los poetas actuales afrontan el haiku como si fuera un género en sí mismo, y no lo es. Es una forma de vivir, una forma de trascender, y esto es lo que me apasionó. Por eso quise que mi creación poética siguiera esa vía, aún sin olvidar que somos autores españoles que escribimos en castellano y que practicamos un haiku desde este aquí y desde este ahora. De eso trata el haiku, además, de hablar de este momento, de eternizar un instante, que ese instante se perpetúe a través de esa pincelada, de ese poema que es incompleto y que el lector con su experiencia va a completarlo en la lectura.


3-El haiku exige, incluso, una tipografía propia y que se edite de una manera determinada, como demostráis en el libro de La soledad encendida…
La importancia de que el haiku figure justo en el centro de la página y que navegue ese negro sobre ese blanco, sobre esa nada, en un concepto muy zen, aunque no sea el zen el punto de partida del haiku, sino más bien el taoísmo. El haiku debe figurar de esta forma en el libro para que se pueda paladear mejor. De hecho, los grandes autores aconsejan que se lean de dos a cuatro haikus, no más, y que se relean porque en una primera lectura siempre se escapan matices y con cada lectura se enriquece ese contexto que tenemos que reconstruir entre todos y, fundamentalmente, el lector. El haijin tiene que estar sumido en esa tensión poética, contemplar ese instante y plasmarlo en la página y que luego lo interprete el lector de la mejor forma posible, que se aproxime a ese espíritu inicial del autor que lo plasmó.
4- Sin embargo, existe una “crisis del yo” en la literatura de mitad del siglo XX hasta la actualidad, con una literatura del desarraigo a causa de la pérdida de identidad y de esa imposible búsqueda por recuperarla. Tal vez uno de los motivos por los que el haiku esté de moda sea porque hemos experimentado esa pérdida de la identidad…
En efecto, somos conscientes de que hay un vacío espiritual, de hecho la crisis económica es una crisis de valores…
5-Entonces ¿todavía crees que la poesía es un arma cargada de futuro?
Bueno, yo he transformado ese aserto tan manido de Cantos Íberos de Celaya y siempre digo que es un arma cargada de esperanza. A mí me sirve, no sé si la poesía tiene más o menos poder terapéutico, pero me sirve para vivir. No entiendo la vida sin la poesía. Tanto es así, que no sé muy bien en donde empieza el poeta y en donde acaba la persona, o al revés, porque conformamos la misma materia lo poético y la persona. La poesía convive conmigo, eso no lo puedo desarraigar de ninguna forma. Yo estoy inserto en mi contexto laboral y soy poeta también porque intento hacer las cosas de una forma original. A mí la poesía me mediatiza favorablemente.


6-¿Entonces logras conciliar la tarea poética con los asuntos meramente laborales?
Ese conflicto lo vivo a diario. Cuando estoy trabajando me lo estoy planteando todo el rato. Siempre busco la vía más original para intentar salir de ese contexto de la realidad impuesta. Vivimos en este momento de crisis, tanto económica como de conciencia, crisis en todos los sentidos, e intento aportar ese granito de arena para huir de ella buscando ser diferente desde la originalidad que todos y cada uno poseemos. Estoy habituado a la típica frase de “es que tú eres diferente”, “es que tú vas contra corriente”, “es que haces cosas que los demás no hacen”. A mi ese reconocimiento me incentiva para seguir en este camino en donde he sido muy precoz. A los siete años ya escribía mis primeros poemas y cuentos…
7-¿Es la poesía una forma de conocimiento?
La mejor forma de conocerse a uno mismo es decirse a uno mismo, plasmarse a uno mismo y compartirlo. Siempre he creído que la poesía sirve para compartir. Dejarla en un cajón no sirve para mucho. Sin duda, la vocación de la poesía es ser compartida. Además, yo creo que siempre acabara aflorando cualquier obra literaria, aunque esté pernoctando en un cajón durante un tiempo. Recuerdo el caso de La conjura de los necios de John Kennedy Toole… La obra siempre saldrá a relucir en algún momento. A lo mejor no sale hasta que debe, porque en el momento en que se hizo no era el adecuado. Hay muchos autores que van un pasito por delante. Por eso creo que la vocación nuestra es encontrar ese pasito, ir por delante y decir algo diferente, pero desde la humildad, porque yo no entiendo el arte sin humildad. De ahí el empeño de derrotar el “yo”, que inconscientemente siempre se filtra en la obra. Es un poco paradójico…, qué menos que escribir desde un “yo”, qué menos que buscar una identidad; en este caso se trata de que desde ese “yo” podamos compartir algo

