viernes, 29 de julio de 2011

Aquí estoy, Florence Nightingale


Anoche, víctima del insomnio, ni el Orfidal ni el Johnny Walker Etiqueta Negra podían conciliar mis angustias. Probé con la poesía de Bukowski, y hallé una confesión terrorífica; porque yo, como él, también estoy aquí, los años desperdiciados y sin mi particular Florence Nightingale:

"Mientras el miedo a los años desperdiciados
ríe entre los dedos de mis pies
ninguna mujer vivirá conmigo,
no habrá Florence Nightingale que me
cuide".

Y ahora... ¿quién podrá dormirse después de esto, darse la vuelta, tranquilo en la cama, y pretender no soñar con ella?

Chinaskiada Doce (más dolor)


Bukowski:
"Algo en mi interior me produce dolor".

Chinaskiada Once (locura)


Bukowski:
"No hay manera de que yo pare de escribir, es una forma de locura".

Última Zamiatina (cruz sobre las tumbas)


Durante unas cuantas entradas, Evgueni Ivánovich Zamiátin ha enriquecido este blog con aportaciones espigadas de su novela Nosotros. Lamentablemente, esta es la última Zamiatina:

"Quería poner punto final del mismo modo que los antiguos ponían una cruz sobre las tumbas donde depositaban a los muertos, pero, de pronto, el lápiz comenzó a temblar entre mis dedos y se me cayó al suelo...".

jueves, 28 de julio de 2011

Una vieja idea


Una vieja idea me ronda por la cabeza… ¿Y qué idea es esa, si puede saberse? Pues la idea del suicidio. Y si tanto le apetece… ¿por qué no acaba ya de una vez por todas, por qué no se abalanza usted escaleras abajo, caballero, se rompe el cráneo y deja de incordiarnos con eso? Podría contestarle con cualquier subterfugio, pero le diré la verdad: mientras esté aquí, todavía sabré que molesto a alguien, después, es decir, al otro lado, ya no resultaré ni siquiera levemente incómodo.

Zamiatina#17 (sonrisa)


En Nosotros:
"Sonreí con ganas. Tuve la sensación de que se me agrietaba el rostro. Sonrío y los extremos de esa grieta crecen más y más. Y experimento un dolor cada vez más agudo..."
.

Chinaskiada Diez (caricatura urbana)


Suscribiendo las palabras de Bukowski:
"No soy una persona completa, soy la caricatura urbana de un hombre. Más o menos una fallida escultura de mierda sin nada absolutamente que ofrecer"

La Maga


Pues sí: la había reconocido nada más subirla al coche, nada más recogerla de la esquina en donde exhibía aquellas carnes ya tan decadentes: era la Maga. Y cuando se lo dije, mientras manejaba por Morales, camino del puerto, es que ni siquiera intentó disimularlo: lo aceptó con derrota y amargura. Vos, ¿sos la Maga, verdad?, le pregunté. Encendió un mentolado y, tras exhalar una voluta de humo azulino, asintió con la cabeza: Sí, lo soy. Le pregunté que cómo había acabado allí, en Bariloche, mientras parqueaba en una zona sombría y sórdida detrás del muelle, lugar habitual de intercambio puta-cliente. Murmuró algo que no puede comprender mientras me bajaba la cremallera del pantalón.

Cuando terminó, le dije: Maga, ¿sabés?, podría amarte para siempre, toda la vida. Ni siquiera se molestó en responder. Se estaba limpiando los labios con un clínex y extendió la mano demandando la plata. ¡Quedaté conmigo!, le insistí, pero ya se bajaba del carro. Introdujo la cabeza por la ventanilla y, a modo de despedida, me gritó: ¿Para qué? ¿Para qué vos también, loco, como Oliveira, me llevés de un lado para otro, a saltos, con la pendejada esa del tablero de dirección, del maldito lado de acá y del lado de allá? No, gracias loco…

La Maga se perdió entre la bruma del puerto, entre los estibadores malhablados, que eructaron su diccionario de zafiedades cuando la vieron pasar.

¿Encontraría, de nuevo, a la Maga?

