Dama del armiño, te vi hace veinte años y, hoy, te he vuelto a ver. Entonces, en Varsovia, muerto de hambre y alimentándome de museos, con tantas esperanzas ahora ya sofocadas, erradicadas, derrotadas... arrancadas de cuajo hasta levantar la corteza.
Dama del armiño, hoy te he visto. Veinte años después.
¿Y qué?