8- ¿Cómo entiendes el dedicarte a una tarea como la poesía, algo completamente anticapitalista, en un mundo de literatura capitalista?
A mí me estimula. Soy rabiosamente consciente de que prevalece una literatura consumista y que la poesía es esa forma de socavar esa literatura que no podemos evitar, pero sí al menos debilitarla. Uno puede prostituirse en muchos aspectos, pero plegarse a aquello que va en contra de tu propia identidad cuando todavía la estás configurando…, porque la configuración de la identidad propia dura lo que dura una vida, y por eso plegarme a ese tipo de literatura comercial me crearía un conflicto aún mayor por esa plena conciencia que tendría, entonces, de que no estoy inserto en el mejor contexto para desarrollarme como quisiera.
9-¿Qué opinas del blog de pensamiento poético Verde Luna?
Pues me encanta que haya otro blog que se encuentre en la misma sintonía que mi blog La Biblioteca de Gregorivus, y que coincida con mis ideas poéticas. A través de las Redes Sociales, de Facebook, también puedes aprender mucho si sabes mirar. Os sigo, sigo el blog, y por ejemplo la visión personal que tú diste del libro de Heberto de Sysmo, La Flor de la vida, me sirvió de mucho a la hora de enfocar mi propia reseña. Así se completan las visiones críticas de las obras. Este tipo de blogs son muy necesarios precisamente por eso. Así que os doy la enhorabuena por el blog, de verdad.
10-Despídete con un pensamiento poético.
Uno debe escribir desde uno mismo y no hacia alguien, no tiene que pensar en el posible lector porque puede que ese lector no exista. Hay que escribir poesía desde sí hacia sí. Luego habrá alguien a quien le valga. Lo que es válido para uno también tiene que ser valioso para el lector, y de ahí el componente solidario de la poesía. La poesía es un faro para desarrollar el pensamiento crítico.

lunes, 31 de julio de 2017

Escribir versos en el siglo XXI: Morir de poesía



Escribir versos en el siglo XXI: Morir de poesía



*Esta columna apareció originalmente en el sitio achtngmag.com:

http://www.achtungmag.com/escribir-versos-siglo-xxi-morir-poesia/



Acabo de llegar de la oficina de empleo y la depresión que habitualmente se me apodera después de realizar estos trámites amenaza, hoy, con ser peor de lo habitual. Son ya tres años, tres largos años sin trabajo, y con la sensación de que no tengo cabida en el mundo que me rodea. Soy un despojo laboral, un detrito literario. Mi pecado: haberme formado en una carrera de letras. Haber desarrollado mis conocimientos en el campo de la Literatura. Si todo es mucho más complicado para un escritor —incluso ir al supermercado o realizar un trámite en el banco—, no digamos ya para un escritor que, además, quiere ser poeta. Los poetas, ni existen.

Hace unos años, y tras constatar que nadie hacía ya un manifiesto de calado intelectual y estilístico como aquellos manifiestos futuristas, dadaístas, surrealistas o cubistas, se me ocurrió la posibilidad de firmar uno titulado Manifiesto de los Idiotas, porque hay que ser muy imbécil para dedicarse hoy a la Literatura en el mundo en el que vivimos y en el país en el que estamos.

Ignoro cuándo cedimos el terreno y entregamos el mando de España a la generación más infame y culturalmente peor preparada de los últimos doscientos años. La más ordinaria y vulgar. Quizás, todo empezara cuando se empezó a vender éxito y dinero a través de las enseñanzas de las carreras de ciencias. Una ingeniería o algo relacionado con la economía y los números siempre era sinónimo de triunfo; las letras lo eran de fracaso. España lleva decenas de años educando en la zafiedad, relegando a las humanidades al cubo de la basura y alimentado la mentirosa y cruel expectativa del éxito rápido mediante la administración de empresas o el máster en marketing. Visto lo de la crisis, y cómo estamos, no parece que todo esto tuviera mucha base de realidad.