Bernhardiana IV (lacras)


En Trastorno:
"No se esconde el sufrimiento y se ha embotado el olfato; no hay razón para ocultar las lacras cuando se vive solo con ellas".

Zamiatina#16 (imaginando la muerte)


Zamiátin, en Nosotros:
¿Pueden creerse ustedes que moriremos algún día? Pues sí, el hombre es mortal y soy un hombre. En consecuencia... Pero esto ya lo saben. Yo les pregunto: ?se lo han imaginado alguna vez a fondo? Es decir; no sólo con la razón, sino también con el cuerpo, sentir que los dedos que una vez sostuvieron esta misma página llegarán a ponerse amarillos y fríos como el hielo...

No, por supuesto que no se lo imaginan. Ése es el motivo por el que hasta ahora no se han arrojado al vacío desde un décimo piso y aún siguen comiendo, pasando las páginas, afeitándose, sonriendo y escribiendo...

Chinaskiada Nueve (gente enamorada)


Bukowski:
"La gente enamorada a menudo se ponía cortante, peligrosa. Perdían su sentido de la perspectiva. Perdían su sentido del humor. Se ponían nerviosos, psicóticos, aburridos. Incluso se convertían en asesinos".

Patrullero Mancuso


Esta mañana se ha sabido, lo he visto en ABC News mientras desayunaba mis cereales, mis Kellogs de toda la vida, porque yo soy muy tradicional en eso y no tolero los Cheerios ni esos Weetabix: mientras Mancuso aguardaba al veredicto de su juicio, acusado de corrupción por aceptar un soborno a cambio de no poner una multa de tráfico en la localidad de Anchorage, el patrullero Mancuso –sí, ese patrullero Mancuso- se ha colgado en su celda. Durante la vistas previas apareció desmejorado, hinchado por un tratamiento de corticoides, sudando abundantemente, con temblores nerviosos a causa del mono que le producía el abandono de su adicción a los barbitúricos, y con un descomunal bigote, descuidado, que le colgaba del labio superior como dos boñigas de perro: laxo y marrón.

Dejó una breve nota en su celda, junto a su cadáver que todavía se bamboleaba del techo: papa, al final acabé como tú.

Bernhardiana III


Bernhard, en Trastorno:
"El ser humano sólo era capaz de estar con otro ser querido cuando este había muerto y se encontraba verdaderamente dentro de él"

Zamiatina#15 (corazón)


Zamiátin, en Nosotros:
"El corazón no es otra cosa que una bomba, un compresor ideal. La compresión y la contracción no pueden provocar la absorción de un líquido: esto es absurdo desde un punto de vista técnico. De lo cual se deduce claramente cuán absurdos, perversos y enfermizos son el "amor", la "compasión" y otros estados que provocan una compresión semejante".

Chinaskiada Ocho (miedo)


Dice Buk en su novela Mujeres:

-¿Por qué no te puedes comportar decentemente con las personas? -me preguntó.
-Por miedo -dije yo.

Who killed Holden Caulfield?




