
Tú: que escribiste un libro sobre espías en Marruecos aprovechando el tirón de un rancio
serial de televisión; tú, que este verano paseabas tu embarazo por congresos y meneabas con soberbia y
sonrisilla de desprecio la cucharilla en la taza de infusión como si fueras a parir al nuevo
Prometeo literario que robaría el fuego de las letras; tú, que maltratas tu literatura convirtiéndola en una empresa de
marketing; tú, que te crees que hacer novelas es como combinar formulas y agitas probetas en un laboratorio; tú, que diriges un
programilla televisivo de libros y náuseas hasta la arcada; tú, que presumes de haber rechazado un premio Planeta; tú: eternamente acusada de plagio; tú:
modernito con
patillas y risa floja que bebes del
compadreo y vives de lo obvio de la
postmodernidad; tú: que confundes tu personaje, al escritor con una
estrellita del
rock.
Vosotros: OS CONOZCO BIEN. OS TENGO CALADOS.
Tenedlo bien en cuenta cuando, de nuevo, vengáis a venderme vuestra mierda de perro metida en una caja de zapatos como la Gran Novela que salvará al mundo.