Porque ahora, aquellos que se arrojaron en brazos de las carreras científicas y los estudios utilitarios, aquellos que alejaron las humanidades con un palo, pasan las mismas estrecheces que todos los demás. Ninguno llegamos a fin de mes, seamos administrativos, informáticos o poetas. La única diferencia es que los poetas nos morimos más de hambre.

Instalada en la zafiedad, la insolidaridad, la violencia y el insulto, nuestra sociedad avanza enfurruñada hacia adelante. Si alguien se queja de que ya no hay educación y respeto, sólo grosería por todos los lados en una sociedad donde se premia lo soez, lo chabacano, lo vergonzoso, pues debería preguntarse por las consecuencias de haber ejecutado de un disparo en el occipital a las humanidades.

El otro día vi, por enésima vez, La lista de Schindler. En un momento determinado, dictaminan que un profesor de Historia y Literatura no es un trabajador esencial para el Reich, lo que provoca la indignación del hombre, que se pregunta si existe algo más esencial que enseñar Historia y Literatura.

Lo de que la Historia es importante no voy a entrar a desarrollarlo, hasta el más corto de entendederas acierta a comprenderlo. Sin embargo, lo de la Literatura no parece tan claro. Y debería serlo. Bastará con decir que la literatura es la búsqueda de la comprensión del hombre. Tan determinante como eso. Y la poesía es, entonces, la búsqueda de la comprensión del alma humana. La poesía busca trascender. Ya sea mediante sus versos en el lector, ya sea mediante el poema en el autor. Y de esa transcendencia, si se consigue, surge una renovación interior que nos aleja de la brutalidad, de la zafiedad, de la suciedad.

La poesía nos hace más humanos. Empatiza con nosotros mismos en un momento en el que el individuo o pertenece a un colectivo en donde se significa —generalmente mediante comportamientos y poses cargadas de mezquindad y mal gusto— o no vale nada, en un instante en el que se difuminan los bordes de nuestra propia humanidad devorados por la estupidez alienante que nos rodea. La poesía, además, nos vuelve empáticos con los sufrimientos y amarguras de la gente, porque los versos nos conducen, irremediablemente, hacia el descubrimiento de la otredad. Y en el otro radica la verdad de este mundo.

Puede que a muchos no les convencerá esto que argumento, es más, piensan que son estupideces si las comparan con el Down-Jones, el coche nuevo, la última marca de teléfono móvil o el reciente fichaje de su equipo de fútbol. La verdad, me importa bien poco. A los poetas ya todo nos importa un bledo. Hemos perdido la batalla definitivamente. No reivindico aquí nada con la esperanza de hacer reflexionar a alguien, o con la intención de que un rayito de esperanza mejore la situación. Que va: hemos perdido. Constato la derrota y confirmo que los poetas viviremos ya, para siempre, en la poética del fracaso.

Como diría Cansinos Assens, nos hemos acostumbrado a este “divino fracaso”. Naturalmente, como ocurre en todos los campos y derivaciones de una disciplina tan prostituida como es la Literatura, siempre existe algún poeta que ejerce de pope del momento, catapultado, generalmente, desde la porquería de sus versos. Porque la poesía de hoy en día ha enfermado de buenismo, esa corriente maligna que nos está destrozando. Todo vale, somos hijos del “déjalo estar porque alguien le gustará”, pero eso en las artes no funciona. Una emanación artística debe someterse a unos códigos estéticos, ya sean más o menos rígidos. Sin embargo, hoy por hoy se permite todo en la poesía, hay una barra libre de porquería que contribuye a enmudecer esas voces que, dentro del apocalipsis cultural y literario en el que nos movemos, merecen la pena.