Holden Caulfield, después de comportarse como un auténtico capullo durante toda su adolescencia (dejó colgados los estudios, robó unos coches en Iowa, destrozó los parquímetros de Akron, pasó un tiempo en el correccional de New Hampshire, se metió en peleas a lo largo de todo el estado de Nevada, dejó embarazada a su novia de Schenectady, se volvió un alcohólico), fue encontrado muerto en una habitación de motel de Providence. Llevaba una semana sin salir y la peste que se filtraba por debajo de la puerta, junto con las voces del televisor todo el día encendido -fundamentalmente el griterío del show de Oprah-, terminaron por amoscar al gerente, que utilizó su llave maestra: allí estaba, desnudo sobre la cama, con el cuerpo picado por la heroína, extraordinariamente delgado, sus costillas se marcaban y sus caderas casi parecían las de una muchacha; al lado de la mesilla una botella medio vacía de Jim Beam y una breve nota: Jerome: eres un hijodeputa, un bastardo, una vieja maricona, un cabrón y gruñón que me destrozaste la vida. ¿Qué te crees que se puede llegar a ser en el mundo después de ser Holden Caulfield, cuando se es Holden Caulfield? ¡Que te den! Cinco o seis gramos de heroína se encargaron de hacer el resto. El forense dictaminó que la última comida de H.C. fue una pizza con extra de pepperoni (se ve que la acidez de estómago no le importaba tanto a H.C, eso ya no era un problema cuando uno se iba a meter un postre de varios gramos). Por cierto, en el baño, en un cubo y empapado en benzina, un ejemplar de El guardián. H.C. no tuvo valor para destruirlo porque quemarlo significaba aniquilar su propia existencia… y se había conformado con eliminar su cáscara no literaria con un buen chute. A última hora, el forense dictaminó que había cosas extrañas en la escena, elementos que no cuadraban en la escena, rarezas en la escena, que se trataba de un asesinato y que se intentaba hacerlo pasar por una sobredosis o un suicidio y que, tal vez, detrás de todo aquello se encontrara ese Jerome, el amante homosexual del muchacho… Una teoría plausible, si el tal Jerome no fuera un anciano nonagenario y maniático, recluido del mundo desde hacía cuarenta años y, para mayor lástima, que llevaba fallecido poco más de un año.

Bernhardiana II


Thomas Bernhard, enTrastorno:
"Precisamente en los días despejados, dijo, en que el mundo se mostraba en todas direcciones transparente como el aire y, simplemente por su serenidad, la Naturaleza era bella, el dolor de los que sobrevivían a alguien muerto hacía tiempo era doble".

Zamiatina#14 (novela)


De Zamiátin, en Nosotros:
"El hombre es como una novela: hasta que no llegas a la última página, no sabes cómo acabará. De lo contrario, no valdría la pena leerla...".

Chinaskiada Siete (escritores)


Otra ración de Buk:
"Todos me disgustaron inmediatamente, ahí sentados actuando como seres inteligentes y superiores. Tratando de anularse entre sí. La peor cosa para un escritor es conocer a otro escritor, y peor que eso, conocer a muchos escritores. Como moscas en la misma trampa".

martes, 26 de julio de 2011

Alguna gente me dice


Alguna gente me dice que no sé la suerte que tengo con mi trabajo. Pero ellos ignoran: los mareos por no dormir, el envejecimiento de las horas golpeando en las sienes hasta cada madrugada, las ratas que corretean por las galerías en penumbra, la soledad de la noche y las espinas bajo las uñas de los días festivos.
Y mi existencia.
Sí, eso también: mi existencia en medio de todo aquello como en mitad de la nada.

Zamiatina#13 (hojalata)


Ziamiátin:

"Sin ella, mañana el sol no será más que un pequeño círculo de hojalata, y el cielo, un trozo de lata pintado de azul. Y yo mismo...

Zamiatina#12 (función de muerte)


En Nosotros:

"Porque la muerte es precisamente la disolución más absoluta del Yo en el Universo. De aquí se infiere que si A es el amor y M la muerte, A=f(M). Es decir, el amor es función de muerte.

Chinaskiada Seis (dolor)


Y, de nuevo, Buk, ¿por qué no?

"El dolor es extraño. Un gato que mata a un pájaro, un coche accidentado, un incendio... llega el dolor, BANG, y allí está, se introduce en ti. Es real. Y para cualquiera que te vea, parecerás un imbécil. Como si te hubiese caído una idiotez repentina. No hay cura para ello mientras no encuentres a alguien que comprenda cómo te sientes y sepa cómo ayudarte".

Chinaskiada Cinco (rata)


Y, de nuevo, Buk, en Mujeres:

“Las partes buenas de nuestra relación eran como una rata revolviéndose y mordiéndome en el estómago”.

101 Live


Cariño:

¿Cómo van las cosas en tu pequeño mundo?

