
porque desencadenaste un Hiroshima de tercera en mi corazón y ni con todas tus tés, ni con tus eses, ni con tus vocales rasgando, hincadas como cuñas, pudiste aniquilarme
Reflexiones de una mente enferma sobre el mal de la escritura

porque desencadenaste un Hiroshima de tercera en mi corazón y ni con todas tus tés, ni con tus eses, ni con tus vocales rasgando, hincadas como cuñas, pudiste aniquilarme