Dada esta situación, me acerqué a un par de manuales que pretendían mostrar a los poetas de las últimas generaciones en España, y no encontré a uno sólo de los buenos. Quienes aparecen son meras marcas personales, esos que ahora fabrican una especie de poemas, por llamarlos de alguna forma (desconozco cómo denominarlos realmente), y mañana venderán perfumes, zapatos, presentarán telediarios o protagonizarán películas. Si eres poeta, y además no perteneces a una determinada capillita del vómito, no le pasas la mano por el lomo al mandarín de turno, no tienes absolutamente nada que hacer en un mundo en donde, ya de por sí, no tienes nada que hacer.

Como todo bascula hacia el abismo, antes de que los poetas desaparezcamos, voy a fijarme en algunos de esos excelentes autores que nadie conoce y que nadie conocerá jamás más allá de la biblioteca de su barrio (y eso con suerte). Los que no se bautizan porque no tienen padrinos, los que no pagan por aparecer en falsas antologías y que, simplemente, ese es su error, se dedican a lo más horroroso: trabajar el verso con toda su alma.

He pensado mucho en si terminar el artículo aquí, porque a nadie le interesarán los nombres que voy a consignar a continuación. Nadie lee poesía y nadie va a salir corriendo a buscar un ejemplar de los que menciono. Es más, es muy probable que no pudiera encontrarlo. Pero, si yo no hablo de ellos, si nosotros no hablamos de nosotros, ¿habrá alguien que lo haga?

Y empiezo convocando a una de las mejores y más deslumbrantes voces poéticas de las que disfrutamos en la actualidad. Bueno, disfruta él en su casa y yo de sus libros en la mía, y poco más. Se trata de Maximiano Revilla. Claro ejemplo de un poeta que podría llenar estadios con sus recitales. Propietario de una obra amplia, tanto en papel como en digital, creo que la mejor definición de su peculiarísima voz se encuentra en el poemario Pálpitos del tren que no vuelve (Vitruvio), aunque recientemente acaba de publicar con la misma editorial Un cuántico aleteo en la boca, donde prosigue desarrollando esa brillante y peculiar forma de hacer poesía.

Montserrat Doucet vive por y para la poesía. Respira poesía, come poesía, bebe poesía y duerme poesía. Todavía lucha con encono por sentirse poeta, no se ha cansado de batallar, de alzar la voz, de mostrarse. Su obra es muy amplia, pero yo destacaría un libro que debería aparecer en las historias de la poesía española de los últimos años, y que siempre será ignorado: se trata de la Serie Malevich (editorial Doce Calles), donde busca iluminar con sus poemas las pinturas del artista constructivista Julián Casado. Es una joya de rareza magnética, un álbum de poemas desprovistos de adjetivos, casi sin imágenes, que buscan recrear el extraordinario trabajo lumínico de las pinturas.

Decir Gloria Díez es mencionar a una poeta que bebe de las fuentes de la poesía más clásica, que adora a Rilke, y que ha publicado uno de los libros de mayor belleza que yo he leído en los últimos tiempos: Dominio de la noche (también en Doce Calles). Gloria Díez presenta una poesía sólida y delicada, con un destacado trabajo de las metáforas. Su poesía es todo un festival para los sentidos, recubierta de una capa de honda tristeza que, quizás, viene proporcionada por la propia hermosura de sus versos.

Por último, por detener la lista en algún momento, dado que podría seguir citando aquí a verdaderos poetas indispensables para la poesía española actual y ninguneados por un sistema perverso, Heberto de Sysmo. Este poeta ha escrito uno de los poemarios más originales y que más me han cautivado últimamente: La flor de la vida (en Lastura), todo un compendio universal y cuántico de aquello que nos hace humanos, pero también seres cósmicos. Una interpretación poética de la integración del hombre en la naturaleza.

Somos todos unos perdedores, es cierto, pero unos bellos perdedores, especialistas en encontrarle el reverso poético a la derrota. Nadie podrá quitarnos de la cabeza que, con lo que estamos haciendo, contribuimos a que las cosas sean mejores. Para eso sirve la poesía, la Literatura o la lectura de un libro. Aunque nadie se percate de ello e, incluso, lo desprecie. Ese desprecio también es poesía para nosotros.