Hoy puse, por casualidad porque, la verdad, lo tenía casi olvidado, como nuestro amor, el 101 Live de Depeche Mode. En cuanto empecé a escucharlo empecé a recordarte: para mí has sido una fila de copas en la barra de una discoteca e, incluso, ese olor, ese olor a bourbon apurado ya casi al amanecer. El sonido industrial y el ritmo machacón de People are People me recordaba al estrago que tus ojos hacían en mi pecho. Cuando me mirabas: me atravesabas. Never Let Me Down Again. En directo en el Rose Bowl de Pasadena… luego hubo otro estadio norteamericano e importante en nuestras vidas, ¿te acuerdas?, en donde Tassotti le rompió la nariz a Luis Enrique y cuando nos eliminaron con aquel gol de Baggio (Abelardo impotente que estiraba la pierna sobre la línea de meta) y yo me rompí la camiseta de The Alarm que llevaba desde hacía años como una reliquia y ya estaba hecha jirones, y me la arranqué y la arrojé por la ventana coincidiendo con el pitido final del partido y tú te reías por lo vehemente de mi reacción y luego yo me tuve que marchar a pinchar al Ay Jalisco, entre vaporadas de la pizzería de al lado que salían por el conducto del aire acondicionado y poner a Madonna (creo que era la época del Vogue), a Brian Adams y con ese encargado que era del Deportivo de la Coruña y no hacía más que pedirme canciones de Queen y el relaciones que venía a la cabina a charlar conmigo un rato y era un tipo majo, la verdad. Y es cierto que el sonido del público tal vez esté demasiado alto en ese disco, en el 101 Live, incluso que Gahan y compañía sean más fríos e incomunicativos que de costumbre, pero cuando escucho Just Can´t Get it Enough y Everything Counts no puedo dejar de recordarte, de sentirte tan dentro de mí, de pensar en cómo nos hemos podido perder tantas cosas desde entonces, en todo lo que habríamos podido vivir juntos y en esos momentos en los que, abrazados, escuchábamos Master and Servant y todo nos parecía lo más hermoso del mundo, que vivíamos los momentos más hermosos de la existencia, que a la vuelta nos esperaba lo más hermoso de nuestra vida aunque, si de repente oíamos Never Let Me Down Again una sombra de duda, que era de certeza, ya oprimía la felicidad de nuestros corazones tan ahítos de Jack Daniel´s. No había dudas: todo era una cuestión de tiempo. A Question of Time.

Chinaskiada Cuatro (enamorado)


En Mujeres:

"
Me sentía enfermo, inútil, triste. Estaba enamorado de ella”.

Chinaskiada Tres (anzuelo)


En Mujeres:

"Dios es un anzuelo en el cielo".

Zamiatina#11 (máquina)


De nuevo, en Nosotros:

"Soy como una máquina obligada a un número demasiado grande de revoluciones. Los rodamientos se han puesto al rojo vivo: en un momento, el metal fundido empezará a gotear y todo quedará derretido, reducido a la nada. ¡Deprisa, agua fría, lógica! Vierto agua fría a cántaros, pero la lógica chirría en los rodamientos recalentados y se esfuma en el aire como inasequible vapor blanco".

Zamiatina#10 (crueldad)


En Nosotros:

"El amor más difícil y sublime es la crueldad".

Todo es ella


Ella es una tapa de alcantarilla, el lomo hirsuto de una rata, la oscuridad de los túneles, la llamada de madrugada. Eso, también: la llamada de madrugada.
Y, por supuesto, no conviene olvidarlo: todo este río es sólo arena.

Chinaskiada Dos (aguafiestas)


Bukowski, Mujeres:

-¿Sabes cómo se les llama a los tipos como tú? –dijo Lydia.

-No.

-Se les llama aguafiestas.

Chinaskiada Uno (algo de amor)


De Bukowski, en Mujeres:

-Creo que te mereces algo de amor –dijo-. Soñé un día contigo. Abría tu pecho como si fuera un gabinete, tenía puertas, y cuando abría las puertas veía toda clase de cosas suaves: ositos de peluche, pequeños animales de piel aterciopelada y todas estas cosas blandas y suaves que daban ganas de acariciar. Luego tuve otro sueño acerca de otro hombre. Se me acercaba y me entregaba unas hojas de papel. Era un escritor. Cogí las hojas de papel y las miré. Y aquellas hojas de papel tenían cáncer. Su escritura tenía cáncer. Yo me gobierno por mis sueños. Tú te mereces algo de amor.

Zamiatina#9 (blanco desierto rectangular)


De nuevo, Zamiatín, en Nosotros:
"¿Y a qué viene esa extraña manera de considerarme únicamente como la sombra de alguien? Tal vez ustedes mismos, los de la casa, sean mi sombra. ¿Acaso no he poblado con su presencia estas páginas, las cuales hasta hace muy poco no eran sino blancos desiertos rectangulares? ¿O es que sin mí les habrían podido ver todas las personas que se conducen por los estrechos caminos de estas líneas?

Zamiatina#8 (rompehielos)


En Nosotros:
"Pero pasan los minutos y el hielo sigue firme; es más, el que se dilata es uno mismo, y el corazón late de manera cada vez más desasosegada, cada vez más rápido. (Por otra parte, ¿por qué estoy escribiendo sobre estas cosas? ¿Y de dónde me vienen estas sensaciones tan extrañas? Puede que porque no haya ningún rompehielos capaz de partir el transparente y solidísimo vidrio de nuestra existencia...)".

viernes, 22 de julio de 2011

Silencio


Me gusta el silencio: cuando subo a un taxi y el conductor se apresura a encender la radio para quebrar la violencia del silencio le pido que no lo haga. Me gustan los atascos escuchando la vocecilla que me habla en el interior de la cabeza... esa que sólo puedo oír en el silencio.

Amo el silencio, sí: oigo las voces, que me sugieren muchas cosas. Me susurran: que me tire escaleras abajo/que me vaya a un parque con una pistola/que entre en mi trabajo empuñando una recortada/que mate al presidente/que termine de una vez por todas/los raíles del metro

que, obstinadamente, deje de quererte.
que, obstinadamente, deje de quererte.

me gusta oír esas vocecillas...

naturalmente, nunca las obedezco,
casi, apenas, les presto atención.

Zamiatina#7 (interrogación)


En Nosotros:

Lo desconocido le resulta al hombre orgánicamente hostil; el homo sapiens sólo será humano en el sentido amplio de la palabra cuando en su gramática no exista signo interrogativo alguno, sino apenas unos cuantos signos de exclamación, unas comas y unos pocos puntos...

Foca


Es difícil mantenerse bajo la espesa capa helada del dolor. Hay que salir a la tierra congelada para tomar un respiro y, entonces, tú, con tus largos brazos, tus delicadas manos: el rojo sobre el azul de los glaciares.

Entonces tú, con tus delicadas manos: me abres la cabeza.

Zamiatina#6 (descarga)


En Nosotros, de Zamiátin:

Una descarga. Ésa es la definición más apropiada. Ahora veo que esto se trataba precisamente de eso, de una descarga eléctrica. Durante los últimos días mi pulso se ha ido haciendo cada vez más rápido y tenso. Los polos se iban aproximando el uno al otro paulatinamente... hasta que sonó un crujido seco... Aún faltaba un milímetro. Hubo una explosión y, luego, el silencio.

En mi interior ahora reina la quietud y el vacío, como en una casa de la que se han marchado todos y uno se queda solo, enfermo en cama y escuchando con claridad el metálico martilleo de las ideas.

Tal vez esa "descarga" me haya curado por fin de mi martirizada "alma" y ahora vuelva a se como todos los demás.

jueves, 21 de julio de 2011

Ballena


Es difícil mantenerse siempre sumergido en el dolor: hay que salir a la superficie a tomar aire.

Entonces: tú me arponeas.

Thick as Thieves


Thick as Thieves era nuestra canción, en efecto, Thick as Thieves era nuestra canción.

Lo era: para los buenos y para los malos momentos, en la debilidad y en la fuerza, en los atascos y cuando nuestro pelo se agitaba por las ventanillas del coche, en nuestra Torre de Marfil y en nuestro descenso a los Infiernos, delante y detrás de las barras del bar, flotando en los cubitos del vaso de Jack Daniel´s o ahogada en los prematuros versos que yo abigarraba en hojas sobre las mesas de una cafetería.

Sí, Thick as Thieves era nuestra canción: por delante de David Bowie, en las tardes tristes, las noches de palabras y las mañanas de resaca, era nuestra para tararearla a pleno pulmón en la radio del coche, era nuestra para sentirla hervir en la sangre caliente; sí, era nuestra.

Thick as Thieves era nuestra canción: en el amparo, en el desamparo, en el amor y en el desamor, en la cercanía y, ahora, en la enorme, lamentable e insalvable distancia.

Sus acordes, sus puentes, ardiendo, todos ellos, en nuestros corazones.

Hundí un bolígrafo Bic contra mi pecho


Hundí un bolígrafo Bic contra mi pecho y se perdió dentro del corazón. Entonces: empecé a bombear tinta, a escribir con mis venas y a inventar situaciones, párrafos y personajes: y te inventé a ti. Inventé tus labios: sin una boca detrás para poder besar. Inventé tus ojos: veían pero no podían ver. Inventé tu pecho: sin un corazón para sentir. Te inventé a ti: sin poder inventarte. Te imaginé en las tramas de mis novelas, recorriendo las hojas, saltando de página en página, de capítulo en capítulo, sin poder imaginarte.

Desde que hundí aquel bolígrafo en mi pecho, mi corazón es, ahora, tintero, que cada vez que trata de dibujarte, de imaginarte, de escribirte, salpica con más y más borrones, hasta que tus perfiles, las líneas de tu cuerpo (ese que inventé con carne y piel pero sin huesos que pudieran sostenerte) se vayan difuminando hasta el exterminio en las mentes de mi escritura.

Zamiatina#5 (otros labios)


De Nosotros:
"En la esquina, unos labios afilados como cuchillos cortaron la niebla, que era como sangre blanquecina".

miércoles, 20 de julio de 2011

Mi propio Holocausto


Acababa de mudarme a un edificio a medio construir, que soportaba unas obras monstruosas y mastodónticas: desde la quinta planta, hasta la catorce, su descarnado esqueleto de cemento al aire, con los pisos, los rellanos, como sus costillas raídas, expuestos al relente de la primavera. No sé muy bien el motivo, ni cómo fui capaz, recuerdo el insomnio, una botella de Jack Daniel´s por la mitad y el ánimo insuflado por el alcohol cabalgando mi cuerpo. Recuerdo salir de casa en calzoncillos, descalzo, y tomar el ascensor hasta la quinta planta. Allí: unas barreras y unas cintas de colorines prohibían el paso. Demasiado poco el esfuerzo del papel satinado y plasticoso para detener a un suicida. Por encima de la quinta planta respiraba la bestia arquitectónica de conglomerado, sudaba su cemento bajo la noche.

Arranqué la cinta, salté la valla y empecé a subir por las escaleras que, a medida que ganaba los pisos, se convertían en un proyecto de sí mismas. En las esquinas: pelotillas de papel de plata y cáscaras de plátano, los restos del desayuno de uno de los obreros. Me hería los pies con escombros, con piedrecillas, y en algún lugar llegué a cortarme profundo. Empecé a sangrar, pero ya no me importaba. Alcancé la última planta: me alejé de las escaleras y me aproximé a uno de los laterales del edificio: ante mí: el telón de un abismo negro y silencioso que desembocaba en el sumidero de la calle. Enfrente: las luces de la ciudad, sus destellos y parpadeos, burlándose de mí, riéndose de mí, animándome a hacerlo.

Di unos pasos cortos y me coloqué sobre el borde: la brisa ya algo cálida de la primavera me acariciaba, como prometiéndome que si saltaba el futuro sería mucho mejor, no sólo para mí sino para todos, sin mi presencia. Eso era una verdad incontestable. Entonces, vi allí cerca, sobre unos tablones, la maldita radio. Di marcha atrás, no podía dejar sin justicia aquello. Esa radio que ponían los obreros a todo volumen durante el día y que me martirizaba, porque el patio ejercía a modo de chimenea, de cono de amplificación, incluso la dejaban encendida, olvidada, alguna noche, con esos insoportables programas deportivos, o esa música hortera. La arrojé por el patio interior y se despanzurró al llegar abajo. Fue una especie de ensayo general y me satisfizo ponerme en el lugar del aparato. En vez de bobinas y cables: vísceras y sangre en el estallido. Muy bien: ahora ya podía volver con mi propio holocausto.

Sobre el borde: la vista de la ciudad, las Torres de Colón, el reloj de la Gran Vía, saltar, un paso, otro, en calzoncillos, descalzo y sangrando por el pie.

No pude hacerlo. Pensé una cosa: tenía aún mucho por escribir. Sólo la literatura podría salvarme. No, no daría el salto, al menos de momento. Llevaba novelas dentro como un canguro a sus crías en el marsupio. La literatura me había salvado. Y fíjate ahora.

Me volví a casa: corrí para acurrucarme en el rincón del insomnio: el corte en la planta del pie se infectó y las sirenas que cruzaban el Paseo de la Castellana parecían las risotadas de la ciudad: que se carcajeaba de mí.

Zamiatina#4 (imán)


En Nosotros, de Zamiátin:
"Es probable que a un trozo de hierro también le cause alegría resignarse a la inevitable y exacta ley que le hace ser atraído por un imán. Una piedra lanzada hacia arriba se detendrá titubeante por un instante y, luego, caerá rápidamente a tierra. Y una persona, tras agonizar, finalmente expirará y morirá".

martes, 19 de julio de 2011

Luz (fracaso)


"La luz tiene otro color: se ha teñido de fracaso".
Los Secretos. Disco: La calle del olvido.Cursiva

Bernhardiana (I)


De Trastorno, de Thomas Bernhard:
"No obstante, era un error creía él, negarse a aceptar la evidencia de que todo era enfermizo y triste -dijo realmente enfermizo y triste-.

Cena


He vuelto a hacerlo: de cena: botella de Jack Daniel´s y media docena de Orfidal: felices sueños de un instante: feliz cortina de humo: feliz destrucción.

Despojo en un barrizal -homenaje a Winkler (o al estilo de Winkler)-.


Soy un despojo en un barrizal.

Despojo: los restos del pescado que reposan sobre el mostrador, coagulados de sangre y coagulados de moscas, coagulados de rojo y coagulados de negro; las raspas ensangrentadas de una merluza con su estúpida cabeza de ojos muy abiertos no comprendiendo lo que sucede; una anguila putrefacta se escurre desde el cesto al suelo plagado de cucarachas y golpetea con un chapoteo enlodado; el lomo áspero de las rayas que presentan su repulsivo envés blanquecino de quirófano, glande cuarteado y reseco al sol; la cabeza de res sonrosada que gotea fluidos apestosos colgada de un gancho; un perrillo que corretea por entre los puestos del mercado con los ojos enfermos y pegados de pus, legañoso y comido de piojos; un cuchillo que corta y sierra tuétanos y rasga pieles y despende pelarzas que son arrojadas sobre el barrizal.

Barrizal: un charco fangoso sobre cuya superficie aceitosa flotan los mosquitos que se alimentan de pequeñas gotitas de sangre, de pequeñas partículas de muerte, de pequeñas lágrimas de orina, de salivazos y escupitajos; una regacha de agua estancada y pestilente sobre la que zumban los avispones que se frotan las patitas al sorber la porquería del fondo arenoso; restos de cerveza pisoteada, meados, mocos, sangre, esputos, serrín, pelarzas y un despojo que aterriza, con un chasquido repulsivo, sobre el agua ennegrecida que se agita en vaharadas.

Soy un despojo en un barrizal.

Zamiatina#3 (labios)


De Nosotros, Zamiátin:
"Contemplé sus labios en silencio. Todas las mujeres son labios, tan sólo unos labios. Algunos son sonrosados, tersos y redondos, como un círculo: una delicada verja frente a todo el mundo. Pero aquellos labios no estaban presentes hacía un segundo, y justo ahora aparecían cual cuchillo del que aún gotea la sangre dulce".